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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2016

Euskal Herria necesita la independencia socialista

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin

Este texto fue redactado en agosto de 2015, antes de que se iniciara el debate Abian en la izquierda abertzale. Por diversas razones no ha sido publicado en la red hasta ahora. Aconsejamos que se estudie con la ayuda de otro texto escrito un poco ms tarde que este y a disposicin en la red: Borrador sobre tendencias del capitalismo (Apuntes para una posible estrategia II), del 3 de octubre de 2015.



  1. PRESENTACION.

  2. INDEPENDENCIA O VASALLAJE

  3. ESTRATEGIA IMPERIALISTA

  4. CONSENSO DE WASHINGTON

  5. UNIVERSAL, PARTICULAR, SINGULAR

  6. PREFIGURACION DEL ESTADO VASCO

1.- Presentacion

Hace dos dcadas, militantes de la izquierda abertzale debatimos un documento titulado: Euskal Herria necesita la independencia. Su lgica interna puede resumirse en pocas palabras: la independencia vasca no era slo un derecho, era una necesidad. En 1994, nuestro pueblo viva, por un lado, en una situacin comn a la del resto de pueblos europeos y, por otro lado, viva una situacin diferente. Lo igual y lo diferente son una unidad de contrario que se inscribe dentro de la relacin entre lo universal, lo particular y lo singular.

Estos criterios son fundamentales para entender qu ha ocurrido en dos dcadas, qu se mantiene y qu cambia, y qu alternativas nuevas debemos crear a partir de lo anterior. Si no recurrimos a este mtodo caeremos en el error de creer que apenas hemos logrado avances en estos aos, que la heroica lucha ha servido para muy poco, o de nada, que debemos tomar caminos absolutamente nuevos e incluso opuestos a los anteriores.

Un punto central que entonces no pas desapercibido fue el de afirmar el contenido de necesidad de la independencia. Para la militancia abertzale que debati el texto, la independencia era algo superior a un derecho, No era una consigna extremista causada por la deriva voluntarista de un supuesto sueo romntico creado en el siglo XIX, el nacionalismo, como sostienen intelectuales orgnicos de los Estados espaol y francs. Era un paso imprescindible para garantizar la supervivencia del pueblo vasco como realidad nacional autoconsciente, y por eso mismo era una necesidad vital para su pueblo trabajador.

Ejercitar un derecho puede ser opcional segn su contenido y segn las circunstancias, pero tal opcin va convirtindose en necesidad perentoria en la medida en que ese derecho es sistemticamente negado; y en la medida en que, adems, se agravan las condiciones vascas e internacionales, en esa medida, la urgencia del derecho se convierte en necesidad pura. Esto es lo que ha ocurrido en las dos ltimas dcadas: los derechos oficiales de la sociedad burguesa estn siendo reducidos a su mnima expresin mientras que, por el lado contrario, aumentan las necesidades prcticas e inmediatas de los pueblos, clases y mujeres explotadas.

La licuacin de los derechos burgueses que pueden beneficiar a las clases y pueblos explotados va pareja al fortalecimiento de aquellos otros derechos del capital que benefician a los Estados imperialistas y a sus clases dominantes: menos para los primeros y ms para los segundos. En los ltimos 20 aos este proceso ha sido planificadamente intensificado y extendido por una alianza internacional de las burguesas ms poderosas del mundo, las occidentales, para recuperar en la medida de lo posible el dominio y control imperialista del que gozaban mal que bien hasta la Gran Crisis de 1968-73 y cuyas secuelas seguimos padeciendo en algunas cuestiones centrales.

El contenido de necesidad de nuestra independencia se ha ido agudizando precisamente como efecto de esta estrategia imperialista que responde a las crecientes contradicciones que dificultan la acumulacin ampliada de capital desde la dcada de 1970 a pesar de los tenues, puntuales y fugaces repuntes del beneficio en determinadas economas.

2.- Independencia o vasallaje

Desde que se redact el texto Euskal Herria necesita la independencia, el capitalismo mundial ha ido bajando imperceptiblemente por un sendero descendente hasta estrellarse en la Gran Crisis iniciada en 2007-2008. Ya mientras se redactaba borrador del texto al que nos referimos se agudizaban las contradicciones que estallaron en la crisis mejicana del Tequila de ese mismo 1994. La insolvencia financiera mexicana fue la excusa para que EEUU diera el ltimo asalto contra la independencia del Estado de Mxico sostenida desde 1938 en la nacionalizacin del petrleo.

Desde 2013 se acentuaba la claudicacin nacional de la burguesa mexicana ante las presiones imperialistas, claudicacin nacional burguesa definitiva desde 2015 cuando se decret la privatizacin del crudo hasta entonces propiedad del Estado: cualquier recuperacin seria de la independencia mexicana debe basarse en la re-nacionalizacin del crudo, tarea que slo las naciones y clases oprimidas de Mxico estn dispuestas a realizar. Un proceso inverso al venezolano, donde la movilizacin del pueblo y la coherencia nacional de Chvez llevaron desde 2003 a una poltica de Plena Soberana petrolera como una de las bases de la independencia real del pas, reconquista que se afianzara en 2007.

La crisis del Tequila de 1994 es triplemente ilustrativa para nuestra independencia como necesidad: una porque demuestra que ya no es posible una independencia autntica dentro de las cadenas financieras imperialistas: En realidad esto ya se haba confirmado muchas veces con anterioridad en casos que no vamos a repetir por conocidos, aunque s debemos recordar que una de las grandes contradicciones que precipitaron el desplome del socialismo del Este fue la impagable deuda que contrajo con el imperialismo, mientras que la supervivencia de China Popular, Vietnam, Cuba, etc., es debida a que han sabido mantener su independencia financiera, adems de otros mritos obvios.

El capital-dinero, sobre todo en su forma especulativa, o si se quiere el dinero en s mismo como receptculo de poder de explotacin social, es irreconciliablemente antagnico con la independencia de los pueblos que no aceptan sojuzgacin alguna, porque el dinero en cuanto gran igualador reduce todo a mercancas, como el euro ha reducido a Grecia a mercanca con la que Alemania ha ganado 100.000 millones-: mercanca e independencia popular son enemigos mortales.

Lo que se denomina vasallaje financiero de pases endeudados hacia potencias prestamistas e incluso a grandes banqueros se instaur de forma irreversible en el trnsito del siglo XV al XVI, se expandi desde entonces. A finales del siglo XVIII J. Adams, presidente de EEUU, sentenci que haba dos formas de esclavizar a un pueblo: con las armas o con la deuda. La deuda de los imperios chino, ruso y turco hacia los financieros europeos y yanquis a finales del siglo XIX eran minsculas comparadas con las actuales de los Estados, empezando por USA y Alemania, por ejemplo; pero los financieros de entonces tampoco las quisieron perdonar, como tampoco ahora, imponindoles feroces programas de austeridad social para pagarlas. La leccin de la historia es aplastante: tales exigencias salvajes fueron una de las razones decisivas por las que, en un primer momento, esos imperios entraron en una crisis interna gravsima que, en un segundo momento y con tiempos desiguales pero combinados, provocaron revoluciones de liberacin nacional de clase como la rusa y la china, y revoluciones polticas como la turca.

Algo ms tarde, en los aos 20, la deuda de Gran Bretaa con respecto a EEUU a raz de los prstamos de la IGM permiti a los yanquis imponerles severas tasas a sus productos, siendo uno de los primeros indicios de la prdida de independencia real del obsoleto imperio britnico con respecto al expansivo imperialismo norteamericano, dependencia fctica multiplicada entre 1939-45, asumida en 1953 cuando EEUU oblig a los aliados y a Gran Bretaa a perdonar la deuda de reparacin contrada por Alemania en la IIGM para acelerar su industrializacin y endurecer el ataque global a la URSS, pero creando uno de los problemas que minan a la UE acrecentado por su humillacin a Grecia: la falta de credibilidad histrica del mal llamado Proyecto Europeo.

El fin de la independencia prctica britnica lleg en la guerra de Suez en 1956 al tenerse que comer su orgullo militar cuando EEUU le orden abandonar el campo de batalla que tena ganado, genuflexin realizada tambin por el Estado francs. Estas lecciones volvieron a confirmarse de manera trgica para la derecha aorante britnica cuando en 1982 M. Thatcher tuvo que implorar el decisivo apoyo de la OTAN y de EEUU para poder recuperar las islas Malvinas venciendo a un dbil y desmoralizado ejrcito argentino. Aunque suene fuerte y contradiga la lgica formal: no existe independencia burguesa de Gran Bretaa, sino lazos de dependencia negociada permanentemente con EEUU, la UE y el capital financiero internacional que tiene en la City londinense una de sus plazas fuertes.

Ahora, mejor decir desde finales del siglo XX, asistimos al vasallaje financiero global hacia una infinitesimal clase financiero-industrial de altas tecnologas que se protege tras el imperialismo occidental y que hace que sus capitales internacionales crezcan en los mercados financieros del 5% en 1960 al 47% en 2001 y al 78% en 2012. Apenas quedan capitales financieros nacionales y estos se concentran principalmente en EEUU, Europa y Japn. De 2000 a 2012 el capital financiero transnacional ha aumentado 2,6 veces ms que el PIB mundial, un 105% del primero frente a un 39,8% del segundo. Incremento econmico reforzado por un aumento de la inmunidad legal que empieza a imponerse a los pueblos mediante la fuerza del imperialismo, con los apoyos de las burguesas estatales sumisas por inters al vasallaje financiero global.

Ms modestamente, nuestra historia nacional aporta ejemplos aplastantes al respecto. Veamos slo tres: uno, durante las dos guerras del siglo XIX llamadas carlistas por la historiografa espaola, que fueron guerras de resistencia nacional precapitalista, uno de los mayores frenos de los Estados vascos que existieron de facto en ambas era su extrema dependencia financiera pese a la alta efectividad administrativa que desarrollaron. Otro, en la heroica Comuna de Donostia de verano de 1936, la mayora de las fuerzas polticas se negaron a nacionalizar el capital privado guardado en el Banco de Gipuzkoa, poltica que se mantuvo tambin en Bizkaia hasta su total ocupacin por ejrcito internacional franquista, lo que imposibilit mejorar el armamento del Ejrcito Vasco. Y tres, el secreto ltimo del Concierto Econmico de la CAV, que el PNV tiene como su gran conquista, es que se integra como parte subsumida del poder financiero del Estado espaol que a su vez es dependiente de la llamada Troika.

O sea, de 1994 a 2015, justo en el tiempo transcurrido entre la redaccin de Euskal Herria necesita la independencia y el documento que aqu se presenta, durante estas dos dcadas, EEUU ha logrado uno de sus objetivos bsicos desde 1821 fecha de la creacin oficial de Mxico: liquidar la independencia real que no formal de un Estado que fue un obstculo para sus intereses, acrecentado desde 1910 y desde la nacionalizacin del crudo por Crdenas en 1938, siendo un referente de la dignidad nacional de Nuestra Amrica. Pero le ha surgido otro nuevo y tal vez peor: la independencia recuperada por la Venezuela bolivariana. Por su parte, la UE ha conseguido con Grecia lo que EEUU con Mxico pero con mtodos algo diferentes. Toda reflexin sobre la independencia de cualquier pueblo en el capitalismo contemporneo que no tenga en cuenta semejante demostracin de fuerza del imperialismo y a la vez sus debilidades, est condenada al ridculo.

Todo vasallaje es incompatible con la verdadera independencia caracterizada por cuatro cuestiones decisivas: finanzas y poder econmico propio; control del comercio exterior; fronteras garantizadas por un Estado propio; y autodefensa armada. Los Estados medianos y dbiles han aceptados amputaciones sustanciosas en esos cuatro criterios por dos razones bsicas y unidas: protegerse de la competencia externa y explotar mejor a sus pueblos trabajadores internos, y para ello esas burguesas han entregado a antiguos enemigos nacionales componentes imprescindibles de su anterior independencia nacional.

Este es el caso de la burguesa griega que acept una a una las exigencias de dos enemigos histricos recientes del pueblo trabajador. Alemania y Gran Bretaa masacraron en 1941-46 los barrios populares de Atenas que apoyaban a la poderosa guerrilla de liberacin nacional dirigida por los comunistas hasta aplastarlos en 1950. La burguesa siempre ha tenido miedo al pueblo y por eso apoy las masacres nazis y britnicas, apoy la dictadura militar impuesta por la OTAN, y cumpli todas las rdenes del FMI, BM, Bruselas y dems piratas en los dos rescates anteriores a la vez que arruinaba la economa con masivas fugas de capitales.

Pues bien, ahora mismo nada menos que el 25% de la capacidad industrial griega permanece improductiva porque ni la burguesa ni Syriza quieren ponerla en funcionamiento ya que la UE lo prohbe: fbricas sin trabajar mientras se extiende el hambre. Casos idnticos en el fondo los encontramos en las cesiones de independencia real realizadas por Irlanda, Portugal, Italia, Estado espaol, e incluso el Estado francs de forma menos burda al aplicar feroces recortes exigidos por la Troika que el propio presidente Hollande haba dicho que no iba a aceptar. Peor es el caso de las burguesas de las naciones oprimidas que ni tan siquiera reivindican sus derechos nacionales-burgueses y recurren al Estado ocupante para que les defienda de su propio pueblo.

Viendo todo esto, la pregunta es qu independencia nacional-burguesa es factible en el capitalismo actual?

3. Estrategia imperialista

En medio de la Gran Depresin iniciada en los 80 y con una tasa mundial media de ganancia de alrededor del 22% en la mitad de los 90 que segua su tendencia a la baja a pesar de todos los esfuerzos, en aquellas condiciones, Mxico adelantaba muchas de las caractersticas de las crisis posteriores que confluyeron sinrgicamente en la catstrofe de 2007-2008 de la que no salimos. Las crisis parciales de los tigres asiticos en 1997; la rusa de 1998 y la ecuatoriana de 1999; el corralito argentino de poco despus; la extrema fragilidad del sistema financiero mundial descubierta a raz del 11-S de 2001 cuando se paralizaron las bolsas por dos o tres das; el desplome en picado del Nasdap o punto.com en 2000-2003 y el fracaso del mito propagandstico de la Nueva Economa, de la Economa de la Inteligencia, etc., hasta llegar al inicio en los EEUU de 2007 a la actual crisis pavorosa.

Hoy, a estas alturas del retroceso de las condiciones de vida del pueblo trabajador, parece que no tiene sentido recordar las ilusiones espurias, creencias idealistas en las promesas sobre el fin definitivo de los sufrimientos, del inicio de una gobernanza mundial que revivira el milagro evanglico del pan y los peces y que, democrtica y pacficamente, instaurara la libertad en la Tierra gracias a las ONGs expertas en resolucin de conflictos y al espritu democrtico de Obama, Nobel de la Paz, al que algunos felicitaron al sentarse en el Despacho Oval. S tiene sentido recordar esto y ms, simplemente para aprender de los errores y conocer las argucias tramposas de los Estados democrticos y de sus servicios secretos.

Y eso que no decimos aqu ni palabra de la impresionante lista de luchas y rebeliones de los pueblos explotados desde antes incluso de 1994 como El Caracazo de 1989 y el Alzamiento de Chvez en 1992; la heroica resistencia de Cuba durante el perodo especial; los motines por hambre en ciudades de EEUU en 1992; el zapatismo en 1994; las duras huelgas de 1995 en Francia, Blgica y Alemania, y en Corea de Sur en 1997; la revuelta social de Seattle y la victoria de Chvez en 1999; el corralito argentino de 2001 y triunfo de Lula en 2003; el fracaso del golpe contrarrevolucionario en Venezuela en 2002 gracias a la decidida contraofensiva popular en respuesta al ataque imperialista en el que el PP espaol jug clave Y qu decir de la lucha de liberacin nacional de clase vasca entre 1994 con el endurecimiento represivo y el lazo azul, en 1998 con el cierre de Egin, en 2003 con la ilegalizacin de Herri Batasuna?

O sea, mientras desde finales de los 90 se vivan momentos de champn y cocana con la burbuja financiero-inmobiliaria, con la economa del cemento, del dinero barato y de la corrupcin mxima como en el milagro espaol que fascinaba al recin estrenado presidente Zapatero, por debajo de tanto glamour espumoso la realidad se pudra en sus contradicciones internas. Lo peor era que bastantes colectivos y personas de izquierda se dejaron seducir por los cantos de sirena del triunfalismo burgus y de la autoderrota de la izquierda, cuando en realidad las clases explotadas tenan que endeudarse cada vez ms para sobrevivir: en enero de 2004 el 70% del salario deba gastarse en todo lo que significaba la vivienda. Pero adems, el nacionalismo imperialista espaol sostena en diciembre de 2003 por boca de UGT que el Plan Ibarretxe atentaba contra los derechos de la clase trabajadora.

Ninguna noticia, estadstica o porcentaje desarrolla su pleno contenido de verdad si no est contextualizada e inserta en una visin poltica y estratgica. El endeudamiento y el espaolismo de UGT eran expresiones de movimientos de fondo del imperialismo occidental. El carcter de necesidad de la independencia vasca se reforzaba precisamente como la negatividad absoluta de la dinmica imperialista, es decir, segn el imperialismo espaol y occidental ampliaba su ofensiva para recuperar el poder mundial que iba perdiendo, los pueblos oprimidos nacionalmente bamos sufriendo mayores ataques contra nuestras identidades, lenguas, culturas y contra los pocos derechos que an nos permitan tener. Incluso pueblos con Estado propio pero dbiles econmica y polticamente sufran ms recortes prcticos de su soberana: nada de la actual tragedia griega la prdida de su independencia real- es comprensible si negamos o menospreciamos la fuerza determinante de las contradicciones capitalistas mundiales.

En efecto, en 2003 el imperialismo invadi definitivamente Irak, agresin que era parte de una estrategia sistemtica no slo para apropiarse de los vitales recursos energticos sino tambin para impedir que potencias subimperialistas en ascenso las que al poco tiempo formaran el BRICS- desarrollaran otras polticas socioeconmicas, fiscales, legales e institucionales internacionales diferentes a las impuestas por los EEUU en Bretton Wood a finales de la IIGM. La estrategia poltico-militar ha sido siempre una constante capitalista que se refuerza conforme los Estados retroceden en la jerarqua mundial de explotacin de la fuerza de trabajo y de saqueo de los pueblos y de la naturaleza. Pero la ofensiva global, a la vez econmica y poltico militar no consigui detener el retroceso del imperialismo occidental.

Nos detenemos unos instantes en este retroceso relativo porque l nos explica por qu y cmo se endurece el imperialismo occidental en su conjunto, y dentro de l se endurecen los nacionalismos opresores de los Estados: En 1991 lo que llamamos Occidente representaba el 26,53% de fuerza productiva mundial, en 2012 ha bajado al 14,97%, y por mucha superioridad tecnolgico-productiva que tenga ms temprano que tarde la produccin de valor se concentrar en ese 85,03% de fuerza productiva del resto del mundo. Si en 2004 EEUU produca el 20,1% del PIB mundial en 2014 ha bajado al 16,2% frente al 16,4% de China. Segn el FMI para 2015 China Popular, Rusia, Brasil, Sudfrica e India generarn el 30,6% del PIB mundial y el G-5 el 28,4%. Pero si los informes del FMI son de poca fiabilidad, menos fiables son sus prospectivas de futuro como se ha demostrado muchas veces, lo que nos lleva a profundizar un poco ms.

Entre 1991 y 2015 se han producido las crisis que hemos citado arriba, y otras menores y de diferente naturaleza que no exponemos. A finales de 2006 en los EEUU empezaron a confluir diversas sus-crisis que se unificaron en 2007 y estallaron sinrgicamente en 2008. La respuesta neokeynesiana y militarista de Washington es conocida, pero lo que apenas se conoce es que en 2008 en respuesta a la catstrofe de los beneficios, como hemos visto arriba, se lanz a dominar econmicamente el planeta: el 42% de los millonarios del mundo son yanquis; son de su titularidad el 85% de las acciones y participaciones de las 100 mayores transnacionales; se lleva el 84% de los beneficios en la industria del hardware y software, el 89% y 53% en salud y farmacia respectivamente. Su supremaca es casi total en los servicios financieros pasando del 47% en 2007 al 66% en 2013. Su titularidad es mayoritaria en 18 de los 25 sectores fundamentales de la economa mundial en los que operan las 200 empresas ms grandes, dominando abrumadoramente en 13 de ellas.

Aun as su supremaca est relativamente segura slo en la UE porque es contestada de varias maneras por los BRICS, algunos de cuyos miembros coinciden con la estrategia de China Popular de ir desplazando paulatinamente a EEUU del poder mundial, o al menos de ir creando un entramado internacional que equilibre el enorme dominio del imperialismo occidental. Decimos que relativamente segura porque en la UE existen diferencias de inters entre sus burguesas y hasta oposiciones algo significativas -intereses energticos y exportadores de Alemania en Rusia y China Popular, por poner un ejemplo-, pero nunca existen contradicciones entre la UE y EEUU. Los debates sobre el TTIP y el TiSA as lo confirman.

El imperialismo occidental ha movilizado a ms de medio centenar de Estados fieles a su dominio en la elaboracin ultra secreta del TiSA porque todos los datos indican que el simple TTIP no sirve: extrapolando las proyecciones iniciales resultara que, de existir en 1990 el TTIP, su poder productivo en ese ao significara el 46,1% del PIB mundial, bajando al 44,2% en el 2000 pero desplomndose al 33,8% en 2013, un poquito superior al del BRICS ese mismo ao, el 29,3%: una cada en picado del 12,3% en dos dcadas.

Estos y otros estudios explican el porqu de al menos seis medidas acentuadas desde 2013: acaparar la mayor cantidad posible de recursos energticos, materias raras y oro; acelerar el TTIP, el TiSA y otros planes idnticos como el Acuerdo del Pacfico en Nuestra Amrica, etc.; cambiar de forma en sus relaciones con enemigos histricos como Cuba, Irn y otros, mientras aplica golpes suaves o duros contra otros pueblos; multiplicar la presin militar contra Rusia en la UE y contra China Popular en Asia y afianzar sus centenares de bases en el resto del globo; intensificar la guerra cultural e ideolgica con la imposicin del papal Francisco I; y teledirigir al Estado Islmico para acelerar la balcanizacin de Oriente Medio y zonas vitales de frica.

EEUU solo no puede desarrollar plenamente esta sxtuple estrategia universal, y menos an sus complejas interacciones particulares y ramificaciones singulares por lo que necesita de aliados bajo su direccin. Se necesitan mutuamente, con la diferencia de que, como alguien ha escrito, EEUU no se apiada de Europa con tal de vencer a Rusia. En 2010 un informe de la Inteligencia Militar alemana adverta que para 2030 el ejrcito alemn no estara en condiciones de garantizar la independencia energtica del pas; y otro casi idntico deca por esas fechas lo mismo pero para Gran Bretaa. En diciembre de 2012 el Consejo Nacional de Inteligencia de EEUU reconoca que en 2030 EEUU no sera la potencia dominante a nivel mundial, y en mayo de 2014, Obama aseguraba a lo ms granado de los ejrcitos yanquis que EEUU eran y seguiran siendo por siempre la nica nacin indispensable en el mundo.

Debemos hablar por tanto de un imperialismo occidental bajo la direccin de EEUU. Si la estrategia vista saliera vencedora EEUU controlara directa o indirectamente alrededor del 60% del PIB mundial, con lo que habra recuperado prcticamente la totalidad del poder imperialista de que gozaba entre 1945 y 1971. A su vez el imperialismo occidental habra derrotado a los subimperialismos del BRICS, y en lo que nos interesa ahora la necesidad de la independencia de las naciones oprimidas- estara en condiciones de imponer una jerarqua de obediencia a los Estados dbiles y a las burguesas de las naciones oprimidas que pretendan acceder a su propio Estado, como veremos.

4.- Consenso de Washington

Desde que en 1994 debatiramos Euskal Herria necesita la independencia hasta ahora, el capital financiero-industrial de altas tecnologas ha diversificado sus medios de poder, dejando pequeo el declogo del Consenso de Washington de un lustro antes porque el sistema ha cambiado en cosas importantes desde 1989. El segundo artculo del declogo, el nico que poda dar alguna esperanza a las clases explotadas y hacer creer al Estado que todava tena algo de independencia efectiva al poder orientar parte del presupuesto pblico hacia gastos sociales urgentes para el pueblo empobrecido, fue rpidamente silenciado. Los nueve restantes tenan la funcin de vaciar a los Estados de toda independencia bsica dejando slo su fachada externa.

La liquidacin de la soberana real de Mxico en 1994 y de Grecia en 2015, por no extendernos a ms casos, se inscriben en el proceso oficialmente abierto en 1989, pero operativo mucho antes como hemos visto al seguir la evolucin del simple vasallaje financiero de los siglos XV-XVI hasta el vasallaje financiero global actual. El significado real del Consenso de 1989 no radica tanto en el papel que ha jugado en la devastacin de los derechos y libertades, que tambin, sino a la vez en que oficializ el objetivo de liquidar la independencia prctica de todo Estado explotable, de todo Estado que tuviera recursos necesarios para el imperialismo, o que pudiera terminar siendo un estorbo para su hegemona mundial o regional.

Veamos el articulado: la disciplina fiscal que controle el gasto pblico; la reforma tributaria en beneficio del capital; la determinacin por el mercado de las tasas de inters privado en contra de los intereses colectivos; los tipos competitivos de cambio en contra del proteccionismo frente al saqueo exterior; la liberalizacin del comercio a costa de la produccin interna; la libre inversin extranjera directa que termina comprando el pas trozo a trozo; la privatizacin del Estado para destruirlo como cohesionador interno; la desregulacin y libertad financiera para liquidar su independencia econmica; y la inviolabilidad del derecho de propiedad para defender los intereses extranjeros y burgueses dentro del pas. Los nueve artculos suponen el desguace interno del Estado como poder independiente aunque mantenga su fachada externa, si es que puede hacerlo.

Sobre todo el dcimo, que legitima la prohibicin de toda medida social beneficiosa para el pueblo por enemiga de la propiedad burguesa, e impide el avance a la nacin trabajadora con su Estado obrero y su independencia socialista. Es por esto, que una de las pocas atribuciones que conserva el Estado y que hasta incrementa es la de la represin contra su pueblo para defender la propiedad burguesa del peligro del socialismo.

Pues bien, esta estrategia se ha visto reforzada por la acelerada expansin de los tratados de libre comercio y por el reciente desarrollo de la Lex Mercatoria. Los tratados de libre comercio, de los que hemos hablado un poco, son la readecuacin al siglo XXI del libre comercio armado del joven capitalismo que impona la libertad de comercio a los dems pero protega celosamente sus fronteras nacional-mercantiles para acumular en ellas sus ganancias. La Lex Mercatoria es la readecuacin al siglo XXI de la ideologa burguesa de derecho mercantil de la primera mitad del siglo XV que exiga a la nobleza y a los mercados medievales total libertad individual por encima de las leyes generales y locales establecidas.

El comerciante, usurero y prestamista burgus exiga a los poderes que le reconocieran la absoluta libertad individual para hacer y deshacer negocios fuera de las leyes locales que protegan el precio del pan, aceite, sal, vinagre, encurtidos y salados, productos bsicos para la supervivencia, que pudiera acapararlos a la espera de que multiplicasen su precio aunque el pueblo sufriese frio y hambre para venderlos luego, en plena caresta, con precios quintuplicados, o simplemente exportarlos a otras regiones sumiendo en la desesperacin y hambruna al pas de origen. Era la ley de libertad de mercado, inseparable de la obligatoriedad de pagar las deudas a los usureros que ya empezaban a ser formas de vasallaje financiero.

Los pueblos y las clases dominantes dbiles se defendan reforzando en lo posible sus leyes proteccionistas, sus comunas, ciudades y Estados. Esta lucha recorre y caracteriza la historia de las contradicciones entre la necesidad expansiva del capital, que debe destrozar todas las barreras que la frenan, y la necesidad de los pueblos de defenderse de la libertad burguesa de explotacin y saqueo. Las luchas a varios bandos eran ms complejas de la simplicidad pedaggica que aqu usamos pero la leccin histrica es la misma: conforme el capitalismo se expande necesita imponer el derecho burgus a la libre explotacin mxima destruyendo las leyes que protegen el derecho popular a no ser explotado ni expropiado ni saqueado.

La segunda mitad del siglo XIX nos muestra lo efectivo de las feroces presiones del colonialismo para destrozar los intentos de industrializacin soberana de pueblos con Estado propio como China e India en Asia, Egipto en frica, Paraguay y casi toda Nuestra Amrica; pero tambin para mantener en la pobreza dependiente a naciones oprimidas como la irlandesa y la polaca, por ejemplo. La industrializacin de Catalunya y Hego Euskal Herria es singular porque se produce dentro de un imperio en absoluta descomposicin que no ha resuelto ni siquiera el problema internacional dentro de sus fronteras estatales, desintegracin interna que facilita que las burguesas catalana y vasca puedan industrializarse sin apenas presiones en contra del capitalismo extraestatal ms desarrollado que incluso las impulsa deliberadamente, como hizo Gran Bretaa con la industria vasca. Luego, estas burguesas pactarn con el bloque de clases dominante, la Iglesia y el Ejrcito, y terminarn de crear la nacin espaola.

Por el lado opuesto y sobre todo desde la irrupcin del imperialismo, las tres grandes burguesas que monopolizarn el poder mundial durante el siglo XX y lo mantendr relativamente en lo que va del XXI, o sea, EEUU, Alemania y Japn, y en menos medida otras no tan fuertes, imponen frreos controles a los productos extranjeros aplicando un nacionalismo econmico estatal casi fantico, que se mantiene en el presente reforzado por sus parcelas de control del sistema financiero. Semejante proteccionismo estatal es el secreto de su fuerza y esta leccin ser aprendida ms tarde por los movimientos de liberacin nacional anticolonialista y antiimperialista conscientes del decisivo papal de la independencia estatal para superar el empobrecimiento y la ignorancia causados por la opresin nacional sufrida.

La lucha de clases tambin se libra en el interior de los procesos de liberacin, y en casi todos los casos termina venciendo una burguesa que contemporiza con el imperialismo y machaca a las fuerzas revolucionarias que han sido la carne de can de la recin conquistada independencia formal, que casi al instante empieza a cubrirse de cadenas econmicas, financieras, tecnocientcas, que asfixian la independencia real imponiendo una dependencia prctica. Slo all donde la lucha ha sido clara y abiertamente socialista desde el inicio, y por tanto donde se ha desmarcado de la burguesa pero no de la pequea burguesa y de los pequeos campesinos propietarios, slo all y no siempre- se logra la independencia real, prctica, con impresionantes avances sociales y democrticos. No hace falta decir que una alianza de clase formada por el imperialismo y la llamada burguesa nacional se lanz contra esos independentismos socialistas antes incluso de que resultasen victoriosos.

Durante unos aos, hasta el inicio del neoliberalismo en 1973, bastantes Estados soberanos dirigidos por burguesas que no renunciaban totalmente a cotas de real independencia, aplicaron una poltica socioeconmica que en Nuestra Amrica se le defini como sustitucin de importaciones, es decir, desarrollar industria autctona para no depender de las importaciones y de las cadenas que estas crean a corto plazo en economas dbiles dirigidas por burguesas que tienen ms miedo a sus pueblos trabajadores que al imperialismo.

Lgicamente fracasaron por varios motivos que no podemos exponer en detalle pero que nos llevan al final a lo dicho: llegaba un momento en que las reivindicaciones sociales internas se volvan ingobernables y las burguesas buscaban apoyo en el imperialismo. Otras veces, la corrupcin era tal que azuzaba el malestar popular dando una excusa a los golpes de Estado realizados por militares educados y ayudados por el imperialismo. Tambin, la lenta cada tendencial de los beneficios y de la productividad del trabajo a nivel mundial que estamos viendo, terminaba pesando ms que las recuperaciones aisladas o regionales incluso a pesar de la llegada de capitales extranjeros, lo que impedan el despegue sostenido de la economa. Y por no extendernos, las presiones dursimas del imperialismo occidental para abortar esos intentos de independencia nacional-burguesa que, de asentarse, podran ser una peligrosa competencia.

El fracaso de la intentona de relativa desconexin de estas burguesas dbiles del imperialismo occidental fue debido a la sinergia de las cuatro causas mayores y de otras menores, ms particulares y singulares. Fracasada y/o derrotada la industrializacin autnoma, a estas burguesas dbiles slo les ha quedado la va del estractivismo, de la dependencia tecnocientfica y financiera para intensificar el monocultivo transgnico para exportar y biodiesel, para la industria maderera y para la minera de superficie. Brasil, por ejemplo, es una mediana potencia corrupta embarrada hasta las rodillas en la imparable deforestacin amaznica; Chile es un capitalismo de pocos ricos rodeados por el pueblo empobrecido y protegidos por la constitucin impuesta por la dictadura militar; etc.

Desde la doctrina yanqui del destino manifiesto borrosamente enunciada a comienzos del siglo XVII hasta las declaraciones de 2014 de Obama ante los militares ya vistas, pasando por la Doctrina Monroe de comienzos del siglo XIX y las declaraciones y doctrinas posteriores de Truman, Kennedy, Reagan, Bush, a lo largo de esta historia el imperialismo norteamericano y tambin el occidental, han intentado siempre que Nuestra Amrica nunca llegase a ser un competidor ni siquiera burgus, recurriendo a todos los mtodos. Un dato, el primer viaje internacional de Lula cuando accedi a la presidencia de Brasil en 2003 fue a EEUU, a rendir pleitesa a su presidente Bush.

La historia de Europa est tambin surcada por estas luchas por la hegemona y por aplastar a las sucesivas potencias emergentes desde el siglo XVI, cuando el poder de los Austria y del Imperio espaol empez a ser contestado por las burguesas de los Pases Bajos, de Inglaterra y luego Gran Bretaa, del Estado francs, de Alemania, etc.; luchas tan crueles como prolongadas sin las cuales no se conoce la verdadera naturaleza del capitalismo a los largo de sus tres reordenaciones sucesivas, hasta la cuarta, la actual, que dio un salto tremendo en el Tratado de Maastricht de 1992, muy poco antes de que se empezara a redactar el borrador de Euskal Herria necesita la independencia.

Las fechas son concluyentes. Consenso de Washington de 1989 expresin de la fase iniciada a comienzos de los 70; implosin de la URSS en 1991; Maastricht en 1992; Crisis de Mxico de 1994 y en cascada una larga serie de crisis hasta 2007 en medio de dos dinmicas interrelacionadas: una tendencial y estructural como es el descenso de la tasa media de ganancia y de la productividad del trabajo, y otra contra-tendencial y sociopoltica y econmica como es el neoliberalismo y socialiberalismo. A lo largo de este proceso el imperialismo occidental va perfeccionando sus armas contra los Estados dbiles y contra las naciones oprimidas. Podemos sintetizarlas en estos seis puntos.

  1. Saqueo y privatizacin de lo que queda de bienes comunales, bienes pblicos y sociales, empresas estatales, pequeas propiedades campesinas y de la antigua pequea burguesa, de sus propiedades urbanas y campestres, de sus ahorros monetarios y culturales: se busca abrir nuevas ramas econmicas. Privatizacin de los servicios sociales y pblicos mantenidos por los Estados e instituciones no privadas ni con nimo de lucro, como sanidad y servicios bsicos, educacin, transporte, correos, servicios burocrticos estatales e institucionales.

  1. Intensificacin de las compras de tierras, subsuelos terrestres y martimos para acceder a los recursos cada vez ms escasos; y cada vez ms prioritariamente, privatizacin de la vida, cdigo gentico, cultura y folclore popular, pensamiento colectivo, creatividad cientfica, saber humano acumulado, etc., dentro de una ofensiva mundial autoritaria, machista y racista. Privatizacin y conversin en valores financieros de compra-venta incluso especulativa por las grandes transnacionales de la agroindustria, de la salud, de la energa, de la qumica, etc., de los recursos alimentarios y de la biodiversidad para hacer de la salud negocio financiero y arma contrarrevolucionaria.

  1. Privatizacin del cuerpo colectivo de la mujer para multiplicar la productividad de su trabajo sexo-econmico, productivo/reproductivo, afectivo y de cuidados, normativo, cultural, etc., en un capitalismo que debe, por un lado, reducir lo ms posible el salario directo e indirecto, social, diferido, cargando sobre la mujer el sobretrabajo que eso supone; por otro lado, debe aumentar la mano de obra sobrante a la expectativa de realizar el mismo trabajo con un 30% menos de salario sin derechos sindicales y con posibilidades de abusos sexuales patronales; adems, en lo normativo, cultural e ideolgico, la mujer debe reforzar la sumisin social desde la primera educacin, reforzando el poder adulto; y por ltimo, debe reproducir los valores femeninos para asegurar al sistema los tres puntos vistos.

  1. Endurecimiento de todas las presiones para cobrar las deudas pblicas y privadas de los Estados, para dejar va libre al capital financiero transnacional reduciendo a la nada las funciones de los Bancos Centrales nacionales rebajados a sucursales de los Bancos Centrales de los bloques imperialistas; total poder de burocracias como el FMI, BM, OMC, etc., estrechamente conectados con los lobbys que negocian en secreto la liberalizacin comercial dirigida por el imperialismo.

  1. Presiones para que los Estados vayan adaptando sus sistemas legales a las exigencias de la Lex Mercatoria en detrimento de los acuerdos y convenciones estatales e internacionales sobre derechos sociales, laborales, culturales, de sexo-gnero, ambientales y socioecolgicos, etc. Exigencia de que las grandes corporaciones tengan derechos propios al margen de los del Estado e incluso superiores a los de estos, de modo que puedan reclamarles daos y perjuicios con multas millonarias que los Estados anfitriones han de pagar a los llamados fondos buitre empresas especializadas en comerse las entraas de los pueblos deudores. Aqu hay que introducir la reciente propuesta de que los Estados y los sindicatos cedan la poltica salarial a un reducido comit de sabios transnacional que impondr los lmites salariales, multando a los Estados que los incumplan por arriba.

  1. Presiones para que los Ejrcitos y sistemas de inteligencia y seguridad de los Estados dbiles estn integrados y subsumidos en organizaciones militares ms amplias que conocen la fuerza real y las debilidades de sus miembros segundones, anulando as su independencia militar a la vez que se ha anulado su independencia econmica y poltica.

El Estado espaol ha sido especialmente golpeado por estas medidas. Incluso podramos decir que su primera gran crisis, la de la mitad del siglo XVII, estaba en cierta forma motivada por su incapacidad para responder a las germinales fuerzas del capitalismo comercial y financiero europeo. La pobre y endeudada economa espaola no poda mantener los costos del mantenimiento del imperio si no reciba regularmente las masas de plata y otras riquezas expoliadas en Nuestra Amrica y en menos medida en Filipinas, India y frica.

Las cuatro expresiones bsicas mediante las que se muestra en este inicio del siglo XXI la debilidad estructural del Estado espaol ya estaban anunciadas en la crisis de mediados del siglo XVII: atraso econmico y cientfico cualitativo; debilidad de la burguesa industrial frente a otras fracciones burguesas; debilidad del Estado-nacin burgus por la existencia de pueblos oprimidos con autoconciencia; y corrupcin congnita. Las cuatro se han ido combinando sinrgicamente respondiendo a las contradicciones ms profundas que bullen en la ley general de la acumulacin capitalista y en la ley de la tendencia a la cada de la tasa de ganancia.

Peridicamente las cuatro formas de expresin de tal debilidad estructural arrastrada desde el siglo XVII han estallado en crisis sociopolticas y militares, es decir, en guerras de clases y de pueblos resueltas brutalmente con la victoria del bloque de clases dominantes existente en cada momento. Pero la misma naturaleza irresoluble de esa debilidad estructural hace que las contradicciones vuelvan a emerger a pesar de todas las represiones y de las pocas reformas realizadas como la de 1978. Para entonces la gloriosa independencia nacional espaola haba desaparecido haca tiempo, lo que qued de nuevo confirmado con el ejemplo aplastante de la traicin espaola al pueblo saharaui en 1975, entregndolo atado de pies y manos a Marruecos, segn las rdenes de EEUU.

En lo que nos interesa ahora, la independencia vasca como necesidad, la estrategia nacional espaola implementada por el bloque de clases dominante en la segunda mitad de los 70 choca con un obstculo interno que le impide ponerse en marcha: la debilidad sociopoltica de la burguesa que se muestra en la incapacidad de AP y UCD para llevarla a cabo a pesar del apoyo incondicional de CiU y PNV, representantes de las medianas burguesas catalana y vasca.

La solucin viene de la dialctica entre lo estatal y lo internacional, como siempre en los momentos crticos del Estado desde el siglo XVII, ahora entre Alemania Federal, EEUU, la OTAN y la burguesa espaola que impulsan al PSOE al gobierno de Madrid para que salve en capitalismo espaol supeditndole an ms al imperialismo occidental. La intensa destruccin industrial y agraria, la concentracin bancaria, la turistificacin y financiarizacin as como el poder creciente de las grandes empresas energticas, constructoras y de telecomunicaciones. Fijmonos en que no existe ninguna gran empresa industrial en el IBEX-35, lo que indica la poca fuerza de la industria en el capitalismo espaol, fuerza que va decreciendo. Un dato ilustrativo: la espaolidad del IBEX-35 se mide en su masiva defraudacin fiscal y en su relacin con los parasos fiscales.

Estos y otros cambios en la estructura econmica responden a las exigencias del imperialismo y a la certidumbre del bloque de clases dominante el gran capital estatal en el que la gran burguesa de origen geogrfico vasco se co-integr decididamente desde finales del siglo XIX- y las medianas burguesas de la CAV y Nafarroa representadas polticamente por PNV y UPN, y de Catalunya con CiU, adems de otras alianzas burgueso-terratenientes-, de que deben ceder an ms independencia espaola al imperialismo a cambio de mantener su propiedad privada en su Estado.

La concentracin y centralizacin de capitales en la UE dirigida por Alemania y la OTAN termina definitivamente con la independencia espaola cara al exterior, aunque por el efecto rebote la refuerza en el interior del Estado. Cara al exterior, la reforma en 2011 del artculo 135 de la Constitucin espaola por el ultimtum imperialista para establecer la estabilidad presupuestaria en beneficio del capital financiero transnacional y de Euroalemania, es la piedra angular de todas las dems cesiones parciales; mientras que la aceptacin de la base militar yanqui Morn supone otra dependencia ms hacia EEUU. Cara al interior el progre nacionalismo de Podemos y el derechista de Cs refuerzan el nacionalismo espaol dominante, reactivado contra las naciones oprimidas en los ltimos aos: se refuerza en el interior lo que se cede en el exterior.

La situacin y perspectivas del Estado francs no son trgicas como la espaola aunque empieza a ser dramtica porque no tiene la productividad del trabajo ni capital acumulado suficiente como para reducir la ventaja que va sacndole Alemania, por mucho que su PIB crezca alrededor de un 0,3%. Adems, la creciente competencia interimperialista por el control de frica le obliga a pedir ayuda a la OTAN porque su capacidad militar va siendo insuficiente para cubrir tanto espacio y sobre todo los ya casi insostenibles gastos del arsenal atmico.

Recordemos que en 1966 De Gaulle, furioso por el trato norteamericano y la humillacin de 1956, retir al ejrcito francs de la OTAN aunque en la prctica sigui siendo una pieza clave en la lucha terrorista contra los movimientos de liberacin nacional, enseando a los Estados represores las inhumanas tcnicas que desarroll en Vietnam, Argelia, etc., as como que nunca rompi los lazos ltimos con la OTAN frente a la URSS. Pero fue un derechista como Sarkozy al que se le llenaba la boca gritando sobre la grandeur nationale, el que en 2009 claudic a la presin yanqui y al frreo gasto nuclear integrndose en la OTAN y renunciando a la independencia militar.

Los presupuestos de 2015, aprobados a finales de 2014, suponen un recorte social cualitativamente diferente a los anteriores ataques, para mantener su capitalismo en el segundo puesto de la UE cumpliendo con sus exigencias monetaristas y de austeridad antipopular. El socialista Hollande lleg al gobierno en verano de 2012 prometiendo que defendera los derechos sociales y democrticos. Para verano de 2013 era ya obvio que terminara claudicando frente a las exigencias de Euroalemania pero casi nadie imaginaba entonces que esa genuflexin nacional del gallito francs frente al guila alemana fuera casi incondicional como se demostr en otoo de 2014. Aunque Pars se ha distanciado un poco de las presiones alemanas contra Grecia antes de su tercer rescate, ha sido para defender sus parciales intereses financieros dentro de las diferencias que no oposiciones y menos an contradicciones- lgicas entre burguesas hermanas.

5.- Universal, particular, singular

A lo largo de lo expuesto hasta aqu hemos visto cmo ha ido perdiendo vigencia la independencia de los Estados capitalistas, si entendemos por independencia burguesa su momento de esplendor entre los siglos XVIII y XIX, antes de que el vasallaje financiero saltase a vasallaje financiero global. Simultneamente, las clases explotadas, campesinos, artesanos, obreros urbanos preindustriales y obreros de la industria desde finales de ese siglo XVIII intentaban crear sus propios sistemas de poder que, sin mayores precisiones ahora, podramos definir a grandes rasgos como poderes comunales o estatales opuestos a los de las clase explotadoras; y lo mismo suceda en las luchas de los pueblos oprimidos. Queremos decir con esto que no slo tenemos a nuestra disposicin las realidades de los Estados burgueses, sino tambin las de sus irreconciliables enemigos, las de las clases y naciones trabajadoras que luchaban por su independencia.

Las teoras burguesas del Estado y sus versiones reformistas niegan, ocultan o ridiculizan los impresionantes logros organizativos de las clases y pueblos explotados en la creacin y sostenimiento de sus poderes comunales y/o estatales en las peores condiciones imaginables. Esta historia no existe para el pensamiento oficial, cuando en realidad es necesario estudiarla para comprender, por ejemplo, que las formas que iba adquiriendo el Estado espaol en las sucesivas crisis desde mitades del siglo XVII estaban directamente relacionadas tambin con preparar a ese Estado para aplastar rpidamente los intentos holandeses, portugueses, aragoneses y catalanes, y a menor escala andaluces, de crear o conservar sus sistemas estatales. Ya la primera forma-Estado dominante en la pennsula desde finales del siglo XV se cre machacando la independencia galega y andaluza, y la del Estado Navarro al inicio del siglo XVI. Por no hablar de la suerte que corri el pueblo castellano.

Hemos citado arriba varias experiencias de poderes vascos que, desde una visin histrico-materialista, pueden ser perfectamente definidos como poderes estatales de facto, al margen del reconocimiento internacional de iure: la autoorganizacin popular y de pequeas clases propietarias empobrecidas alrededor de las Diputaciones y del Rgimen Foral en las dos guerras del siglo XIX, la Comuna de Donostia y la limitada autoorganizacin obrera y popular en zonas liberadas hasta octubre de 1936 cuando se constituye el Gobierno Vasco que vuelve a ser un Estado de facto. Desde entonces, y en especial mediante la Constitucin de 1978, una obsesin furibunda del Estado espaol es la de impedir por cualquier medio que vuelva a constituirse otro Estado vasco. Y uno de los mejores mtodos para impedirlo son las burguesas de Nafarroa y la CAV representadas por UPN y PNV.

Naturalmente, existen diferencias entre estos Estados de facto que no podemos analizar ahora. Nos hemos referido a ellos porque refuerzan nuestra argumentacin en dos sentidos: uno, la realidad es ms compleja y rica en experiencias estatales, al margen de su reconocimiento o rechazo internacional; y otro, todas ellas, sean las que fueren pero todas, giran precisamente alrededor del ltimo artculo del Consenso de Washington de 1989: el problema de la propiedad de las fuerzas productivas. Cualquier debate sobre un futuro Estado que evite esta cuestin termina divagando sobre abstracciones. Y todos sabemos que lo abstracto siempre beneficia al opresor ya que impide que se desarrollen los tres ejes que definen qu es la verdad: que es concreta, que es revolucionaria y que es verificable por la prctica, o lo que es lo mismo, objetiva, absoluta y relativa.

Vamos a aplicar este criterio para intentar prefigurar algunos contenidos esenciales de un necesario Estado vasco, y los vamos a hacer proponiendo soluciones concretas a cada uno de los seis ataques a los Estados explicados en el capto anterior. Prefigurar quiere decir representar algo anticipadamente, lo que exige conocer suficientemente las contradicciones internas de lo que vamos a anticipar y por tanto su tendencia evolutiva, no vaya a ser que nuestra prefiguracin se reduzca a una copia muerta inservible en el futuro. Es por esto que a lo largo de este texto hacemos tanta insistencia en la dialctica de lo real, en la evolucin de los Estados, en la lucha entre intereses antagnicos y en las perspectivas irreconciliables que se abren en ellas.

Los puntos arriba expuestos corresponden al nivel del ataque universal, general, del imperialismo contra los Estados medianos y dbiles e incluso contra atribuciones fundamentales de los fuertes, como hemos visto en el caso britnico y francs, o del italiano, del que no hemos hablado y que es ms poderoso que el espaol. Una ofensiva que con formas diferentes es universal ya que nace de las entraas del capitalismo. Pero en su aplicacin se encuentra con Estados y pueblos particulares, con autoconciencia suficiente como para resistirse e incluso organizarse colectivamente para ofrecer una ms efectiva resistencia internacional contra ese ataque universal.

Por ejemplo, India, en representacin de varios Estados, se enfrenta a las multinacionales farmacuticas en algo fundamental como son las patentes pblicas de los medicamentos genricos, confrontacin de cuyo resultado depende la vida de centenares de millones de personal en el sentido literal; adems, si los pueblos con Estado vencen en esa y otras batallas -el agua como derecho y bien humano no mercantilizable, por citar otro caso entre multitud de ellos-, aumentar la moral de lucha y los combates prcticos contra el imperialismo mientras que si se pierde, se extender la pasividad derrotista. La tendencia al aumento de las resistencias particulares al ataque universal es debilitada, sin embargo, por la nefasta accin del reformismo que presiona a sus pueblos para que claudiquen a las exigencias imperialistas.

Pero quedan los casos singulares, los de los pueblos oprimidos a los que se nos niega el derecho a disponer de nuestro Estado independiente, derecho que es una necesidad imperiosa porque estamos totalmente indefensos frente a las decisiones negociadas entre los Estados que nos oprimen y explotan directamente y los Estados ms fuertes que actan en unin al capitalismo financiero y que, mediante esas negociaciones pasarn a explotarnos solapada o descaradamente porque nadie defiende nuestros intereses. Recordemos aqu la reforma del artculo 135 de la Constitucin espaola en 2011, o el masivo recorte de derechos en el Estado francs materializado en sus presupuestos de 2015, ambos respondiendo a exigencias del imperialismo.

Debemos movernos siempre en esta singularidad, la de ser nacin oprimida, para que no se nos olvide un hecho fundamental: la necesaria independencia estatal debe manifestarse como verdad objetiva, absoluta y relativa, como necesidad concreta, revolucionaria y prctica en cada reivindicacin y lucha aunque no parezca tener relacin alguna con la independencia reducida a simple derecho democrtico que se expresa nicamente en lo poltico-institucional o en todo caso en algunas medidas econmicas. Para las fuerzas reformistas y democrtico-burguesas nacionalistas franco-espaolas la reivindicacin independentista es una singularidad de varios pueblos que por circunstancias infrecuentes, anmalas o raras no han seguido el curso general de la nacionalizacin espaola y francesa en sus respectivos Estados, no hemos sido asimilados, espaolizados o afrancesados. Desconcertados, creen entonces que tal anormalidad se superar con pastillas de democracia regionalista y autonomista.

En Euskal Herria tienen el apoyo directo de sectores sociales con identidad nacional francesa y espaola, e intenta ganarse a los que se sienten vascos y espaoles a la vez. El mito de la europeidad progresista puede aumentar a este bloque que tambin puede ser reforzado con los ciudadanos del mundo, que rechazan con aire de superioridad todo nacionalismo pero hablan en castellano o francs y piensan con los cdigos mentales impuestos por la educacin de ambos Estados. No hace falta decir que la pastilla es tambin asumida con matices diferentes por UPN y PNV.

La singularidad de las naciones oprimidas ha ido en aumento a lo largo de la evolucin del imperialismo por tres razones: la agudizacin de la contradiccin expansivo-constrictiva inherente a la definicin simple de capital, arriba vista; la imparable cesin de independencia prctica de los Estados medios y dbiles hacia los ms fuertes; y la progresiva toma de conciencia de los pueblos oprimidos en el sentido de que no pueden seguir siendo el capacico de las hostias, es decir, la ltima reserva de explotacin de los Estados sobre las que descargar buena parte de los golpes que reciben del imperialismo, al que sin embargo apenas se enfrentan.

Limitndonos al marco imperialista occidental, tanto los movimientos en Quebec, Escocia, Catalunya, Galiza, Euskal Herria, etc., como los que estn despertando, Bretaa, Andaluca, Aragn, Occitania, etc., tienen caractersticas comunes a grandes rasgos: la gran burguesa ha optado por los Estados ocupantes; la mediana burguesa oscila entre la autonoma y el regionalismo, y apenas por el soberanismo; y la pequea burguesa oscila por el soberanismo o por un independentismo abstracto que no plantea la pregunta crucial: la nacin es propiedad privada del capital o propiedad colectiva del trabajo? La respuesta a esta interrogante es inseparable del contenido de clase que se d al Estado independiente que se quiere construir.

Si se define la nacin como el valor de uso creado por el pueblo trabajador, entonces la independencia ha de ser socialista o no ser. Si se define la nacin como valor de cambio que beneficie al capital, la independencia ser un formalismo que oculte la dependencia real del imperialismo. Desde el criterio del valor de uso, el Estado es la forma poltica del trabajo; desde el criterio del valor de cambio, el Estado es la forma poltica del capital. En el contexto de opresin nacional, las tensiones entre ambos modelos y proyectos surgirn inevitablemente en todas y cada una de las reivindicaciones posibles, en especial cuando empiecen a prefigurar modelos concretos de nacin: independiente y socialista o dependiente y burguesa. Se quiera o no admitirlo, esas tensiones ya se producen en la cotidianeidad de las luchas, pero muchas veces sin llegar a expresarse terica, poltica y econmicamente. La lucha de clases dentro de la nacin oprimida entre burguesa y pueblo trabajador es una realidad objetiva aunque el reformismo la niegue.

La singularidad de los pueblos oprimidos explica la importancia vital que tiene para ellos el complejo lingstico-cultural como la forma de expresin del ser comunal materializado en los movimientos sindicales, populares y sociales, importancia vital en todos los sentidos, cualitativamente superior a la de la poltica institucional y electoral dentro del sistema impuesto por los Estados ocupantes. La burguesa y el reformismo autctono aceptan las llamadas leyes del juego poltico llevando as las reivindicaciones del complejo lingstico-cultural a un callejn sin salida. Otro tanto debemos decir de las necesidades y derechos del pueblo trabajador, diferentes a los de la burguesa autctona: el pueblo tiene la necesidad de trabajar menos con ms salario y mejores servicios sociales, y la burguesa tiene la necesidad de aumentar la explotacin, y congelar o reducir salarios y servicios.

La contradiccin entre los dos modelos llega a niveles extremos al intentar avanzar a algo esencial al cualquier Estado: la contabilidad nacional. Euskal Herria, oprimida por dos Estados dependientes del imperialismo, dividida en tres trozos y multidividida en trocitos administrativos que forman un puzle catico, tiene dificultades extremas incluso para elaborar una contabilidad nacional nica. Desde las primeras ciudades-Estado del modo de produccin tributario, la contabilidad centralizada estatalmente fue una condicin imprescindible para su independencia. En nuestro caso, las burguesas de la Nafarroa, Vascongadas e Iparralde no hacen ningn esfuerzo por negociar criterios uniformes de centralizacin de datos, sino al contrario.

Pero incluso aunque lo hicieran inmediatamente, que no van a hacerlo, surgiran entonces problemas cualitativos porque tendramos que debatir qu orientacin y objetivos dirigiran esa contabilidad. Es sabido que, por ejemplo, el PIB no puede medir la productividad media porque deja fuera cuestiones bsicas como el trabajo domstico, los costos ecolgicos, la economa sumergida y criminal, etc.; es sabido que la contabilidad econmica est diseada para ocultar la explotacin asalariada y el saqueo imperialista, y como estas otras muchas ms cuestiones que ataen al mtodo y a los resultados: segn cuales utilizsemos mediramos la realidad de una nacin oprimida por el capitalismo, o su opuesto. O sea, dos contabilidades nacionales y visiones contrarias de la realidad.

Dos necesidades y visiones contrarias en la misma nacin, o mejor dicho dos naciones contrarias dentro de la misma nacin: por un lado, el pueblo trabajador nucleado por la clase obrera tal cual existe en lo que va de siglo XXI y que quiere aglutinar alrededor suyo a buena parte de la pequea burguesa y de las mal llamadas clases medias, y por el lado opuesto, la mediana burguesa con su bloque social de apoyo. Dos modelos de nacin enfrentados: la nacin popular y trabajadora por construir, que necesita urgentemente de su propio Estado; y por el otro lado, la nacin burguesa no quiere construirse como nacin realmente independiente porque vive feliz en el marco autonmico y foral impuesto por el Estado ocupante, a lo sumo mejorarlo en la medida de lo posible pero siempre dentro de la ley.

6.- Prefiguracion del estado vasco

Si por Estado vasco entendemos la forma poltica del pueblo trabajador, como poder econmico, poltico y cultural operativo no dependiente del imperialismo, es incuestionable que slo existir como tal mediante un salto revolucionario. Evolucin y revolucin forman un proceso en el que el salto cualitativo lo aporta la revolucin, siendo la evolucin la que aporta el aumento cuantitativo. El salto revolucionario puede ser ms o menos pacfico, tenso, duro o violento, pero no cabe duda de que visto en perspectiva social e histrica ser un salto brusco tanto menos violento y cuanto ms fuerza de masiva de masas populares haya aglutinado y dirigido la clase obrera y el independentismo socialista.

Tiene poco sentido ahora mismo, en este texto, elucubrar cmo va a ser la forma concreta del salto revolucionario desde el Estado burgus espaol al Estado obrero y popular vasco, en qu contexto nacional e internacional se producir, qu resistencias pondr la burguesa y el imperialismo antes y durante ese avance popular, y si ste tiene xito cmo las quintuplicar. Slo decimos que la militancia abertzale ha de estudiar minuciosa y crticamente la historia de las luchas de liberacin nacional de clase para no que no se deje llevar por las ideales peticiones de fe del reformismo pacifista.

Pero si bien ahora no divagamos en los futuribles s necesitamos reflexionar sobre la prefiguracin del Estado vasco en el contexto presente. Nos detendremos en cada uno de los seis puntos expuestos en las pginas 21 y 22, analizndolo desde cuatro perspectivas: cmo refuerzan la opresin nacional; cmo combatirlos desde el independentismo para prefigurar el Estado socialista; qu contradicciones genera esto en el autonomismo y regionalismo; y que formas concretas de oponerse a esas respuestas internas. Al final, sintetizaremos todo base a la ltima y esencial recomendacin del Consenso de Washington: salvaguardar la propiedad capitalista.

La primera y la segunda dinmica imperialistas expresan de diversos modos y sobre pueblos y Estados diferentes la necesidad congnita del capital de privatizar todo lo que sigue siendo pblico, colectivo, comn, estatal, etc., est en el suelo o subsuelo terrestre y martimo, tierras, bosques, salud, alimentacin, vida y biodiversidad, cdigo gentico, cultura y folclore popular, pensamiento colectivo, creatividad cientfica, saber humano acumulado; y tambin quedarse con las propiedades, talleres, tiendas, campos, etc., de los pequeos campesinos y pequeos burgueses arruinados por la competencia mundial y por la dejadez de los Estados que debieran protegerles.

Nos encontramos ante el desenvolvimiento tendencial de la ley general de la acumulacin capitalista que entre crisis, expansiones, revueltas, guerras, revoluciones y contrarrevoluciones, va arrasando la naturaleza y reducindolo todo a mercanca, a valor de cambio, para acelerar la acumulacin ampliada de capital. Y si no ha destruido ms es porque ha chocado con una tenaz resistencia de la humanidad explotada. El capital se acumula a costa del aumento de la explotacin de los pueblos y de las clases trabajadoras.

La privatizacin de los pocos bienes comunes que nos quedan como pueblo, de los servicios pblicos y sociales, del complejo lingstico-cultural y del pensamiento colectivo, del cdigo gentico, de la biodiversidad y de la vida en cuanto tal, as como de las enanas propiedades de la pequea burguesa, etc., que se ha realizado en Euskal Herria tras un sistemtico expolio burgus amparado en la fuerza militar extranjera, se incrementar desde ahora. Todo ello supone la desertizacin cultural y el expolio de las escasas reservas de bienes races, inmuebles, recursos pblicos y colectivos materiales e inmateriales garantes de una relativa independencia socioeconmica de un futuro Estado, al margen ahora de su contenido de clase y de sexo-gnero.

Sin estos recursos ser un Estado endeudado hasta los tutanos desde su mismo nacimiento, es decir un Estado dependiente del imperialismo si fuera burgus, o si fuera obrero y popular dependiente de la solidaridad antiimperialista e internacionalista, pero no sera independiente ms que en su nombre, no en su contenido. El pueblo trabajador tiene vitales intereses en mantener y ampliar los recursos colectivos incluidos talleres, comercios y propiedades de la pequea burguesa que no puede resistir la competencia exterior, porque es una de las bases actuales de la futura independencia: a menos recursos propios ms deudas y menos libertad.

Las formas de lograr mantener los recursos propios e incluso de aumentarlos no es otra que intensificar la lucha de liberacin nacional de clase en la prctica y en el proyecto estratgico. En la prctica la resistencia a las privatizaciones ha de ser radical y sistemtica, desde movilizaciones activas en su defensa uniendo la accin sindical y popular junto a la institucional, llevando la lucha hasta el final, pasando por el impulso a las mltiples formas de autogestin, cooperacin, economa social, y recuperacin de empresas cerradas que sern puestas a funcionar por la clase obrera. Aqu son muy importantes los acuerdos con las microempresas de la pequea burguesa, de 1 a 9 trabajadores, e incluso con algunas pequeas empresas, de 9 a 49 trabajadores cuyos propietarios comprendan la necesidad de no hipotecar el pas al capital financiero.

En el proyecto estratgico se trata de ganar la batalla terica y poltica de la necesidad de expandir formas de propiedad colectiva, sin mayores precisiones ahora. La praxis comunal es decisiva para mantener la accin diaria del complejo lingstico-cultural euskaldun, de la cultura popular vasca, entendiendo por cultura la creacin y distribucin colectiva de los valores de uso, en oposicin frontal a la industria cultural transnacional e imperialista, que fabrica en serie culturilla mercantil. Dos ramas econmicas capitalistas recientes, el turismo y las telecomunicaciones, se relacionan cada vez ms estrechamente con la industria cultural creando una terrible fuerza de alienacin, desnacionalizacin y aculturizacin. La prefiguracin del Estado vasco tambin debe empezar por la urgente independencia lingstico-cultural popular en la medida de lo posible.

Ahora bien, hemos de ser conscientes de que esta praxis popular es antagnica con la praxis burguesa, que tanto UPN como PNV, as como la burguesa de Iparralde y los Estados en los que se protegen, se oponen sistemticamente a todo mnimo repunte de la propiedad comn y pblica, a todo mnimo recorte de su propiedad privada. La responsabilidad de la izquierda abertzale es crucial en esta problemtica porque ceder a las exigencias burguesas en el nudo gordiano de las formas antagnicas de propiedad -capitalista o socialista, muy en resumen- es negarse a prefigurar la Repblica vasca. En poltica no hay espacios vacos ni tiempos muertos, y menos, burguesas amables y desinteresadas: aprovechan a su favor cada segundo perdido por el pueblo.

Ambos puntos nos llevan a otra reflexin ms profunda: la de las relaciones de nuestra singularidad como nacin oprimida con las lecciones universales aprendidas en las derrotas y victorias en la transicin revolucionaria al socialismo: podemos aprender de ellas? Si es que s podemos aprender de las experiencias socialistas la pregunta es Deben integrarse y cmo en un modelo de planificacin econmica las prcticas de economa social, mercados justos, consumo cooperativo, cooperativas, autogestin local, economa verde y limpia, decrecimiento y ecosocialismo, etc., que proliferan en tiempos de crisis?

Debemos impulsar que estas y otras prcticas reflexiones sobre la necesidad de superar la ley del valor, el valor, el trabajo abstracto y la anarqua del mercado? Qu socialismo ecolgico antiimperialista debemos prefigurar? Qu decisivo papel juegan en la democracia directa, asamblearia, vecinal y popular que deben ser la base de la democracia socialista que controle y vigile desde fuera al Estado vasco para evitar cualquier riego de burocratizacin corrupta? Qu papel juega el movimiento obrero, popular, cultural en todo esto?

La tercera dinmica capitalista, la privatizacin del cuerpo colectivo de la mujer, tiene una importancia decisiva en la desnacionalizacin y, por tanto, la tiene en el sentido antagnico, el de prefigurar un Estado antipatriarcal. Sin entrar al superficial debate sobre patria o matria, s es necesario decir que el impacto negativo surge del papel que el sistema patriarcal otorga a la mujer alienada como sostn reproductor del orden en general. En un contexto largo de explotacin creciente, el patriarcado multiplica los mecanismos de integracin de las mujeres en el sistema de dominacin a la vez que las explota con ms brutalidad: por cada primera ministra, empresaria, reina, polica, deportista, periodista, etc., que el patriarcado poner el algn puesto de responsabilidad, millones de mujeres trabajadoras, migrantes, desempleadas, golpeadas en sus hogares, malviven a diario en los fondos del sistema, reproducindolo y reforzndolo.

Las naciones oprimidas tenemos pocos recursos propios para cambiar radicalmente esta realidad, y nuestras burguesas slo hacen gestos a favor de las mujeres cuando son presionadas por las movilizaciones, no antes. Mientras tanto, en medio de la crisis desoladora, el poder adulto, en el que la mujer alienada es clave, refuerza la pasividad juvenil ante la opresin, reproduciendo roles sexistas y machistas. Por otra parte, se mantiene e incluso se refuerza la reserva de conservadurismo que anida en muchas mujeres explotadas que en el momento de decidir en cuestiones fundamentales se pliegan ms a los efectos de la pedagoga del miedo: la derrota independentista escocesa en el pasado referndum de 2014 fue debida en buena medida al voto de la mujer atemorizada por la astuta propaganda britnica.

La prefiguracin del Estado popular ha de plasmarse en la crtica que el feminismo socialista hace al Estado burgus como pilar del sistema patriarcal. En la praxis diaria esto supone una lucha por derechos y necesidades radicales que deben basarse, antes que nada, en la conquista de la independencia econmica, sexual y afectiva de la mujer, lo que es inaceptable para la burguesa. La izquierda abertzale debe liderar la denuncia prctica del terrorismo simblico de la Iglesia espaola y francesa en Euskal Herria, la denuncia de la familia patriarcal, la denuncia de la sexualidad, pero ello le enfrentara a sectores menos concienciados e incluso reaccionarios en estas decisivas cadenas invisibles que le dan el voto o pueden drselo. Prefigurar la Repblica Socialista exige avanzar en la independencia de la mujer y eso ahuyenta votos machistas

La experiencia y los innegables logros en la emancipacin de la mujer alcanzados por el socialismo en todas partes pese a las enormes dificultades que ha tenido que superar, son lecciones universales y particulares vlidas en nuestro caso por la universalidad del patriarcado. Pero esas conquistas que humillan al feminismo acadmico y reformista nos remiten siempre al problema de la propiedad sexual, de la planificacin econmica, del reparto del trabajo, de la planificacin familiar y educativa con guarderas pblicas, de comunas y viviendas libres, de la revolucin sexual y afectiva, del derecho socialista, de la democracia cotidianas y vivencial para vencer las mltiples formas del machismo y del patriarcado en su mismo entorno diario, del papel del Estado.

La cuarta dinmica es la que destruye la independencia econmica mediante el vasallaje financiero parcial o total como constatamos en la historia del capitalismo desde el siglo XV. No existir Estado vasco vasallo porque las burguesas autctonas prefieren y necesitan la proteccin de grandes Estados con algo ms de autonoma relativa dentro de su inevitable vasallaje financiero. El capitalismo vasco no se form como el de Venecia cuyo Estado organiz el inmenso negocio financiero-comercial del saqueo de Constantinopla en 1204 obteniendo ganancias ingentes que asentaron el despegue del primer capitalismo. Tampoco se form como en los Pases Bajos del siglo XVI o en el ingls del siglo XVII, que eran, como el veneciano, Estados avasalladores gracias a su independencia econmica, poltica y militar, conquistada con atroces luchas de independencia nacional-burguesa.

La burguesa vasca tambin acumul capital con el expolio de Amrica, frica y Filipinas, pero lo hizo en simbiosis con dos imperios extranjeros, el espaol y el francs, lo que le marcara para siempre: cuando gran burguesa se encontr con la posibilidad de avanzar decididamente hacia su Estado vasco gracias al estallido de la crisis de 1931 se lanz a salvar Espaa ayudando al ejrcito internacional franquista; y la mediana burguesa se dividi: una parte mayoritaria apoy la contrarrevolucin espaola, otra permaneci pasiva y la ms pequea no tuvo ms remedio que cabalgar el tigre obrero y popular, domarlo y cansarlo, para rendirse luego en Santoa. El vasallaje econmico al capitalismo estatal es parte del cdigo gentico de la burguesa vasca, exceptuando sectores de su pequea burguesa.

Prefigurar la independencia financiera es inseparable de la praxis de los tres puntos vistos hasta ahora, pero con la mayor insistencia en el plano terico y poltico. La mentalidad, la ideologa, la estructura psquica dominante es la burguesa, es lo que se denomina abstraccin mercanca que no podemos exponer ahora y que, junto al fetichismo, impone una forma de ver la vida totalmente funcional al capitalismo, acorde con sus necesidades. Como en los tres puntos anteriores, la izquierda abertzale tiene una responsabilidad insoslayable en esta tarea: demostrar poltica y tericamente que la independencia slo es posible si se asienta en una economa planificada por el pueblo trabajador mediante la democracia socialista y su Estado vasco. Y una de las primeras y fundamentales explicaciones ha de ser la de no pagar las deudas que la burguesa ha adquirido.

La deuda internacional que contrajeron muchos Estados socialistas fue una de las causas de su implosin posterior. Esta leccin se enriquece con otra: la cooperacin internacional entre pases que dicen guiarse por el socialismo no pudo desarrollar todo su potencial emancipador por varias razones entre las que destacan la supervivencia de la produccin de mercancas y de la ley del valor sin el contrapeso rector de la democracia socialista ahogada por el Estado burocratizado, el retraso econmico inicial con respecto al imperialismo, las destrucciones masivas de la guerra y luego el frreo cerco imperialista, etc.: estas lecciones son ms pertinentes que nunca.

La quinta dinmica es una conclusin necesaria de la anterior: enfrentarse a la raz de la Lex Mercatoria, de los tratados de libre comercio, mostrando que cada avance actual de estas apisonadoras es un actual retroceso de las posibilidades del nuestro Estado. Un problema que se agudiza al extremo aqu es el de los derechos bsicos de los pueblos frente a las leyes burguesas extra-estatales. La propuesta de que incluso los salarios sean decididos por expertos extranjeros ataca la esencia misma del sindicalismo y de los movimientos populares y sociales, propuesta idntica al sueo de la patronal de Hegoalde de imponer las leyes laborales espaolas.

La Lex Mercatoria es incompatible con los derechos concretos de los pueblos y clases explotadas, y slo la ms sistemtica pedagoga prctica sostenida mediante debates y movilizaciones puede demostrarlo al pueblo trabajador. La pedagoga debe ser an ms paciente con las mal llamadas clases medias y con la vieja pequea burguesa incapaz por su naturaleza individualista y dubitativa de conocer la naturaleza del capitalismo. Por sus demoledores impactos sobre todo lo colectivo e identitario, la Lex Mercatoria y los TLC pueden despertar algunas protestas en franjas de la mediana burguesa autonomista e incluso regionalista, pero jams debemos repetir el error estratgico de creer que la burguesa nacional va a levantarse contra ella.

La prefiguracin del Estado vasco ha de recordar los debates socialistas sobre el monopolio del comercio exterior por el Estado como una de las garanta contra el poder omnvoro del capital financiero, as como la funcin insustituible del Banco del Estado, que no la simple banca pblica, como garante de la independencia econmica. Ello nos lleva al problema bsico de las formas de propiedad que deben sustentar la independencia socialista: la sola enunciacin del problema desata la histeria reaccionaria de la burguesa y el tartamudeo miedoso del reformismo en todas sus expresiones.

La sexta y ltima dinmica no tiene trascendencia oficial para ninguna nacin carente de Estado propio y por ello de un ejrcito oficial que deba subsumirse en otro extranjero ms fuerte. Aparentemente no debiera inquietarnos pero la realidad es otra: este punto dice que ningn Estado ni pueblo tiene ya derecho a su autodefensa a no ser que sea bajo el mando extranjero. Para las naciones oprimidas este punto es la cadena que ata el cepo de su dependencia absoluta incluso aunque tuvieran bastante autonoma fiscal y econmica. Sin la posibilidad ltima de la autodefensa armada su destino y su presente estn en manos de poderes extranjeros que ya no necesitan invadirles sino que les basta con cortar las vas que les abastecen de recursos vitales.

Desde antiguo se sabe que no existe mejor docilidad pusilnime que aquella que surge del desarme mental, de la aversin psicolgica a la autodefensa, rechazo emocional introyectado desde la primera infancia en la juventud del pueblo vencido. Es por esto que las potencias dominantes imponen el pacifismo estricto a las clases y pueblos que explotan mientras que se reservan para s el derecho a la violencia para defender sus propiedades. En determinados casos les permiten tener cuerpos represivos sujetos en ltimo caso a la disciplina estatal y con ideologa furibundamente burguesa.

Prefigurar en estas condiciones el Estado propio exige explicar lo elemental de su autodefensa y proponer en el presente un sistema radicalmente democrtico de seguridad orientado en esa direccin. Las fuerzas represivas burguesas no sirven para ello porque estn diseadas para impedirlo. Hablar de autodefensa exige extraer lecciones de los conflictos habidos entre explotados y explotadores, recuperar la memoria opuesta de unos y otros explicando que no puede existir concordia definitiva mientras perviva la opresin de los primeros por los segundos. La responsabilidad de la izquierda abertzale es aqu ms importante incluso que en los cinco puntos anteriores, porque ninguno de ellos termina sirviendo para algo si no se defienden en la medida en que se conquistan.

El Estado del pueblo existe en la medida en que puede defender los pilares de su existencia. Lo particular y lo singular de la marcha de los pueblos no anula la vala universal de las lecciones esenciales del socialismo en cuanto a la autodefensa de la independencia estatal: el pueblo en armas. Las formas particulares y singulares en las que se aplique esta leccin esencial son muchas, pero al final, en el momento crtico, es el pueblo militante armado en que defiende su independencia.

Llegamos as al final. Durante la relectura actualizada del texto de 1994 Euskal Herria necesita la independencia, hemos visto cmo se ha acelerado la tendencia inherente al debilitamiento de la independencia real de los Estados medianos y dbiles para acumular, concentrar y centralizar el capital en los ms poderosos. La dinmica de esta tendencia no es rtmica ni uniforme sino que sufre acelerones y ralentizaciones dentro del desarrollo desigual y combinado del capitalismo. Desde mitades de los 70 ha ido cogiendo velocidad bajo los cada vez ms desesperados impulsos de EEUU y la UE destinados a contener su retroceso en la jerarqua de la explotacin mundial, retroceso causado fundamentalmente por su incapacidad de mantener una clara ventaja en la productividad del trabajo compensando as los efectos negativos de la ley de cada tendencial de la tasa de ganancia y de la ley general de la acumulacin capitalista.

Estas leyes tendenciales muestran que el futuro humano depende de la lucha de clases irreconciliables, de las luchas de liberacin nacional de clase de los pueblos explotados incluso aunque tengan Estados propios formalmente independientes, pero vasallos del imperialismo y del capital financiero. Tteres estatales a los que el imperialismo les permite sobrevivir a condicin de que protejan la propiedad privada de las fuerzas productivas, la propiedad del capital. Si fracasan los pulveriza acusndolos de Estados fallidos, balcanizndolos en un catico desorden que facilita el saqueo sistemtico por las grandes transnacionales y sus ejrcitos privados.

La ltima imposicin del Consenso de Washington a las burguesas que claudican firmndolo es precisamente esa: salvaguardar la propiedad capitalista, que cada vez es ms propiedad extranjera: un vampiro que sorbe la fuerza de trabajo del Estado, arruinando a su pueblo y expatriando las riquezas explotadas a su Estado-cuna. Las naciones oprimidas ni siquiera tenemos Estado por lo que nuestra indefensin es absoluta.

El argumentario expuesto en Euskal Herria necesita la independencia, tiene ahora ms vigencia en lo sustantivo que hace veinte aos. Como pueblos sometidos a la indefensin, es innegable que la dbil y formal independencia burguesa supone un avance valioso pero insuficiente, el primero de una larga marcha. Los pueblos de Nuestra Amrica adecuaron a sus singularidades y particularidades la leccin universal de la emancipacin de las naciones tericamente desarrollada en los ricos debates del socialismo mundial: hay que avanzar de la primera a la segunda y verdadera independencia, la socialista.

Las dos dcadas transcurridas desde 1994 han demostrado definitivamente que la independencia burguesa de los pueblos pequeos ya no les garantiza vivir sin explotacin externa, plantendoles la necesidad perentoria de avanzar a la independencia socialista. La experiencia de las naciones oprimidas es an ms contundente: la necesaria independencia formal, necesaria en todos los sentidos, debe ser slo un trampoln para el ms rpido y decidido salto revolucionario a la socialista.

Debemos adaptar ligeramente el texto Euskal Herria necesita la independencia y decir Euskal Herria necesita la independencia socialista.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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