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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2016

Dudas razonadas sobre la decisin de la CUP

Juan Carlos Monedero
Pblico.es


El Rey ha de convocar en breve a las fuerzas parlamentarias, en momentos singularmente preocupantes de la vida espaola y en los que la institucin que encarna va a verse afectada tambin por los ecos de la corrupcin. Puede ser paradjicamente una magnfica ocasin para que en medio de la tormenta sea capaz de demostrar la utilidad de la Corona, base casi exclusiva de su pervivencia, propiciando un pacto que beneficie al conjunto de los ciudadanos

Juan Luis Cebrin, El arte de la mentira poltica, El Pas, 11 de enero de 2016


Leer el hgado de una corneja que vuela hacia el oriente

Dicen desde la CUP que no quieren nuevas elecciones porque ganara la derecha. Aparte de que no es verdad te echas en brazos de la derecha para que no gane la derecha? Quin entiende nada

En el Manual del Buen Oteador Social hay dos maneras de predecir lo que va a ocurrir. La primera dice que hay que saber qu quieren hacer los poderosos, esto es, hay que identificar cules son sus intereses e intuir cules son los caminos que van a llevarles a que esos privilegios -vivimos en sociedades de clases- se mantengan o acrecienten. Por lo general en el corto plazo, que el capitalismo, como deca Galbraith, es miope. La segunda regla consiste en saber desbrozar la maleza, en acertar a la hora de separar el trigo de la paja, clarificar qu es sustantivo y qu es ruido, una intoxicacin alimentada bien por los creadores de cortinas de humo (es el virus de ese cruce terrible que nos gobierna de partidos, empresas de medios de comunicacin y capital financiero) , bien por la cacofona multiplicada de unos medios que si no informan de lo que sea a cada minuto se caen de la bicicleta. Lo sustantivo es aquello que est pugnando por hacerse realidad o mantenerse. Lo adjetivo, lo que no es determinante aunque distraiga. Todo, claro, dentro de lo que se est discutiendo (como todo est trenzado en la sociedad, no es fcil acotar espacios).

Como todo sistema de calidad, estas reglas deben ser sometidas a control. Aqu empiezan los problemas. Porque si bien es presumible que los poderosos aciertan -tienen medios, equipos, capacidad de reaccin, dinero, conexiones-, siempre hay una nariz de Cleopatra, una piedra en el camino con la que no se contaba, un cambio de parecer imprevisible e inconcebible (a lo sumo explicable a posteriori) que cambia el rumbo de la historia. Aqu entramos en el reino de la intuicin. Por eso es cierto que la poltica tiene algo de arte, porque decir que tiene ciencia es un abuso corporativo de los politlogos. El segundo problema del control de calidad tiene que ver con la disonancia cognitiva -eso que sucede cuando los datos de la realidad no encajan con nuestra manera de entender las cosas-, que hace que el comportamiento de los actores polticos sea imprevisible. Somos amigos de negar la realidad cuando no encaja con lo que pensamos. Y as no es tan fcil predecir qu puede ocurrir aplicando la mera lgica. Cuando las CUP decidieron en su ejecutiva no apoyar a Mas he de reconocer que me descoloqu. La regla uno se me rompi: los poderesos vean torcerse sus planes. Un movimiento poltico de corte asambleario nos daba a todos una leccin democrtica. Bien por la CUP! Pero poco dura la alegra en la casa del pobre. La iglesia romana acept que los arspices leyeran hgados de ave para evitar la entrada de los brbaros en Roma. Tampoco acertaron. Que le pregunten a Alarico y, de paso, a Inocencio. El ro desbordado siempre encuentra un nuevo cauce. Y las cosas recuperaron su rumbo. Y no es tan sencillo entenderlo.

Todo vuelve a su sitio

La decisin de la CUP de garantizar la investidura del alcalde de Girona (Convergncia Democrtica de Catalunya, CDC) regresa las cosas al gran plan. No es que ese gran plan vaya necesariamente a salir. Ya hemos dicho que hay imponderables y que los planes con gente no son igual que los planes con autmatas. Es simplemente que se camina con fuerza hacia lo que algunos, con mucho poder, quieren que salga. O, incluso, podramos afirmarlo con mayor prudencia: son decisiones funcionales para que tanto el impulso del 15M como el del derecho a decidir que naci en las calles -y que encarnaron institucionalmente con Podemos, En com Podem y tambin con anterioridad en la CUP- se sacrifiquen en el altar de una gran coalicin que haga cambios cosmticos para inaugurar, ahora s, el reinado de Felipe VI una vez cerrado el juicio familiar que ahora empieza con la Infanta y Urdangarn en el banquillo. Si su padre necesit el 23 F para ganar legitimidad, el hijo necesita un suceso que haga de epifana democrtica. El diario El pas y los referentes polticos y mediticos del rgimen del 78 ya estn en ello.

Se ha repetido hasta la saciedad que en la CUP habitan dos almas: una independentista y otra anticapitalista. Por qu demonos tiene que triunfar la que coincide con la burguesa catalana a la que hasta ayer combatan? Creo que en el caso de las CUP, investir a un anticomunista y miembro relevante de CDC como Carles Puigdemont -corresponsable de todo lo que ha hecho ese partido- pudiera tener trazas de trampa electoral. Otro gallo cantara si hubieran ido a las elecciones diciendo: votarnos a las CUP es tambin votar el apoyo a un gobierno presidido por Convergncia para caminar hacia la independencia. Cuando decan: no investiremos nunca a Mas implicaba decir para el comn de los votantes: nunca investiremos a nadie que sea del partido de Pujol, Suiza y el 3%. Quedarse solamente en un nombre y pretender justificar el resto desde ah es tratar a la gente con una descarnada falta de respeto. Como si sacrificado Artur Mas -habr que ver cunto se ha sacrificado realmente- se terminara todo lo que ha significado CDC. Han decidido que ahora mismo hay algo ms importante que su denuncia implacable de las polticas corruptas y austeritarias de CDC. Lo compensa negociar un plan de urgencia social de 270 millones? Creo que no. Por un lado, porque dudo de que realmente lo pongan en marcha (no lo hicieron antes y est escrito en las estrellas que la culpa de que no cumplan la promesa ser de Madrid) y por otro porque el hecho de que el gobierno cataln le devuelva al pueblo lo que es del pueblo no le exime de sus faltas.La CUP, forma parte del acuerdo, no perseguir ningn comportamiento cuestionable de CDC si eso pudiera suponer ayudar a que el proceso descarrile. Han sacrificado, pues, un pedazo de su ideologa.

La decisin de la CUP no la ha tomada ninguna asamblea, sino un grupo de notables. Algunos hemos estado dispuestos a asumir el empate a 1515 por lo que implicaba de ejercicio democrtico. Y haca falta algo de fe. Al final, los perdedores regresan victoriosos. Ni elecciones ni asambleas. Han sacrificado, pues, su metodologa. Y han balbuceado en rueda de prensa -algo que contrasta fuertemente con otros momentos de enorme fuerza simblica- que meten dos diputados circunstancialmente en el grupo parlamentario de Junts pel si, pero que en verdad no los meten aunque vayan a estar dentro (como si fueran a estar en diferido), y que van a pedir perdn todas las veces que haga falta porque se han portado mal, como repiti Mas en su despedida, aunque dicen que se han portado bien, y se entregan a lo que digan desde Junts pel si es que sirve al proceso, de manera que han perdido aunque que dicen que han ganado y juran portarse lozana y cabalmente al tiempo que dicen que no juran porque no son as mucho de religiones. Como conozco a alguna gente de la CUP, me consta que, al menos una parte, est muerta de verguenza. Han sacrificado, pues, la compostura.

Un hiptesis difcilmente sostenible

Pongamos que el independentismo es un objetivo superior a cualquier otro asunto, alimentado por la oportunidad histrica abierta con la insumisin de un partido, CDC, responsable de haber sostenido el rgimen del 78 desde el comienzo, incluso en sus momentos ms complejos. De ser as, la CUP debiera haberlo explicitado en la campaa. Nada mejor para que se viera realmente el peso del independentismo. Pero fue la propia CUP quien afirm que las elecciones eran un plebiscito y que se haba perdido. Parece que despus han cambiado de idea. Otra vez. Una fuerza poltica que reclama la participacin popular no debiera tomar decisiones que no estaban claramente sealadas en el contrato electoral con los ciudadanos con el que se present a los comicios. Que haya una oportunidad histrica es una hiptesis. Las elecciones han sido un hecho. Interpretaciones a posteriori que llevan a decisiones no votadas son espurias.

El otro gran argumento es: primero logramos la independencia y despus arreglamos cuentas con nuestros adversarios ideolgicos. Una de las cosas que ha aprendido la nueva izquierda europea -incluidas las formaciones que quieren reinventar ese espacio antao llamado izquierda amplindolo y reconsiderndolo- es que no hay soluciones locales, de manera que la nica posibilidad de ganar es sumando esfuerzos. Est claro que la CUP renuncia a esa pelea concreta abierta ahora mismo -la que implica un cambio constitucional como el que reclama Podemos- para solventar asuntos propios de la mano de fuerzas polticas que estn enfrente en la tarea de acabar con la austeridad. Es decir, que en los prximos 18 meses, los apoyos de la CUP no sern para superar la poltica de austeridad y de fin del estado social que se estn intentando poner en marcha en Espaa y en Europa, sino el seguimiento fiel a Junts pel si, no vaya a ser, como dice el acuerdo que han suscrito, que peligre la suerte del proceso independentista. Si eso fuera as, habramos perdido a las CUP para esa pelea. Para la superacin del vaciamiento democrtico en Espaa, los progresistas de Catalunya necesitan a los progresistas espaoles y viceversa. En un momento donde Podemos est planteando no solamente en Catalunya sino en todo el estado la urgencia de un plan social de choque -la Ley 25 que se presenta en el Congreso- y una batera de medidas de cambio constitucional profundo que incorporan el derecho a decidir. De hecho, la probabilidad de que la derecha catalana llegue a un acuerdo con la derecha espaola es altsimo. Siempre ha sido as. La burguesa catalana poda compartir con sus obreros durante el franquismo y durante la Transicin las reivindicaciones culturales, pero el da de la huelga llamaba a las fuerzas del orden con la intencin de que les dieran una paliza a sus trabajadores. Y siempre en plena sintona con la burguesa espaola. La derecha, por naturaleza interesada, termina encontrndose. Somos los que queremos cambiar nuestras sociedades los que nos pegamos un tiro en el pie comprando el discurso de los enemigos de la igualdad.

Por ltimo, pudiera alguien sostener: lo que est ocurriendo en Catalunya puede servir para que Espaa logre superar buena parte de sus problemas. Es decir, que la ruptura del orden institucional en Catalunya puede ser la oportunidad para abrir un proceso de transformacin en el conjunto del estado. Me parece un argumento profundamente ingenuo. Primero, porque estas amenazas refuerzan a la reaccin en el conjunto del estado y tambin en Catalunya, de manera que lo ms probable pasa a ser una gran coalicin donde sectores que podan caminar una senda alternativa se pierden asustados por la vertiginosidad del proceso y su nula pedagoga. Haciendo comulgar a la gente con ruedas de molino no se gana a nadie para ninguna causa. En segundo lugar, porque los cambios territoriales reclaman pedagoga, no actos de fuerza. Un movimiento popular en Catalunya como el 15M poda despertar las simpatas del resto del estado. Un movimiento lleno de incongruencias, contradicciones, cambios bruscos de opinin y encabezado por el partido de Pujol, del 3% como estructura permanente y del encubrimiento de la corrupcin como es Convergencia pocas simpatas puede despertar. Y an menos cuando el gran argumento es hemos quitado a Mas aunque dejemos a su partido. Es loable la capacidad de Catalunya de abrir escenarios, de reinventar la poltica, de llegar a soluciones barrocas y florentinas. Algo en lo que la poltica italiana ha sido maestra. Pero eso no es siempre luminoso. Ah est Italia con dcadas de gobiernos que han devorado la posibilidad de pensar el cambio social.

Todo por hacer

Lo que se expres en las elecciones del 20D est intacto en su divergencia: por un lado lo nuevo; por otro, lo viejo. Las opciones son insistir en lo antiguo superviviente o representar lo emergente. Es de cajn que van a existir posiciones intermedias. Pero para que exista ese punto medio, tienen que expresarse las posiciones claras. La CUP estaba en lo emergente. Hoy no es tan sencillo hacer esa afirmacin.

En apenas unas horas Rajoy ha salido diciendo que hace falta una gran coalicin. Que le huele a humo el palacio y le faltan extintores por doquier. Soraya Sanz de Santamara, que es de todo menos ambiciosa, ha usado de nuevo un medio de comunicacin para sus intereses particulares, en esta ocasin para decir que Rajoy es prescindible. A vueltas con lo de los sobres y ahora con pelcula incluida. Empieza, parece, el fuego amigo, que en poltica es el que realmente mata. Susana Daz contina la tarea de acoso y derribo de Pedro Snchez, fcilmente sacrificable en el altar de los intereses de la patria, que coinciden con aquello que le permita seguir trabajando en lo de siempre. Gran defensora de una gran coalicin -como el lobista Felipe Gonzlez- tiene algo que ofrecer con motivo de la gran excusa del inters nacional: t quitas a Rajoy, yo quito a Snchez y empezamos casi de nuevo. Como en Los otros, otra vez los polticos del 78 parecen cadveres andantes. Los empresarios catalanes quieren ya una solucin, porque muchos estn abandonando la comunidad autnoma, asustados por la ceguera que produce el afn independentista. Tensionaron para tener beneficios, pero la cosa se les ha ido de las manos. Lo nico que quieren realmente es negociar ventajas fiscales. En cuanto tengan garantas de ese acuerdo, volvern a los lugares de siempre: los recortes, el despido barato, las subvenciones, las componendas con el poder poltico. Ser uno de los acuerdos constitucionales del reinado de Felipe VI.

La amplia mayora de los catalanes quieren votar cmo va a ser su insercin en el Estado. Los independentistas son minora, pero si se sigue actuando desde Madrid como hasta ahora, lograrn ser mayora. Y claro que tienen que votar los catalanes, obviamente, igual que fueron los catalanes quienes votaron su Estatut. Otra cosa es que nos dotemos de herramientas constitucionales para que esa decisin sea de todos y de todas las espaolas (basta con reconocer constitucionalmente ese derecho y luego ejercerlo en los territorios). Esa es la enorme responsabilidad de En Com Podem en Catalunya y de Podemos en el conjunto del estado. De los dos. Porque la solucin tampoco pasa por asumir como un faktum el confederalismo. Igual que Espaa tiene que entender que Catalunya es Catalunya -como requisito para poderse sentir tambin Espaa-, Catalunya tiene que entender que es parte de Espaa, como requisito para no tirar por la borda las identidades cruzadas que existen en nuestro pas y que ya va siendo hora de que las convirtamos en una ventaja y no en un incoveniente. Recuperar aquello que recuerdo de Pasionaria cuando regres del exilio y afirm que haba regresado a su Asturias, que haba regresado a su Espaa y pasaba de una a otra sin el conflicto que la cerrazn de los espaolistas de toros, sotana y corrupcin han creado.

Pero esto no lo decide nadie por decreto. O se siente as, o no va a funcionar. Por eso ninguna solucin va a venir por arriba. Es tiempo de debatir y luego, despus de mucha deliberacin, decidir. Como los grandes problemas de Espaa -muchos, problemas tambin europeos- la nica solucin es algo que sea o se parezca a un proceso constituyente que nada tiene que ver con la Transicin (que fue cupular, tutelada por el Rey y el ejrcito, con el 23 F de por medio, con una derecha que se deca franquista y en un tiempo en donde an funcionaba el estado nacin). Las transiciones son de dictaduras a democracias, no de democracias a democracias de mayor densidad. Pese a que algunos tengan nostalgia no estamos en el franquismo. Hoy ya no se negocia ni con ruido de sables ni con amenazas golpistas (luchamos contra la Troika, que es ms sutil), y porque los ltimos 35 aos tienen que haber servido para algo. Entre otras cosas, para superar a viejos partidos como Convergncia Democrtica de Catalunya. Aunque algunos no lo hayan visto conveniente. Cuando lo que se presenta como nuevo decide jugar la baza de sostn de lo viejo, termina devorado por la vieja guardia. Hubiera sido mejor confiar en nuevas elecciones. Al fin y al cabo, en las elecciones no es el pueblo el que vota? La CUP ha representado demasiadas cosas importantes para terminar as.

Fuente: http://www.comiendotierra.es/2016/01/11/dudas-razonadas-sobre-la-decision-de-la-cup/



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