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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2016

Entrevista a Roberto Robles, Joaqun Florido Berrocal, Eduardo Matos Martn y Luis Martn Cabrera, editores de "Fuera de la ley: asedios al fenmeno quinqui en la transicin"
"El fenmeno 'quinqui' se abri paso por la situacin socio poltica de la Transicin"

Nueva Tribuna/Libreria CAzarbet

Fuera de la Ley es un libro que se acerca, con Comares Ediciones, a lo que podramos conocer como los bajos aos, los aos del fenmeno quinqui, en el corazn de la Transicin espaola.


Como cualquier poca los aos setenta y ochenta en Espaa se encuentran atravesados de mltiples relatos en conflicto que tratan de aprehender lo que fue ese perodo crucial para la historia de Espaa. Durante mucho tiempo el relato hegemnico de esos aos consista en afirmar que en los aos setenta y ochenta los espaoles adquirimos la mayora de edad, dejamos de ser nios tutelados por el dictador ms anciano de Europa, ingresamos en la post-modernidad sin pasar por la modernidad y experimentamos con las drogas y la sexualidad. En el ao 2002, por ejemplo, el diario espaol El Mundo publicaba un artculo enfticamente titulado Por qu los 80 son tan mticos? En l, Rafa Cervera escriba que la llamada movida madrilea:se coci al filo de un acontecimiento muy concreto. Franco muri y la gente descubri su propia libertad. No muy lejos, el punk britnico cambi las normas estticas y estilsticas del pop para siempre y, mientras en Espaa se legalizaba el Partido Comunista, los Sex Pistols cantaban Anarqua en el Reino Unido. As fue como la semilla para que los 80 fuesen nicos germin. Espaa se hizo europea, moderna, perdi sus complejos, y tuvo un gobierno de izquierdas entre pelos cardados y teidos. Alaska y Almodvar se convirtieron en los iconos de esa nueva cultura definida popularmente como movida. Los 80, al menos en su primera mitad, fueron una poca irrepetible para los que vivimos en este pas. Quiz por eso tiende a mitificarse.

De dnde surge el trmino quinqui?

Como explicaba Javier Garca-Egocheaga en su libro Minoras Malditas, quinqui proviene, etimolgicamente hablando, del trmino quincallero, que es aqul que elabora o comercia con quincalla. Pero ms all de lo puramente lingstico, el quinqui es una formacin socio poltica en nuestra opinin. Mientras que el quincallero se asienta y deja su vida nmada, el quinqui surge de esos asentamientos creados en los barrios periurbanos de proteccin oficial inventados durante el franquismo para acoger la masiva llegada de personas que dejaban la vida rural para afrontar las promesas sobre una mejor vida. Los Servicios sociales que aportaba el franquismo carecan de la estructura y planificacin necesarias, estaban basados en las polticas autrquicas franquistas y lo peor, durante la Transicin no se cort de base esta poltica, sino que simplemente se adapt a las necesidades de una nueva realidad en la que el franquismo no tena cabida a cara descubierta. El trmino quinqui que usamos en el libro viene exactamente de este tiempo del que hablamos y este lugar al que nos referimos.

El fenmeno quinqui hubiese sido posible igualmente si no se hubiese dado la Transicin?

La respuesta es un no rotundo. La Transicin aceler el proceso de cultivo que gener al quinqui como lo conocemos hoy. El desempleo, la epidemia de la droga, la superpoblacin de las crceles, y por qu no, el beneplcito a La Movida como movimiento cultural transgresivo, pero despus de todo fcilmente controlable desde el gobierno gracias a su desvinculacin poltica fueron factores formativos del quinqui y del fenmeno que suscit. Se puede decir que el fenmeno quinqui, se abre paso en la sociedad espaola como consecuencia de una situacin socio poltica generada por la Transicin que nos toc vivir para bien o para mal.

Mientras muere el dictador y a unos les da, sobre todo los que tenan ciertos estudios, estaban en las universidades, sindicatos y movidas reivindicativas, por salir a la calle y abogar por la democracia, a otros les da por este tipo de nuevo estilo de vida, quiz la muerte del dictador es el detonante en comn, el punto de inflexin.

Nosotros pondramos estas afirmaciones en otros trminos para hacerlos ms comprensibles. En primer lugar, no creemos que sea la muerte del dictador el detonante de un cambio fundamental en todos los mbitos de la sociedad, quizs tan slo de una manera simblica y as es cmo nos lo ha transmitido la visin tradicional sobre la Transicin. Personalizar todo el peso de la dictadura en la figura individual de Franco sera un tanto peligroso y nos llevara a pensar que cuando desaparece da paso a un cambio radical en todos los mbitos de la sociedad y todo lo referente a la dictadura desaparece de un plumazo. Obviamente no es as. Los cambios econmicos que se desarrollan despus de la dictadura tienen origen en la ltima parte de sta, as como muchos cambios sociales. Tambin, las reivindicaciones estudiantiles y sindicales, han permanecido en la clandestinidad pero han estado ah sobre todo en los ltimos aos de la dictadura.

De igual manera, la delincuencia callejera est presente tambin durante el franquismo, sobre todo con la llegada de los procesos de crecimiento de las ciudades y la conformacin de barrios marginalizados en los extrarradios de estas, ahora bien, o se reprime duramente o se invisibiliza o se utiliza como pantalla de humo ante otros problemas (pensemos en El Caso y en las portadas de El Lute como el delincuente ms peligroso y ms buscado de Espaa). Hay todava muchas discusiones historiogrficas y polticas sobre el tema, pero nuestra propuesta es reflexionar sobre los quinquis para poder repensar un momento histrico que no es tan simple como se nos ha pretendido hacer creer.

Respecto a los estilos de vida tambin optaramos por otra denominacin. Este rubro nos da la impresin de que hay opciones a elegir y se opta por una u otra en funcin de preferencias personales. No creemos que sea el caso. La delincuencia y la drogadiccin tienen mucho que ver con las condiciones marginales y de precariedad de esos barrios perifricos y deprimidos, con enormes tasas de paro y de pobreza. Es una cuestin, pues, social y tambin poltica ms que una cuestin de decisin personal. Es probable, sin embargo, que la llegada de la democracia permita precisamente la aparicin de estas pelculas y en cierto modo la rebelda del quinqui atrae al espectador, igual que lo hace la fascinacin por una representacin realista y dura de la realidad circundante. La figura del quinqui es por naturaleza ambigua en las representaciones cinemticas y si bien es cierto que la libertad personal siempre existe es importante considerar los lmites de esta en determinadas circunstancias y en comparacin con otros segmentos sociales.

De todas formas, tambin haba en la calle quinquis que reivindicaban derechos, luchaban por la democracia, aunque quizs eran los ms vinculados al mundo de la cultura, la msica, las artes... Qu opinas?

Definitivamente como dices, estos jvenes quinquis reivindicativos eran los quinquis de adopcin, es decir el que entre los 70 y los 80 se autodenominaba quinqui y se antepona por principios al pijo. El quinqui autntico, el espejo en el que se miraban los primeros para indumentarias, msica y actitud rebelde, en el nico sitio donde reivindic fue en las crceles, durante los motines a finales de los setenta y principios de los ochenta. Reivindicaban mejoras en las condiciones de vida del interno y en varios casos consiguieron hacerse or. El Vaquilla fue famoso por su participacin en algn que otro motn carcelero en busca de mejoras. Pero fue quiz la actitud rebelde del quinqui la que mantuvo el carcter poltico reivindicativo que La Movida se encargaba de diluir en su reverso sacarino.

Qu aportaron aquellos aos de agitacin poltica como de caldo de cultivo para que ciertas maneras de delincuencia de baja intensidad, pero casi a modo de supervivencia se instalasen en el da a da?, me refiero a personas que malvivan de cometer pequeos actos delictivos, pero que venan desde la marginalidad.

Creemos que el caldo de cultivo no es tanto la agitacin poltica como los cambios estructurales en la sociedad y la economa espaolas que apuntalan una distribucin injusta de la riqueza. La proliferacin de barrios marginales en casi todas las ciudades grandes y pequeas desde los aos del desarrollismo franquista son el espacio que posibilita las condiciones para la existencia de ciertos jvenes que se convierten en desechables para el modelo de desarrollo del momento (recordemos las reconversiones industriales y la altsima tasa de paro en los inicios de la democracia). La crisis econmica del momento afecta de manera especial a estos espacios y la delincuencia se dispara en estos aos, quizs no tanto por los cambios polticos que estn teniendo lugar como por las propias condiciones de estos focos urbanos fruto del desarrollismo.

Los cambios polticos se confunden en ocasiones con estas transformaciones estructurales y en otros las ocultan. Tiene ms lgica entender estas transformaciones estructurales como una continuacin de las que tienen lugar en el franquismo y que no se ven afectadas por el cambio poltico en ciernes. Por esta razn muchos autores sealan la ausencia de una ruptura real con el pasado franquista, que mantiene sus lites de poder econmico, poltico y social en sus posiciones una vez llegada la democracia.

Si el fenmeno se da es porque surge de algo, puede que de la marginalidad nos hemos encontrado y nos encontramos todava hoy con estos fenmenos, se llamen quinquis o no?

Obviamente, las circunstancias histricas son hoy otras y no cabe extrapolar la singularidad del sujeto quinqui de los aos 80 (los robos de coches, los tirones de bolso, los chutes de herona, las mquinas de marcianitos, msica de los Chichos, etc.) al tiempo presente. Sin embargo, los condicionantes sociales y econmicos que subyacan al quinqui (desempleo juvenil, falta de opciones, carencia de una vivienda digna, ausencia de polticas pblicas, violencia policial, etc. ), vuelven a mostrarse con mucha intensidad en las barriadas perifricas de las ciudades espaolas. De esta manera, como se dice en el prlogo de Fuera de la ley, no es casual que se haya producido una suerte de revival de lo quinqui durante la crisis financiera que comienza en el 2008, particularmente desde la exposicin organizada en el 2009 por Mery Cuesta y Amanda Cuesta, Quinquis de los 80, en el CCCB (Centro de Cultura Contempornea de Barcelona). Al mismo tiempo, han ido surgiendo tambin, en estos ltimos aos, filmes contemporneos que tratan la problemtica de la juventud marginal y que se insertan de algn modo en la estela del gnero quinqui. Algunos ejemplos podran ser A cambio de nada (2015) de Daniel Guzmn, rtico (2014) de Gabriel Velzquez, o Criando ratas (2014) de Carlos Salado.

Y la marginalidad obedece a cierta desestructuracin social, a la desigualdad, a la pobreza, a la prdida de derechos, ya casi desde el nacimiento. Estamos con lo de siempre, no es lo mismo nacer en La Moraleja que en El Pozo del To Raimundo y eso no debera tener cabida en esta Europa que muchos se empean en pintar de rosa a la vez que la blindan.

Parece evidente que esa Europa que algunos relatos dominantes se empean en pintar de rosa es una Europa que est generando mltiples formas de violencia y de desigualdad. Desde hace unos aos, vivimos una crisis sistmica del modelo neoliberal que ha amplificado la polarizacin social y econmica, creando una sociedad mucho ms injusta. De esta manera, la distancia entre los barrios ms opulentos o privilegiados como La Moraleja y los barrios desfavorecidos como El Pozo del To Raimundo, lejos de reducirse, ha aumentado vertiginosamente. Puede decirse as que de la misma manera que la vida marginal de los quinquis chocaba frontalmente con las imgenes de hedonismo y progreso (La Movida) que se difundieron en la Espaa de los 80, las amplias zonas de desamparo social y econmico que genera la actualidad cuestionan cada vez ms la legitimidad del modernismo europesta, tan fuertemente implantado en el imaginario poltico espaol.

Estos das cuando miro la televisin, aunque sea en otra dimensin, veo algo paralelo, no s a lo mejor no lo s leer, pero fijaros estos jvenes que han sido los artfices de los atentados en Pars, la gran mayora han sufrido la marginalidad, de una crisis ms bestia, del prejuicio. Qu lectura podis hacer, aunque s que las comparaciones son odiosas?

Es un tema muy peliagudo y por desgracia a veces parece que son momentos cada vez ms difciles para la reflexin y el anlisis. Si bien no es fcil realizar una comparacin automtica s que estaramos de acuerdo que hay que tener en cuenta elementos de la estructura de nuestra propia sociedad, y por supuesto de la de nuestro mundo globalizado, para poder entender estos procesos de violencia extrema. Es decir, parece un poco apresurado buscar un enemigo nico y definido, ponerle un nombre y un espacio y bombardearlo esperando que desaparezca. Esa estrategia, adems, se ha demostrado intil en las ltimas dcadas, incluso contraproducente. Esa frmula, adems, como estamos comprobando en estos das, est dando alas a planteamientos extremos desde diferentes derechas. Por poner un ejemplo, LePen en Francia acapara ms apoyos que nunca con su mensaje xenfobo y Trump se atreve a lanzar la burrada de que si fuera presidente no dejara entrar a ningn musulmn.

En este sentido, nos parece interesante que pensar y reflexionar sobre el fenmeno quinqui en nuestro pas, nos puede ayudar a abrir puertas para pensar otras violencias e intentar comprender estos complejos mecanismos. Al igual que nuestra intencin es hacer pensar al lector sobre la Transicin y nuestro pasado reciente mucho ms complejo y menos idealizado de lo que se nos ha hecho creer a travs de los cuerpos y de las muertes de los quinquis, sera interesante pensar seriamente cmo la marginalidad y la situacin de precariedad tienen un papel importante en procesos de extremismo violento que se nos presentan slo desde un punto de vista de choque de civilizaciones o de religiones imposibles de integrarse. Sin lugar a dudas, la marginalidad de los barrios franceses (pero tambin de otros lugares, pensemos en Melilla) son ejemplos perfectos para pensar en estas cuestiones.

Como botn de muestra citamos a uno de los colaboradores del libro que escribe: Y es que con el comienzo del nuevo siglo, mientras se celebraban los carnavales funerarios en recuerdo del mundo de los quinquis, y mientras con sus despojos nos fabricbamos las mscaras y los disfraces de un quinqui creado a nuestra imagen y semejanza para que nos asuste lo justo, ardan en los veranos los suburbios de Europa [] los haces de fuego procedentes de los coches en llamas iluminaban los barrios perifricos con hogueras inditas en Pars, en Londres, en Estocolmo o en Berln.

Creis que los fenmenos como estos se alimentan a veces por el sistema, por el status quo establecido? Viene bien, por parte del poder, utilizar una delincuencia de baja intensidad para mantener tensa la cuerda de cierta presencia en la calle policial y, a la vez, tener a la gente prejuzgando a parte de los conciudadanos?

Como seal Foucault, la figura del delincuente se halla inscrita en una agenda poltica amplia de disciplina social y proteccin de los intereses de las clases dominantes. As, en Navajeros de Eloy de la Iglesia, una de las pelculas fundacionales de la cinematografa quinqui, se menciona un viejo refrn (el miedo guarda la via) que es un vivo reflejo de esta idea en la medida en que viene a decirnos que la inoculacin de miedo es un dispositivo fundamental de control poltico y defensa del status quo. De esta manera, el poder propaga una sensacin de alarma social y alimenta la demanda de seguridad para, entre otras cosas, legitimar su propio aparato estatal y policial o favorecer la aceptacin de la vigilancia sobre el conjunto de la sociedad. Desde otro punto de mira, la criminalizacin del delincuente de baja intensidad no es til como modo de regular la conflictividad en las periferias o legitimar la propia violencia estatal, sino que, de acuerdo con Michel Foucault en Vigilar y castigar, suele a su vez conformar una gestin diferencial de los ilegalismos en la medida en que, al penalizar la violencia callejera y la delincuencia juvenil, sirve de tapadera a las corrupciones de las elites y grupos privilegiados. En el filme Navajeros, vemos por ejemplo cmo la misma polica est implicada en todo tipo de delitos.

Me acuerdo que se han creado status que obedecen o que han pretendido obedecer a esto; mirad por ejemplo en el Pas Vasco de los 80 ,en plena poca dura de E.T.A, en los aos de plomo, la droga y las facilidades en el trfico de la misma y en cmo conseguirla eran bestiales, crearon a la vez (quizs es lo que perseguan) una especie de fenmeno de delincuencia de cierta intensidad, pero que no vena, generalmente, de la marginalidad. Fue una guerra sucia. Qu nos puedes comentar?

Hemos hecho mencin a esto en la pregunta anterior y, efectivamente, este fenmeno y otros similares nos permiten reflexionar y analizar cmo funciona el poder y cmo el concepto de biopoltica, desde la crtica cultural, nos sirve para entender mejor estos procesos. Por una parte, como seala Steve Torres en el libro, parece cierto que la pequea delincuencia sirve al poder para reforzar su aparato represivo, incrementando la percepcin de peligrosidad y de miedo en la poblacin. Las pelculas contribuyen a ello en cierto modo por su carcter ambiguo como sealamos en nuestra introduccin. Por una parte los quinquis se convierten en hroes subversivos de la ley, pero tambin en monstruos peligrosos que ponen en peligro el sueo de estabilidad y desarrollo de la posmodernidad.

De manera ms profunda creemos que nuestra propuesta apunta hacia la idea de pensar lo quinqui como un espacio que, entre otras cosas, desvela el fundamento violento de la sociedad, por oposicin al ideal del contrato social. El nfasis del poder y las representaciones mediticas en mostrar la violencia de lo quinqui, tiene como resultado ocultar la violencia fundacional y estructural del poder y su origen problemtico y a la vez reforzar su presencia. De igual manera, ayuda a despolitizarlo, a separar al fenmeno de su contexto social y econmico para justificar una respuesta ms contundente. El pico, de Eloy de la Iglesia, es uno de los ejemplos ms interesantes de cmo el cine quinqui aborda estas cuestiones complejas en el marco de otras violencias ETA y plantea cuestiones sobre tales procesos en la transicin a las que esperamos contribuir con nuestro libro, no tanto para dar respuestas como para trasladarlas de nuevo a los lectores de nuestro presente.

Se podra, creo, estudiar al fenmeno "quinqui" desde un punto de vista ms sociolgico-antropolgico o obedece casi ms a algo generacional?; o son, ms bien, como una subcultura?

Todos esos rubros pueden aplicarse de una manera u otra al fenmeno quinqui. Nuestro libro no pretender ofrecer un estudio sociolgico-antropolgico de lo quinqui, aunque no negamos lo interesante que podra ser tal perspectiva. Por otra parte es cierto que existe un componente generacional del fenmeno que opone a la juventud que protagoniza el fenmeno a las anteriores generaciones que se enfrentan a ellos desde la incomprensin. Por ltimo, desde luego que la expresin de lo quinqui tiene lugar siempre en un mundo marginal que podramos denominar subcultura, siempre y cuando no dotemos a este sustantivo de un valor despectivo. Sin embargo, no hay que olvidar que desde la cultura de lo marginal, las representaciones cinemticas llegaron a convertirse en cultura popular de amplio xito durante al menos una dcada, si tenemos en cuenta el nmero de espectadores de ciertas pelculas y su repercusin en el imaginario colectivo de al menos una generacin de la transicin.

Sin embargo, nuestra apuesta en el volumen Fuera de la ley se mueve por otros derroteros que tienen ms que ver con la reflexin sobre un momento histrico determinado y la significancia que pueden tener tanto el fenmeno sociolgico de lo quinqui como su representacin cinemtica para su mejor entendimiento. De alguna manera viene a abrir un debate en el que las diversas voces de los contribuidores del libro son slo un comienzo, que sigue a diversos autores que han pensado esta crtica con anterioridad para acercarse crticamente a la transicin y en cmo se nos ha representado tradicionalmente. Lo quinqui se instala en las grietas de esa representacin aparentemente monoltica y celebratoria y ofrece la cara B, la parte incmoda que no se nos ha querido mostrar pero que ha estado ah todo el tiempo. Nuestra intencin no es ofrecer respuestas sino provocar ms preguntas y abrir al lector la posibilidad de explorar y reflexionar por s mismo sobre este momento y este fenmeno para poder poner en comn de manera crtica nuestro pasado reciente y nuestro presente conflictive.

Fuente: http://www.nuevatribuna.es/articulo/sociedad/cazarabet/20160121092749124568.html



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