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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2016

Defender a los Defensores, tarea del pas en Paz

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


La apertura hacia un mbito de pluralismo con garantas de participacin real de nuevas opciones para pensar y hacer poltica y ejercer el poder, es requisito para el pas en paz, en el que las tensiones propias de relaciones entre adversarios ocurran en un marco de confrontacin desarmada. No es suficiente la expedicin de normas, ni favorable el paramilitarismo activo. Es necesario transformar valores, sentidos y practicas sociales e institucionales para afirmar un marco cultural favorable a las transformaciones. Hay que afectar tanto la cultura de la legalidad, como a la cultura ciudadana para alcanzar cambios de fondo en la llamada cultura democrtica, sostenida en los pilares de respeto a los otros, garantas de realizacin de los derechos humanos y confrontacin civil de ideas y proyectos colectivos.

Una transformacin profunda, para ir del pas en guerra al pas en paz, exige tocar los cimientos de las estructuras polticas y sociales, a la vez que cambios en las actitudes, acciones y modos de comprender y respetar otras maneras de pensar y concebir la organizacin social, el orden, las libertades y las relaciones entre humanos distintos y diferenciados.

La tarea es compleja y extensa, abarca desde volver a interpretar el sentido mismo de ser humanos en tiempos de paz, hasta los significados de muchas cosas que por la guerra fueron naturalizadas. En la guerra una parte del pas se acostumbr a ver pasar la muerte de la otra parte y mirar hacia otro lado, a saber del dolor por la experiencia ajena, a pasar la pagina de barbarie con suma rapidez, a escuchar la voz del poder como verdad indiscutible; pero tambin se acostumbr a que unos puedan decidirlo todo -incluida la muerte de otros- y otros nada, a ver tanques de guerra por las calles, a atender requisas y retenes en todas partes, a creer que seguridad es matar al enemigo, que lo publico es desastroso y lo privado maravilloso, que la protesta es una falta y la injusticia un pecado, e incluso a creer que la riqueza de los mas ricos es una bendicin para el pas, o que la desigualdad es necesaria para darle la razn del equilibrio a la oferta y la demanda.

Parte de esta tarea renovadora, de ir de la guerra a la paz, pasa por nuevos valores, por la solidaridad y la confianza entre distintos y sobre todo por el reconocimiento del papel de los derechos humanos como herramientas de construccin colectiva de la convivencia en paz y de la vida con dignidad humana, es decir, con las garantas materiales suficientes para tener autonoma e impedir que sobre las carencias de unos vuelva a galopar la humillacin, el clientelismo y la corrupcin que realizan quienes hasta ahora encontraron all excusas para mantener violencias y arbitrariedades.

As como es preciso completar el reconocimientos a los derechos negados a minoras tnicas, y de genero, o derechos de filiacin, asociacin y participacin poltica, es tambin urgente redisear las formulas de acceso a derechos puestos en retroceso como educacin, salud, trabajo y vivienda entre otros y consolidar las infraestructuras publicas requeridas para la tener pleno acceso al agua, la energa, las expresiones de la cultura y el trabajo decente, para evitar de esa manera entregarle la garanta de derechos a los mismos que alentaron la guerra y sus despojos.

El complemento necesario para comprender mejor los cambios que se tendrn que producir en tiempos de paz, son los defensores y defensoras de derechos humanos, a quienes resulta urgente garantizarles respeto y reconocimiento a su labor. Defensores y defensoras son otra parte del entramado de victimas que deja la guerra. El pas en guerra ha sido el mas violento del mundo contra este tipo de seres humanos, que actan guiados por profundas convicciones ticas y cuyo trabajo ha sido sistemticamente negado, obstaculizado y subvalorado. Son incontables los perseguidos, asesinados, desaparecidos, amenazados y victimas de falsas judicializaciones, por hacer de los derechos un instrumento de lucha civil, desarmada, para denunciar y recordar que el poder tiene limites y que estn por encima de los intereses de quienes controlan el estado.

El solo hecho de que efectivamente el estado y la sociedad reconozcan el significativo papel que cumplen es un gran paso, que compete a los gobierno de las ciudades, los departamentos y el pas. La garanta inicial es que la sociedad en general y el estado a travs de cada uno de los funcionarios de todos los niveles, entiendan, interioricen y asuman que los defensores y defensoras de derechos humanos, son gente comn comprometida con sensatez y responsabilidad con la vida y el bien comn y que son un patrimonio humano invaluable para la nacin y la humanidad, que en todo tiempo y lugar requieren actuar libres de las barreras y obstculos que producen temor, intimidacin y negacin, con el fin de impedir su labor y provocar su renuncia.

Los gobiernos locales recien elegidos, debern abrir espacio al pluralismo de la paz, apostar por reconstruir desde abajo el orden social vigente y en paralelo implementar practicas institucionales para recuperar el sentido de la politica como la mezcla entre lo poltico y lo publico. En complemento es preciso que los gobernantes de todo nivel comprendan y respeten la protesta legitima, la oposicin poltica o social y escuchen otras voces negadas e invisibilizadas por la guerra.

Los gobiernos tienen la responsabilidad de educar y comprometer a los funcionarios y a la sociedad en general para garantizar el ejercicio de las actividades en defensa de derechos sin obstculos, ni barreras y sobre todo previniendo riesgos sobre la vida, integridad personal, libertades y seguridad de quienes ejercen esta labor y tomar distancia de las expresiones de discriminacion, temeridad, odio, amenaza o aniquilacin contra defensores de derechos y de adversarios que proclaman justamente reivindicaciones colectivas contra las manifestaciones de la guerra.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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