Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2016

La unin wahabi-sionista

Pablo Jofre Leal
Rebelin


El acuerdo nuclear entre Irn y el Grupo 5+1, signific un duro revs para los sectores belicistas de Occidente, como tambin fue un golpe difcil de sobrellevar para Israel y Arabia Saud, tradicionales enemigos de Irn.

Los resultados de los acuerdos nucleares dieron muestra de la enorme voluntad de la nacin persa de sobreponerse a una dcada de injustas sanciones por parte de Estados Unidos y secundados posteriormente por la Unin Europa (UE) al acusar a Tehern de desarrollar un programa nuclear con objetivos militares.

Un acuerdo nuclear que golpe a la Casa al Saud

En julio del ao 2015 el mundo aplaudi los resultados de tantos meses de conversaciones cuando la alta representante de la UE para su Poltica Exterior Federica Mogherini y el canciller iran Mohamad Yavad Zarif anunciaron al mundo que el Sexteto e Irn haban logrado ponerse de acuerdo.

Dentro de las voces discordantes y que llamaban a no terminar las presiones contra Tehern se encontraba tanto Israel como la Monarqua saud, para quien el acuerdo nuclear que volva a colocar a Irn en el primer plano internacional y relevaba su papel regional fue un golpe al que le ha costado sobreponerse. Sobre todo por que Riad ha estado empeada en cercar a su rival regional usando para ello las influencias y su condicin de aliada de Occidente. Sin embargo, las jugadas, el lobby poltico y hasta las amenazas econmicas, incluyendo las despreciables operaciones a la baja del precio del petrleo, no han doblegado el inters primordial de avanzar en los acuerdos y que han permitido a Irn mostrarse con todo el poder que tanto temen saudes y sionistas.

El papel lo ha ido adquiriendo la Repblica Islmica de Irn en materia de influencia regional, as como su participacin en la defensa del gobierno y la sociedad tanto de Irak como de Siria y sus opiniones respecto a la defensa del pueblo palestino contra la ocupacin sionista de sus territorios. La alianza poltica, militar y econmica que est tejiendo con la Federacin Rusa, su voz en alto en materia de la defensa y autonoma de los pueblos de la regin, su decisin de llevar adelante su programa nuclear, son claramente elementos que marcan una impronta de indudable presencia, influencia y liderazgo en la zona y eso atemoriza a regmenes como el saud, empeado en seguir manteniendo sus ansias de poder en la zona del Golfo Prsico. All es donde maneja a sus anchas a Monarquas Medievales o agrede a pases ms pequeos en aras de mostrar que el wahabismo est dispuesto a todo, como es el caso de la agresin contra Bahrin y Yemen e incluso la creacin, desarrollo, financiamiento y apoyo logstico a bandas terroristas como Al Qaeda, EIIL Daesh en rabe y el Frente al Nusra

Si no puedes con esta presin utiliza esta otra

Hoy, la presin contra la Repblica Islmica de Irn busca otros derroteros, utilizando elementos simblicos que causen la indignacin y el lgico malestar de la nacin persa. Tal ha sido la nula poltica de seguridad para los creyentes iranes que acuden a La Meca y que signific, por ejemplo, en la tragedia de Mina, la muerte de medio millar de fieles iranes.

Sumemos a ello el trabajo permanente de apoyo a los grupos takfir que son la punta de lanza de la doctrina wahabita que impera en Arabia Saudita. Bandas terroristas que ejecutan las acciones en pos de los intereses de un Casa al Saud que ha sido el gran valedor de estos movimientos de asesinos y que suelen realizar acciones que provocan a la comunidad chiita, ya sea en El Lbano, Siria, Irak, Yemen y Bahrin como han sido los atentados a mezquitas de esa corriente religiosa. Hechos que no han merecido la repulsa masiva y clara de las potencias occidentales, que suelen levantar la voz indignada cuando se trata de su connacionales o se atenta contra alguna capital europea. Esa muestra del doble rasero frente a hechos igualmente violentos y criminales indigna sobremanera pues visualiza, en toda su dimensin, que para las grandes potencias existen muertos de primera y segunda categora.

Riad, que parece haber reemplazado a la entidad sionista en este papel de principal enemigo de la nacin persa, pretende provocar a la Repblica Islmica de Irn y hacerla entrar en ese juego peligroso. Riad est decidida a no aceptar los acuerdos nucleares que ha firmado Irn, est decidida a seguir agrediendo a naciones vecinas, desea seguir en una poltica de fortalecimiento de bandas terroristas que se entiende en la lgica de mantener una difcil unidad en la familia real saud, sacudida por intrigas internas, por pugnas de poder y un deterioro de los ingresos por venta del petrleo que ella misma ayud a crear.

La Casa al Saud, sedienta de sangre, no se detuvo en sus abominaciones y el sbado 2 de enero, cuando en occidente an no se apagaban los ecos de la llegada de un nuevo ao, anunci la ejecucin del sheji Nimr Baqer al-Nimr y varios activistas chies. Como una forma de minimizar tan vergonzoso hecho Arabia Saud rompi relaciones diplomticas con Irn arrastrando en esa accin a Bahrin y su aliado de la familia Al Jalifa, argumentando las protestas de miles de ciudadanos iranes frente a la sede diplomtica saud en Tehern y otras capitales del mundo. Para el portavoz de la cancillera iran, Husein Yaber Ansari, Arabia Saud fanfarronea mucho pero no es un actor activo. La medida de Arabia Saud de cortar sus lazos con Irn de ninguna manera ha preocupado a Tehern ya que la poltica exterior de nuestro pas est basada en la lgica, la moderacin y el resguardo de los intereses nacionales.

Es en ese plano donde hay que entender la coaccin saud contra Irn. Primero, en un marco de lgica interna aglutinar consensos contra el enemigo comn y en segundo lugar en el plano externo, tratar de arrastrar a Tehern a la ejecucin de algn tipo de accin que socave los grandes esfuerzos diplomticos, polticos y de generosidad en la construccin de una regin que avance hacia la estabilidad y oponer un frente amplio que vuelva a unir a Washington, la Unin Europea, las Monarquas del Golfo Prsico, Turqua e Israel. Como ello es complejo y difcil, gracias a la hbil diplomacia persa y los esfuerzos honestos por avanzar en caminos de entendimiento, la Casa al Saud intensifica sus ataques en Yemen contra el movimiento Ansarol, reprime el disenso en Bahrin, incrementa sus acciones de desestabilizacin contra Siria bajo el manto protector que otorga a las bandas terroristas de Daesh, Frente al Nusra y Al Qaeda o financia ataques contra la comunidad chiita en El Lbano.

En todo este panorama, lo que va quedando claro es que el verdadero enemigo de la paz en Oriente Medio es la Casa al Saud y que tras dos aos de negociaciones en materia de un acuerdo nuclear, tras una dcada de sanciones y 36 aos de enemistad por parte de Washington hacia Irn, se muestra al mundo que la nacin persa a pesar de todas las provocaciones tiene ms vocacin de paz que cualquiera de los que han sido sus rivales, iniciando un ciclo para la regin donde los conceptos de soberana y dignidad se levantan con fuerza como elementos intransables en cualquier acuerdo, por muy poderoso que sea el contrincante. Eso no lo entiende la Casa al Saud porque no est en su ADN, no lo asimila pues su vocacin de poder fagocita cualquier intento de entender las relaciones internacionales a partir de deberes y derechos.

Para Arabia saud el camino poltico es seguir creando las condiciones para que Oriente Medio siga siendo una regin insegura donde los nicos beneficiados son la entidad sionista y su socio wahabita. Por ello, el camino de la guerra, los conflictos creados para agredir a los pueblo, las acciones desestabilizadoras contra las sociedades de Oriente Medio seguirn siendo pan de cada da. Noticias trgicas en los medios de comunicacin, mostrando una zona donde difcilmente se alcance la paz. Seguir siendo as mientras la poltica belicista del eje sangriento sionista-wahabita siga actuando impunemente protegido por Washington, el lobby del AIPAC y las comunidades sionistas de Francia e Inglaterra.

Sostena en un artculo anterior, que las guerras de agresin en Oriente Medio, las ejecuciones de disidentes, la represin a las ansias de libertad a las poblaciones de gran parte de los pases del rea continuarn siendo una constante mientras siga viva la alianza Washington-Riad-Tel Aviv. Esas contiendas desiguales e inmorales son aire para los pulmones que alientan al complejo militar industria estadounidense, a la entidad sionista y el lobby del Comit de Asuntos Pblicos Estadounidense-israel AIPAC que hunde sus garras en Washington y una Casa al Saud, que vive sus propias contradicciones internas pero que en el plano regional signan su conducta en el apoyo al terrorismo takfir, la agresin contra Yemen y el apoyo sostenido al rgimen de los Jalifa en Bahrin, junto a la represin sistemtica de su propia poblacin.

La triada Washington-Riad. Tel Aviv debe ser declarada por el derecho internacional como una asociacin ilcita creada para delinquir, asesinar, para fragmentar pases, para generar millones de refugiados, para asesinar nios y destruir, para ejecutar polticas genocidas contra los pueblos de la regin u otros pueblos que osen alzarse contra ese poder hegemnico. Si ello no cambia, el futuro seguir siendo la desestabilizacin por sobre los acuerdos y sobre todo, la paralizacin del necesario desarrollo de nuestros pueblos en favor de los intereses hegemnicos que han sido tradicionales en Oriente Medio. En ese plano, que la muerte del Sheij Nimr Baqer al-Nimr no sea en vano.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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