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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2016

Tnez
Kasserine: otra vez la revuelta

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Coincidiendo con el quinto aniversario de la revolucin, Tnez bulle de nuevo, en un dj vu que augura muchas dificultades. Todo lo hemos visto ya. Todo se repite. El pasado viernes en Kasserine, ciudad del centro-oeste a 300 km. de la capital, un joven parado de 28 aos, Ridha Yahyaoui, protestaba despus de que su nombre desapareciera de una lista de contratos pblicos; con ms o menos conciencia de lo que haca, se subi a una torre elctrica y muri electrocutado. As empez en 2008, tambin en enero, la revuelta en la cuenca minera; as empez en 2011 la intifada que, tambin en enero, derroc a Ben Ali. Siempre empieza todo con un joven parado que, en el colmo de la desesperacin, se da muerte a s mismo, reuniendo en su persona todos los males colectivos, que de esa manera estallan a la luz del da.

El sbado 16, en respuesta a la muerte de Yahyaoui, cientos, miles de jvenes salieron a la calle y, desde entonces, no han dejado de multiplicarse. La revuelta de Kasserine se ha extendido a Sidi Bouzid, Tala, Meknassi, Kairouan, las regiones donde naci la revolucin en 2011, y ha alcanzado luego, como una onda explosiva, el norte y el sur, hasta cubrir el conjunto del pas. El martes, las protestas llegaron a Tnez capital, delante del Ministerio del Interior, a la misma avenida Bourguiba donde el 14 de enero de 2011 una multitud inesperada expuls al dictador. Volvieron a escucharse consignas familiares: el pueblo quiere la cada del rgimen o trabajo, libertad, dignidad nacional, a las que se aadieron otras nuevas: el trabajo es un derecho, banda de ladrones o te han engaado, ciudadano, te han dado pobreza y te han dado hambre o vergenza vergenza, gobernantes, Kasserine arde. En seis das ya de protestas, con un toque de queda impuesto el domingo en la regin y reiteradamente violado desde entonces, los enfrentamientos con la polica y el ejrcito se agravan, con el balance hasta el momento de un polica muerto y centenares de jvenes heridos. Se asaltan sedes locales del gobierno y oficinas ministeriales, a veces sin mucha resistencia por parte de las fuerzas de seguridad, que sin duda han recibido rdenes del ministro de evitar las vctimas mortales.

El gobierno, en efecto, tiene miedo. Habida cuenta de la crisis poltica y de la situacin regional, presionado sin duda desde el exterior y por la propia sociedad civil (incluido el sindicato UGTT, pieza clave del llamado dilogo nacional) se ha precipitado a convocar comisiones, organizar visitas parlamentarias y hacer promesas que no puede cumplir: contratacin de 5.000 jvenes de Kasserine, transformacin de tierras colectivas en propiedad privada, financiacin de 500 proyectos por parte del banco central, inversin en construccin de carreteras y puentes, refuerzo del parque de ambulancias, consolidacin de la medicina especializada en la regin. Ninguna varita mgica puede cambiar en un da lo que no se ha cambiado en cinco aos y las familias desesperadas, por lo dems, no tienen ninguna confianza en la nueva vieja clase poltica. No ser fcil desactivar la revuelta con promesas y este gobierno -o cualquier otro- no puede dar otra cosa.

Hace cinco aos, a finales de enero de 2011, Kasserine no festejaba la cada del rgimen. Exiga. Se dola. Nunca olvidar el barrio de Hay Zuhur ni los cientos de jvenes que acudan airados a exponernos agravios y reclamar enderezos. El trmino karama (dignidad), lanzado al aire contra las balas y los golpes, defina, por contraste, el mundo que queran dejar atrs: esa miseria vital que ellos identificaban con el desempleo, la corrupcin y la represin, ntimamente asociadas. Pues bien, lo que demuestra hoy la muerte de Yahyaoui y la reaccin colectiva posterior es que en estos cinco aos, para los jvenes de Kasserine, para los jvenes de las regiones del interior, para los jvenes de la periferia capitalina, nada ha cambiado. Todo se repite. O mejor dicho: se repite el impulso desesperado, pero en un medio ms opaco y menos esperanzado; se repite en un mundo empeorado que ha perdido, adems, su legitimidad.

Las transformaciones polticas, apreciables pero muy frgiles, no han ido acompaadas de ninguna transformacin econmica y social. An ms: la propia pugnacidad del proceso poltico ha hecho olvidar las causas sociales que lo pusieron en marcha en 2011. La miseria vital -paro, corrupcin, represin- no slo no se ha aliviado sino que ha aumentado. En Kasserine el desempleo dobla la media nacional, oficialmente del 17%; el acceso al agua potable no llega al 26%, mientras que en el conjunto del pas es del 56%; la tasa de analfabetismo (32%) es casi tres veces mayor; la esperanza de vida siete aos menor; el ndice de mortalidad infantil el doble; el ndice general de desarrollo el 0,16 frente al 0,76 a escala nacional.

En este contexto, la dependencia individual de un Estado fallido alimenta los lazos vergonzantes, exactamente igual que bajo Ben Ali. Para acceder a un trabajo pblico -los nicos que hay- es necesario pagar un soborno a un funcionario o tener algn contacto privilegiado. A lo que se aade, en los ltimos aos, la amenaza terrorista, particularmente presente en la regin de Kasserine, en la frontera con Argelia, con el monte Chambi, frecuentado por los yihadistas y escenario de combates, como centro de todas las alertas. Esta amenaza ha intensificado la presin policial y militar sobre la regin, cuyos jvenes se ven doblemente criminalizados, por su pobreza y su juventud, como siempre, pero ahora tambin como potenciales terroristas. Ignorando los datos arriba citados, algunos medios han cuestionado, de forma infame, la espontaneidad de las protestas, insinuando la infiltracin de yihadistas en las manifestaciones. Este tipo de manipulaciones, junto a la represin y la pobreza, son casi una invitacin en esa direccin.

Aunque slo se recuerda -cuando se recuerda- el de Mohamed Bou Azizi, a lo largo de los ltimos aos ha habido muchos suicidios sociales en Tnez, antes y despus de la revolucin. Impresionaba mucho el martes pasado, en medio de las protestas de Kasserine, la visin de un puado de jvenes encaramados en una azotea que amenazaban con un suicidio colectivo. Dos de ellos, al parecer, se arrojaron al vaco y estn heridos. Me acordaba de un relato terrible de Platonov en el que la poblacin entera de una ciudad se desplazaba cientos de kilmetros para pedir al tirano que los matara de una vez. No estamos hablando de suicidios. Estamos hablando de jvenes que tienen que cargar con su cuerpo intil de la maana a la noche -un cuerpo que nadie reclama y que estorba en todas partes- y que deciden utilizarlo, cuando no parece ya posible ningn uso, en beneficio de todos. Es posible imaginar una situacin ms atroz que aquella en la que un cuerpo joven, en la plenitud de las fuerzas, no encuentra otra forma de servir al bien comn que suprimindose a s mismo? En esta situacin no puede extraar que el Foro Tunecino por los Derechos Econmicos y Sociales, con el apoyo de la organizacin internacional Abogados sin Fronteras, haya solicitado oficialmente a la Instancia Verdad y Dignidad, responsable de la Justicia Transicional y en principio competente slo para casos individuales, su reconocimiento como regin vctima. No hay precedentes en el mundo rabe, y muy pocos en el mundo, de una cosa as. Pero cuando todos los jvenes de una ciudad y de una regin quieren suicidarse -como protesta contra la pobreza y la corrupcin- hay que considerar esa ciudad y esa regin como sujetos colectivos que reclaman, y a los que se debe, justicia improrrogable.

El dj vu de Kasserine de estos das, como decamos, es una repeticin, pero ningn gesto se repite en el mismo mundo. No hay monotona en la historia. Hoy no es la dictadura sino la democracia la que no puede satisfacer las demandas legtimas de estos jvenes; y es muy peligroso que una democracia mal asentada, en un contexto adverso, entre la tentacin del orden y la tentacin del caos, se desprestigie a los ojos de sus ciudadanos ms desfavorecidos. Muchos lo advirtieron hace cinco aos: o las instituciones democrticas se ocupan de los problemas sociales y econmicos de su gente o Tnez, por una va u otra, se sumergir en la violencia. Ojal no sea demasiado tarde.


Fuente original: http://www.cuartopoder.es/tribuna/2016/01/22/kasserine-otra-vez-la-revuelta/8085


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