Portada :: frica :: Revueltas en el norte de frica
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2016

Quinto aniversario de la primavera rabe
Tnez, normalidad y excepcin a cinco aos de la revolucin

Santiago Alba Rico
Diagonal


Si queremos entender la situacin de Tnez cinco aos despus de la revolucin del 14 de enero, conviene orillar la celebracin oficial en el palacio de Cartago, donde el presidente ms viejo del planeta arremeti contra sus oponentes polticos, muchos de los cuales haban boicoteado la gala, y retroceder unos das, al fin de semana del 9 y 10 de este mes, cuando el partido Nid Tunis, cabeza del Gobierno, celebr su congreso fundacional tantas veces aplazado. Nid Tunis, partido apaado a toda prisa en 2013 para desalojar a Ennahda del poder, se ha fundado oficialmente al mismo tiempo que se ha hecho pedazos.

Un poquito antes del congreso, el ala izquierda de una organizacin concebida parareciclar al antiguo rgimen abandonaba las siglas con la intencin de formar un nuevo partido; inmediatamente despus algunos dirigentes descontentos con el resultado dimitan y constituan una corriente disidente. La causa? La insistencia de Beji Caid Essebsi, presidente de la Repblica, en imponer a su hijo Hafedh como secretario general. El resultado? El grupo parlamentario de Nid Tunis pierde la mayora en favor de Ennahda, siempre compacto y disciplinado, mientras que el partido de Essebsi, abandonado incluso por los intelectuales que lo apoyaron contra Marzouki en las ltimas elecciones, se parece cada vez ms, en composicin y espritu, al RCD del dictador Ben Ali.

La excepcin tunecina

La excepcin tunecina tiene muchas excepciones por las que se cuela la vieja normalidad de la dictadura. Si empezamos por la economa, nada ha cambiado respecto de la poca de Ben Ali, con una dependencia estricta de la inversin extranjera y del turismo barato y un presupuesto atornillado en torno al pago de la deuda. Segn el Comit por la Anulacin de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), el 82% de los nuevos crditos concedidos por el Banco Mundial y el FMI se han destinado a pagar los intereses de la deuda contrada por Ben Ali, ilegtima u odiosa, de manera que en los ltimos cinco aos la deuda externa tunecina se ha duplicado, pasando de 11.500 millones de euros a ms de 22.000 millones.

En medio de la crisis global, con el sector turstico paralizado por la amenaza terrorista y la industria del fosfato varada en el marasmo, el sector informal representa el 54% de la economa, el 50% de la misma sigue en poder de un puado de familias y no han dejado de aumentar la inflacin y el paro, que en algunas regiones alcanza el 40% de la poblacin y afecta sobre todo a los ms jvenes. Con estos datos, no puede extraar que, segn el Foro por los Derechos Econmicos y Sociales, en 2015 hubiera 4.288 protestas sociales y 498 suicidios o tentativas de suicidio. Ni que, segn la organizacin Homeland, 6.000 jvenes tunecinos se hayan incorporado a las filas del Estado Islmico en Siria.

Pero es que, en relacin con las libertades civiles, se retrocede ms que se avanza. La lista es larga: presiones a periodistas, detenciones arbitrarias, retorno de la tortura, excesos en la aplicacin y en la gestin del estado de emergencia, uso del artculo 52 del viejo Cdigo Penal para procesar a activistas por consumo de hachs o de la Ley 230 para meter en la crcel a jvenes acusados de homosexualidad. Todos estos abusos han sido denunciados por el Observatorio de la Libertad de Prensa, la Liga Tunecina de Derechos Humanos e incluso Amnista Internacional.

A esto se suma el abandono de los mrtires y heridos de la revolucin, el desprecio por la Justicia Transicional y sus precarias instituciones, la rehabilitacin discreta u oficial (pensemos en el proyecto de ley en favor de la reconciliacin) de polticos y empresarios del antiguo rgimen y, en general, la suspensin de hecho de una Constitucin, la ms laica y liberal del mundo rabe, que nunca ha llegado a entrar en vigor. La permanente alerta antiterrorista sirve de pretexto para congelar las reivindicaciones de 2011 en nombre de la seguridad, tal y como la presidenta de la UTICA (la patronal tunecina), flamante premio Nobel de la Paz, justificaba hace unos das: Si es necesario ser ms severos desde el punto de vista de las libertades para garantizar la seguridad, creo que es necesario escoger esta opcin.

En plena crisis poltica y econmica, con las causas sociales y polticas de la intifada de 2011 an vivas y a menudo agudizadas, se puede hablar de una excepcin tunecina? S y por tres motivos. El primero, por contraste, tiene que ver con la situacin regional, dominada por el caos, la guerra civil y el retorno desnudo de las tiranas y del yihadismo terrorista. Si uno piensa en Libia o en Egipto, o incluso en la Argelia represiva y en transicin, y en la fragilidad explosiva de las fronteras, es casi un milagro que Tnez conserve un mnimo de estabilidad y an ms una institucionalidad formalmente democrtica.

El segundo motivo atae precisamente a esa institucionalidad. Como bien recuerda Gilbert Naccache, el conocido intelectual de izquierdas encarcelado bajo Bourguiba, la revolucin no ha alcanzado sus objetivos pero s ha introducido dos rupturas en Tnez: una con la lgica del partido nico, la otra inseparable con la lgica del pensamiento nico.

Ruptura histrica

La tercera excepcin es, a mi juicio, la ms importante, pues marca una ruptura histrica y regional decisiva. Volvamos al principio. En el congreso fundacional de Nid Tunis hubo muchos indicios de restauracin: entre otros la presencia de Caid Essebsi, presidente de la Repblica, al que la Constitucin prohbe cualquier alineamiento partidista. Pero hubo tambin una presencia escandalosa: la de Rachid Ghannouchi, invitado al encuentro, cuyo partido, el islamista Ennahda, mantiene dos ministros en el Gobierno.

Esta alianza entre la derecha laica y la derecha islamista, para muchos contra natura, deja fuera de juego a los sectores ms desfavorecidos y a los jvenes revolucionarios de 2011, pero marca una excepcin radical respecto de la lgica de las dictaduras rabes, todas las cuales haban basado y basan su legitimidad (pensemos en Egipto) en la persecucin del islam poltico. Esta coalicin (entre los fulul del ancien rgime y los islamistas perseguidos por l) es sin duda el modelo que la UE y EE UU queran para la regin y el que apoyan en Tnez. Podr no gustarnos, pero es en realidad una buena noticia. Sin la integracin poltica del islamismo nunca los pueblos de la regin podrn liberarse de las dictaduras que dicen combatirlo ni del propio islamismo que se legitima contra ellas. Combatamos la normalidad tunecina; cuidemos su excepcin.


Fuente original: http://www.diagonalperiodico.net/global/29098-tunez-normalidad-y-excepcion.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter