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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2016

Lgrimas

David Brooks
La Jornada


La imagen de la semana (bueno, hasta que fue superada el fin de semana por la de Sean Penn y El Chapo) fue la de las lgrimas del presidente Barack Obama.

El presidente, famoso por mantener bajo control sus emociones, present una serie de medidas ejecutivas mnimas para abordar lo que algunos consideran una epidemia de violencia con armas de fuego en este rubro, este es el pas avanzado ms sangriento del mundo con ms de 30 mil muertes cada ao. Ante la absoluta imposibilidad de promover reformas a las leyes cada vez ms permisivas sobre la compra y uso personal de armas de fuego algo que muchos consideran derecho sagrado y protegido por la Constitucin, por la frrea oposicin en el Congreso, Obama busc hacer algo en torno a imponer un poco ms control.

Al abordar el tema de los incesantes incidentes de violencia, sobre todo los multihomicidios con armas de fuego en muchos casos adquiridas legalmente, se refiri entre otros sucesos sangrientos al ocurrido en una primaria de Connecticut en 2012, donde un joven armado mat a 20 nios y seis adultos. De repente interrumpi su discurso, le tembl la voz y solt unas lgrimas. En la escena televisada se escucha en esos momentos el ruido de decenas de cmaras haciendo miles de tomas de esa imagen. La nota fue: Obama llor.

De inmediato hubo reacciones de todo tipo. Comentaristas conservadores en el medio ms poderoso de la derecha, Fox News, se burlaron, preguntaron por qu no haba llorado por las vctimas del "terrorismo" en California y una hasta sugiri que era puro teatro y que seguro tena una cebolla bajo el podio para provocar las lgrimas. Liberales, enfurecidos por tales sugerencias, defendieron el llanto presidencial y aseguraron que era real. Otros que a estas alturas no le creen nada a ningn poltico lo vieron como un acto ms en la obra de teatro en la que los actores lloran de verdad, pero saben hacerlo profesionalmente.

Pero por qu es difcil sentir solidaridad con sus lgrimas, sean reales o no?

La misma semana que llor, estaba implementando polticas para poner la vida de cientos de nios en riesgo. El peridico ms importante del pas, el New York Times, public un editorial en repudio a las redadas de madres e hijos centroamericanos impulsadas y justificadas por Obama, y coment: "un presidente que habl de manera tan conmovedora sobre las muertes violentas de nios causadas aqu por las armas ha asumido la tarea de enviar a madres e hijos en viajes sin retorno a los pases ms mortferos de nuestro hemisferio".

Como han denunciado lderes religiosos, lderes inmigrantes, organizaciones de derechos humanos y libertades civiles y hasta la principal asociacin nacional de abogados, la American Bar Asociacin, de 400 mil miembros, estas medidas no slo se realizan de manera brutal (en las madrugadas llegan oficiales a hogares cazando a madres y sus hijos, ya de por s traumatizados por las condiciones de las cuales huyen), sino violan principios legales nacionales e internacionales, sobre todo para quienes son refugiados. Ni una sola lgrima.

A lo largo de los ltimos aos, Obama ha ordenado cada vez ms misiones de asesinato a control remoto con aeronaves conocidas como drones contra objetivos "terroristas". Aunque hay un debate intenso sobre si estas operaciones son ms precisas y limitan los daos colaterales ms que otras misiones con tropas y bombardeos, el hecho es que agrupaciones de derechos humanos y otras han logrado documentar un nmero creciente de civiles, incluidos nios, que han perecido en estas misiones. Algunos clculos varan desde 400 a casi mil civiles slo en Pakistn (otros pases donde se realizan estas misiones son Afganistn, Somalia y Yemen), incluidos algo as como 200 nios, o sea, 10 veces ms de los que fueron abatidos en Connecticut.

Ex operadores de drones comentaron a The Intercept que hay grandes cantidades de vctimas civiles y que a veces se refieren a nios que matan como terroristas tamao diversin (fun-size terrorists).

Es imposible imaginar a una madre que da y noche escucha el ruido de un dron, esperando, rezando para que no maten a sus hijos sin intencin en una de estas zonas de operacin en varios pases, y los mares de lgrimas que estos pueblos han llorado en las guerras ms largas de la historia estadunidense. Nadie sabe cuntos nios han muerto, nadie sabe quines son, nadie sabe qu soaban. Ni una lgrima para estos daos colaterales.

Tampoco para las familias destruidas y los 2.7 millones de nios, uno de cada 28 en este pas, que tienen al padre o a la madre en prisin por un sistema de justicia que ha logrado tener la poblacin encarcelada ms grande del mundo (per cpita), gran parte de los cuales son detenidos por delitos no violentos relacionados con la droga, o sea, cientos de miles de vctimas de la guerra contra las drogas, casi siempre pobres y en su mayora afroestadunidenses y latinos. Segn clculos, uno de cada 110 nios blancos tienen un padre encarcelado, pero para los afroestadunidenses, es uno de cada 15, y para los latinos uno de cada 41. Pero no, ni una sola lgrima.

Ni hablar de la mayor desigualdad econmica desde antes de la gran depresin y sus efectos nocivos, a veces devastadores, para millones de familias que, a consecuencia de la avaricia protegida del 1 por ciento ms rico no es un punto ideolgico, es emprico tienen que aceptar el fin de sus sueos no slo para ellos, sino para sus hijos. O peor, ver a sus hijos padeciendo de hambre (uno de cada seis), o si uno es minora, vivir con miedo a los que supuestamente estn ah para protegerlos, ver cmo polticos nacionales proponen perseguirlos, y ver cmo los logros de las luchas por los derechos bsicos de las mujeres y de minoras son minados, hasta desmantelados. Ante todo esto, los ojos del presidente se quedan secos.

Es para llorar.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/01/11/opinion/021o1mun#texto


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