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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2016

Palomares, cincuenta aos despus

Eduard Rodrguez Farr y Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Lo que mejor recuerdo del tiempo que pas en Pars fue que comprend lo que significaba estar en lo ms bajo de la sociedad. En mi caso, trabajador sin contrato, con ropa sajada, ms de una vez hambriento. La gente identifica la pobreza sin problemas. Seguramente, por el miedo que les produce la idea de verse en esta situacin.

Pero claro, yo slo estaba de visita en ese mundo que Jack London describe en El aln de hierro. Yo siempre poda abandonar y volver a Suecia, retomar el instituto y estudiar latn hasta terminar el bachillerato.

 

Sin embargo, no fue eso lo que hice. Incluso una visita limitada y momentnea a lo ms hondo implica enfrentarse a una de las principales decisiones de la vida: qu tipo de sociedad quiere uno contribuir a formar?

 

Y esa pregunta ha marcado toda mi vida.

 

Henning Mankell (2014)


Un humanismo rebelde y crtico abona toda la primera parte, la que hasta ahora hemos ledo de Arenas movedizas. La cita con la que abrimos este escrito es un ejemplo. Lo esperable se dir. Pero hay otras sorpresas. Entre ellas, la de una informada, grave y densa preocupacin por la industria nuclear y, especialmente, por los residuos radiactivos. Un ejemplo: Es nuestro caso, no obstante, podemos decir que ya hemos decidido cul ser el recuerdo ms claro de nuestra civilizacin. No ser Rubens. Ni Remblandt. Ni Rafael. Tampoco Shakespeare, Botticelli, Beethoven, Bach o los Beatles. Dejamos tras nosotros algo muy distinto. Cuando todas las manifestaciones de nuestra civilizacin hayan desaparecido, quedarn dos cosas: la nave espacial Voyager, en su eterno viaje por el espacio exterior, y los residuos nucleares en e corazn de la roca. Los residuos nucleares como recuerdo de nuestra civilizacin (O barbarie?)!

No es el nico paso en el que Mankell muestra su preocupacin. Un segundo ejemplo:

Yo he vivido toda mi vida con la energa atmica. Recuerdo vagamente de mi infancia las protestas y el miedo a las armas nucleares y a una posible guerra devastadora entre la Unin Sovitica y los Estados Unidos de Amrica, que eran dos animales salvajes, que solo a duras penas y momentneamente se mantienen separados y pacficos. Despus vino la energa nuclear, el desastre de Three Mile Island, luego el de Chernbil y, en los ltimos tiempos, el de Fukushima.

Aade el autor de El chino:

Vivo con la conviccin natural de que, desde hoy mismo, el reloj va marcando los minutos que faltan para una nueva catstrofe. Yo cuestiono la energa nuclear. Con cada accidente o amago de accidente que haya podido producirse me he vuelto ms negativo al respecto. Naturalmente que haca tiempo que estaba al tanto de la lentitud con la que se eliminan las sustancias radiactivas y de lo peligroso que son unos residuos con los que tendremos que convivir miles de aos. Pero slo aquel da de otoo de hace dos aos comprend lo que aquello implicaba de verdad.

Su libro ayuda a comprender muy bien lo que aquello significaba de verdad.

Palomares es un ejemplo, que no debemos olvidar, de las peligrossimas y prolongadas consecuencias de la irracional y antihumanista apuesta atmica.

Por ms que intenten ocultar el nombre de Palomares y su terrible contaminacin atmica, ha escrito el arabista gramsciano Andrs Martnez Lorca, esta tragedia sale a la luz de nuevo, basada esta vez en abundante nueva documentacin... norteamericana desclasificada recientemente. A lo que aade:

La "democracia espaola", tan modlica como dicen, sobre todo en el Chile heredado de Pinochet, no puede permitir que despus de 50 aos se sepa la verdad, se descontamine por completo la zona, se repare a las vctimas y se honre a los escasos ciudadanos que se atrevieron entonces a defender a los inocentes campesinos y pescadores almerienses que sufrieron en sus carnes el servilismo de Franco (y de todos sus sucesores en el gobierno) al imperio norteamericano "Vivan las caenas", tambin informativas, por supuesto, que para eso vivimos en el siglo XXI..

Tiene razn nuestro admirado amigo. A nosotros nos gustara contribuir al recuerdo y denuncia de aquella tragedia atmica con un captulo, el noveno, de un libro que publicamos hace unos ocho aos: Casi todo lo que usted deseaba saber algn da sobre los efectos de la energa nuclear en la salud y el medio ambiente, Barcelona, El Viejo Topo, 2007.

Hay mucha ms cera que cortar, por supuesto, y han habido nuevas acciones, acuerdos e informaciones desde entonces pero acaso esta conversacin puede servir como ayuda o introduccin al tema. El ttulo del captulo es; Palomares: paz franquista y accidentes nucleares.

Se abra con una cita de un gran maestro, de un gran cientfico y filosofo, Otto Neurath:

No pocas de las generalidades especulativas existentes en las ciencias sociales, tales como la significacin de una institucin, las causas intrnsecas, etc., pueden considerarse como reliquias de la escolstica. Algunos contenidos relacionados con problemas de orden social, particularmente con la historia, toman un sentido equvoco, debido a que, a veces, los escritores prefieren emplear un lenguaje complicado y retorcido cuando el uso de expresiones claramente empricas y unvocas, podran resultar malsonantes para los lectores. As, en vez de decir sin rodeos: Un grupo tnico extermin a otro y destruy sus casas y sus libros, algunos historiadores prefieren decir. Llevada por su misin histrica, tal nacin comenz a extender su civilizacin por toda la tierra.

As, pues, para que no habite olvido, donde no habitar nunca el olvido.

SLA: Palomares es una pequea poblacin de Almera, situada en el trmino municipal de Cuevas de Almanzora. Cundo y cmo se produjo un accidente nuclear en aquella zona?

ERF: El accidente de aviacin se produjo el 16 de enero de 1966, durante una operacin de abastecimiento de combustible en vuelo. La colisin, que tuvo lugar en el espacio areo de Palomares, ocasion la destruccin y cada de un octoreactor B-52 y de un avin nodriza KC-135 de la base de Morn de la Frontera, en Sevilla, pertenecientes a las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Murieron en el acto los cuatro tripulantes del KC-135 y tres de los siete tripulantes del B-52. Los otros militares salvaron la vida saltando en paracadas.

 

Operaciones de abastecimiento?Un B-52 y un avin nodriza? Puedes explicar todo esto con ms detalle.

Como no. En 1966, en plena guerra fra, 340 aviones superbombaderos B-52 (tambin llamados por aquel entonces estratofortalezas) de las fuerzas areas de los Estados Unidos, concretamente de su Comando Areo Estratgico (SAC: Strategic Air Command), se mantenan permanentemente en el aire, sobrevolando el planeta. Cada uno de ellos transportaba una carga de cuatro bombas termonucleares de 1,5 megatones. Cada una de estas bombas tena un poder destructor 75 veces superior a la lanzada sobre Hiroshima; las cuatro bombas de cada uno de los B-52, con una potencia conjunta de 6 megatones, equivalan a ms de 300 bombas de Hiroshima.

Esta estrategia militar, que llevaba y de hecho llev en algunas ocasiones a la Humanidad al borde del abismo, estaba basada en la supuesta necesidad de estar muy cerca, lo ms cerca posible, del objetivo del hipottico enemigo (lase la Unin Sovitica) en caso de urgencia en el ataque o contraataque nuclear.

Este punto de vista estratgico comportaba una estructura militar anexa, de apoyo a la aviacin norteamericana, en todo el planeta. La Espaa franquista, como es sabido, formaba parte de ella. Recordemos los acuerdos entre el dictador general Franco y el presidente general Eisenhower de 1953, el llamado por los historiadores de EEUU Pacto de Madrid, y las bases militares de utilizacin conjunta. El gobierno norteamericano no tuvo problemas morales ni polticos en llegar a alianzas con un rgimen que haba sido aliado, y haba sido apoyado, por la Italia de Mussolini y la Alemania hitleriana. El patritico y nacionalista gobierno franquista tampoco tuvo reparo alguno en ceder territorios y soberana.

En los acuerdos firmados entre Franco y Eisenhower, se autorizaba el vuelo y reposicin de aviones con armamento nuclear?

Parece ser que en los tratados firmados con Estados Unidos en 1953 y en 1963 no se mencionaba, en sus clusulas conocidas, que aviones norteamericanos, cargados con explosivos nucleares, sobrevolasen nuestro espacio areo y pudieran utilizar las bases en territorio espaol para dar soporte logstico y repostar combustible en vuelo.

Pero, de hecho, los B-52 salan cada maana de la base Seymour Johnson de las fuerzas areas norteamericanas, en Goldsboro, Carolina del Norte, y se dirigan hacia el Este del Mediterrneo, hacia la frontera turco-sovitica. Al sobrevolar Espaa en direccin este repostaban combustible en vuelo suministrado por aviones-nodriza de la base area de Zaragoza, en un punto situado entre esta ciudad y la costa mediterrnea. Al regresar a Estados Unidos, los B-52 volvan a repostar. En este caso, el avin nodriza provena de la base de Morn y la maniobra se realizaba sobre la costa mediterrnea de Almera.

Cmo se produjo entonces el accidente de Palomares?

Se produjo cuando el B-52 n 256, al que la tripulacin denominaba Tea-16, repostaba de regreso a la base de Carolina del Norte. Como consecuencia de un fallo en la maniobra de acoplamiento para el suministro de combustible colisionaron las aeronaves; se produjo la destruccin y cada del superbombardero y del avin nodriza, y se desprendieron las cuatro bombas termonucleares tipo Mark 28, modelo B28RI, de 1,5 megatones cada una que transportaba el primero, mucho ms potentes como dije que las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Tres de ellas cayeron en tierra y fueron localizadas en cuestin de horas, pero una cay al mar y se tard cerca de 80 das en localizarla, apareciendo finalmente a 5 millas de la costa (Por mor del dato puede consignarse que las Mark 28 son bombas de hidrgeno diseadas a finales de los aos 50, 1958 concretamente, probablemente todava en activo, y que sus dimensiones son 1,5 metros de longitud y 0,5 metros de anchura y su peso es de unos 800 Kg).

Dos de ellas, que cayeron con sus respectivos paracadas, se recogieron intactas, una cerca de la desembocadura del ro Almanzora y la otra, como te deca, en el mar. Las otras dos cayeron sin paracadas, ya que, segn parece, la colisin origin el derrame del combustible del KC-135, unos 12.000 litros de keroseno, y su ignicin, quemando los paracadas de estas segundas bombas al pasar por la nube de fuego. Una de estas bombas cay en un solar del pueblo y la otra en una sierra cercana.

Estallaron?

A causa del choque violento con el suelo y la detonacin del explosivo convencional que llevan estas armas como iniciador, se produjo la fragmentacin de esas dos bombas, la ignicin de parte de su ncleo fundamental y la formacin de un aerosol, de una potente nube de finas partculas compuesta por los xidos de los elementos transurnicos constitutivos del ncleo fundamental de la bomba. Asimismo, al romperse stas se liber, vaporizndose, el tritio (hidrogeno-3, radiactivo beta dbil), elemento esencial para la reaccin de fusin termonuclear definitoria de ese infernal ingenio militar.

Y, claro est, esta nube se dispers.

Efectivamente. La accin del viento que soplaba en aquellos momentos en la zona dispers el aerosol que se haba formado en los dos puntos de contacto e hizo que sus componentes se depositaran posteriormente en una zona de unas 226 hectreas, ms de 2 kilmetros cuadrados, que abarcaba, monte bajo, campos de cultivo e incluso zonas urbanas. Como consecuencia de ello, se produjo la contaminacin de la zona por diversos istopos del plutonio principalmente Pu-239 y cantidades menores de Pu-240 y, en menor proporcin, americio 241. La contaminacin alcanz valores superiores a 7.400 Bq de radiacin alfa por m2 en la superficie indicada, si bien con notables diferencias segn los suelos considerados. En alrededor de 17 hectreas se determinaron actividades del orden de 117.000 Bq/m2 (117 KBq/ m2) que eran superadas con mucho en otras 2,2Ha. Algunas reas prximas a los puntos de impacto alcanzaron valores extremadamente superiores, de 3,7 x 107 Bq/m2 (37 millones de Bq por m2). Incluso en algunas zonas las cantidades eran tan elevadas que saturaron los detectores. Es pertinente mencionar que el nivel real de contaminacin alfa ha sido controvertido y vara segn las fuentes consultadas. Las cifras indicadas son las mnimas reconocidas en su momento por la JEN.

Dnde se produjo la mayor contaminacin?

La contaminacin alcanz sus valores mximos, como es lgico, en las proximidades de los puntos de contacto de las bombas con el suelo, disminuyendo con la distancia a dichos puntos. No obstante, la direccin del viento determin que en ciertas reas ubicadas a unos 1.400 metros del impacto se registrasen actividades de 420.000 Bq/m2. La mayor parte de las viviendas, que constituan una zona urbana muy dispersa, quedaron situadas en la zona que no result contaminada directamente o que result afectada en menor medida. La zona que tena mayor contaminacin, y en mayor extensin, fue la correspondiente a los eriales situados entre colinas al suroeste de Palomares, y que distaban un kilmetro y medio de la zona urbana. Todo esto est descrito con cierto detalle en un informe del CSN, del Consejo de Seguridad Nuclear.

Cmo se actu despus del accidente?

Segn un informe del WISE ( World Information Service on Energy: Servicio Mundial de Informacin sobre la Energa) de enero de 1986, realizado con informacin que pudo obtener Greenpeace, a partir del momento del accidente se desarroll por parte de los EEUU un programa de descontaminacin con recogida de vegetales, tierra y fragmentos de los aviones y las bombas. Fue la puesta en marcha de la Operacin Flecha Rota, un plan de contingencia previsto por las Fuerzas Armadas estadounidenses en caso de accidente nuclear. No se conocen con precisin los grandes datos de la operacin, pero se sabe que unas 1.700 toneladas de material contaminado El Pas hablaba en una editorial de 21 de octubre de 2006 de 1,6 millones de toneladas, pero el dato es errneo- se trasladaron a Estados Unidos en el interior de 5.500 bidones de 209 litros de capacidad. A medida que cada una de las casi 900 propiedades afectadas se descontaminaban, se entregaban unos certificados de descontaminacin radiactiva firmados por ambas administraciones, por la espaola y la norteamericana.

Por su parte, el gobierno de Estados Unidos hizo un seguimiento de los 1.700 soldados y ciudadanos norteamericanos que se desplazaron a la zona. Este seguimiento se segua haciendo al cabo de los aos.

Incidentalmente, las carcasas de las dos bombas Mark-28 que se recuperaron intactas en Palomares pueden contemplarse obviamente sin su contenido en el Museo Atmico Nacional (National Atomic Museum) de los EEUU, en Alburquerque, Nuevo Mxico. Museo que por cierto, dados los tiempos polticamente correctos que corren, en breve 2008- cambiar su nombre por el ms suave y engaoso de Museo Nacional de Ciencia e Historia Nuclear (National Museum of Nuclear Science and History).

Se evacuaron las personas que vivan en la zona?

La Junta de Energa Nuclear, organismo dependiente del Ministerio de Industria y Energa, determin la contaminacin externa de la poblacin de la zona y concluy que la poblacin no deba ser evacuada. Antes de ello, eso s, algunos vecinos haban sido desplazados de sus viviendas, especialmente aquellos que vivan cerca del lugar donde cayeron las dos bombas. Se sabe que unas 1.950 personas pasaron los controles de contaminacin externa que se realizaron en un cine de Palomares. Veinte aos despus se desconocan los estudios y las fichas de los controles radiolgicos externos que obraban en poder de Emilio Iranzo, el doctor jefe del plan de vigilancia de la zona desde la fecha del accidente.

Posteriormente se control el acceso a la zona para evitar que otras personas se contaminaran. Aunque parezca extrao, ciudadanos de Villaricos, Cuevas del Almanzora y del mismo Palomares, y de otras localidades cercanas, se desplazaron a la zona para ver las bombas, movidas por la curiosidad y sin ninguna proteccin. No alcanzaron a ver los peligros que comportaba la situacin, seguramente tampoco nadie les inform con detalle.

Sea como fuere, no se hizo un estudio en profundidad de lo que quedaba enterrado bajo la superficie. Aos despus, cuando hubo movimientos de tierra para construccin de viviendas o para usos agrcolas, aparecieron indicios de contaminacin soterrada.

Fue en aquellos meses cuando Manuel Fraga, que era entonces Ministro de Informacin y Turismo del gobierno de Franco, se ba en Palomares.

S, en efecto, en la maana del 10 de marzo de 1966, unos tres aos despus del asesinato de Julin Grimau y unos diez aos antes de las muertes de Vitoria, Fraga fue a baarse a una playa prxima a Palomares en compaa del embajador de los Estados Unidos en Espaa, Angier Biddle Duke, fallecido en 1995. Con aquel bao en pleno mes de marzo, apenas dos meses despus del accidente y ante las cmaras de una incipiente Televisin Espaola, el paternalismo franquista trat de demostrar a la ciudadana que aquel accidente nuclear era inocuo, que no tena importancia alguna, que con el franquismo la paz y la seguridad seguan firmes. De hecho, si nos fijamos atentamente, la palabra nuclear apenas apareca en las informaciones sobre el accidente. Estara bien, sera muy interesante, ir a las hemerotecas para comprobar la informacin que se dio en aquellos aos.

Qu tipo de controles se realizaron?

Los controles de niveles de contaminacin interna se limitaron al plutonio 239. Para ello se efectuaron anlisis de orina, se seleccionaron 69 personas a las que all mismo se les recogi una muestra de orina de 24 horas. La muestra de la poblacin se ampli ms tarde a 100 personas que fueron trasladadas a Madrid, en grupos de 10, en dos vehculos, siendo atendidos en la Divisin de Medicina y Proteccin de la Junta de Energa Nuclear. All fueron sometidos a una serie de anlisis y controles de los que nunca nadie les inform hasta el 6 de noviembre de 1985, casi 20 aos ms tarde, da en el que, despus de una larga campaa exigiendo informacin de casi dos aos de duracin, promovida por las personas afectadas, la JEN les entreg parte de los datos que obraban en su poder.

Qu sealaban estos datos?

Los casos de cnceres y enfermedades que los vecinos asociaban a estar sometido a las radiaciones ionizantes nunca fueron detectados en los controles de la JEN. Sobre este punto, la informacin de la que se ha dispuesto durante muchos aos provena de los propios afectados. En un grupo de ellos se detectaba, veinte aos despus del accidente, eliminacin de Pu 239 en la orina superior en algunos casos a los mximos considerados admisibles, si bien la JEN lo atribua a contaminacin de las muestras (en sus propios laboratorios de Madrid!). De hecho, en los aos 80 se haba comenzado a utilizar para cultivos de invernadero tierras antes incultas, con el consiguiente removimiento de suelo contaminado que expona al plutonio a los trabajadores y otras personas residentes en tales reas.

Hubo colaboracin norteamericana durante toda este perodo?

W. H. Langham, que era el jefe de investigacin biomdica de Los lamos National Laboratory de EEUU donde estudi en humanos los efectos de los radioelementos y cuyos resultados estuvieron clasificados durante muchos aos, diriga y supervisaba todo el proceso. l mismo se desplaz a Palomares y residi en la embajada estadounidense en Madrid. Se iniciaba de este modo el llamado Proyecto Indalo. La comisin de Energa Atmica del gobierno norteamericano sigui supervisando un plan de seguimiento, cuyos objetivos, por otra parte, siempre fueron ocultos, y que nunca ha llegado a cubrir al conjunto de la poblacin afectada -o como mnimo sometida- al riesgo de seguir inhalando plutonio 239 y otros transurnicos.

T participaste en un estudio que el CAPS realiz, con la ayuda de la Fundacin ESICO, a mediados de 1985.

S, efectivamente. Los miembros del CAPS, del Centro de Anlisis y Programas Sanitarios, que realizamos aquel estudio fuimos Catalina Eibenschutz Hartman, Salvador Moncada i Llus, Josep Mart i Valls y yo mismo.

Qu destacaras de ese estudio? Qu cosas os parecieron ms sorprendentes?

Es difcil resumirlo. Te sealo slo algunos puntos. Por ejemplo, durante los primeros das intervino en la zona del accidente solamente personal de las Fuerzas Areas de Estados Unidos, nadie ms. De hecho, el acuerdo de colaboracin entre la JEN y la AEC (la Comisin para la Energa Atmica de los Estados Unidos; Atomic Energy Commission ), se firm el 25 de febrero de 1966, casi 40 das despus de la colisin area. Hasta ese momento no se tiene informacin de qu trabajos realiz la JEN en cumplimiento de la legislacin que le otorgaba todas las competencias en materia de seguridad nuclear. Es posible que se dejara todo en manos norteamericanas o que la direccin estuviera en sus manos .

Por otra parte, no existe documentacin o informe alguno en Espaa sobre lo realizado por las FF. AA. estadounidenses durante la primera fase de descontaminacin. Toda la informacin de la que se dispona por aquellas fechas de esa fase provena de relatos orales de miembros de la JEN que se desplazaron al lugar del accidente.

Cules fueron las acciones inmediatas llevadas a cabo por el personal norteamericano?

Segn parece, como es lgico, recogieron los fragmentos visibles de las bombas; hicieron una recoleccin de la vegetacin cultivada y silvestre contaminada y la enterraron en un pozo de la zona; se lavaron las casas con agua a presin y detergentes, se desconcharon y rascaron. Como dije no se consider nunca la evacuacin de los habitantes de la zona. En las zonas pedregosas contaminadas se trat de eliminar la contaminacin mediante herramientas a mano y se elimin una capa de tierra contaminada de 5 a 10 cm de grosor con actividades superiores a 3,6 millones de Bq, envasndola en bidones que posteriormente, como ya hemos comentado, se trasladaron a Estados Unidos, y que se trataron ms tarde como residuos nucleares en el depsito final de Savannah River Plant, en Aiken, Carolina del Sur. El resto de superficie contaminada con actividades elevadas -420Kbq?, los datos son discrepantes- fue arado para soterrarlo.

Hubo algn programa de vigilancia en la zona?

Lo hubo, claro est, era parte del acuerdo de colaboracin entre la JEN y la AEC de 25 de febrero de 1966. La JEN dirigi este plan de investigacin como coordinador principal. Se desconocen, eso s, las contrapartidas de tipo econmico o en forma de instrumentacin que la JEN recibi del gobierno norteamericano.

El plan se ha centrado, bsicamente, en la toma de muestras y anlisis de material de suelos. Se tomaron, por ejemplo, muestras de tierra de hasta 45 cm de profundidad entre 1969 y 1979, y el anlisis de estas muestras constat la presencia de contaminacin residual por plutonio y americio en la zona. Se midi la contaminacin en el aire colocando cuatro estaciones que iniciaron la toma de muestras en junio de 1966. Tres de ellas, que siguen funcionando en la actualidad, han venido tomando muestras todos los das del ao durante un largo perodo. Se tomaron tambin muestras anuales de las plantas cultivadas en la zona desde 1969. Un informe de la CSN seala que se han producido contaminaciones de la vegetacin cultivada hasta 1976, aunque puntualiza que la contaminacin ha sido espordica y que nicamente ha afectado a las hojas y tallos, y en muy pocas ocasiones a los frutos y granos. A partir de 1977, se detect un cierto incremento de la contaminacin que coincidi con incrementos detectados en las mediciones del aire. La dosis de radiacin por inhalacin que pudieron recibirse en la zona urbana, segn estim la JEN, fueron inferiores al 0,1% de las recibidas a causa de la radiacin natural de fondo.

Por otra parte, parece evidente que las fuerzas areas de USA han realizado sus propios estudios e investigaciones. As lo demuestran el informe de 1975, de unas 216 pginas, del Field Command de la Agencia de Defensa Nuclear de los EEUU, y, entre otros, el trabajo del coronel Lawrence T. Odland de 1968.

Cules fueron las principales conclusiones de vuestro estudio?

En primer lugar, la contaminacin residual por plutonio y americio de la zona de Palomares, de toda la zona del accidente, debera haber sido un problema de salud pblica de la mxima importancia. Durante algunos aos, y no es ninguna exageracin, fue la zona habitada de la Tierra con mayores niveles de contaminacin por elementos transurnicos. La contaminacin residual que qued a finales de los aos 80 tanto por los radionclidos fijados en el suelo como por los existentes en las reas que no fueron descontaminadas -unas 100 Ha- fue aproximadamente de 2.500 a 3.000 veces superior a la media depositada en el hemisferio norte por las pruebas atmicas en la atmsfera. Esta situacin exiga un tratamiento sanitario-cientfico adecuado para determinar y sentar las bases de la prevencin, y el impacto ambiental y ecolgico que supuso y an supone.

En segundo lugar, nunca deben ser aceptables procedimientos de investigacin que supongan la exposicin experimental humana a riesgos para la salud, mas an cuando esta investigacin se realiza de forma callada y los riesgos no son del todo conocidos. Se dieron en el momento del accidente, y en aos posteriores, reiteradas muestras de incapacidad para realizar el abordaje cientfico que el tema mereca y sigue mereciendo. La JEN mostr un neto desinters por informar adecuadamente a la opinin pblica de sus investigaciones y conclusiones, por no hablar de las probables presiones polticas a las que estuvo sometida. No es de extraar los recelos con los que mucha gente, y muchos investigadores, observaron a este organismo.

De hecho, despus de la investigacin, nosotros propusimos la creacin de una comisin en la que participasen asociaciones y personalidades cientficas y tcnicas ajenas a la JEN y al CSN, comisin que debera dirigir un plan de investigacin adecuado a las necesidades de la situacin e informar a la poblacin de su resultado.

Se han realizado otras investigaciones?

No muchas, pero las ha habido. Puedo citar ahora la de Snchez Cabeza y otros investigadores del Departamento de Fsica y del Instituto de Ciencia y Tecnologa Ambientales de la Universidad Autnoma de Barcelona, quienes detectaron en muestras recogidas en 1992 y 1993 concentraciones de plutonio y americio radiactividad alfa- en el plancton de la costa de Palomares, con una actividad unas cinco veces ms elevada que la media de otras muestras del Mediterrneo. Tambin en una investigacin muy reciente dirigida por Jimnez-Ramos se corrobor la presencia de americio 241 y plutonio 239-240 e incluso uranio en la superficie de Palomares, lo que ha sido reconocido por el propio Departamento de Energa Estados Unidos.

Sabes de alguna medida que se haya tomado ltimamente?

S que actualmente se ha expropiado la zona ms directamente afectada por el accidente y que se han establecido limitaciones de uso en un radio ms amplio. El Departamento de Energa de Estados Unidos colabora con tcnicos del CIEMAT, del Centro de Investigaciones Energticas, Medioambientales y Tecnolgicas, en la descontaminacin radiactiva de la zona. Parece que ahora, cuarenta aos despus del accidente, las cosas van a hacerse algo mejor. Recientemente, han firmado un acuerdo con Espaa para expropiar, vallar, medir la radiacin y descontaminar 10 Ha de extensin. Segn un informe reciente elaborado por el CIEMAT se ha detectado radiacin por encima de los niveles permitidos, aunque sin riesgo directo para la salud humana, fuera de las zonas que han sido expropiadas y valladas. Se han realizado 63.000 mediciones radiactivas en los 15 cm superficiales de 660 Ha de suelo. Los resultados del informe amplan de 9 a 30 Ha la superficie contaminada donde no se podr cultivar ni construir.

Estas actuaciones, creo, se realizan a partir de un informe del Consejo de Seguridad Nacional al Parlamento espaol.

Efectivamente. En gran parte estas actuaciones derivan de un informe del CSN de 24 de mayo de 2004 al Congreso de los Diputados en respuesta a un requerimiento de ste sobre la situacin en Palomares. En l se indica que el CIEMAT comunic al CSN en octubre de 2001 que el inventario radiolgico de los terrenos afectados [por el accidente nuclear de Palomares] es significativamente mayor que el estimado previamente , y que los cambios que se estaban produciendo en el uso del suelo podan incrementar el riesgo radiolgico de algn segmento de la poblacin, debido a un incremento en la incorporacin de actividad por inhalacin y a la exposicin por ingestin de cultivos procedentes de la zona [sic]. Se recomendaba establecer restricciones al uso de los terrenos en determinadas zonas, especificadas en unos anexos del Informe. Aparte de la utilizacin de zonas contaminadas para cultivos (ya constatada en los aos 80) el principal motivo de preocupacin es el preconizado uso de esas zonas para el desaforado desarrollo inmobiliario, principalmente vacacional, que acontece en la regin al igual que en el resto de la costa mediterrnea hispnica. Una simple visita al Google con la palabra Palomares ilustra sobre ello. Numerosas ofertas de apartamentos pero ninguna mencin a la contaminacin...

Tambin podramos mencionar el Informe del Servicio Mdico de las Fuerzas Areas de los EEUU, desclasificado en 2002, sobre los accidentes nucleares de Palomares y Thule. No dice nada que no conocisemos ya, salvo los datos del personal estadounidense que estuvo destinado all en 1966. Lo curioso es que existe un anexo C del Informe sobre Palomares que por Consideraciones relativas a la Ley de Privacidad (Privacy Act ) no ha sido hecho pblico. Sin comentarios.

Lo que es tambin curioso es que de este accidente nuclear de origen militar, de enorme importancia y de no menor riesgo, apenas se habla, apenas se ha hablado. Es como si lo sucedido se redujera a las imgenes de Fraga y del embajador USA tomndose plcidamente un bao en compaa y en temporada poco calurosa. No hubo ningn peligro. Lla Espaa de Franco segua su marcha triunfal y su desarrollo sin obstculos. Tampoco durante la transicin ni en la Espaa posterior a la Constitucin de 1978 ha sido ste un tema que haya estado en primer plano de nuestras preocupaciones.

S, efectivamente, el franquismo ocult lo sucedido todo lo que pudo, y algo ms, y le rest importancia. Como si no hubiera ocurrido nada, a pesar de que estbamos ante un accidente nuclear. Estados Unidos actu como suele actuar, como poder imperial, ocultando investigaciones y resultados, y preocupndose ante todo de sus propios intereses y de su propio ejrcito. Consecuencia de todo ello: apenas se cita el accidente nuclear militar cuando se habla de los desastres de la Espaa del franquismo y de uno de los efectos colaterales de aquellos acuerdos militares, que an siguen vigentes parcialmente, entre la Espaa una, grande y libre de Franco y el gobierno norteamericano.

Espero que la recuperacin de eso que ahora llamamos memoria histrica afecte tambin a este suceso que, adems, no es slo parte de la Historia pasada dado que sus consecuencia no se han borrado totalmente. En un editorial de El Pas de octubre de 2006, diario que de ninguna de las formas puede ser tildado de antinuclear, se reconoca que no se haba hecho un estudio en profundidad de lo que haba quedado enterrado bajo la superficie, y aos despus, cuando en la zona hubo movimientos de tierras para construccin de viviendas o usos agrcolas, aparecieron indicios de contaminacin soterrada, y admita que estbamos ante el inicio de un largo proceso dada la complejidad y la amplitud de las tareas de abordar. Es una deuda que tenemos con los habitantes de la zona y sus descendientes, y con la ciudadana espaola en general.

Me hablaste de una pelcula

Una de las escasas muestras del renacido inters por la historia del accidente de Palomares es el documental Operacin Flecha Rota, dirigido por Jos Herrera, en el que se plasman numerosos testimonios recogidos en EEUU y Espaa. Es muy reciente, de 2006, creo recordar.

Pero, que so sepa, apenas ha pasado por las salas comerciales. Yo no lo he visto por ejemplo, no saba de su existencia.

S, tienes razn. No es un documental promocionado. Pero est disponible y puede ser solicitado. Es un buen instrumento para el debate en Universidades, centros de enseanza en general, movimientos alterglobalizadores y sindicatos y partidos con tensin poltica no disuelta ni olvidadiza.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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