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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2016

Los ataques machistas coordinados en Colonia y los errores eurocntricos de una izquierda europea postlaica

Marieme Hlie-Lucas
Sin Permiso


La reaccin negacionista de buena parte de las izquierdas europeas a los ataques machistas perpetrados simultneamente en al menos 10 ciudades europeas por varones musulmanes fundamentalistas, sealadamente en Colonia, no slo ha sido lamentable, sino reveladora tal vez de algo ms profundo. Precisamente, ciertas izquierdas europeas sedicentemente radicales (multiconfesionales, multiculturales: postlaicas, en suma) que han ido abandonando en las ltimas dcadas el primer valor fundacional de la izquierda el laicismo republicano son objeto aqu de una crtica tan oportuna e inclemente como esclarecedora por parte de la conocida feminista y luchadora laicista argelina Marieme Hlie-Lucas: Que la izquierda y demasiadas feministas se atengan a la teora de las prioridades (la exclusiva defensa de las gentes de origen migratorio recategorizadas como `musulmanes frente a la derecha capitalista occidental), es un error mortal que la historia juzgar implacablemente: es abandonar a su suerte a las fuerzas progresistas de nuestros pases. Desercin cuya absurda inhumanidad pone una tacha indeleble en la bandera del internacionalismo.

Los hechos

En la Nochevieja de 2015 se produjeron ataques sexuales coordinados contra mujeres en espacios pblicos de cerca de 10 ciudades europeas, la mayora en Alemania, pero tambin en Austria, Suiza, Suecia y Finlandia. Varios centenares de mujeres han denunciado hasta la fecha asaltos, robos y violaciones. Esos ataques fueron perpetrados por hombres jvenes de origen migratorio (inmigrantes, peticionarios de asilo, refugiados, etc.) procedentes del Norte de frica y de Oriente Prximo.

No resultan sorprendentes las reacciones: ocultacin de los hechos hasta donde les fue posible de su coordinacin internacional, de su magnitud por parte de los gobiernos, de su polica y de los medios de comunicacin: sacrificaron, como es habitual, los derechos de las mujeres a la paz social. Levantamiento preventivo de escudos vociferantes por parte de buena parte de la izquierda europea y de no pocas feministas, a fin de defender a los extranjeros, presuntos musulmanes, como potenciales vctimas del racismo. (Represe en el giro semntico: no rabes o norteafricanos, segn los describieron en trminos geogrficos las propias mujeres atacadas y la polica, sino musulmanes.) Exigencia de mayores medidas de seguridad por parte de la extrema derecha, y paso a la accin de la misma en Alemania, en donde se dio un primer pogrom indiscriminado contra poblacin no blanca. Negacionismo y racismo: las respuestas habituales, desde los aos ochenta, al auge del fundamentalismo musulmn de extrema derecha en Europa.

La memoria

En el corazn de Tnez. Una protesta de las feministas laicas contra Ben Al. Grupos de jvenes varones fundamentalistas hay pruebas de su afiliacin rodearon a las manifestantes (eran mayoritariamente mujeres), las aislaron y las atacaron sexualmente manoseando sus pechos y sus genitales y golpendolas con gran violencia, todo ello a pesar de los intentos de rescate de los varones que haban acudido a la manifestacin para apoyarlas solidariamente. La polica se limit a observar los acontecimientos.

Plaza de Tahrir, El Cairo. La plaza en la que se reuna la oposicin antigubernamental. Por vez primera, las mujeres aprovechaban la oportunidad para ejercer sus derechos de ciudadana. Grupos de varones jvenes (miembros de los Hermanos Musulmanes, o manipulados por ellos?) empezaron a molestar sexualmente a centenares de mujeres manifestantes (y a periodistas extranjeros), las fotos publicadas por la prensa las mostraban parcialmente desnudas, y hubo denuncias de violacin. Tambin la polica se acerc, pero para golpear a las mujeres manifestantes y forzarlas luego a someterse a tests de virginidad... La poltica de terror sexual durar meses en El Cairo, al punto de que las organizaciones de mujeres desarrollaron un mapa electrnico de emergencia de El Cairo para poder registrar los ataques en tiempo real y dar oportunidad de actuar a los grupos de varones rescatadores.

Memoria mucho ms vieja. Argel. Verano de 1969. Primer Festival Cultural Panafricano: centenares de mujeres sentadas en el suelo en la gran plaza de Correos, que ha sido cerrada al trfico rodado. Asisten a uno de los muchos conciertos pblicos que tienen lugar cada da entre las cinco de la tarde y las cuatro de la madrugada, eventos culturales a los que las mujeres acuden en masa. Muchas de ellas visten el tradicional hak blanco tpico de la regin, y han venido con nios. De anochecida, hacia las 20 h 30, un grito atronador: en- nsa, l-ed-dar (las mujeres, a su casa!) coreado por cientos de hombres que tambin haban acudido al concierto. Grupito tras grupito, y con harto desconsuelo, las mujeres y los nios abandonan la plaza. Los hombres, triunfantes, despectivos, se mofan de ellas. Los nazis definan as el lugar de las mujeres: KKK (iglesia, cocina, nios, por sus siglas en alemn). Siete aos despus de la independencia, el lugar asignado en el mbito pblico a las celebradas heronas revolucionarias de la gloriosa lucha de liberacin argelina quedaba ahora claramente definido. Patriarcado y fundamentalismo, cultura y religin volaban alto y de la mano.

Qu extrao que no se hagan esas asociaciones a la vista del actual ataque en ciudades europeas, ni siquiera por parte de feministas que dieron su apoyo a las mujeres asaltadas en la Plaza Tahrir!

Una izquierda postlaica entre el negacionismo y el racismo

Dirase que Europa no puede aprender nada de nosotros. Que nada de lo que ocurra o haya ocurrido en nuestros pases puede llegar a tener relevancia alguna para lo que que ocurre en Europa. Por definicin. Un racismo subyacente, y jams expuesto a la luz entre la izquierda radical, admite implcitamente una diferencia insalvable entre los pueblos civilizados y los subdesarrollados: entre sus respectivas conductas, culturas, situaciones polticas. Bajo esa alteridad esencializada hay una jerarqua demasiado vergonzosa como para que merezca siquiera mencin: la ciega defensa que la izquierda radical hace de los reaccionarios musulmanes abraza implcitamente la creencia de que, para no europeos, una respuesta de extrema derecha es una respuesta normal a una situacin de opresin. Es claro: no se nos ve a nosotros como capaces de respuesta revolucionaria. (No hay espacio aqu para explicar el modo en que esa creencia se exporta incluso a las lites de la izquierda en Asia, frica [y Amrica Latina].)

Casandras a las que nadie presta odos, no hemos dejado, sin embargo, de desgaitarnos en estas ltimas tres dcadas alertando de similitudes polticamente ilustrativas. Las mujeres argelinas especialmente, que sufrimos el terror fundamentalista en los 90, hemos apuntado sin desmayo a pasos dados en Argelia entre los 70 y los 90 similares a los ahora registrados en Europa y Norteamrica: ataques a los derechos legalmente exigibles de las mujeres (reivindicacin de leyes especficamente musulmanas en materia de familia, de segregacin por sexo en los hospitales, piscinas y otros espacios pblicos), junto con reivindicaciones comunitarias en educacin (carreras acadmicas distintas, no laicas); luego, ataques lanzados contra individuos que no se allanan a esas exigencias (muchachas apedreadas y quemadas hasta la muerte) y, enseguida, contra cualquier laico estigmatizado como kofr (periodistas, actrices, Charlie); finalmente, ataques indiscriminados contra cualquiera cuya conducta no se ajuste a la observancia de normas fundamentalistas (Bataclan, terrazas de cafeteras, partidos de ftbol, etc.). Todo eso se fue desarrollando acorde a esa progresin en la Argelia de los 70 a los 90, empezando igualmente con ataques a los derechos de las mujeres y an a la existencia misma de las mujeres en el mbito pblico: nosotros sabemos y ellos saben que los gobiernos no vacilan a la hora de entregar los derechos de las mujeres a cambio de una forma de tregua social con los fundamentalistas.

Sin embargo, la izquierda europea parece incapaz de substraerse a su propia situacin, en la que gentes de diversos ascendientes migratorios, entre ellos pretendidos musulmanes, arrostran la discriminacin. Esa izquierda extrapola y exporta su comprensin del auge fundamentalista a nuestros propios pases, en los que los musulmanes ni son una minora ni estn discriminados (salvo por sus propios hermanos). Pero an peor que eso es que la izquierda entregue a las fuerzas de la extrema derecha tradicional la exclusiva del discurso sobre la otra extrema derecha, la del fundamentalismo musulmn, ofrecindole as en bandeja el monopolio de la legtima denuncia de la llamada derecha religiosa originaria de nuestros pases.

Yo me temo, muchos de nosotros nos tememos, que esa negacin pueda conducir a acciones punitivas populares indiscriminadas: las que, en efecto, satisfacen el deseo de venganza de la extrema derecha xenfoba tradicional y, a la vez, las ansias de la extrema derecha fundamentalista de ampliar sus bases de reclutamiento en Europa. Ya empezamos a ver iniciativas de varios alcaldes de extrema derecha tendentes a legitimar la formacin de milicias populares armadas a fin de proteger a los ciudadanos franceses. Es verdad: la izquierda, lo mismo que la socialdemocracia, se oponen a esas iniciativas. Pero: en la medida en que se niegan a afrontar el problema del fundamentalismo musulmn y se entestan en la negacin, abandonando de facto el terreno ideolgico a la extrema derecha racista.

Cmo ignorar los pasos dados hasta ahora por los fundamentalistas en Europa? El reciente y brutal desafo lanzado a la presencia de mujeres en el espacio pblico el pasado 31 de diciembre no es sino una ilustracin ms del asunto... La distorsin propiciada por la mirada eurocntrica obnubila al punto de no querer ver las similitudes con lo que ocurri en, por ejemplo, el Norte de frica y en Oriente Prximo. En Europa, los musulmanes se ven como vctimas, como minora oprimida, lo que aparentemente justificara cualquier comportamiento agresivo y reaccionario de su parte. Pero basta cruzar unas pocas fronteras para apreciar, cuando son mayora o llegan al poder, la naturaleza de su programa en relacin con la democracia, el laicismo, los fieles de otras religiones y las mujeres. La total carencia de anlisis poltico es lo que permite su crecimiento en Europa. Gracias a la opresin capitalista y xenfoba en Europa, la extrema derecha fundamentalista resulta blanqueada en sus polticas archi-reaccionarias. Y no slo en Europa, sino tambin en sus propios pases de origen. Bonito enfoque eurocntrico!

Que la izquierda y demasiadas feministas se atengan a la teora de las prioridades (la exclusiva defensa de las gentes de origen migratorio recategorizadas como musulmanes frente a la derecha capitalista occidental), es un error mortal que la historia juzgar implacablemente: es abandonar a su suerte a las fuerzas progresistas de nuestros pases, una desercin cuya absurda inhumanidad pone una tacha indeleble en la bandera del internacionalismo. Y a esa pesada losa conceptual con que carga la izquierda (enemigo principal y enemigo secundario) viene a aadirse otra, esta vez procedente de las organizaciones de derechos humanos: una implcita jerarqua de derechos fundamentales, en la que los derechos de las mujeres quedan muy por debajo de los derechos de las minoras, de los derechos religiosos o de los derechos culturales, por limitarnos a los ms comnmente contrapuestos a los derechos de las mujeres. Y eso incluye a la ONU.

Desde el 11S de 2001 en los EEUU y las medidas de seguridad que le siguieron, se observa un verdadero juego de prestidigitacin malabar ejecutado por las organizaciones de derechos humanos y por la izquierda radical: ocultar las causas en beneficio de las consecuencias. El tema principal de anlisis y de debate es la guerra contra el terror, los innegables y notorios abusos engendrados por ella, la limitacin de las libertades civiles, el temor por las perspectivas de futuro de la democracia. (No entro aqu en el fondo de esas acusaciones; me limito a observar la metodologa empleada.) Todos esos asuntos dominan ahora el escenario en Francia para combatir el estado de emergencia adoptado luego de los ataques de noviembre en Pars y el consiguiente miedo a que llegara a prosperar en Francia un equivalente de la Patriot Act estadounidense.

Al propio tiempo, el terror mismo desaparece del discurso pblico, pierde realidad, y se convierte en una mera ilusin, en un hombre de paja utilizado por los gobiernos para emprender acciones liquidadoras de las libertades. A juzgar por el discurso, habra desde luego! una guerra contra el terror. Pero no habra terror! Se tratara meramente de una fantasa de la extrema derecha xenfoba. Habra, claro es, bombas que explotan en Pars, pero no guerra en Francia... Hay un sinfn de cbalas sobre lo que no debera hacer el gobierno, sus propsitos son denunciados como perversos, manipulatorios, dainos para las libertades. Se dice que ninguno es necesario para asegurar la seguridad de la sociedad. Se dice que son provocaciones a los musulmanes.

Prestigiditacin, megalomana y degeneracin eurocntrica de la izquierda postlaica

Un sistema de causas y consecuencias reaparece ahora. Pero con imagen invertida. Un ilusionista tradicional sacara el conejo de la chistera en la que lo hizo desaparecer; pero aqu lo que hacemos es sacar la chistera del conejo...

Un fenmeno de alcance mundial el auge de una nueva cepa de la extrema derecha: por ejemplo, el fundamentalismo musulmn no slo queda justificado, sino que desaparece casi literalmente tras la cortina de la crtica de las reacciones que engendra. Cualquiera que sea nuestra posicin respecto de la naturaleza y la deriva actualmente observada en esas reacciones, no deberamos permitir que el fenmeno mismo se evaporara: en el mundo real, a diferencia de lo que ocurre en los discursos de la izquierda radical y de las organizaciones de derechos humanos, la negacin de las cosas no las hace desaparecer.

Creer, ya sea por un instante, que un fenmeno poltico de alcance mundial podra estar determinado por el capitalismo occidental y slo por l (cualesquiera que sean los regmenes y las formas de gobierno en que ese fenmeno aparece, los estadios de desarrollo econmico y cultural de esos pases, las clases y las fuerzas polticas en presencia, etc.) es una forma de megalomana.

A lo largo de estos ltimos treinta aos, enterrar la cabeza en la arena no ha servido para frenar las crecientes exigencias avanzadas por los fundamentalistas de extrema derecha. Ni en Europa, ni en parte ninguna. Lejos de eso, el fundamentalismo ha surfeado a su buen placer sobre la ola de ocultacin de su naturaleza poltica a travs de su cnica explotacin de las libertades democrticas y los derechos humanos.

Lo que anda aqu en juego va mucho ms all de los derechos de las mujeres: es un proyecto de establecer una sociedad teocrtica en la que, entre muchos otros derechos, los de las mujeres se vean gravemente cercenados. La accin concertada que se desarroll a escala europea el pasado 31 de diciembre y su abierto desafo al lugar de las mujeres en el espacio pblico juega exactamente el mismo papel que la inopinada invencin del llamado velo islmico: es una exhibicin de fuerza y de visibilidad.

Esa exhibicin de fuerza puede verse coronada por el xito, como en buena medida ocurri con la imposicin del velo islmico a las mujeres. El consejo ofrecido ahora por algunas autoridades alemanas [por ejemplo, la alcaldesa democristiana de Colonia] a las mujeres atacadas es buen indicio: adaptaos a la nueva situacin, alejaos de los hombres (a un brazo de distancia), no salgis solas, etc. En suma: someteos o pagad el precio de la insumisin. Si algo te ocurre, ser por tu culpa,y advertida quedas...

Un consejo que trae a la memoria lo que sola decirse en los tribunales de justicia a las mujeres violadas no hace tanto tiempo: qu haca usted all? A esas horas? Y vestida as? Un consejo que los predicadores musulmanes fundamentalistas harn definitivamente suyo...

Que la preocupacin principal haya sido la de proteger a los victimarios, y no la de defender a las vctimas, es una variante de la habitual defensa de la violencia masculina contra las mujeres. Hasta qu punto es una defensa del patriarcado o una defensa de la poblacin migrante, de las minoras tnicas o religiosas? Cuando los intereses del patriarcado que la izquierda no osa defender ya pueden confundirse con la noble defensa de los oprimidos (cuyo prestigio, incluso para la izquierda, qued algo tocado luego de los ataques de noviembre en Pars), no poca gente se siente cmoda.

Que a estas alturas se pueda todava dudar del carcter concertado de los ataques simultneos perpetrados a la misma hora contra mujeres en al menos 5 pases diferentes y una decena de ciudades en Europa, le deja a una estupefacta. Menuda muestra de mala fe y ceguera o perversin poltica!


Marieme Hlie-Lucas es una reconocida activista feminista argelina. Sociloga de prestigio internacional, ha sido la fundadora de la Red de Mujeres bajo la Ley Musulmana, as como coordinadora internacional de Secularism Is A Womens Issue (El laicismo es cosa de mujeres).

Traduccin: Mara Julia Bertomeu



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