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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2016

Mrtires de la clase trabajadora
Temporeros, la vida por un salario

Paul Walder
Rebelin


El accidente que ocurri en las primeras horas del sbado 9 de enero en la carretera R-88, que une las comunas de Angol con Los Sauces, termin violentamente con la vida de nueve de las diez personas que viajaban en un furgn para trabajadores. Haban madrugado para llegar a tiempo a un predio agrcola donde recolectaban fruta. Un error del conductor, segn seal el parte policial, hizo desviarse al vehculo y estrellarse de frente a gran velocidad con un camin maderero. Un preludio sangriento para una jornada ms de estos trabajadores de temporada.

La informacin del accidente, que circul por los medios de comunicacin aquel caluroso fin de semana, volvi a evidenciar las precarias condiciones de trabajo de millares de personas. El violento episodio, salvando las distancias, nos traslad al meditico derrumbe de la mina San Jos, en Copiap, en 2010, que pese al rasgado de vestiduras de polticos de todos los colores y a llegar ms tarde a convertirse en un espectculo de Hollywood, no cambi las miserables condiciones de vida en la pequea y mediana minera.

Esta vez ni los medios, ni el gobierno llegaron tan lejos. El accidente se diluy entre otras informaciones, aun cuando dej, una vez ms, a la luz pblica el maltrato y desprecio a los trabajadores, la nula aplicacin de normas y protecciones, la indolencia del gobierno ante la falta de regulacin y el trabajo de menores de edad. Una cadena de ilegalidades que constata en toda su magnitud las enormes contradicciones en que se apoya el tan elogiado modelo exportador chileno.

Por un lado, transnacionales con presencia en mltiples pases y activos de miles de millones de dlares, y abajo, en nuestro Cono Sur americano, pobreza y precariedad en condiciones cercanas a la esclavitud. En medio, no slo todo tipo de distorsiones e irregularidades legales, funcionales a la rentabilidad del capital, sino claras trampas a vista y paciencia del pblico, funcionarios, legisladores y gobernantes.

Ninguno de los trabajadores y trabajadoras fallecidos tena contrato laboral. La mitad eran mujeres y tres eran menores de edad, lo que es una prctica extendida y habitual desde los albores de este modelo. Las nueve personas fallecidas prestaban sus servicios a la empresa Serviagro, segn relataron sus familiares, y viajaban aquella maana al predio Huertos San Pedro a recolectar arndanos.

SILENCIO SOBRE EL DRAMA

En un comienzo, inform la prensa local, la empresa desconoci tener un vnculo laboral con los trabajadores, vil mentira que posteriormente, y ante el asedio de los medios de comunicacin y el peso de los hechos, tuvo que rectificar. No pudo, sin embargo, alterar las innumerables irregularidades en las cuales la recoleccin de fruta se realiza, desde la falta de registros de asistencia, inexistencia de contratos escritos, la aceptacin de menores para esas actividades o no contar con infraestructura bsica, como comedores y equipamiento sanitario.

Estos antecedentes no son casos extremos o aislados. Este espacio legal, amparado por todos los gobiernos posdictadura, se reproduce en todos los sectores de la economa mediante empresas de papel, contratistas y subcontratistas que evitan relaciones formales y de largo plazo entre empleador y empleados. Este modelo, que va desde la minera a los servicios, adquiere ribetes sin duda ms extremos en los mltiples fragmentos y rincones de la ruralidad.

Si hablamos de la precariedad laboral habr que mencionar tambin los salarios, que en todos estos casos equivalen a 250 mil pesos, el mnimo legal, la cifra que expresa en toda su magnitud numrica y estadstica la mayor impudicia del modelo: su abismal desigualdad. Un estudio de los economistas de la Fundacin Sol, Marcos Kremerman y Gonzalo Durn, publicado el ao pasado seala que ms de un milln de personas, o el 25 por ciento de la fuerza laboral, recibe en Chile el salario mnimo. Si este es el promedio para el pas, en algunas regiones, como el escenario del fatal accidente, esta proporcin sube hasta el 30 por ciento. Con estos datos podemos afirmar que el modelo exportador chileno tiene tras de s un Estado funcional no slo dispuesto a legislar a favor del gran empresariado y sus amplios intereses, sino tambin a no controlar ni fiscalizar lo poco normado. En este espacio nebuloso, la nica ley existente es la que impone el capital.

EL MITO ECONMICO CHILENO

EN EL DESPEADERO

Esta tragedia nos vuelve a mostrar en toda su impudicia las bases sobre las que se ha construido el falso mito econmico chileno. Una clase empresarial soberbia y ambiciosa, que basa la rentabilidad no slo en la colusin y la trampa, sino tambin en sistemticos recortes salariales, en la apropiacin de los fondos de jubilacin y salud de sus trabajadores, en la desproteccin laboral y el desprecio de la vida misma de sus empleados. En la base de esta pirmide, una clase obrera desarticulada, que depende de las arbitrarias decisiones dictadas por los mercados internacionales sobre las gerencias de finanzas y recursos humanos. Esta debilidad laboral, que se mantiene escondida y slo salta a la luz pblica con las explosiones mineras o en tragedias carreteras, se extiende y reproduce en otros millares de lugares de la produccin y los servicios. Los trabajadores chilenos, vemos cada da, parecen haber sucumbido a la extraccin de los recursos naturales, a la gestin empresarial, a la bsqueda de rentabilidades corporativas. Hemos sucumbido a la economa neoliberal.

Las malas condiciones laborales en Chile son funcionales a la riqueza y a la desigualdad. Son sin duda la base del paradigma que ha permitido la creacin de gigantescos grupos econmicos, un mal que se extiende desde la minera a la construccin, a la industria forestal, el comercio y el milagro frutcola. El tan elogiado crecimiento econmico chileno se han construido sobre la inestabilidad y la inseguridad social.

Hablamos de un modelo de explotacin laboral que se extiende globalmente, por la produccin y los servicios. No son las endebles pymes las que no respetan las escasas y dbiles leyes; son las grandes transnacionales. Por ello que los temporeros de la fruta en Chile, aquel producto que viaja miles de kilmetros para llegar a los supermercados de Europa y Estados Unidos, son las mismas piezas baratas y recambiables que forman los ejrcitos de la maquila en Filipinas, Mxico, Guatemala o Bangladesh. Los incendios en una maquila tercerizada de Nike, con trabajadores empobrecidos y desprotegidos, estn conectados con el drama de temporeros chilenos que recolectan directa o indirectamente para una multinacional frutcola como Dole o Chiquita. Si aqu abajo la pobreza y precariedad global se emparentan, Nike, Adidas, Dole y Chiquita tambin se relacionan en las bolsas de valores en los mercados internacionales.

MENORES DE EDAD

E INMIGRANTES

En Chile el sector agrcola abarca aproximadamente un diez por ciento de las exportaciones nacionales y se estima que entre un 13 y 15 por ciento de la fuerza de trabajo se encuentra en este sector, lo que suma ms de 600 mil personas. Dentro de este grupo, la mitad, o unas 300 mil personas, est constituida por mujeres, las que han ido aumentando durante las ltimas dcadas, llegando a ser una pieza fundamental para el desempeo de esta industria. Tras el fatal accidente de Angol, podemos ver que esta fuerza de trabajo tambin est compuesta por menores de edad. Anteriores incidentes han hecho emerger el trabajo, tambin ilegal y en condiciones de bestial explotacin, de inmigrantes sudamericanos.

El sector silvoagropecuario chileno export el ao pasado cerca de 15 mil millones de dlares, de los cuales casi un 40 por ciento, o casi seis mil millones de dlares, correspondi exclusivamente a fruta. Para tener una idea de la importancia de este rubro, la exportacin de celulosa abarc, segn los datos del ao pasado, el 17 por ciento del total silvoagropecuario, en tanto los vinos fueron el doce por ciento.

De este grueso total frutcola, datos de Odepa afirman que la principal fruta de exportacin es la uva, seguida por las manzanas y los kiwis. En cuarto lugar aparecen las paltas, seguidas por ciruelas, peras y arndanos, los berries que aquella maana no alcanzaron a recoger estos nueve trabajadores. Por pases, el principal destino es Estados Unidos, seguido por China, Japn y Holanda. Segn datos proporcionados por la Asociacin de Exportadores (Asoex), las cinco principales empresas exportadoras de fruta son Dole, Unifrutti, David del Curto, Copefrut y Del Monte.

Para tener una idea del poder de estas empresas dueas de los mercados mundiales, Dole, por ejemplo, transnacional con sede en California, Estados Unidos, con presencia en 90 pases en el mundo, exporta slo desde Chile 44 millones de cajas de frutas al ao, con que tiene beneficios anuales por unos 40 millones de dlares. Unifrutti, empresa chilena, tiene una capacidad de exportacin de once millones de cajas a siete mercados internacionales.

El accidente, que ya ha salido de los medios de comunicacin, as como las investigaciones sobre la situacin laboral de los trabajadores fallecidos, nunca gener una reaccin clara y formal de parte de las organizaciones sindicales. Ante el silencio de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), el presidente de la Confederacin General de Trabajadores (CGT), Manuel Ahumada Lillo, ha sido el nico que ha expresado su rabia y tristeza por esta nueva tragedia laboral.

Ahumada en su columna Pulso Sindical se preguntaba no sin desazn por el silencio de las organizaciones, si no existen en Chile organizaciones sindicales en la agroindustria. Al responderse, dice: Datos a los que hemos accedido indican que en el sector existen 43 sindicatos de empresa, 25 interempresas, 95 independientes, once federaciones. Suponemos que tambin ms de una Confederacin en el sector y sin embargo hasta ahora lo que ms hay es silencio.

Pero tampoco hablaron ante el modelo exportador y explotador ni los partidos, organizaciones de derechos humanos, movimientos polticos. En medio del verano y las tensiones polticas, las vctimas del modelo exportador de acumulacin de capital parecen haber muerto de forma natural.

Una vez ms un fatal accidente laboral ha dejado entrever las bases obscenas sobre las que se ha apoyado histricamente el modelo neoliberal. Y una vez ms vemos cmo estas tragedias continan, con una prensa funcional al empresariado que las asimila al terreno policial, al trnsito o, simplemente a la mala suerte. Y sobre todo ello hay una clase trabajadora alienada, pese a la precariedad y explotacin.

Es el momento de levantar a estos trabajadores y trabajadoras como nuevos mrtires de la clase trabajadora. Tal como nos recuerdo Ahumada, es tambin el instante para reiterar la exigencia de real justicia (y no solo compensacin econmica o pensiones de gracia, pues son insuficientes y no reparan el dao) para los casos de Rodrigo Cisternas, Juan Pablo Jimnez, Nelson Quichillao y muchos otros, que perdieron la vida trabajando y a quienes an no se les hace justicia.

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RECUADRO

Los mrtires de Angol

Los temporeros fallecidos en el accidente del 9 de enero en Angol son: Fernando Cano Cuitio (17), Aldo Prez Seplveda (20), Bhayron Daz Muoz (19), Segundo Muoz Alarcn (64), Nicols Bravo Flores (18), Mara Garrido (33), Daniela Retamal (35), Brbara Henrquez (17) y el conductor del furgn, Rodrigo Zambrano Flores (32). Hubo una joven sobreviviente: Madeleine Vallejos Muoz (17)

Publicado en Punto Final, edicin N 845, 22 de enero 2016.

[email protected]

www.puntofinal.cl



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