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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2016

Obama pretende cerrar Guantnamo en falso

Luis Matas Lpez
Pblico.es


Barack Obama no quiere pasar a la historia como un presidente cargado de buenas intenciones, con algunos logros importantes (reforma sanitaria, normalizacin con Cuba, acuerdo nuclear con Irn), pero con la columna del haber en su balance ms escueta que la del debe (fracaso de la primavera rabe que favoreci, incapacidad para impedir la emergencia del Estado Islmico e internacionalizacin del terrorismo yihadista, guerras de Bush cerradas en falso, graves tensiones con Rusia).

En este afn del presidente norteamericano por salvar su legado hay una cuestin de alto valor simblico porque supone el sonoro y meditico incumplimiento de su promesa de cerrar la crcel de la vergenza de Guantnamo, en la base del mismo nombre ubicada en Cuba. La ocupacin de la misma es resultado del rancio derecho colonial previo a la revolucin, -que no del libre acuerdo entre aliados-, ya que los Castro no han cejado en su estril reivindicacin de recuperar esa porcin de su pas.

Aparte del alto valor estratgico de mantener una fuerte presencia militar en un pas vecino y al que no ha podido someter en 57 aos, Guantnamo ha brindado, tanto a Bush como a Obama, una salida perfecta para retener, en condiciones con frecuencia infrahumanas y durante 14 aos ya, a centenares de combatientes enemigos sin tener que reconocerles el derecho a ser considerados inocentes mientras no se demuestre lo contrario.

Obama sostiene que la culpa no es suya, sino de un Congreso dominado por los republicanos que ha boicoteado sistemticamente todos los intentos de cerrar la atpica y vergonzante prisin. No le falta parte de razn, pero si bien es cierto que el sistema de equilibrio de poderes limita las atribuciones presidenciales, no lo es menos que stas dejan un amplio margen al Ejecutivo cuando ste muestra una clara voluntad poltica de batallar contra la resistencia del Legislativo. Tanto como de poder se trata de querer, y no est claro que Obama quiera tanto cerrar Guantnamo como para asumir el desgaste de un conflicto abierto con el Congreso por este asunto.

Una prueba clara de cmo relativiza el presidente la cuestin es que, pese a sus advertencias en contrario, termin aceptando en noviembre un presupuesto de defensa que prohbe el traslado a Estados Unidos de los prisioneros enjaulados en la base. Exportarlos a territorio norteamericano supondra, entre otras cosas, que sera mucho ms indefendible y escandaloso dejar de reconocer su derecho a un juicio justo. Si se aceptase este principio, la gran mayora de ellos contra los que no existen pruebas de delito sostenibles ante un tribunal imparcial- deberan ser puestos en libertad. Eso supondra el reconocimiento de uno de los mayores atropellos legales cometidos por Estados Unidos en sus casi dos siglos y medio de historia. Y, en un pas donde los abogados florecen como hongos, podra multiplicar las exigencias de reparaciones por los daos fsicos y morales a la multitud de encarcelados durante estos 14 aos.

Ese peligro, sin embargo, parece lejano. De hecho, el secretario de Defensa, Ashton Carter, ha anunciado que se presentar un plan al Congreso que, de ser puesto en prctica, supondra un cambio de ubicacin de Guantnamo a Estados Unidos-, pero no necesariamente del estatus de los detenidos que ni pueden supuestamente ser transferidos a otros pases, ni juzgados por la falta de pruebas-, ni liberados porque siguen bajo sospecha de terrorismo-. Una aberracin legal, pero que no sera la ms grave perpetrada en la guerra contra el terror emprendida por Bush tras el 11-S y que quizs a su pesar- tiene tambin atrapado a Obama, que se dira que est ms preocupado por salvar la cara que porque se haga justicia.

Con todo, Obama no es Bush, y algo s que ha hecho. Por ejemplo: prohibir las torturas aunque persisten los tratos degradantes- que incluso tuvieron cobertura legal (aunque secreta) y que se practicaron de formar rutinaria durante el mandato de su predecesor; y reducir tras la reciente transferencia de 10 reclusos yemenes a Omn-, hasta los 93 actuales, el nmero de presos, desde los 245 que haba cuando asumi la presidencia (hace ya siete aos!) y muy lejos de los 680 que lleg a haber en el momento ms lgido, en 2003.

De los 93 que quedan en Guantnamo, 34 estn tan limpios que son reconocidos como transferibles a otros pases si se encuentran los que aceptan acogerles-, tres han sido condenados por las comisiones militares que sustituyen a los tribunales civiles, siete estn siendo juzgados por esos mismos rganos, y los 49 restantes, catalogados como combatientes ilegales, son retenidos con carcter indefinido y sin indicios de culpabilidad que permitan su procesamiento con las mnimas garantas legales que se les deberan reconocer.

Las incongruencias abundan. Nadie duda de que el sistema penitenciario, capaz de enclaustrar al autor del atentado del maratn de Boston o al rey del narcotrfico Chapo Guzmn -si por fin es extraditado desde Mxico-, no tendra problemas en retener con garantas a un puado de supuestos terroristas. El problema es que, si llegan a Estados Unidos, fuera ya del limbo legal de Guantnamo, demostrar su culpabilidad, caso de que exista, sera punto menos que imposible. Y la propaganda de los republicanos, incrementada en pleno ao electoral, junto a las reticencias en los Estados donde se ubican las eventuales prisiones receptoras, extiende la idea de que se producira un grave riesgo a la seguridad nacional si, finalmente, la mayora de esos estigmatizados reclusos quedaran en libertad. Cuesta imaginar un mayor ejercicio de hipocresa en un pas que imparte por todo el mundo lecciones de democracia y respeto a los derechos individuales.

Pero hay ms. Porque Obama est atrapado por su sonora promesa de cerrar Guantnamo, e incumplirla le dejara en evidencia. Por eso seguir esforzndose en lograrlo, aunque eso supongo poco ms que un lavado de cara, ya que el temor de numerosas organizaciones defensoras de los derechos humanos (como Amnista Internacional y la Unin de Libertades Civiles Americanas) es que el eventual traslado de prisioneros a Estados Unidos no suponga un cambio en su actual status de detenidos indefinidos. Aunque puede que al nico premio Nobel de la Paz que lo obtuvo antes de tener ocasin de demostrar si lo mereca o no le baste con que queden vacas las jaulas de la base en la isla de Cuba.

Amnista, por ejemplo, a travs de Naureen Shah, directora de su Programa de Seguridad y Derechos Humanos en Estados Unidos, sostiene: Lo nico que hara la propuesta de Obama de reubicacin para que continen en detencin indefinida en Estados Unidos sera cambiar el cdigo postal de Guantnamo () Debera poner fin a la detencin indefinida sin cargos, no trasladarla de lugar () y los que no puedan transferirse otros pases considerados seguros deben ser acusados ante un tribunal federal o puestos en libertad. AI exige adems que se rindan cuentas por los abusos cometidos en el pasado y que se amplen las investigaciones sobre los informes de tortura y otras violaciones de los derechos humanos. Por su parte, la abogada neoyorquina Tina Foster, que representa a varios de los prisioneros, sostiene que el cierre de la prisin sera ante todo una medida de relaciones pblicas sin consistencia real.

Por otra parte, exportar a otros pases los detenidos de Guantnamo no garantiza que estn a salvo y con sus derechos fundamentales a salvo, algo que exigira un procedimiento verificable que garantizase que no se cambia una prisin por otra no menos injusta y arbitraria. Un ejemplo. El marroqu Yunus Chekuri, transferido encapuchado y esposado a su pas tras 14 meses recluido en la base norteamericana, sin que existiera ninguna acusacin contra l, y sin que la CIA y el FBI le considerasen una amenaza, sigue encarcelado cerca de Rabat. Y su caso no es nico.

Fuente: http://blogs.publico.es/elmundo-es-un-volcan/2016/01/22/obama-pretende-cerrar-guantanamo-en-falso/


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