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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2005

Danos hoy nuestro delito de cada da

Umberto Eco
LEspresso

Traducido para Rebelin por Gorka Larrabeiti


Sostengo que si el huracn que ha destruido Nueva Orleans no hubiese encontrado una tierra excavada, nivelada, dragada, deforestada, saqueada, sus efectos habran sido menos nefastos. Creo que, en esto, estamos todos de acuerdo. Sin embargo, el debate empieza al considerar si un huracn por aqu y un tsunami por all pueden deberse al calentamiento del planeta. Antes de nada pongo en claro que, aun sin detentar un saber cientfico al respecto, estoy convencido de que la alteracin de muchas condiciones medioambientales provoca fenmenos que no habran sucedido si nos hubiramos tomado ms en serio el destino del planeta, de ah que est a favor del protocolo de Kyoto. Pero considero que tornados, ciclones y tifones ha habido siempre, o de lo contrario no habramos tenido bellas pginas de Conrad o pelculas celebrrimas dedicadas a estos desastres.

Me figuro, pues, que, en los siglos pasados, habr habido cataclismos tremendos, con decenas de millares de muertos, quiz acaecidos en la misma (estrechsima) distancia de tiempo transcurrida entre el tsunami asitico y el Katrina americano. De algunos de ellos, hemos odo hablar, de unos pocos naci hasta una literatura, como en los casos de los terremotos de Pompeya o Lisboa, de otros circularon noticias imprecisas y terrorficas, como la erupcin del Krakatoa, pero, en definitiva, creo lcito suponer que decenas, centenares de cataclismos han segado la vida de costas y poblaciones lejanas mientras nosotros nos ocupbamos de otros menesteres. Sucede, por tanto, que en el mudo globalizado, la rapidez de la informacin nos hace tener conocimiento (inmediato) de cualquier evento trgico ocurrido incluso en el ngulo ms remoto del globo, y tenemos la impresin de que hoy da hay ms cataclismos que antes.

Por ejemplo, creo que un espectador medio de la televisin se pregunta qu virus misterioso ser ese que hace que tantas madres anden matando a sus nios. Y aqu es difcil acusar al agujero de ozono. En el fondo, debe haber algo ms. De hecho, lo hay, pero encima, en la superficie; vamos, que ni es secreto ni est escondido. Y es que el infanticidio ha sido siempre, a lo largo de los siglos, un deporte bastante practicado. Ya los griegos iban al teatro a llorar con Medea quien, como se sabe, a sus hijos los haba matado hace milenios, y slo por hacerle un feo a su marido. No obstante, y vlganos esto de consuelo, de seis mil millones de habitantes del planeta, las madres asesinas han sido siempre un porcentaje de muchos ceros por delante. As pues, tratemos de no mirar con sospecha a todas las seoras que pasen por delante con un cochecito.

Y sin embargo, si se ve un telediario nuestro, se tiene la impresin de que vivimos en un crculo infernal en el que no slo las madres matan un nio al da, sino que los adolescentes disparan, los extracomunitarios roban, los pastores cortan orejas, los padres tumban a escopetazos a toda la familia, los sdicos inyectan leja en las botellas de agua mineral, los sobrinos cariosos rebanan a sus tos. Naturalmente es todo cierto, pero todo es estadsticamente normal, y nadie, naturalmente, se acuerda de los aos felices y pacficos de la posguerra cuando la mquina jabonadora coca a los vecinos de casa, Rina Fort parta a martillazos las cabezas de los hijitos de su amante, y la condesa Bellentani alteraba las cenas vip a golpe de revlver.

Ahora, si bien es casi normal que, de vez en cuando, una madre mate a su propio hijo, es menos normal que muchos americanos e iraques salten todos los das por los aires. Y sin embargo, de los nios muertos sabemos todo, pero del nmero de muertos adultos, poqusimo. El caso es que los peridicos serios, primero dedican algunas pginas a los problemas de la poltica, de la economa, de la cultura, otras a la Bolsa, a los anuncios econmicos y a las necrolgicas, que constituan la lectura apasionada de nuestras abuelas, y despus, excepto casos verdaderamente enormes, dedican a la crnica negra slo algunas pginas internas. Es ms: antes se ocupaban ms someramente que hoy, hasta tal punto que los lectores sedientos de sangre tenan que comprarse publicaciones especializadas como Crimen as como, recordmoslo, dejaban el cotilleo televisivo a las revistitas ilustradas que se encontraban en la peluquera.

En cambio, ahora nuestros telediarios, despus de las noticias debidas a las guerras, matanzas, ataques terroristas y otras de ese calibre, despus de algunas indiscreciones prudentes sobre la actualidad poltica, pero sin asustar demasiado a los espectadores, comienzan la secuela de los crmenes, matri-sror-xor-fratri-patri-infanti-cidios, desvalijamientos, atracos, tiroteos, y para que nada le falte al espectador- cada da parece que las puertas de las cataratas del cielo se han abierto de par en par sobre nuestras regiones y llueve como jams haba llovido, y que, comparando, el diluvio universal no fue sino un incidente hidrulico.

Hay en el fondo, o mejor dicho, encima, algo. La cosa es que, no queriendo comprometerse con noticias polticamente y econmicamente peligrosas, los directores de nuestros TeleNigaras se han inclinado por la opcin-Crimen. Una bonita secuencia de cabezas cortadas amansa a la gente y no le mete ideas malas en la cabeza.

http://www.espressonline.it/eol/free/jsp/detail.jsp?m1s=o&idCategory=4817&idContent=1114440



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