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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2016

Espaa
Los piojos de Villalobos

Armando B. Gins
Rebelin


Para la derecha reaccionaria, cualquier idea que huela a izquierda resulta una enfermedad contagiosa que hay que evitar a toda costa. Las izquierdas huelen mal; las feministas son marimachos o tiorras; los inmigrantes siempre son presuntos delincuentes; la clase trabajadora es inculta. No extraa, pues, que Celia Villalobos, una profesional de la poltica del PP, tema que las rastas de un diputado podemita puedan tener piojos y representar un riesgo de contagio para su limpieza exquisita de clase alta.

Sus piojos mentales y sus prejuicios ideolgicos destilan el odio caracterstico de un fascismo latente de baja intensidad elitista que sale a la palestra cuando hay ocasin propicia para ello. Huyendo de los argumentos, tira de municin populista porque sabe que existe un consenso tcito en la cultura de a pie de calle a favor de una respetabilidad costumbrista y conservadora que prescribe lo que es correcto e incorrecto de modo sibilino. La norma no escrita dice que el hombre debe usar americana y corbata y la mujer ha de mostrarse con los rasgos femeninos que dicta la publicidad y la sociedad machista en la cual vivimos.

Las excepciones a la regla sealan que a la juventud se le permite cierta licencia underground en su indumentaria, que se pueden relajar los usos de la etiqueta los fines de semana por parte de las clases media y alta y que la clase trabajadora ms rancia o de arrabal puede acomodarse a distintas estticas o modas que las identifique de manera rotunda e inequvoca en la esfera social con denominacin de origen genuina: son los grupos chavs de Owen Jones, las minoras tnicas, las chonis autctonas y las diversas mezclas que pululan por la precariedad laboral y vital del capitalismo.

Esos prejuicios que alienta la derecha son autorrealizativos y operan automticamente en el inconsciente colectivo. Los polticos de la derecha (y otros asimilados por el sistema), adems de los medios de comunicacin afines, inciden en ellos porque saben que calan hondo en la audiencia. A partir de una banal y ftil esttica normativa, la gente suele elevar sus prejuicios hasta cotas ticas y polticas. El resultado es que relacionan una imagen cultural como anormal o impropia para desempear unos roles determinados, por ejemplo, la gestin de la cosa pblica.

Se traslada la idea de que no es serio ni adecuado ser diputado o ministra o concejal o presidenta de algn rgano pblico manteniendo una imagen estrafalaria o diferente que no cuadre con la norma al uso de aparentar una respetabilidad formal a travs de su vestimenta o peinado.

El territorio invisible de la normalidad es poltico e ideolgico, resultando de esta premisa que las izquierdas huelen desagradablemente mal y son feas hasta la nusea. Estas espurias ideas son sensuales, creando emociones inmediatas que no precisan de la razn para desentraar su mensaje oculto y tendencioso.

Los piojos mentales son clasistas donde los haya, pero llegan a su destino, minusvalorando o descalificando a todos aquellos polticos e ideas de izquierda que puedan hacer sombra al orden establecido. El olor nauseabundo entra por los ojos y lo feo huele el mal a primera vista. El crculo es perfecto y vicioso, siendo muy difcil escapar de l porque forma parte de una alienacin bsica que hunde sus races en el discurso atvico de la derecha de demonizar a sus adversarios de clase con prejuicios que anidan en el subconsciente colectivo desde hace dcadas.

El odio a s mismo y la culpabilizacin interior que el neoliberalismo viene predicando desde hace mucho tiempo para reducir la situacin social a un problema exclusivamente individual ha hecho que la clase trabajadora se sienta prisionera y responsable de su precariedad laboral, vital y econmica. No hay que pensar en razones fuera de la esfera propia: yo soy el nico culpable de mi desgracia.

Este ambiente psicolgico y sociolgico provoca que la clase trabajadora huela su desgracia como una situacin de incapacidad particular y vea su personalidad con una imagen desfigurada y fea. La contrapartida compensatoria es ver a la gente normal exitosa como el espejo de la verdad y lo correcto: ellos se han esforzado ms y han hecho lo que tenan que hacer. Luego yo soy un paria que solo merezco desprecio y, como mucho, caridad y conmiseracin.

Siempre es ms fcil digerir emociones sencillas que inducir razonamientos crticos y complejos. En esta tesitura histrica se enmarcan los prejuicios que abonan las derechas, aqu y en todas partes. Lo sucio se vincula directamente con lo malo, el error y la desviacin, mientras que lo limpio se relaciona instintivamente con la verdad, lo bueno, lo correcto y lo inmaculado.

Para que ese juego maniquesta funcione debe haberse instalado antes una cultura ideolgica que dispare los resortes adecuados en nuestro cerebro: la derecha es el orden y la izquierda se representa como la resistencia a lo establecido y la oposicin radical a la normalidad de la costumbre y las tradiciones seculares o de ndole religiosa.

Como todos aspiramos a emular lo mejor, la belleza convencional y la moda del instante consumista, la inmensa mayora ansiamos huir de lo que somos, clase trabajadora, hacia un estatus superior, clase media. En esta clase el aroma es ms soportable y el espejo social nos devuelve una imagen ms estereotipada y aceptable para ganar en autoestima privada.

Los piojos de Celia Villalobos son imaginarios pero extremadamente nocivos, contaminando la realidad social hasta el tutano de las conciencias ms dbiles o con menos recursos intelectuales a su alcance. No son ms que lucha de clases ideolgica basada en prejuicios profundos que conforman nuestra cultura capitalista. Y cambiar la cultura dominante no es cuestin balad ni tarea de un da.

El lavado de cerebro de la publicidad y la propaganda capitalista son tan ubicuos, intensos y eficaces que derribar sus falacias precisar de un discurso muy potente por parte de las izquierdas transformadoras. Desmontar su tecnologa es un trabajo que habr que realizar en simultneo con las propuestas polticas y las reivindicaciones sociales. La pregunta incmoda es existe esa izquierda ambiciosa y coherente, incluidos los sindicatos, que mire hoy ms all del ombligo del mero reformismo a la defensiva?


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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