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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2016

Una brecha en el patriarcado: Louise Michel

Antoni Jess Aguil
El diario.es


Acaban de cumplirse 111 aos de la muerte de Louise Michel. La ocasin nos brinda la oportunidad de reivindicar no slo la figura de esta maestra, escritora y luchadora anarquista, sino tambin una praxis subversiva para el patriarcado. Ello permite, en la estela de Walter Benjamin, una lectura a contrapelo de la historia que rescata el papel de las mujeres en la construccin de poder popular.

Pese a que no se consideraban feministas en sentido militante, las pioneras del feminismo anarquista contribuyeron a la lucha contra el machismo y el patriarcado, sobre todo si se tiene en cuenta que el feminismo, como dice Bell Hooks, es un movimiento para acabar con la explotacin y la opresin sexista.

El patriarcado es un rgimen criminal que desprecia la vida de las mujeres, sobre todo de aquellas que claman libertad e igualdad. Desmontarlo exige abrir brechas capaces de subvertir las instituciones, creencias y prcticas que, en palabras de Marcela Lagarde, perpetan los cautiverios de las mujeres. Las brechas son una zona de combate que puede provocar rupturas o interrupciones del orden establecido. Representan resquicios u oportunidades para el avance feminista.

Louise Michel abri una brecha en el patriarcado burgus y catlico del siglo XIX mediante una conciencia feminista articulada en torno a cinco premisas fundamentales:

Primera: las mujeres pertenecen a un colectivo subordinado y como tal sufren injusticias. Como escribi en sus Memorias (1886): Lo primero que debe cambiar es la relacin entre sexos. Hombres y mujeres deberamos estar caminando de la mano. En lugar de ello, hay antagonismo, y este durar el tiempo que la mitad ms fuerte controle o piense que controla a la mitad ms dbil.

Segunda: la condicin de subordinacin femenina no es natural, sino socialmente determinada. Dice al respecto: Admito que el varn tambin sufre en esta sociedad maldita, pero ninguna tristeza puede compararse con la de la mujer. En la calle ella es la mercanca. En los conventos, en donde se oculta como en una tumba, la ignorancia la ata, y las reglas ascienden en su mquina como engranajes y pulverizan su corazn y su cerebro. En el mundo se dobla bajo la mortificacin. En su casa, sus cargas la aplastan. Y los hombres quieren mantenerla as. No quieren que ella usurpe su funcin o sus ttulos.

Tercera: las mujeres deben organizarse entre ellas para remediar esta situacin. Para ello reivindica el poder de las mujeres como fuerza instituyente capaz de desbordar el sistema patriarcal y crear nuevas formas de relacin social: Nosotras simplemente debemos tomar nuestro lugar sin pedir permiso por ello. Y en un tono ms amenazante: Tened cuidado del da en que las mujeres se cansen de todo lo que les rodea y se levanten contra el viejo mundo. Ese da comenzar un mundo nuevo.

Cuarta: la necesidad de una visin alternativa de la sociedad y de la vida, donde el ser humano tuviera plena autonoma. Indicios de esta nueva sociedad pueden vislumbrarse en su crtica a la moral familiar y sexual tradicional. Louise Michel condenaba el matrimonio por tratarse de un negocio ms, que con el patrocinio de la Iglesia y el Estado fomentaba la mercantilizacin del sexo y la apropiacin del cuerpo de las mujeres. Ni los varones ni el Estado ni la Iglesia deban tener potestad para decidir sobre la sexualidad y el cuerpo de las mujeres. Anticipndose a feministas como Simone de Beauvoir, concibi el matrimonio como una especie de prostitucin legalizada: Acaso no hay mercados donde se venden, en la calle, en los puestos de las aceras, las hermosas hijas del pueblo, mientras que las hijas de los ricos son vendidas por su dote? A una la toma quien quiere; a la otra, se la dan a quien quieren. La prostitucin es la misma. No en vano rechaz casarse.

Como maestra defendi una escuela libre de segregacin de gnero en las aulas y la importancia de introducir la educacin sexual en un encorsetado currculum educativo que domesticaba a las nias ensendoles costura y catecismo. Porque la tarea de los profesores es dar a la gente los medios intelectuales para rebelarse.

Quinta: terminar con la opresin  sexista requiere la participacin activa de las mujeres en la lucha revolucionaria. Se trataba de combatir la sociedad machista y clasista a partir de la autoorganizacin desde abajo y la accin colectiva, mediante una democracia popular basada en la accin directa, pues el voto femenino por el que luchaban las sufragistas burguesas no representaba una amenaza para la estabilidad del sistema capitalista y patriarcal. En este sentido, el feminismo anarquista nos dej una reflexin memorable: las mujeres nunca se liberaran por la fuerza de los votos, sino por su propia fuerza. El compromiso era con la revolucin social, no con la poltica parlamentaria, con el gobierno de la gente comn y no con la representacin poltica profesionalizada.

Esta conciencia rebelde la llev a encabezar manifestaciones contra el paro y el hambre, a fundar peridicos, a ser encarcelada, deportada a Nueva Caledonia y a combatir, con un Remington en la mano y el uniforme de la Guardia Nacional enfundado, en las barricadas de la Comuna de Pars en 1871. Durante la Comuna, descrita como el periodo revolucionario del que saldra el mundo nuevo, form parte del movimiento de las petroleras (mujeres acusadas de incendiar Pars con latas de petrleo para frenar el avance enemigo), fund el Comit de Vigilancia femenino de Montmartre, cre, junto con otras revolucionarias, la Unin de Mujeres por la Defensa de Pars (una organizacin feminista de masas que ya planteaba el principio de a igual trabajo, igual salario) y trabaj como enfermera de ambulancia. Dice Sheila Rowbotham que su experiencia all sirvi para que las parisinas asumieran posturas feministas en tensin con el machismo imperante tambin entre los comuneros.

Lo cierto es que no estamos ante un umbral democrtico revolucionario como el del Pars de 1871, sino ante el predominio de sistemas electorales restringidos incapaces de satisfacer plenamente las exigencias y expectativas de las mujeres. En su largo camino hacia la emancipacin, los feminismos tienen por delante el reto de ahondar las brechas abiertas en la democracia machista y elitista institucionalizada. Pero tambin el de abrir nuevas brechas en articulacin con otros movimientos para ganar ms espacios en la sociedad. Para ello, de acuerdo con Andrea Beltramo, tendrn que proseguir su lucha sin tregua para organizar la rabia, politizar la alegra, renovar las confianzas, aumentar la combatividad reivindicativa, no ceder, tomar las calles, diluir la lnea entre lo legal y lo ilegal, resquebrajar viejos consensos, construir nuevos acuerdos, inventar nuevas utopas, crear otras maneras de vivir el amor y de habitar nuestros cuerpos, arrebatndolos al control de las corporaciones financieras, las iglesias, la medicina, la tecnologa, la ciencia, la moral, la publicidad, etc. Slo as estaremos en condiciones de luchar contra el presente en direccin hacia ese nuevo mundo imaginado por Louise Michel.

Antoni Aguil es filsofo poltico y profesor del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Combra.

Fuente:

http://www.eldiario.es/contrapoder/louise_michel_6_471812820.html  

 

 

 



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