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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2016

El fin del conflicto social armado colombiano

Horacio Duque
Rebelin


La Mesa de conversaciones de paz de La Habana entra a la parte final para la superacin definitiva del conflicto social armado. La organizacin y preparacin del plebiscito por la paz no, iniciativa del gobierno, en el que probablemente participaran cerca de 10 millones de ciudadanos, debe ser un escenario que permita la promocin de la Asamblea Constituyente popular y soberna.

Tanto el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos como las Farc/EP, preparan el trabajo y las condiciones para abordar el tema crucial del fin del conflicto armado y el del mecanismo de refrendacin de los consensos suficientes alcanzados a lo largo de los dilogos de paz.

Por supuesto son dos campos sociales ampliamente condicionados por diversas racionalidades polticas y por mltiples formas de constructivismo social discursivo en el contexto de lo que se denomina marcos de anlisis o conceptos con que cada agencia aborda el diseo de un nuevo ciclo poltico nacional sin la feroz y letal incidencia de las armas y la violencia.

Conviene destacar que en los temas sealados se resume el principal desafo de la Mesa de dilogos. Tres aos de encuentros y acuerdos entre las partes, permitieron establecer que lo ms importante consiste en superar la violencia como instrumento de resolucin de conflictos en la formacin social, que es lo que desafortunadamente ha ocurrido durante ms de medio siglo a raz del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitn, de la atroz violencia de los aos 50 y de la autodefensa agraria armada ubicada en el mbito de la accin guerrillera tanto por las condiciones especificas del antagonismo social como por las consideraciones ideolgicas y tcticas que se desprenden de cierta interpretacin de la teora revolucionaria.

Igualmente es pertinente advertir que el nuevo escenario delineado para los primeros meses del ao 2016 en materia de paz, se da en el marco de una exacerbada crisis econmica y fiscal con los efectos inevitables en el auge de la movilizacin popular antisistemica y en el quiebre de la legitimidad y gobernabilidad de las castas que controlan el Estado y el gobierno.

Por supuesto, las nuevas subjetividades polticas que surjan en el marco de la desmovilizacin de las Farc, tienen grandes retos para asumir. Como quiera que la hiptesis que animara su militancia poltica se oriente a convocar un gran bloque nacional popular como alternativa al modelo de dominacin oligrquica, hay diversos problemas a resolver en la perspectiva de la construccin de un sujeto que ofrezca una nueva posibilidad de organizacin sociopoltica democrtica y justa para la Colombia del siglo XXI. En ese sentido, una reflexin atinada debe trascender el mero anlisis estructural (de estructura y superestructura) conocido, para establecer una cadena de equivalencias en la injusticia que permita establecer un significante vacio (Paz con tierra, pan, empleo, salud, techo y educacin?), como punto de convocatoria popular, ms all del simple llamado de clase obrero.

Lo que hay que entender es que un cambio profundo del Estado y la nacin no ser el resultado de meras alianzas electorales de aparatos ni de simples y mecnicas acumulaciones de fuerza, como lo propone el viejo esquema dogmatico y sectario de una izquierda que se quedo estancada en los aos 60 del siglo XX. Una izquierda autoritaria y minoritaria que dejo de convocar a las masas empobrecidas y a las clases medias arruinadas.

La construccin de un nuevo bloque histrico que sirva de fundamento a una nueva hegemona popular debe ser el resultado de un amplio trabajo cultural en el seno de la sociedad civil (medios de comunicacin, iglesias, escuelas), para generar nuevos consensos y legitimidades.

Estos son temas para abordar en anlisis ms detallados y ponderados, de los que modestamente nos ocuparemos en otros trabajos que publicaremos prximamente en estas pginas, sobre los movimientos sociales y la hegemona popular.

Por el momento digamos que el tema del fin del conflicto armado suma diversas facetas que deben ser consideradas con toda la ponderacin y celeridad correspondiente.

La extincin de la guerra debe abordarse, como proceso integral y simultaneo, segn el Acuerdo general de La Habana en los siguientes espacios: a) Cese al fuego y de hostilidades, bilateral y definitivo; b) Dejacin de las armas. Reincorporacin de las FARC-EP a la vida civil en lo econmico, lo social y lo poltico , de acuerdo con sus intereses; c) El Gobierno Nacional coordinar la revisin de la situacin de las personas privadas de la libertad, procesados o condenadas, por pertenecer o colaborar con las FARC EP; d) En forma paralela el Gobierno Nacional intensificar el combate para acabar con las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, incluyendo la lucha contra la corrupcin y la impunidad, en particular contra cualquier organizacin responsable de homicidios y masacres o que atente contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos polticos; e) El Gobierno Nacional revisar y har las reformas y los ajustes institucionales necesarios para hacer frente a los retos de la construccin de la paz; f) Garantas de seguridad; g) En el marco de lo establecido en el Punto 5 (Vctimas) de este acuerdo se esclarecer, entre otros, el fenmeno del paramilitarismo; g) La firma del Acuerdo Final inicia este proceso, el cual debe desarrollarse en un tiempo prudencial acordado por las partes.

La refrendacin de un pacto general aun no se define pero las partes han planteado iniciativas puntuales que bien pueden converger en un momento determinado. Me refiero a las hiptesis del plebiscito, que ya tiene un largo camino recorrido en el Congreso de la Republica y en los sentidos que el Presidente Santos le quiere imprimir y tambin a la convocatoria de una Asamblea Constituyente popular y soberana, conformada mediante el recurso de acciones afirmativas que garanticen la adecuada representacin de segmentos sociales afectados por el ventajismo clientelar y electoral de los gamonales de la poltica oficialista. No es cierto que una Constituyente con asignacin de cupos especficos a los campesinos, indgenas, trabajadores, intelectuales y otras minoras, mediante acciones afirmativas, sea puro corporativismo nazifascista. Ese es un argumento trasnochado de la ultraderecha uribista que cada vez esta ms arrinconada porque defiende la continuidad de la guerra.

De abrirse paso el plebiscito por la paz, como ya esta ocurriendo, ser inevitable utilizar los espacios de la movilizacin ciudadana, para explicar y promover entre los 10 millones de personas que lo votaran por el s, las bondades de una Asamblea constituyente popular y soberna que coloque una base solida al nuevo ciclo poltico del post conflicto armado.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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