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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2016

Libia, cinco aos en la cuneta

Karlos Zurutuza
Naiz


Cuando est a punto de cumplirse un lustro desde el comienzo de la guerra en Libia, la complicada situacin en sus carreteras ofrece una certera radiografa del momento en el que se encuentra el pas.

A Trpoli? Se puede, pero no desde aqu. En Zuara, una localidad costera a 60 km de la frontera con Tnez, todo el mundo coincide en que los poco ms de 100 km hasta la capital libia son impracticables. A menos de 15 kilmetros hacia el este, en Sabrata, uno se arriesga a incrustarse contra un puesto de control gestionado por el ISIS. An en el caso de que se haga coincidir el trayecto con la hora del rezo, Anwar Salik, miliciano local, avisa de que la amenaza no acaba ah.

Tras Sabrata hay que atravesar el territorio de los Warshafana donde, casi con toda seguridad, te robarn el coche para venderlo en el mercado de Aziziya (sur de Trpoli), lo mejor, aade Salik, es viajar por mar en una de las lanchas rpidas que salen de Zuara.

Casi cinco aos tras el comienzo de la guerra que destron a Gadafi, viajar por Libia es como hacerlo por Afganistn: si se puede se vuela a las principales ciudades; si no, se tienta a la suerte por carreteras que controlan mil grupos armados.

La actual atomizacin del poder en el pas se explica, en parte, por la existencia de dos Gobiernos y sendos parlamentos: el de Trpoli, sostenido principalmente por Turqua y Qatar, y el de Tobruk que reconoce la ONU y respaldan Egipto, Emiratos rabes Unidos y Arabia Saud, y bajo cuyo paraguas se alinean tribus antes leales a Gadafi como los Gadafa, los Warfallah o los Warshafana.

Otra alternativa terrestre para llegar a Trpoli desde Zuara sera hacerlo desde las montaas de Nafusa. Apenas son 80 kilmetros desde la costa pero hay que atravesar Wotya, que controla Tobruk. Descartado. Hoy por hoy, la nica va segura para acceder a la cordillera desde la costa es desandar el camino hacia Tnez y volver a entrar en Libia a travs del paso de frontera de Dehiba-Wazzin.

Seguridad en carretera

Apenas hay trfico en ambos puestos fronterizos, ni para entrar ni para salir. La brutal devaluacin del dinar libio en los ltimos meses ha reducido drsticamente el nmero de libios que cruzan a Tnez para ir al mdico, hacer compras, o beberse sus ahorros en la isla de Yerba, o Tnez capital. No hay dinero. El nico trfico transfronterizo fluido es el de los camiones cisterna. Circulan en lnea, prcticamente pegados, por la nica carretera de Nafusa tras llenar sus jorobas de gasolina libia, todava ms barata que la tunecina.

Los surtidores se quedan secos tras el paso de los contrabandistas por lo que Tariq Hassan, un abogado local de Nalut, nunca viaja sin una reserva extra de gasolina en el maletero. Otro elemento imprescindible en la carretera libia es la pistola, pero sta cambia de sitio segn la coyuntura.

Generalmente la llevo en la guantera para tenerla a mano por si alguien me da el alto con la intencin de robarme. Si es un checkpoint organizado la escondo porque s que me la quitarn si la encuentran. Una pistola es mucho ms cara que un Kalashnikov y no estoy dispuesto a tirar mi dinero, explica Hassan, que asegura detestar las armas.

Toda precaucin es poca cuando uno se aventura a abandonar las lindes de su localidad en Libia, pero muchas veces no queda ms remedio. Una razn de peso es cobrar la nmina. Los sueldos dejaron de llegar a las montaas hace cinco meses, cuando el helicptero que traa el metlico a la sucursal local del Banco de Libia fue derribado. Desde entonces, los lugareos bajan a Trpoli al menos una vez al mes. Eso s, adems de incluir gasolina extra en el maletero y una pistola, conviene preguntar a la milicia local sobre sus ltimas actuaciones. Las razones son obvias:

An tomando carreteras secundarias para evitar a los Warshafana, hay que atravesar Zintn (una localidad rabe alineada con Tobruk) para llegar hasta Trpoli. Si la milicia de Nalut tiene retenido a algn zintan, ten por seguro que te arrestarn a ti en cuanto llegues a Zintn, detalla Hassan.

No es algo demasiado grave. Incluso cuando hay rehenes, su liberacin se lleva a cabo de forma bastante civilizada. Se intercambian en Kabao, una localidad a medio camino entre Zintn y Nalut que cuenta con el mejor restaurante de todo el macizo. Hassan dice que, a menudo, se quedan todos a comer antes de volver a casa.

Repostaje

Lo cierto es que Nalut y Zintan ilustran una situacin que es extensible al resto del pas. La mera supervivencia obliga a localidades rivales vecinas a llegar a acuerdos, tcitos o explcitos, que se siguen antojando imposibles entre sus respectivos Gobiernos de Trpoli y Tobruk. Si los zintanes quieren seguir cruzando a Tnez saben que han de dejar pasar a los amazigh camino de Trpoli. Otro ejemplo es el del llamado puente areo de los rabes en Nafusa. Dado que stos se alinean con Tobruk, en el extremo este, y las carretas hasta all son impracticables (entre otras cosas por la presencia del ISIS en Sirte), los zintanes operan vuelos desde un tramo de carretera que ya se us como pista de aterrizaje improvisada durante la guerra. Para ello, por supuesto, necesitan que los amazighs de Rehibat retiren el checkpoint a la entrada del aeropuerto. Generalmente nunca hay objecin.

En cualquier caso, la situacin es extremadamente voltil por lo que la informacin de primera mano es fundamental antes de echarse a la carretera.

El ltimo en entrar al popular restaurante de Kabao es Kaire ben Taleb, representante por Nalut tras las elecciones del Consejo Supremo Amazigh del pasado agosto. Recin llegado de Trpoli, el bereber aconseja evitar el barrio de Shuk al Juma por los combates entre las milicias de Misrata y las de Abdelhakim Belhaj, ese comandante islamista que combati en Afganistn y

pas por crceles secretas de la CIA antes de convertirse en el primer Ministro de Defensa de la Libia post-Gadafi. La milicia de Belhaj controla el antiguo aeropuerto militar de Mitiga, el nico operativo de la capital desde que el principal fuera reducido a escombros tras los combates entre las milicias de Misrata y las de Zintn, en agosto de 2014.

Halil no presta atencin a las ltimas novedades de Trpoli porque volver a casa en cuanto se acabe su plato de pollo con cuscs. Su plan era viajar hoy a Tnez y pasar dos das borracho en Yerba, pero la frontera ha sido cerrada sin previo aviso. Ocurre a menudo. Frente a stas y otras contingencias, Halil dice que destila su propio boja, el aguardiente local a base de higos y frutos secos. Su plan para el fin de semana ser el de casi siempre:

Voy a beber hasta que me parezca que en Libia las cosas finalmente funcionan, sentencia el libio con un eructo, justo antes de levantarse de la mesa.

El fiasco de la ONU

La extremada complejidad logstica de los desplazamientos por Libia se explica por el vaco de poder en un pas fragmentado en ciudades-Estado, e inundado de armas desde la guerra de 2011. Libia se ha convertido en un Estado fallido en el que los intereses y las necesidades de sus habitantes cobran un papel secundario frente a los de la mirada de agentes extranjeros involucrados, principalmente los de Estados rivales del Golfo Prsico.

Por otra parte, la credibilidad de la Comunidad Internacional como un mediador vlido se ha visto seriamente perjudicada ya desde el comienzo. Los 61,000 millones de euros aprobados por la Fundacin Marshall durante la cumbre del G8 de 2011 nunca llegaron. Adems, la precipitada celebracin de elecciones, en julio de 2012, provoc el fracaso de un Gobierno de Unidad Nacional solvente.

A pesar de todo, la Comunidad Internacional apost por el Gobierno de Tobruk frente al de Trpoli tras reconocer unos comicios parlamentarios en 2013 que boicotearon el 90% de los libios. Dicha trayectoria va en sintona con la total ausencia de reacciones, ni qu decir de una investigacin, tras los correos electrnicos filtrados que demostraban que el mismsimo enviado de la ONU para libia, el ex diplomtico malagueo Bernardino Len defenda los intereses de Emiratos rabes Unidos, los que seran sus futuros contratantes (desde el pasado noviembre, Len cobra 50.000 euros mensuales como director de la Academia Diplomtica de EAU).

El ya conocido como Leongate fue definitivamente silenciado tras los atentados de Pars del pasado noviembre. Cuatro semanas ms tarde, la ONU segua con el plan impulsado por el malagueo y organizaba una charada en Marruecos en la que supuestos representantes de ambos Ejecutivos libios firmaban un acuerdo en aras construir un Gobierno de salvacin y elaborar una hoja de ruta hacia unas nuevas elecciones. La indignacin de los libios fue tal que representantes, esta vez legtimos, de ambas instituciones se reunieron por primera vez en Malta para rechazar de forma conjunta el acuerdo de la ONU. En uno de los correos, filtrados, Len detallaba al Ministro de Exteriores de EAU una estrategia para deslegitimar al parlamento de Trpoli, negando as a una de las dos partes entre las que, supuestamente, necesitaba mediar. En otro correo electrnico, el malagueo mostraba su preocupacin sobre cmo ocultar el hecho de que sus futuros patrones estuvieran enviando armas a Libia, en clara violacin del embargo de armas de Naciones Unidas.

Una excusa tan previsible como recurrente era la amenaza planteada por el Estado Islmico en el pas. Diversos analistas apuntan a que se estara sobredimensionando su presencia de forma interesada. Slo durante el pasado mes de diciembre, cabeceras britnicas aseguraban que el EI se haba hecho con el control total de la ciudad de Sabrata as como de Bin Jawad, la principal refinera del pas. Sin embargo, fuentes sobre el terreno coincidan en que los yihadistas haban sido expulsados a las pocas horas de su aparicin.

Sea como fuere, la del auge imparable de los yihadistas en Libia es una narrativa que suscriben tanto Londres como Pars, y que podra ser el preludio de una nueva intervencin.

Pero antes de ello, tanto Gran Bretaa como Francia han de ser invitadas a hacerlo, algo que no puede ocurrir a no ser que un Gobierno de Unidad Nacional as lo exija. Queda por saber si ese era el objetivo principal del acuerdo firmado en Marruecos bajo el auspicio de la ONU; establecer sobre el papel un Gobierno nico, aunque fuera puramente nominal, para volver a intervenir militarmente en el pas.

Lo que es ya un hecho contrastado es que, lejos de contribuir a la estabilidad del pas, la ONU ha demorado irremisiblemente una solucin a su creciente fractura.

http://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/gara/editions/2016-01-07/hemeroteca_articles/libia-cinco-anos-en-la-cuneta



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