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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2016

Revolucin Cubana 1959-2016
Sin echar el laurel en la olla

Luis Toledo Sande
Bohemia


Sin restar importancia a las dos guerras llamadas mundiales, ni a la liberacin de naciones como China y Vietnam esta, adems, con la ejemplar victoria sobre la invasin estadounidense en su haber, del siglo XX cabe destacar cuatro procesos revolucionarios diversos: en orden cronolgico, la Revolucin Mexicana, la Revolucin de Octubre, la Segunda Repblica Espaola y la Revolucin Cubana. Tres de ellos se ubican en mbitos de la lengua espaola, hecho contrastante con el escaso prestigio que suele concederse a las ciencias sociales expresadas en ese idioma.

Pero ese ngulo, de inters y merecedor de atencin frente a expresiones de colonialismo fomentadas desde otras reas culturales, requerira un anlisis particular. El presente artculo apenas bordea el significado de la Revolucin Cubana desde su fragua y su llegada al poder, y en su existencia hasta hoy. Haberla ubicado en el conjunto de procesos aludidos mueve a rozar por lo menos algunos rasgos de los tres que la acompaan en el esbozo.

La Revolucin Mexicana, cuyo carcter pionero en aquel siglo no parece tenerse tan en cuenta como sera justo, fue un paso de avance en la transformacin de un pas de nuestra Amrica frente a la herencia feudal que le lleg de su formacin como colonia. La importancia de esa Revolucin no debe ocultarla ningn estancamiento sufrido con el tiempo y al influjo de los forcejeos clasistas y presiones externas, lo que se dice sin afn de agotar el tema.

La de Octubre no se limit a diez das que estremecieron el mundo: sum dcadas de una siembra emancipadora que incluy tanto liberar a Rusia y sus colonias del zarismo como propiciar el nacimiento de varias naciones marcadas por aspiraciones socialistas. Gener, en fin, valiosas transformaciones internas y un baluarte para la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de grandezas tales, deficiencias y males internos contrarios al socialismo le impidieron llegar viva a los finales de la centuria en que tantos logros cosech y nutri tantas esperanzas, aunque haya interesados en negar unos y otras. Las causas del desmontaje antisocialista de los frutos de esa Revolucin, incluida la propia Unin Sovitica, deben seguir estudindose. Ninguna precaucin ser ociosa para que errores y aberraciones como los all entronizados no se reproduzcan y den al traste con otros proyectos justicieros.

Burocrticamente declarada irreversible por decretos que pretendan blindar el socialismo desde oficinas, la realidad que se logr construir en el camino abierto por aquel extraordinario Octubre fue demolida. Adems de ser una tragedia en s, ello ha dado asideros para negar legitimidad y valor a todo empeo revolucionario.

Esa tendencia dolosa se aprecia en anlisis distorsionadores del pasado y el presente de la humanidad, aunque se trate de un afn democrtico tradicional como la Segunda Repblica Espaola, derrotada por una implacable alianza internacional de la reaccin fascista, sin descontar los que puedan haber sido errores en su sostenimiento y su defensa.

Contra la dignidad de ese ensayo fundador en cuyas filas se verti sangre cubana se lanzan hoy perros de la propaganda capitalista, en complicidad con la herencia del fascismo que nutri en Espaa el denominado Bando Nacional. Este, artfice del levantamiento anticonstitucional y terrorista contra la Repblica, enlut el pas durante dcadas y finalmente prepar la sucesin monrquica, sobre la cual se fabric una transaccin democrtica enfilada a silenciar el pensamiento de izquierda y sepultar las aspiraciones republicanas. El sometimiento a la OTAN no es casual.

Secuelas de un desmontaje

Volviendo a los afanes socialistas, se debe recordar que alguien tan objetivo, de pensamiento cientfico y de honradez militante al servicio del socialismo como Vladimir Ilich Lenin, sostuvo la inviabilidad de la plena construccin de un proyecto de esa ndole en un pas aislado. Sobran razones para entender las vicisitudes con que ha tenido que vrselas el experimento cubano.

Pero ese experimento lo puso en prctica una Revolucin que triunf el 1 de enero de 1959 y viene, por largo camino, de sus propias races, desde antes de 1868, con su propio Octubre vivido en ese ao. Eso le ha permitido relacionarse con el mundo sin dejar de ser ella, y no solo llegar viva al siglo XXI: contina su marcha, su pujanza, con el deber de fortalecerse, y enfrentando desafos colosales, ya abiertos o enmascarados.

Entre los obstculos que la rodean est la propaganda lanzada mundialmente contra todo lo que huela a revolucin. En el caso de Cuba, tal campaa tiene sus recursos predilectos. Uno es sostener que la etapa ms prspera del pas fueron los aos durante los cuales se entroniz la tirana encabezada, al servicio del imperialismo estadounidense, por Fulgencio Batista, exponente mayor de los crmenes y el latrocinio sufridos por la nacin.

El triunfo de la Revolucin Cubana, y el apoyo con que desde la lucha insurreccional la abraz la mayora del pueblo, se debieron a su carcter popular: esa mayora vio y encontr el camino para lograr, junto con la justicia social, la soberana que la intervencin estadounidense le arrebat en 1898.

Esa realidad explica que en 1961, tercer ao tras la toma del poder, cosechara dos victorias ntimamente vinculadas, e impensables sin el apoyo mayoritario y entusiasta del pueblo: el aplastamiento de la invasin mercenaria en Playa Girn y sus inmediaciones, y la declaracin del pas como territorio libre de analfabetismo, gracias a la masiva Campaa Nacional de Alfabetizacin que hoy sigue dando frutos dentro y fuera de Cuba.

Fundamento

Esos logros, y otros, se buscaron y se percibieron asociados a la herencia martiana. Presente en la nacin desde el siglo XIX, devino como expres Fidel Castro, gua de la obra desatada con los hechos aurorales del 26 de julio de 1953 fundamento moral de la accin armada iniciada entonces y, en consecuencia, de los logros cosechados en ese camino. En l, 1961 aport otro nutriente explcito, asumido en la mdula nacional de la obra revolucionaria: en Girn se combati tambin en defensa del socialismo.

El carcter socialista de la Revolucin se proclam precisamente en la despedida de duelo de los mrtires del bombardeo que, como ablandamiento artillero, el imperialismo lanz contra Cuba en vsperas de la invasin mercenaria. Esta, as y todo, fue derrotada en poco ms de 60 horas. Fue una victoria de pueblos, porque a partir de entonces, como tambin dijo el gua histrico de la Revolucin, todos los de nuestra Amrica, no solo el cubano, fueron un poco ms libres. Tal realidad abon la simpata que la Revolucin cosech en la regin desde el mismo 1959.

El carcter popular que le permiti alcanzar el poder se consum en logros masivos, como las leyes de Reforma Agraria y de Reforma Urbana, y la disminucin de las grandes diferencias acumuladas entre el campo y la ciudad, sobre todo en lo tocante a la capital. En medio de las dificultades econmicas de un pas bloqueado, ese afn de equidad, sin el cual la Revolucin habra estado sumamente incompleta, gener construcciones carreteras, industrias, embalses de agua, edificios para diversos usos sociales: escuelas, centros de atencin mdica, viviendas que transformaron hasta la imagen fsica del pas.

Ello, asumido con sed de equidad para toda la nacin, pudiera explicar el detenimiento constructivo y las dosis de prdida de esplendor material padecido por la capital. Ese hecho, tendenciosamente desgajado del contexto, lo esgrimen los enemigos de la Revolucin para denigrarla, y aunque no existieran contra ella tales campaas de descrdito, constituye uno de los frentes en que mayor esfuerzo por la recuperacin necesita seguir acometiendo.

La bsqueda de equidad entre los territorios de la nacin es tambin inseparable de logros que esta ha venido disfrutando desde 1959 en terrenos tan vitales como la educacin y la salud, la ciencia y el deporte. En el quehacer literario incluida la vertiente editorial y en otras expresiones artsticas cine, msica, danza, plstica se ha vivido, encaminado por instituciones que le han dado gloria al pas, un apogeo sin precedentes.

Datos, esencia

El auge lo ha caracterizado la bsqueda de masividad, con un amplio movimiento de aficionados en los distintos sectores poblacionales, y favoreciendo el desarrollo de individualidades sobresalientes, que han merecido admiracin y lauros en distintas partes del planeta. Espectculos artsticos de alto nivel estn al alcance de la poblacin, con entrada a precios mdicos, o libre, al igual que los deportivos. Mantener ese camino es una de las seales con que en medio de severas dificultades la Revolucin ratifica su lealtad, tambin en esas esferas, al Jos Mart que entendi que ser culto es el nico modo de ser libre.

Enumerar las conquistas alcanzadas en los diversos frentes antes mencionados pudiera ser necesario ante quienes opten por desconocerlas, pero en esos casos resultara estril. Las personas honradas pueden disponer de la informacin que emana de la propia realidad. Aldase solo a los altos grados de instruccin generalizada y a los ndices de mortalidad infantil y esperanza de vida que hacen de Cuba un pas ejemplar en esas esferas, como reconocen instituciones y organismos internacionales de la mayor relevancia.

Los logros estn presentes asimismo en la amplia colaboracin de Cuba con numerosos pueblos, y se aprecian hasta en una emigracin que, a diferencia de la de otros pases y no solo entre los que clasifican como no desarrollados, sobresale por su preparacin tcnica y profesional. Quien conozca la realidad de los inmigrantes en otras naciones, podr dar fe de esas diferencias.

Ancdotas y experiencias de tal realidad abundan. El autor de este artculo no pasar de recordar la gratitud con que el embajador de un pueblo hermano acogi la iniciativa de una universidad, europea, de ofrecer a emigrantes de su pueblo cursos para adiestrarlos en tareas concretas.

Eran las peor pagadas, y ms despreciadas por lo menos antes del reconocimiento de la etapa de crisis que all se gestaba entre los naturales de la nacin a la que haban ido a parar: en ese caso, empalmar cables, vestir camas, limpiar ancianos; en otros correspondera hablar de la agricultura y la construccin. Al final de la ceremonia en que su embajador haba expresado gratitud a la universidad, un colega diplomtico, amigo del articulista, le dijo a este: Los emigrantes de tu pas no necesitan esa ayuda.

Pero Cuba ha tenido que desempearse en condiciones anormales, porque muy pronto contra la Revolucin se lanz la hostilidad de la mayor potencia mundial, los Estados Unidos. La poderosa nacin imperialista, acostumbrada desde su gestacin, y en su desarrollo en l se ubica el robo de ms de la mitad del territorio de Mxico, a dominar y saquear a otros pases, no le perdon a Cuba su dignidad nacional y su servicio al pueblo. Con esa orientacin el gobierno cubano acometi nacionalizaciones indispensables, y en ello tambin tuvo un rotundo respaldo popular.

Patente imperial

Pronto la hostilidad del vecino del Norte se expres en un bloqueo econmico, financiero y comercial que an perdura, y en agresiones armadas. En estas se inscriben la invasin mercenaria de 1961 y las bandas de alzados tambin mercenarias que foment en distintos sitios del pas, y que en sus monstruosos actos terroristas cometieron asesinatos, entre otros, de alfabetizadores.

En aquellos actos figuran la explosin del vapor francs La Coubre en el puerto de La Habana, y la voladura de un avin cubano en pleno vuelo sobre Barbados. Esta ltima accin, as como otras, la orquestaron agentes del imperio que gozan de libertad en la nacin que se autopromueve como el modelo de la democracia.

Cuando hoy, en su licencia imperial, el presidente estadounidense propone cambiar la poltica que su gobierno ha mantenido contra Cuba durante ms de medio siglo, y dice que tal poltica no ha conseguido su propsito, solo queda una opcin para interpretar sus palabras. Si a pesar del enorme dao econmico, material y en vidas que esa poltica le ha causado a Cuba, el cabecilla del imperio la estima fallida, es porque ha sido planeada con un superobjetivo: destruir a la Revolucin y restablecer en la mayor de las Antillas la dominacin con que desde 1898 los Estados Unidos ensayaron aqu el neocolonialismo, su sistema de colonizacin, como lo denunci Mart pensando en los planes imperiales contra nuestra Amrica en general.

Pese a todo, Cuba y por eso ha obligado al imperio a buscar un cambio de imagen perdura como ejemplo de resistencia. Ha dado apoyo ideolgico y moral a otros pueblos, y protagonizado un aporte internacionalista que aunque se propongan silenciarlo ingratos y enemigos contribuy a las mejores transformaciones emancipadoras en frica. Lo han reconocido pueblos y guas polticos como Nelson Mandela en Sudfrica, y varios en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y otros de nuestra Amrica.

All, plantando cara al vecino poderoso, se han desafiado las maquinaciones de la Organizacin de Estados Americanos y del rea de Libre Comercio para las Amricas. De ese enfrentamiento han surgido alternativas de dignificacin soberana como la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra Amrica y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos. Resurgen las banderas del socialismo, en busca de actualizacin creativa, aunque no sea ms, ni menos, que por entre las estructuras del sistema capitalista.

Pero el imperio no cesa en sus planes, y dispone de enormes recursos. En general, con el individualismo y el pragmatismo consustanciales al sistema capitalista, propala el neoliberalismo. Estimula las llamadas desideologizacin y despolitizacin, mscaras del afn de erradicar el pensamiento revolucionario. Promueve y apoya cuanto pueda conducir a la reversin de planes nacionales molestos para su mana de dominarlo todo. Ahora, con respecto a Cuba en particular, intenta dar la imagen de un cambio de actitud, y propone otros mtodos para lograr lo que la resistencia y la creatividad cubanas le han impedido conseguir.

Golpistas de etiqueta

Todo eso, de lo cual las campaas contra Cuba son inseparables, explica distintas formas de golpes de Estado que en Honduras y en Paraguay han venido a sustituir el gorilismo armado, que no debe considerarse definitivamente cancelado; los intentos golpistas en Venezuela, Bolivia y Ecuador; las campaas y amenazas contra la misma Venezuela bolivariana; la creacin de nuevas bases militares en Colombia; la propaganda y las maniobras para alimentar la oposicin contra los gobiernos de Brasil y Argentina.

En esta ltima la derecha consigui electoralmente el xito contra las fuerzas progresistas que haban sacado al pas del hundimiento en que lo atasc el desafuero neoliberal. El saludable optimismo no basta para ignorar que, con la guerra meditica y econmica, el imperio y sus cmplices intentan aplastar cuanto proyecto justiciero le salga al paso. Sera torpe considerar a Venezuela un caso aislado.

Los zarpazos de la derecha neoliberal que va por ms se dan cuando en varios pases las urnas han devenido camino de triunfo para proyectos emancipadores, y los medios imperiales de propaganda fabrican la imagen de que todo acto armado por parte de los pueblos es terrorismo repudiable. Los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, sin embargo, desencadenan guerras genocidas y consiguen edulcorarlas con falacias lingsticas tan perversas como calificarlas de humanitarias: deformacin de sentido que ha pasado incluso al periodismo revolucionario, o de izquierda al menos, para hablar de crmenes y desastres de lesa humanidad.

Es difcil heroico, digamos sin rodeos conseguir un triunfo revolucionario valindose de los mecanismos y procedimientos que el capitalismo ha perfeccionado para defender sus intereses. Pero la persistencia de la Revolucin Cubana la explica su toma del poder por la lucha armada con decisiva participacin popular. Y se ha mantenido gracias al decisivo apoyo de la mayora del pueblo.

No es casual que todo lo relativo a Cuba sea tergiversado o satanizado, con saa, por la propaganda imperialista. Para actuar, el pas debe guiarse nicamente por la norma de la justicia y lo correcto: ni hacer para complacer al enemigo, ni dejar de hacer por no parecer que presta atencin a sus campaas.

Cuanto haga ser sometido a lentes distorsionadores, para desconocer sus aciertos y atribuirle errores o magnificar los que cometa. El esperado afinamiento en su poltica migratoria, por ejemplo, deja sin argumentos a no pocos infundios lanzados contra ella, y en igual medida los mismos que los propalaban intentan revertir el efecto de sus aciertos.

El contexto internacional est signado por la preponderancia de las fuerzas del imperio, y las circunstancias nacionales de Cuba se ven severamente daadas por el bloqueo que este le ha impuesto durante ms de medio siglo. Contra semejante engendro se proyecta el clamor de pueblos, avalado en votaciones de la Asamblea General de la ONU, pero groseramente las burla el mismo gobierno que anuncia la voluntad de cambiar su poltica hacia Cuba.

Desplazamientos y persistencias

El mayor reto que se le presenta al pas radica en mantener el afn de asegurar la justicia social en un contexto internacional con frecuencia srdido. En l ha escrito Fernando Martnez Heredia en su libro El corrimiento hacia el rojo, ttulo alusivo a los ciclos de expansin y contraccin material del universo se aprecia un mundo extrao, en el cual reinan el lucro y el hambre, y no parece haber futuro para la decencia.

Ante ello lo pertinente y digno no ser cruzarse de brazos y renunciar a construir un mundo mejor, que es posible, adems de necesario para que la humanidad llegue a merecer en plenitud ese nombre. Como aade el mismo autor citado, la indecencia carece totalmente de legitimidad.

La bsqueda de la decencia en las relaciones humanas a todos los niveles define lo que un pas como Cuba, que ha llegado hasta donde est gracias a la construccin revolucionaria, debe tener en la brjula de sus replanteamientos en pos de una eficiencia econmica indispensable para mantener el proyecto justiciero que tanto esfuerzo y tanta sangre ha costado. La seduccin economicista y pragmtica no ser garanta para ningn empeo revolucionario erigido sobre la conviccin de que la historia lo avalar, aunque tampoco deba ignorar los requerimientos de la economa.

La Cuba que hall en Mart el fundamento moral para su transformacin, debe recordar el reclamo del Maestro, quien en Crece (abril de 1894) se planteaba si la revolucin que l fraguaba tendra posibilidad de triunfar. Ante la duda, razonable, sostuvo que el gran deber patrio y humano sera hacer posible la revolucin, o, por lo menos, acometerla del modo ms eficaz. Lo innoble sera traicionar la grandeza del sacrificio.

Se avanzaba hacia la guerra que estallara el 24 de febrero de 1895, y afirm: Era ambiente la revolucin, y hoy es plan. Era un sentimiento intil y cmodo: como corona de adelfas era, y de laurel, que no hay derecho a arrancarse de la frente para sazonar, con sus hojas ensangrentadas, la olla de la comodidad. Comprenda que, aunque imperfecto, lo hecho antes del 10 de octubre de 1868 la preparacin gloriosa y cruenta asumida en el Manifiesto de Montecristi (marzo de 1895), ya en pie la nueva guerra, se inscriba en la gloria de la cual sera deshonroso huir: infeliz, en la memoria de los hombres, quien eche el laurel en la olla!. Ratific as la base tica de su pensamiento y de su conducta.

Como otros suyos, aquel texto de Mart de 1894 sigue trazndole a Cuba el gran deber de hoy, cuando acomete una nueva etapa en una permanente sucesin de institucionalizaciones. Ese empeo, que empez con el desmontaje, desde 1959, de las estructuras capitalistas, vivi un momento seero cuando en 1976 se aprob, en proceso hondamente democrtico, popular, la Constitucin que ratific a Cuba como repblica y como Estado socialista, llamado, por tanto, a tener la gua de trabajadores y trabajadoras, nada parecido al capitalismo de Estado.

Con esas luces entra la Revolucin en su ao 58, cuando se prepara el VII Congreso del Partido que tiene la misin de guiarla, y el cual en su anterior Congreso aprob los Lineamientos para acometer lo que se ha denominado actualizacin del modelo econmico cubano.

Utilidad y virtud

Se debe hacer lo necesario para que la Revolucin mantenga ese espritu productivo y siempre Mart orientado por la utilidad de la virtud, superior a la virtud de la utilidad, y para que dentro de muchas dcadas se pueda seguir hablando de ella como de una realidad viva, no de un proceso estancado en resignaciones o sacado de rumbo por deformaciones que seran deplorables. Cuando se ha tenido como brjula echar la suerte con los pobres de la tierra, y se ha vivido ms de un siglo de luchas revolucionarias, sera criminal abandonar el camino que esa brjula ha venido indicando.

Sabedor de que ni hombres ni pueblos pueden rehuir la obra de desarrollarse por s,de costearse el paso por el mundo, Mart sostuvo: No yerra quien intenta componer un pueblo en la hora en que an se lo puede; sino el que no lo intenta. Si no se lograse la composicin, se lograra al menos el conocimiento de las causas por que no poda lograrse; y eso limpiara el camino para lograrla maana.

El error es humano, pero la rectificacin, tambin humana, es adems sabia, y lo que se haga debe regirse por la tica: Si se intenta honradamente, y no se puede, bien est, aunque ruede por tierra el corazn desengaado: pero rodara contento, porque as tendra esa raz ms la revolucin inevitable de maana. Pero no valdran autocomplacencias a estas alturas de un camino en que el Patria y Libertad de los mambises condujo al Libertad o Muerte del Ejrcito Rebelde, lema que el logro de la libertad convirti en Patria o Muerte y frente a la saa enemiga fue coronado por un Venceremos que hoy resulta ms fuente de responsabilidad y compromiso consciente que nunca antes.

La Revolucin, que en las actuales circunstancias urge mantener, puede verse como la que en su tiempo con el ejrcito espaol en Cuba y el estadounidense dispuesto a invadirla Mart vaticinaba que podra ser inevitable luego. Ms de un siglo despus con una Cuba que ha encarado y vencido desafos tremendos, la realidad es otra, y tampoco se debe olvidar un hecho: a lo largo del devenir humano, las revoluciones no han sido trminos en la historia.

En sus mejores frutos incluso a pesar de errores y hasta de traiciones han representado actos de transicin o fuentes de luz hacia logros de mayor alcance. Para Mart, como se lee en su texto de 1894 citado, la meta era la que puede seguir orientando a Cuba hoy y siempre: el fin humano del bienestar en el decoro. Nada menos.

Publicado en Bohemia Digital:

http://bohemia.cip.cu/nacionales/2016/01/sin-echar-el-laurel-en-la-olla/

Por razones prcticas en la presente edicin se ha prescindido de las diecisis fotografas con que se acompa en Bohemia Digital y que puntean la trayectoria de la Revolucin Cubana.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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