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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2016

Cinco aos de la primavera rabe
Retorno de la normalidad?

Santiago Alba Rico
Berria


Cinco aos despus de que el 14 de enero de 2011 el pueblo tunecino derrocase al dictador Ben Ali, la contagiosa y multitudinaria intifada regional que, desde Marruecos a Arabia Saud, tumb o amenaz las tiranas rabes en nombre de la libertad poltica y la justicia social ha dejado paso a una versin extrema de la normalidad anterior: se mantienen o regresan las dictaduras, se multiplican los frentes de guerra y las intervenciones extranjeras y el malestar generalizado es reconducido hacia el sectarismo religioso y el yihadismo radical. Slo Tnez parece resistir, como excepcin democrtica, gracias a un extravagante acuerdo entre el antiguo rgimen y el islamismo moderado que, si estabiliza las instituciones, limita los logros revolucionarios y las libertades constitucionales y deja fuera a los sectores ms desfavorecidos.

Para explicar este violento retroceso a la normalidad es necesario citar rpidamente tres factores. El primero es, sin duda, la poltica errtica e hipcrita de Europa y EEUU. Interviniendo militarmente en Libia, abandonando a los sirios, dejando a sus aliados ms reaccionarios en la zona imponer sus propias agendas, abrieron la caja de los truenos del sectarismo religioso que, no lo olvidemos, tiene su origen en la invasin criminal de Iraq en 2003 y en la nefasta gestin del gobierno tutelado (chi y proiran) de Al-Maliki. La coalicin hoy de 64 pases contra el ISIS y los bombardeos sobre Siria e Iraq expresan la impotencia occidental y su desprecio geotctico por la democracia y el desarrollo de la regin.

Tenemos luego un doble conflicto regional entre subpotencias imperialistas. Por un lado, el que enfrenta a Arabia Saud (junto a Emiratos y Egipto) con Qatar y Turqua. Este conflicto entre pases de religin sunn demuestra, como explica bien Olga Rodrguez, que el sectarismo inducido ni es la causa ni sirve para entender todo lo que ocurre en la zona. En todo caso, este enfrentamiento, que paraliz y secuestr a la oposicin oficial siria, que determin el golpe de Estado de Sisi contra los HHMM y que sigue impidiendo la reconciliacin en Libia entre los gobiernos de Toubrouk y Trpoli, ha quedado ms o menos difuminado en el marco del otro conflicto, en este caso entre Arabia Saud e Irn, cuyos campos de batalla son Bahrein, Yemen, Lbano y Siria y en el que, de forma indirecta, juega tambin un papel importante Israel. La poltica belicosa, represiva y sectaria del rey Salmn, que trata de impedir el acercamiento de EEUU a Tehern, tiene como objetivo la formacin de un frente sunn y como consecuencia el debilitamiento de las posibilidades de un acuerdo en Siria. El perdedor del primer conflicto es Turqua, lo que explica la deriva autoritaria del gobierno de Erdogan, cuyas primeras vctimas son los kurdos. El perdedor del segundo conflicto es EEUU, cada vez ms fuera de juego, y sus vctimas son los civiles yemenes y sirios, atrapados en una guerra sin fin.

El tercer factor tiene que ver con el reordenamiento del (des)orden global. La retirada relativa de EEUU del Prximo Oriente, ms atento a China en el Pacfico, ha propiciado la entrada catastrfica de la Rusia de Putin, sin cuyo apoyo, venta de armas e intervencin militar directa la criminal dictadura siria habra cado hace ya aos. Si en Libia, con la intervencin occidental, se torci la primavera rabe, en Siria, con la intervencin rusa (e iran) qued varada y luego enterrada. Las decenas de vctimas civiles de sus bombardeos en zonas rebeldes debe recordarnos que, al igual que en el caso de EEUU, la UE, Arabia Saud o Turqua, Rusia no tiene el menor inters real en combatir el yihadismo.

En este sentido el ISIS, reverso tenebroso de una revolucin popular derrotada y comodn de todas las fuerzas enfrentadas sobre el terreno, no ha hecho ms que aprovechar el caos inducido por los factores y conflictos arriba sealados. Ser muy difcil acabar con el yihadismo sin el concurso de los ciudadanos de la regin, los nicos que realmente se oponen a ellos (pensemos en los kurdos o en el ELS); y ser muy difcil poner de acuerdo a la poblacin local si todas las potencias estn de acuerdo en alimentar el sectarismo e impedir la democratizacin del mundo rabe. En 2011 se perdi una gran oportunidad, pero tiene razn el analista libans Gilbert Achcar cuando recuerda que todas las causas econmicas, polticas y sociales que levantaron a los pueblos hace cinco aos siguen vivas y agravadas. Falta el sujeto colectivo que, slo embrionario y enseguida abortado, estuvo a punto de acabar al mismo tiempo con las dictaduras, las intervenciones neocoloniales y el islamismo radical wahab. Y que, adems, fecund el movimiento global por la democracia y contra el capitalismo. No los olvidemos, no los despreciemos, rindamos homenaje a sus hroes y sus vctimas y ayudmoslos, sin bombardeos ni islamofobia, a recobrar el aliento.


Fuente original: http://www.berria.eus/paperekoa/2010/005/001/2016-01-17/normaltasuna_itzuli_al_da.htm




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