Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2016

Ensayos neo-desarrollistas y proyectos socialistas
Desenlaces del ciclo progresista

Claudio Katz
Rebelin


RESUMEN

El ciclo progresista surgi de rebeliones populares que modificaron las relaciones de fuerza en Sudamrica. Hubo mejoras sociales, conquistas democrticas, y frenos a la agresin imperial. Pero se acentu el extractivismo exportador y la balcanizacin comercial. Los convenios de cada pas con China ilustran fracturas en la integracin que han facilitado el resurgimiento de los tratados de libre comercio. El progresismo qued afectado por ensayos neo-desarrollistas fallidos, que no lograron canalizar las rentas agro-exportadoras hacia actividades productivas. El gasto social permiti distender la protesta, pero el descontento se extendi bajo los gobiernos de centroizquierda. La derecha logr la presidencia de Argentina por las inconsistencias del kirchnerismo, se fortaleci en Brasil por la mutacin conservadora del PT y despunta en Ecuador por las falacias del discurso oficialista. Los conservadores ocultan la corrupcin, el narco-trfico y la desigualdad que acosan a sus gobiernos.

Venezuela batalla contra la intencin estadounidense de retomar el control de su petrleo. Un contragolpe chavista requiere poder comunal para erradicar el desfalco de divisas que enriquece a la burocracia. Se define la radicalizacin o la involucin del proceso bolivariano. La caracterizacin del ciclo progresista como un perodo pos-liberal omite las continuidades con la fase previa e ignora los conflictos con el movimiento popular. Pero la preeminencia del extractivismo no uniforma a los gobiernos, ni convierte a las administraciones de centro-izquierda en regmenes represivos. Los proyectos socialistas ofrecen el mejor desemboque para la etapa en curso.

------------

El 2015 concluy con significativos avances de la derecha en Sudamrica. Macri lleg a la presidencia de Argentina, la oposicin obtuvo la mayora en el parlamento venezolano y persisten las presiones para acosar a Dilma en Brasil. Tambin hay campaas de los conservadores en Ecuador y habr que ver si Evo obtiene un nuevo mandato en Bolivia.

En qu momento se encuentra la regin? Concluy el periodo de gobiernos distanciados del neoliberalismo? La respuesta exige definir las peculiaridades de la ltima dcada.

CAUSAS Y RESULTADOS

El ciclo progresista surgi de rebeliones populares que tumbaron gobiernos neoliberales (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina) o erosionaron su continuidad (Brasil, Uruguay). Esas sublevaciones modificaron las relaciones de fuerza, pero no alteraron la insercin econmica de Sudamrica en la divisin internacional del trabajo. Al contrario, en un decenio de valorizacin de las materias primas todos los pases reforzaron su perfil de exportadores bsicos.

Los gobiernos derechistas (Piera, Uribe-Santos, Fox- Pea Nieto) utilizaron la bonanza de divisas para consolidar el modelo de apertura comercial y privatizaciones. Las administraciones de centro-izquierda (Kirchner-Cristina, Lula-Dilma, Tabar-Mugica, Correa) privilegiaron la ampliacin del consumo interno, los subsidios al empresariado local y el asistencialismo. Los presidentes radicales (Chvez-Maduro, Evo) aplicaron modelos de mayor redistribucin y afrontaron severos conflictos con las clases dominantes.

La afluencia de dlares, el temor a nuevas sublevaciones y el impacto de polticas expansivas evitaron en la regin los fuertes ajustes neoliberales que prevalecieron en otras regiones. Los clsicos atropellos que padeca el Nuevo Mundo se trasladaron al Viejo Continente. La ciruga de Grecia no tuvo correlato en la zona y tampoco se padecieron los desgarros financieros que afectaron a Portugal, Islandia o Irlanda.

Este desahogo fue tambin un efecto de la derrota del ALCA. El proyecto de crear un rea continental de libre comercio qued suspendido y ese freno facilit alivios productivos y mejoras sociales.

Durante el decenio imper una drstica limitacin del intervencionismo estadounidense. Los marines y la IV flota continuaron operando, pero no consumaron las tpicas invasiones de Washington. Esta contencin se verific en el declive de la OEA. Ese Ministerio de Colonias perdi peso frente a nuevos organismos (UNASUR, CELAC), que intermediaron en los principales conflictos (Colombia).

El reconocimiento estadounidense de Cuba reflej este nuevo escenario. Al cabo de 53 aos Estados Unidos no pudo doblegar a la isla y opt por un camino de negocios y diplomacia, para recuperar imagen y hegemona en la regin.

Esta cautela del Departamento de Estado contrasta con su virulencia en otras partes del mundo. Basta observar la secuencia de masacres que soporta el mundo rabe para notar la diferencia. El Pentgono asegura all el control del petrleo, aniquilando estados y sosteniendo a gobiernos que aplastan las primaveras democrticas. Esa demolicin (o las guerras de saqueo en frica) estuvieron ausentes en Sudamrica.

El ciclo progresista permiti conquistas democrticas y reformas constitucionales (Bolivia, Venezuela, Ecuador), que introdujeron derechos bloqueados durante dcadas por las elites dominantes. Tambin se impuso un hbito de mayor tolerancia hacia las protestas sociales. En este terreno, salta a la vista el contraste con los regmenes ms represivos (Colombia, Per) o con los gobiernos que utilizan la guerra contra el narcotrfico para aterrorizar al pueblo (Mxico).

El perodo progresista incluy, adems, la recuperacin de tradiciones ideolgicas antiimperialistas. Esta reapropiacin fue visible en las conmemoraciones de los Bicentenarios que actualizaron la agenda de una Segunda Independencia. En varios pases este clima contribuy al resurgimiento del horizonte socialista.

El ciclo progresista involucr transformaciones que fueron internacionalmente valoradas por los movimientos sociales. Sudamrica se convirti en una referencia de propuestas populares. Pero ahora han salido a flote los lmites de los cambios operados durante esa etapa.

FRUSTRACIONES CON LA INTEGRACIN

Durante el 2015 las exportaciones latinoamericanas declinaron por tercer ao consecutivo. El freno del crecimiento chino, la menor demanda de agro-combustibles y el retorno de la especulacin a los activos financieros tienden a revertir la valorizacin de las materias primas.

Esa cada de precios se afianzar si el shale coexiste con el petrleo tradicional y se consolidan otros sustitutos de insumos bsicos. No es la primera vez que el capitalismo desenvuelve nuevas tcnicas para contrarrestar el encarecimiento de los productos primarios. Estas tendencias suelen arruinar a todas las economas latinoamericanas atadas a la exportacin agro-minera.

Las adversidades del nuevo escenario se verifican en la reduccin del crecimiento. Como la deuda pblica es inferior al pasado no se avizoran an los colapsos tradicionales. Pero ya declinan los recursos fiscales y se estrecha el margen para desenvolver polticas de reactivacin.

El ciclo progresista no fue aprovechado para modificar la vulnerabilidad regional. Esta fragilidad persiste por la expansin de negocios primarizados en desmedro de la integracin y la diversificacin productiva. Los proyectos de asociacin sudamericana fueron nuevamente desbordados por actividades nacionales de exportacin, que incentivaron la balcanizacin comercial y el deterioro de procesos fabriles.

Luego de la derrota del ALCA surgieron numerosas iniciativas para forjar estructuras comunes de toda la zona. Se propusieron metas de industrializacin, anillos energticos y redes de comunicacin compartidas. Pero estos programas han languidecido ao tras ao.

El banco regional, el fondo de reserva y el sistema cambiario coordinado nunca se concretaron. Las normas para minimizar el uso del dlar en transacciones comerciales y los emprendimientos prioritarios de infraestructura zonal quedaron en los papeles.

Tampoco se puso en marcha un blindaje concertado frente a la cada de los precios de exportacin. Cada gobierno opt por negociar con sus propios clientes, archivando las convocatorias a crear un bloque regional.

El congelamiento del Banco del Sur sintetiza esa impotencia. Esta entidad fue especialmente obstruida por Brasil, que privilegi su BNDS o incluso un Banco de los BRICS. La ausencia de una institucin financiera comn socav los programas de convergencia cambiaria y moneda comn.

La misma fractura regional se verifica en las negociaciones con China. Cada gobierno suscribe unilateralmente acuerdos con la nueva potencia asitica, que acapara compras de materias primas, ventas de manufacturas y otorgamientos de crditos.

China prioriza los emprendimientos de productos bsicos y retacea la transferencia de tecnologa. La asimetra que estableci con la regin slo es superada por la subordinacin que impuso en frica.

Las consecuencias de esta desigualdad comenzaron a notarse el ao pasado, cuando China redujo su crecimiento y disminuy sus adquisiciones en Latinoamrica. Adems, comenz a devaluar el yuan para incrementar sus exportaciones y adecuar su paridad cambiaria a las exigencias de una moneda mundial. Estas medidas acentuaron su colocacin de mercancas baratas en Sudamrica.

Hasta ahora China se expande sin exhibir ambiciones geopolticas o militares. Algunos analistas identifican esta conducta con polticas amigables hacia la regin. Otros observan en ese comportamiento una estrategia neocolonial de apropiacin de los recursos naturales. En cualquier caso el resultado ha sido un aumento geomtrico de la primarizacin sudamericana.

En lugar de establecer vnculos inteligentes con el gigante asitico para contrapesar la dominacin estadounidense, los gobiernos progresistas optaron por el endeudamiento y la atadura comercial. En UNASUR o CELAC nunca se discuti como negociar en bloque con China para suscribir acuerdos ms equitativos.

Los fracasos en la integracin explican el nuevo impulso que logr el Tratado del Pacfico. Los TLCs rebrotan con la misma intensidad que decae la cohesin sudamericana. Estados Unidos tiene objetivos ms ntidos que en la poca del ALCA. Alienta un convenio con Asia (TTP) y otro con Europa (TTIP) para asegurar su preeminencia en actividades estratgicas (laboratorios, informtica, medicina, militares). En el escenario que sucedi al temblor del 2008 promueve con renovada intensidad el libre-comercio.

Sudamrica es un mercado apetecido por todas las empresas transnacionales. Estas compaas exigen tratados con mayor flexibilidad laboral y explcitas ventajas para litigar en los pleitos de contaminacin ambiental. Estados Unidos y China rivalizan utilizando estos mismos instrumentos de apertura comercial.

Chile, Per y Colombia ya aceptaron las nuevas exigencias librecambistas del TTP en materia de propiedad intelectual, patentes y compras pblicas. Slo esperan lograr mayores mercados para sus exportaciones agro-minerales. Pero la gran novedad es la disposicin del gobierno argentino a participar en ese tipo negociaciones.

Macri pretende destrabar el acuerdo con la Unin Europea e inducir a Brasil a cierta participacin en la Alianza del Pacfico. Ha registrado que el gabinete de Dilma incluye representantes del agro-negocio, ms proclives a la liberalizacin comercial que al industrialismo del MERCOSUR.

Un test de los TLCs se verificar en las tratativas de otro convenio negociado en secreto por 50 pases, con clusulas extremas de liberalizacin en los servicios (TISA). Esta iniciativa ya afront un rechazo en Uruguay, pero las tratativas continan. El ciclo progresista est directamente amenazado por la avalancha de libre-comercio que propicia el imperio.

FALLIDOS NEO-DESARROLLISTAS

Los lmites del progresismo han sido ms visibles en los intentos nacionales de implementar polticas neo-desarrollistas. Estos ensayos pretendieron retomar la industrializacin con estrategias de mayor intervencin estatal, para imitar el desenvolvimiento del Sudeste Asitico. A diferencia del desarrollismo clsico promovieron alianzas con el agro-negocio y apostaron a un largo perodo de reversin del deterioro de los trminos de intercambio.

Al cabo de una dcada no lograron avanzar en ninguna meta industrializadora. La expectativa de igualar el avance asitico se diluy, ante la mayor rentabilidad que genera la explotacin de los trabajadores en el Extremo Oriente. La esperanza de conductas emprendedoras de los empresarios locales se desvaneci, frente a la continuada exigencia de auxilios estatales. La promocin de un funcionariado eficiente qued neutralizada por la recreacin de ineptas burocracias.

El principal intento neo-desarrollista se llev a cabo en Argentina durante el decenio que sucedi al estallido del 2001. Ese experimento fue erosionado por mltiples desequilibrios. Se renunci a administrar en forma productiva el excedente agrario mediante un manejo estatal del comercio exterior. Tambin se confi en empresarios que utilizaron los subsidios para fugar capital sin aportar inversiones significativas. Adems, se apost a un virtuosismo de la demanda cimentado en aportes de los capitalistas, que prefirieron remarcar los precios.

El modelo preserv todos los desequilibrios estructurales de la economa argentina. Afianz la primarizacin, potenci el estancamiento de la provisin de energa, perpetu un esqueleto industrial concentrado y sostuvo un sistema financiero adverso a la inversin. El mantenimiento de una poltica impositiva regresiva impidi modificar los pilares de la desigualdad social. 

Las tensiones acumuladas inducan a un viraje regresivo que el candidato del kirchnerismo (Scioli) eludi al perder los comicios. Postulaba un programa gradual de ajuste con re-endeudamiento, devaluacin, arreglo con los buitres, mayores tarifas y recortes del gasto social.

En Brasil se ha discutido si el gobierno del PT gestiona una variante conservadora de neo-desarrollismo o una versin regulada del neoliberalismo. Como all no se afront la crisis y la rebelin popular que convulsionaron a la Argentina, los cambios de poltica econmica tuvieron menor intensidad.

Pero al cabo de un decenio los resultados son semejantes en ambos pases. La economa brasilea se ha estancado y la expansin del consumo no ha resuelto las desigualdades sociales, ni masificado a la clase media. Hay mayor dependencia de exportaciones bsicas y un fuerte retroceso industrial. Los privilegios al capital financiero persisten y el agro-negocio sofoca cualquier esperanza de reforma agraria.

Dilma introdujo el viraje conservador que el progresismo evit en Argentina. Gan la eleccin cuestionando el ajuste promovido por su rival (Aecio Neves) y desconoci esas promesas frente a las presiones de los mercados. Design un ministro de economa ultra-liberal (Levy) que reprodujo el debut de Lula con personajes del mismo tipo (Palocci).

Durante el 2015 esta gestin ortodoxa gener subas de tasas y aumentos de tarifas. Dilma justific el recorte de las polticas sociales y mantuvo las ventajas que tienen los financistas para acumular fortunas. Pero al comienzo del nuevo ao remplaz al hombre de los banqueros por un economista ms heterodoxo (Barbosa), que promete un ajuste fiscal ms pausado para atenuar la recesin. Este giro no anticipa salidas al pantano que generan las polticas conservadoras.

Ecuador ha padecido la misma involucin del neo-desarrollismo. Correa debut con una reorganizacin del estado que potenci el mercado interno. Aument los ingresos fiscales, otorg mejoras sociales y canaliz parte de la renta hacia la inversin pblica.

Pero posteriormente enfrent todos los lmites de experimentos anlogos y opt por el endeudamiento y el privilegio de las exportaciones. Suscribi un TLC con Europa, facilita la privatizacin de las carreteras y entrega campos maduros de petrleo a las grandes compaas.

Las falencias del neo-desarrollismo han obstruido el ciclo progresista. Ese modelo intent canalizar los excedentes de la exportacin hacia actividades productivas. Pero enfrent resistencias del poder econmico y se someti a esas presiones.

EL NUEVO TIPO DE PROTESTAS

Durante la ltima dcada se atenuaron los estallidos de descontento popular. Todas las administraciones contaron con un significativo colchn de ingresos fiscales para lidiar con las demandas sociales. La derecha recurri al asistencialismo, la centroizquierda concret mejoras sin afectar a los poderosos y los procesos radicales facilitaron conquistas de mayor gravitacin.

En toda la regin hubo mayor distensin social y los principales conflictos se trasladaron al plano poltico. Se verificaron grandes resistencias contra las acciones destituyentes de la derecha y gigantescas movilizaciones para apuntalar las batallas electorales. Pero no se registraron levantamientos equivalentes al periodo pre-progresista. Slo la heroica respuesta al golpe de Honduras se aproxim a esa escala.

La combatividad popular se expres en otros terrenos. Irrumpieron multitudinarias manifestaciones de estudiantes chilenos por la gratuidad de la educacin y se consum una llamativa huelga general en Paraguay. Tambin se observaron activas demandas de los campesinos, indgenas y ambientalistas en Colombia y Per.

Pero la principal novedad de la etapa fueron las protestas sociales en los pases gobernados por la centroizquierda. En un contexto de fuertes presiones polticas de la derecha, esa interpelacin desde abajo puso de relieve la insatisfaccin popular.

El desafo fue notorio en Argentina. Primero se extendieron las huelgas de los docentes y estatales. Luego apareci el rechazo al pago de un impuesto que grava a los asalariados de mayores ingresos. Este disgusto deton cuatro paros generales en el 2014-2015. La masividad de estas acciones sorprendi a los gremialistas del oficialismo que se opusieron a la protesta.

En Brasil el descontento emergi en las jornadas de julio del 2013. Las grandes manifestaciones para reclamar mejoras en el transporte y la educacin convulsionaron a las principales ciudades. Estas peticiones no slo constituyeron reclamos de segunda generacin suplementarios de lo ya logrado. Expresaron el fastidio con las condiciones de vida. Ese malestar se verific en los cuestionamientos a los gastos superfluos realizados para financiar el Mundial de Futbol, en desmedro de las inversiones en educacin.

Finalmente en Ecuador, las movilizaciones sociales e indgenas incrementaron su presencia callejera y alcanzaron el ao pasado un pico de masividad. Correa respondi con dureza y autoritarismo, ensanchando la grieta que separa al oficialismo de amplios sectores populares.

POR QU AVANZA LA DERECHA?

El arribo de Macri a la presidencia representa el primer desplazamiento electoral de una administracin centroizquierdista por sus adversarios conservadores. Este viraje no es comparable a lo ocurrido en Chile con la victoria de Piera sobre Bachelet. All se registr una acotada sustitucin dentro de las mismas reglas neoliberales.

Macri es un crudo exponente de la derecha. Triunf recurriendo a la demagogia, la despolitizacin y las ilusiones de concordia. Con promesas vacas transform los virulentos cacerolazos en una oleada de votos.

El nuevo mandatario ya design un gabinete de gerentes para administrar el estado como si fuera una empresa. Inici una drstica transferencia regresiva de ingresos mediante la devaluacin y la caresta. Recurre a los decretos para criminalizar la protesta social y prepara la anulacin de los logros democrticos.

El triunfo de Macri no fue una casualidad. Estuvo precedido por la negativa del progresismo a asumir numerosas demandas que la derecha recogi en forma distorsionada y demaggica. Esta responsabilidad del kirchnerismo es omitida por sus seguidores.

Algunos progresistas observan la victoria del PRO como una desventura pasajera y esperan retomar el gobierno en pocos aos, desconociendo las probables modificaciones del mapa poltico en ese interregno. Otros suponen que la eleccin se perdi por mala suerte o por el desgaste de 12 aos, como si ese cansancio siguiera una cronologa fija.

Quienes atribuyen el desenlace electoral a la prdica ciertamente efectiva de los medios de comunicacin hegemnicos, no aceptan que al mismo tiempo fall el armado alternativo de la propaganda oficial. Lo mismo vale para quienes se burlan de la pos-poltica del macrismo, sin registrar la decreciente credibilidad del discurso kirchnerista. El fastidio con la corrupcin, el clientelismo y la cultura justicialista de verticalismo y lealtad explican la victoria de Macri.

La ofensiva reaccionaria para acosar a Dilma no logr los resultados de Argentina, pero desconcert al gobierno brasileo durante todo el 2015. Los derechistas comenzaron con grandes manifestaciones en marzo, que no pudieron sostener en agosto y menos an en diciembre. Las movilizaciones sociales contra el golpe institucional siguieron en cambio un curso opuesto y se engrosaron con el paso del tiempo.

El Tribunal Supremo fren por ahora el juicio poltico y el gobierno logr un alivio, que utiliza para reordenar alianzas a cambio de cierto desahogo fiscal. Pero Dilma slo ha conseguido una tregua con sus oponentes en el Congreso y los medios de comunicacin.

Al igual que en Argentina el progresismo elude cualquier explicacin de ese retroceso. Simplemente maniobra para asegurar la supervivencia del gobierno, mediante nuevos pactos con el poder econmico, las elites provinciales y la partidocracia.

Sus tericos evitan indagar la involucin del PT que erosion su base social al aceptar los ajustes. En la ltima eleccin Dilma gan por muy poco y compens con votos del nordeste los sufragios perdidos en el sur. El sostn de las viejas bases obreras del PT disminuy frente al clientelismo tradicional.

Adems, el gobierno est manchado por graves escndalos de corrupcin. Han salido a flote negociados con la elite industrial, que retratan las consecuencias de gobernar en alianzas con los acaudalados. En vez de analizar esta dramtica mutacin, los tericos del progresismo reiteran sus genricos mensajes contra la restauracin conservadora.

Una regresin semejante se observa en Ecuador. La gestin de Correa est signada por un gran divorcio entre la retrica beligerante y la administracin del status quo. El presidente polemiza con los derechistas y es implacable en sus denuncias de la injerencia imperial. Pero cada da cruza una nueva barrera en la aceptacin del libre-comercio y en la confrontacin con los movimientos sociales.

Tambin aqu los anlisis del progresismo se limitan a redoblar las alertas contra la derecha. Omiten la desilusin que genera un presidente comprometido con la agenda del establishment. Este giro explica su reciente decisin de renunciar a un prximo mandato.

LA CENTRALIDAD DE VENEZUELA

El desenlace del ciclo progresista se juega en Venezuela. Lo que sucede all no es equivalente a lo acontecido en otros pases. Estas diferencias son desconocidas por quienes equiparan los recientes triunfos de la derecha venezolana y argentina. Ambas situaciones son incomparables.

En el primero caso los comicios se desarrollaron en medio de una guerra econmica, con desabastecimiento, hiperinflacin y contrabando de las mercancas subsidiadas. Fue una campaa llena de plvora, paramilitares, ONGs conspirativas y provocaciones criminales.

La derecha preparaba sus tpicas denuncias de fraude para descalificar un resultado adverso en los comicios. Pero gan y no logra explicar cmo pudo registrarse esa victoria bajo una dictadura. Por primera vez en 16 aos obtuvieron mayora en el Parlamento e intentarn convocar a un revocatorio para deponer a Maduro.

Como no estn dispuestos a esperar hasta el 2018 se avecina un gran conflicto con el Ejecutivo. Promovern en el Congreso exigencias inaceptables, con el explcito propsito de acosar al presidente (liberar golpistas, transparentar la especulacin, anular conquistas sociales).

Ningn rasgo de ese escenario se observa en Argentina. No slo Capriles tiene prioridades muy distintas a Macri, sino que el chavismo difiere significativamente del kirchnerismo. El primero surgi de una rebelin popular y declar su intencin de alcanzar objetivos socialistas. El segundo se limit a capturar los efectos de una sublevacin y siempre enalteci al capitalismo.

En Venezuela hubo redistribucin de la renta afectando los privilegios de las clases dominantes y en Argentina se reparti ese excedente sin alterar significativamente las ventajas de la burguesa. El empoderamiento popular que desencaden el chavismo no se equipara con la expansin del consumo que promovi el kirchnerismo. Tampoco el proyecto antiimperialista del ALBA guarda semejanzas con el conservadurismo del MERCOSUR (Cieza, 2015; Mazzeo, 2015; Stedile, 2015).

Pero la principal singularidad de Venezuela proviene del lugar que ocupa en la dominacin imperial. Estados Unidos concentra todos sus dardos contra eses pas, para recuperar el control de las principales reservas petroleras del continente. Por eso mantiene una estrategia de agresin permanente.

Basta observar la guerra que libr el Pentgono en Medio Oriente -demoliendo a Irak y Libia- para notar la importancia que le asigna al control del crudo. El Departamento de Estado puede reconocer a Cuba y discutir con presidentes adversos, pero Venezuela es una presa no negociable.

Por esta razn los medios de comunicacin hegemnicos martillean da y noche sobre el mismo pas, con imgenes de un desastre que requiere salvamento externo. Los golpistas son presentados como vctimas inocentes de una persecucin, omitiendo que Leopoldo Lpez fue condenado por los asesinatos perpetrados durante las guarimbas. Cualquier tribunal estadounidense hubiera dictado sentencias mucho ms duras frente a esas tropelas. La diabolizacin meditica busca aislar al chavismo para incentivar mayores condenas de la socialdemocracia.

Esta campaa no logr resultados hasta la reciente victoria electoral de la derecha. Ahora se disponen a retomar los planes para tumbar a Maduro, combinando el desgaste que promueve Capriles con la destitucin violenta que impulsa Lpez. Tratan de empujar al gobierno a una situacin catica para repetir el golpe institucional perpetrado en Paraguay.

Macri es el articulador internacional de esa conspiracin. Encabeza todos los cuestionamientos a Venezuela, mientras criminaliza la protesta en Argentina. Gobierna por decreto en su pas y exige respeto a los parlamentarios de otra nacin.

El lder del PRO ya sugiere sanciones contra el nuevo socio del MERCOSUR, pero no habla de Guantnamo, ni menciona los padecimientos de los presos polticos en las crceles estadounidenses. Pospuso su exigencia de sanciones a Venezuela a la espera de mayores definiciones de Dilma. Pero volver a la dureza si estima oportuno acompaar las provocaciones de Lpez.

DEFINICIONES IMPOSTERGABLES

El chavismo ha debido confrontar con fuertes agresiones por la radicalidad de su proceso, la furia de la burguesa y la decisin imperial de manejar el petrleo. El contraste con Bolivia es llamativo. Tambin all ha primado un gobierno radical-antiimperialista. Pero el Altiplano no tiene la relevancia estratgica de Venezuela y arrastra un nivel muy superior de subdesarrollo.

Evo mantuvo la hegemona poltica y logr un crecimiento econmico significativo. Forj un estado plurinacional desplazando a las viejas elites racistas e impuso por primera vez la autoridad real de ese organismo en todo el territorio.

Hasta ahora la derecha no pudo disputarle el gobierno, pero hay una batalla abierta en torno a la reeleccin de Morales. En cualquier caso Bolivia no afronta an las impostergables definiciones que debe asumir el chavismo.

Desde la cada del precio del petrleo Venezuela sufre un drstico recorte de los ingresos. Estn amenazadas las importaciones requeridas para el funcionamiento corriente de la economa. Tambin se verifica un gran desborde del dficit fiscal, la brecha cambiaria, la inflacin y la emisin.

Ya no alcanza con la simple constatacin de la guerra econmica. Tambin hay que registrar la incapacidad del gobierno para enfrentar ese atropello. A Maduro le ha faltado la firmeza que tuvo Fidel durante el perodo especial. El sabotaje econmico es efectivo porque la burocracia estatal contina sosteniendo con los dlares de PDVSA, un sistema cambiario que facilita el desfalco organizado de los recursos pblicos (Gmez Freire, 2015; Aharonian, 2016; Colussi, 2015) .

Este des-manejo acenta el estancamiento del modelo distribucionista, que canaliz inicialmente la renta hacia programas asistenciales y no logr posteriormente gestar una economa productiva.

El escenario actual ofrece una nueva (y quizs ltima) oportunidad para reordenar la economa. Resulta imprescindible cortar el uso de las divisas para el contrabando de mercancas y el ingreso de importaciones encarecidas. Ese fraude enriquece al funcionariado aburguesado y subleva a la poblacin. No basta con reorganizar PDVSA, controlar las fronteras o encarcelar a ciertos delincuentes. Sin remover a los corruptos el proceso bolivariano se auto-condena al declive.

El chavismo necesita un contragolpe para recuperar sostn popular. Varios economistas han elaborado detallados programas para implementar otra gestin cambiaria, a partir de la nacionalizacin de los bancos y el comercio exterior. Como ya no hay dlares suficientes para solventar las importaciones y pagar la deuda habra que encarar tambin una auditoria de ese pasivo.

Maduro ha declarado que no se rendir. Pero en la delicada situacin actual no alcanzan las definiciones por arriba. La supervivencia del proceso bolivariano exige construir un poder popular desde abajo. Ya existe una legislacin que define las atribuciones del poder comunal. Slo esos organismos permitiran sostener la batalla contra capitalistas que burlan controles cambiarios y recuperan excedentes petroleros.

El ejercicio del poder comunal est bloqueado desde hace aos por una burocracia que empobrece al estado. Ese sector sera el primer afectado por una democracia desde abajo. Al comenzar el ao Maduro instal una asamblea del poder comunal. Pero el verticalismo del PSUV y la hostilidad hacia las corrientes ms radicales obstruyen esa iniciativa (Guerrero, 2015; Iturriza, 2015; S zalkowicz, 2015; Teruggi, 2015).

Cualquier impulso a la organizacin comunal redoblar las denuncias de la prensa internacional contra la violacin de la democracia en Venezuela. Estos cuestionamientos sern propagados por los artfices del golpe estadounidense en Honduras y por los inspiradores de la farsa institucional que derroc a Lugo en Paraguay.

Son los mismos personajes que silencian el terrorismo de estado imperante en Mxico o Colombia. Han debido aceptar la institucionalidad cubana dentro de UNASUR, pero no estn dispuestos a tolerar el desafo de Venezuela. Confrontar con ese establishment meditico es una prioridad en todo el continente.

OCULTAMIENTOS DERECHISTAS

El nuevo escenario sudamericano ha envalentonado a la derecha. Piensa que lleg su hora y promete cerrar el ciclo populista, para reemplazar el intervencionismo por el mercado y el autoritarismo por la libertad.

Con estos mensajes oculta su responsabilidad directa en la devastacin sufrida durante los aos 80 y 90. Los gobiernos progresistas impugnados aparecieron frente al colapso econmico y el desangre social generado por los neoliberales. La derecha no slo retrata ese pasado como un proceso ajeno a sus gestiones. Tambin encubre lo que sucede en los pases que gobierna.

Pareciera que los nicos problemas de Amrica Latina se ubican fuera de ese radio. Este engao ha sido construido por los medios hegemnicos de comunicacin, que pasan por alto cualquier informacin adversa a las administraciones derechistas.

El apaamiento es tan descarado que el grueso de la poblacin desconoce cualquier informacin ajena a los pases objetados por la prensa dominante. Los medios describen la inflacin y las tensiones cambiarias reinantes en los gobiernos impugnados, pero omiten el desempleo y la precarizacin imperantes en las economas neoliberales.

Tambin resaltan la prdida de oportunidades que ocasiona el control de los capitales y silencian los terremotos que provoca la desregulacin. Despotrican contra el artificio del consumo y ocultan el deterioro generado por la desigualdad.

Pero la omisin ms grosera se ubica en el funcionamiento del estado. La derecha impugna el paternalismo discrecional vigente en el rea progresista y desconoce el desmoronamiento que afecta a los narco-estados, expandidos al calor del libre comercio y la desregulacin financiera. Tres economas ponderadas por su grado de apertura y afinidad con el capital -Mxico, Colombia y Per- sufren esa corrosin del estado.

Mxico padece el nivel de violencia ms dramtico de la regin. Ningn funcionario de alto rango ha sido encarcelado y numerosos territorios estn bajo control de bandas criminales. En Colombia los carteles de la droga financian presidentes, partidos y sectores del ejrcito. En Per el grado de complicidad oficial con el trfico de drogas incluy la conmutacin de penas a 3200 condenados por ese delito.

Ninguno de estos datos es difundido con la insistencia que se retratan las desventuras de Venezuela. Esta dualidad comunicacional se extiende al tema de la corrupcin. La derecha presenta esta adversidad como una gangrena del progresismo, olvidando la participacin protagnica de los capitalistas en los principales desfalcos de todos los estados.

Los grandes medios exponen los detalles del oscuro manejo oficial del dinero pblico en Venezuela, Brasil o Bolivia. Pero no hablan de los casos ms escandalosos que afectan a sus protegidos. La indignacin colectiva que precipit la reciente renuncia del presidente de Guatemala no encabeza los noticieros.

La derecha recurre a las mismas unilateralidades mediticas parar embellecer el modelo econmico de Chile. Este esquema es ponderado por sus privatizaciones, ocultando el asfixiante endeudamiento de las familias, la precarizacin laboral y las miserables pensiones de la jubilacin privada. Tampoco se comenta el freno del crecimiento y el aumento de la corrupcin, que socavan las reformas de la educacin y la previsin social prometidas por Bachelet.

El contraste entre el paraso neoliberal y el infierno progresista tambin incluye el silenciamiento del nico caso de cesacin de pagos del 2015. Puerto Rico se qued sin plata para financiar el despojo de sus recursos humanos (emigracin), naturales (reemplazo de la agricultura por la importacin de alimentos) y econmicos (deslocalizacin de la industria y el turismo).

Las consecuencias del neoliberalismo no tienen espacio en los peridicos, ni minutos en los informativos. La derecha discute el fin del ciclo progresista omitiendo lo que sucede fuera de ese universo.

UN PERODO POS-LIBERAL?

La engaosa mirada de la derecha sobre el ciclo progresista contrasta con el importante debate que se desenvuelve en la izquierda, entre tericos de la continuidad y del agotamiento de ese perodo.

El primer enfoque resalta la solidez de las transformaciones de la ltima dcada. Subrayan los logros socio-econmicos, los avances en la integracin, los aciertos geopolticos y las victorias electorales ( Arkonada, 2015a; Sader, 2015a).

La consistencia que observan en los cambios operados se verifica en el uso del calificativo pos-liberal para describir ese ciclo. Estiman que una etapa pos ha dejado atrs a la fase precedente por la contundencia de las mutaciones registradas . Con este enfoque polemizan con las visiones que remarcan el declive de ese proceso (Itzamn, 2015; Sader, 2016b; Rauber, 2015) .

El triunfo de Macri, el avance de Capriles-Lpez y la parlisis de Dilma o Correa han moderado estas apreciaciones e inducido a ciertas crticas. Algunos resaltan los efectos nocivos de la burocracia o las falencias en la batalla cultural ( Arana , 2015; Arkonada, 2015b).

Pero en general mantienen la caracterizacin del perodo y subrayan las limitaciones de la ofensiva conservadora. Resaltan la debilidad de ese proyecto, la transitoriedad de sus xitos o la proximidad de grandes resistencias sociales (Puga lvarez, 2015; Arkonada, 2015b).

Esta visin no permite registrar hasta qu punto la profundizacin del patrn extractivista ha socavado el ciclo progresista. La sintona de ese esquema econmico con las administraciones derechistas no se extiende a sus pares de centroizquierda. Estos gobiernos son afectados por las nefastas consecuencias de un modelo que deteriora el empleo e impide el desarrollo productivo. Esta contradiccin es mucho ms severa en los procesos radicales.

El supuesto de un periodo pos-liberal omite esas tensiones. No slo olvida que la superacin del neoliberalismo exige comenzar a revertir la primarizacin de la regin. Tambin recurre a muchas indefiniciones en la caracterizacin del perodo. Nunca se aclara si el pos-liberalismo est referido a los gobiernos o a los patrones de acumulacin.

A veces se sugiere que conforma un perodo contrapuesto al Consenso de Washington. Pero en ese caso se enfatiza el giro poltico hacia la autonoma, desconociendo la persistencia del patrn de exportaciones bsicas.

Tambin se argumenta que un cambio ms sustancial del modelo econmico desborda lo que puede encarar Amrica Latina. Este giro supondra virajes ms significativos en un capitalismo multipolar en gestacin. Pero nadie precisa como esas transformaciones alteraran la fisonoma tradicional de la regin. Lo ocurrido en la ltima dcada ilustra un curso de primarizacin, contrapuesto a los pasos que debera transitar la regin para forjar una economa industrializada, diversificada e integrada.

El enfoque afn al progresismo tambin reivindica el basamento econmico neo-desarrollista del ltimo decenio resaltando sus contrastes con el neoliberalismo. Pero no registra las numerosas reas de complementariedad entre ambos modelos. Tampoco nota que ningn ensayo de mayor regulacin estatal ha revertido las privatizaciones, erradicado la precariedad laboral, o modificado los pagos de la deuda.

Estas insuficiencias no constituyen el precio a pagar por la gestacin de un escenario pos-liberal. Perpetan la dependencia y la especializacin primario-exportadora.

Es cierto que en la ltima dcada hubo mejoras sociales, mayor consumo y cierto crecimiento. Pero estos repuntes ya ocurrieron en otros ciclos de reactivacin y valorizacin exportadora. Lo que no ha cambiado es el perfil del capitalismo regional y su adaptacin a los requerimientos actuales de la mundializacin.

Cuando este dato es ignorado se tiende a observar avances donde hay estancamiento y logros perdurables donde imperan los desaciertos. El trasfondo del problema es la santificacin del capitalismo como nico sistema factible. Los tericos del progresismo descartan la implementacin de programas socialistas o a lo sumo aceptan su eventualidad para futuros lejanos.

Con ese presupuesto imaginan la viabilidad de esquemas heterodoxos, inclusivos o productivos de capitalismo latinoamericano. Cada evidencia de fracaso de este modelo es sustituida por otra esperanza del mismo tipo, que desemboca en desengaos semejantes.

OFICIALISMO SIN REFLEXIN

Los problemas reales que afectan al progresismo son frecuentemente eludidos, cuestionando exclusivamente a la burocracia, la corrupcin o la ineficiencia. Se olvida que esas adversidades suelen acosar en algn momento a todos los modelos econmicos y no constituyen una peculiaridad de la ltima dcada.

Como se supone, adems, que la nica alternativa frente a esas administraciones es el retorno conservador se justifican conductas que terminan facilitando la restauracin derechista.

Este comportamiento se corrobor durante las protestas que irrumpieron bajo los gobiernos de centroizquierda. Los oficialistas rechazaron estas manifestaciones observando una mano de la derecha en su gestacin. Cuestionaron a los desagradecidos que ganaron las calles, desconociendo lo hecho por las administraciones progresistas.

Durante los paros de Argentina (2014-15) el progresismo repiti los argumentos tradicionales del establishment. Objet el carcter poltico de las huelgas, omitiendo que ese perfil no reduce su legitimidad. Arremeti contra la extorsin de los piquetes, olvidando que ese chantaje es ejercido por las patronales y no por los activistas. Ignor que esos cortes protegen de sanciones a los trabajadores precarizados sin derecho a la protesta.

Otros progresistas descalificaron las huelgas afirmando que maana todo seguir igual, como si un acto de fuerza de los trabajadores no favoreciera su capacidad de negociacin. Incluso presentaron la huelga como un acto de egosmo de los asalariados con mayores sueldos, cuando esa ventaja ha permitido motorizar las mayores resistencias sociales de la historia argentina.

En Brasil la reaccin del PT fue semejante. No particip en el inicio de las jornadas del 2013, expres su desconfianza hacia los manifestantes y slo acept la validez de las marchas cuando se masificaron. El gobierno se limit a acusar a la derecha de incentivar el descontento, en lugar de registrar la desilusin popular con una administracin que designa ministros neoliberales.

La hostilidad hacia las acciones callejeras fue un resultado de la involucin del PT. Ese partido perdi sensibilidad hacia los reclamos populares al estrechar vnculos con el empresariado y los banqueros. Su cpula gestiona la economa al servicio de los capitalistas y se sorprende cuando sus bases sociales demandan lo que siempre reclamaron.

Las mismas tensiones salieron a flote en Ecuador frente a numerosas peticiones de los movimientos sociales en defensa de la tierra y el agua. Como estas marchas coincidieron con rechazos de la derecha a los proyectos impositivos del gobierno, los oficialistas subrayaron la convergencia de ambas acciones en un mismo proceso de restauracin conservadora. En vez de propiciar una aproximacin a los reclamos sociales para forjar un frente comn contra los reaccionarios, el progresismo acompa ciegamente a Correa.

Lo ocurrido frente a las protestas en los tres pases gobernados por la centroizquierda ilustra como las administraciones progresistas toman distancia (en vez de aproximarse) al movimiento popular. De esa forma pavimentan el repunte de la derecha.

DISTINCIONES PERDURABLES

Las tesis pos-liberales son objetadas por otros autores que remarcan el agotamiento del ciclo progresista, como consecuencia del extractivismo. Estiman que los emprendimientos mega-mineros (Tipnis, Famaitina, Yasuni, Aratiri) y la primaca de la soja o los hidrocarburos han impedido reducir la desigualdad social. Consideran, adems, que todos los gobiernos de Amrica Latina convergen en un consenso de commodities que acenta la primarizacin (Svampa, 2014; Zibechi, 2016, Zibechi, 2015).

Esta visin describe correctamente las consecuencias de un modelo que privilegia las exportaciones bsicas. Pero postula errneamente la preeminencia de una fisonoma uniforme en la regin. No registra las significativas divergencias que separan a los gobiernos derechistas, centroizquierdistas y radicales en todos los terrenos ajenos al extractivismo.

Venezuela no erradic la gravitacin del petrleo, Bolivia no se liber de la centralidad del gas y Cuba mantiene su atadura al nquel o el turismo. Pero esta dependencia no convierte a Maduro, Evo o Ral en mandatarios semejantes a Pea Nieto, Santos o Pinera. Las exportaciones bsicas prevalecen en toda la economa latinoamericana sin definir el perfil de los gobiernos.

Al resaltar los nefastos efectos del extractivismo se evita la ingenua visin pos-liberal. Pero las limitaciones del progresismo no se reducen al reforzamiento del patrn agro-minero. Tampoco el neo-desarrollismo se define por esa dimensin. Si la impronta extractiva constituyera el rasgo principal de ese modelo, no presentara diferencias significativas con el neoliberalismo.

Los nuevos desarrollistas han intentado canalizar la renta agro-minera hacia el mercado interno y la recomposicin industrial. Fallaron en ese objetivo, pero tuvieron una pretensin ausente en sus adversarios librecambistas.

Es importante precisar estas distinciones para elaborar alternativas. De la exclusiva contraposicin en torno al extractivismo no emergen esas respuestas. Frente al capitalismo pos-liberal impulsado por los tericos de la continuidad del ciclo progresista, sus objetores no postulan la opcin socialista. Ms bien enuncian genricas convocatorias a proyectos centrados en la multiplicacin de comunidades auto-gestionadas.

Este horizonte localista suele desechar la necesidad de un estado administrado por las mayoras populares, que concilie la proteccin del medio ambiente con el desenvolvimiento industrial. Amrica Latina necesita nacionalizar los principales resortes de su economa, para financiar emprendimientos productivos con la renta agro-minera.

Los beneficiarios de estas propuestas seran las mayoras laboriosas y no las minoras capitalistas. Aqu radica la principal diferencia del socialismo con el neo-desarrollismo.

Los tericos del declive progresista cuestionan el autoritarismo de los gobiernos de ese signo. Describen restricciones a las libertades pblicas, agresiones al movimiento indgena y reforzamientos del presidencialismo. Tambin denuncian la sustitucin de dinmicas de hegemona por lgicas coercitivas y el silenciamiento de las voces independientes frente a la palabra oficial ( Svampa, 2015; Gudynas, 2015; Zibechi, 2015b) .

Pero ninguna de estas tendencias ha convertido a una administracin de centroizquierda en un gobierno de la reaccin. El nico caso de ese tipo sera Ollanta Humala, que se disfraz de chavista y ejerce la presidencia con mano dura y entrega neocolonial.

Es importante reconocer estas diferencias para tomar distancia de los mensajes que divulga la derecha contra el autoritarismo y el populismo. Mientras que los polticos conservadores buscan unificar las crticas al progresismo en un engaoso discurso comn, la izquierda necesita delimitarse. Repudiar explcitamente los argumentos o posturas de los reaccionarios es la mejor forma de evitar esa trampa.

Conviene no olvidar que radicalizar los procesos empantanados por las vacilaciones del progresismo es una meta contrapuesta a la regresin neoliberal. Por eso pueden existir reas de convergencia con la centro-izquierda pero nunca con la derecha. La confrontacin con los reaccionarios es un requisito de la accin poltica popular.

Estas distinciones se verifican en todos los planos y tienen especial vigencia en el terreno democrtico. El progresismo puede adoptar actitudes coercitivas pero no acta estructuralmente con patrones represivos. Por esta razn un pasaje de formas hegemnicas (consenso) a dominantes (coercin) en la gestin estatal es habitualmente acompaado por cambios en el tipo de gobierno. Las diferencias entre la centroizquierda y la derecha que aparecieron al inicio del ciclo progresista persisten en la actualidad.

CONTROVERSIAS CONCRETAS

Todos los debates en curso asumen actualmente en Venezuela un contenido urgente. All no se discuten diagnsticos genricos de continuidad o agotamiento de la etapa, sino propuestas especficas de radicalizacin o involucin del proceso bolivariano.

El primer planteo es alentado por los revolucionarios. Rechazan los pactos con la burguesa, promueven acciones efectivas contra los especuladores y auspician la consolidacin del poder comunal. Estas iniciativas retoman la audacia que caracteriz a las revoluciones exitosas del siglo XX. Propician tomar la iniciativa antes que la derecha gane la partida ( Conde, 2015; Valderrama, Aponte, 2015; Aznrez, 2015; Carcione, 2015).

El segundo enfoque es alentado por los socialdemcratas y los funcionarios que lucran con el status quo. Sus tericos no explicitan claramente un programa. Ni siquiera objetan abiertamente las tesis radicales. Simplemente soslayan las definiciones, sugiriendo que el gobierno sabr encontrar el camino correcto.

Con esa actitud suelen denunciar la culpabilidad del imperialismo en todos los atropellos que sufre Venezuela, pero no aportan propuestas para derrotar esas agresiones. Convocan a redoblar los esfuerzos contra la ineficiencia o el descontrol, sin mencionar la nacionalizacin de los bancos, la expropiacin de quienes fugan capital o la auditoria de la deuda.

En la disyuntiva actual la simple reivindicacin del proceso bolivariano (y de la adhesin que preserva) no resuelve ningn problema. Sin discutir abiertamente por qu el chavismo perdi votantes activos, no hay forma de revertir el mayor predicamento de la derecha. Tampoco alcanza sealar elpticamente que el gobierno no supo o no pudo adoptar las polticas adecuadas.

Ms desacertado an es culpabilizar al pueblo por su olvido de lo otorgado por el chavismo. Esta forma de razonar supone que las mejoras concedidas paternalmente por una administracin deben ser aplaudidas sin chistar. Es la mirada contrapuesta al poder comunal y al protagonismo de trabajadores que construyen su propio futuro.

Los proyectos de capitalismo pos-liberal chocan con la realidad venezolana. All se comprueba el carcter fantasioso de ese modelo y la necesidad de abrir caminos anticapitalistas para impedir la restauracin conservadora. Rechazar estos senderos con un recetario de imposibilidades simplemente conduce a bajar los brazos.

Algunos pensadores coinciden con esta caracterizacin, pero estiman que ya pas el momento para avanzar en esa direccin. Pero cmo se determina esa temporalidad? Cul es el barmetro para dictaminar el fin de un proceso transformador?

La prdida de entusiasmo, el repliegue a la vida privada y las proclamas de adis al chavismo son datos de la coyuntura. Pero muchas veces el pueblo reaccion frente a situaciones de extrema adversidad. No sera la primera vez que las divisiones y los errores de la derecha precipitan un contragolpe bolivariano.

IDENTIDAD SOCIALISTA

La persistencia, renovacin o extincin del ciclo progresista en la regin depende de la resistencia popular. No se puede indagar la continuidad o cancelacin de ese perodo omitiendo esta dimensin. Es un gran error evaluar cambios de gobiernos ignorando los niveles de lucha, organizacin o conciencia de los oprimidos.

Por el momento la derecha tiene la iniciativa, pero el signo del perodo se definir en las batallas sociales que seguramente precipitarn los propios conservadores. El resultado de esos conflictos no slo depende de la disposicin de lucha. La influencia de corrientes socialistas, antiimperialistas y revolucionarias ser un factor clave de ese final.

Las tradiciones de estas vertientes han sido actualizadas en la ltima dcada por movimientos sociales y procesos polticos radicales. Una nueva generacin de militantes retom especialmente el legado de la revolucin cubana y el marxismo latinoamericano.

Chvez jug un papel clave en esa recuperacin y su fallecimiento afect severamente el renacimiento de la ideolgica socialista. Ese impacto fue tan grande que indujo a buscar referentes sustitutos. La centralidad asignada al Papa Francisco es un ejemplo de esos reemplazos, que suelen confundir roles de mediacin con papeles de liderazgo.

Es incuestionable la utilidad de ciertas figuras para negociar con los enemigos. El primer latinoamericano que accede al Papado aporta una buena carta de intermediacin con el imperialismo. Su presencia puede servir para romper el bloqueo econmico sobre Cuba, contrarrestar el sabotaje a las negociaciones de paz en Colombia o interceder frente a las bandas criminales que operan en la regin. Sera insensato desperdiciar el puente que aporta Francisco para cualquiera de esas tratativas.

Pero esa funcin no implica protagonismo del Papa en las batallas contra el capitalismo neoliberal. Muchos suponen que Francisco encabeza esa confrontacin, a travs de mensajes contra la desigualdad, la especulacin financiera o la devastacin ambiental.

No registran que estas proclamas contradicen la continuada fastuosidad del Vaticano y su financiamiento a travs de oscuras operaciones bancarias. El divorcio entre prdica y realidad ha sido un clsico de la historia eclesistica.

El Papa retoma tambin varios preceptos de la doctrina social de la Iglesia, que auspician modelos de capitalismo con mayor injerencia estatal. Estos esquemas buscan regular los mercados, alentar la compasin de los poderosos y garantizar la sumisin de los desposedos. Desenvuelven una ideologa forjada durante el siglo XX en polmica con el marxismo y sus influyentes ideas de emancipacin.

Las concepciones de la Iglesia no han cambiado. Francisco intenta retomarlas para recuperar la prdida de adhesin que sufre el catolicismo a manos de credos rivales. Esas religiones se han modernizado, son ms accesibles a las clases populares y estn menos identificadas con los intereses de las elites dominantes.

La campaa del Vaticano cuenta con el beneplcito de los medios de comunicacin que enaltecen la figura de Francisco, ocultando su cuestionado pasado bajo la dictadura argentina. Bergoglio mantiene su vieja hostilidad a la Teologa de la Liberacin, rechaza la diversidad sexual, niega los derechos de las mujeres y evita la penalizacin de los pedfilos. Encubre, adems, obispos impugnados por las comunidades (Chile), canoniza misioneros que esclavizaron indgenas (California) y facilita las agresiones contra el laicismo.

Es un error suponer que la izquierda latinoamericana se construye en un mbito compartido con Francisco. No slo persiste una gran contraposicin de ideas y objetivos. Mientras que el Vaticano contina reclutando fieles para disuadir la lucha, la izquierda organiza protagonistas de la resistencia.

Es tan importante reforzar esta actitud combativa como afianzar la identidad poltica de los socialistas. La izquierda del siglo XXI se define por su perfil anticapitalista. Batallar por los ideales comunistas de igualdad, democracia y justicia es la mejor forma de contribuir a un desemboque positivo del ciclo progresista.

REFERENCIAS

Aharonian, Aram, 2016 Venezuela, ejemplo cvico..., y ahora qu?

http://www.nodal.am/2015/12/venezuela-ejemplo-civico-y-ahora-que-por-aram , 20-1

Arana Silvia, 2015. Respuesta a los profetas del "fin de ciclo" latinoamericano,

http://www.rebelion.org/noticias/2015/10/203924.pdf, 1-10.

Arkonada, Katu, 2015a. F in del ciclo progresista o reflujo del cambio de poca en Amrica Latina http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203029, 8-9

Arkonada Katu, 2015b. Fin de ciclo? La disputa por el relato

http://www.mdzol.com/opinion/646979-fin-de-ciclo-la-disputa-por-el-relato/ 18-12

Aznrez, Carlos, 2015. Venezuela: An se est a tiempo de salvar la Revolucin, http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/12/07/venezuela-aun-se-esta-a-tiempo-de-salvar-la-revolucion/ 7-12.

Carcione, Carlos, 2015. Una mirada desde Venezuela Lo que viene en Amrica latina, http://www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=Carlos%20Carcione&inicio=0 ,16-12

Cieza, Guillermo, 2015, Fin de ciclo o fin de cuento?,

http://contrahegemoniaweb.com.ar/fin-de-ciclo-o-fin-de-cuento/ 2-10.

Colussi, Marcelo, 2015, Un espejo donde mirarse

http://www.aporrea.org/ideologia/a214219.html , 20-9.

Conde, Narciso Isa, 2015. Venezuela: causas, efectos y respuestas a un gran revs, http://www.abpnoticias.org/index.php/venezuela/2844-venezuela-causas-efectos-y-respuestas-a-un-gran-reves, 9-11.

Gmez Freire, Gonzalo, 2015 Para los que le echan la culpa a la guerra econmica

http://www.aporrea.org/ideologia/a218577.html,7-12 .

Guerrero, Modesto Emilio,2015 La cuestin es que el gobierno bolivariano nunca se

propuso, http://www.aporrea.org/actualidad/n282586.html, 11-12

Gudynas, Eduardo, 2015. La identidad del progresismo, su agotamiento y los relanzamientos de las izquierdas. http://www.alainet.org/es/articulo/172855 , 7-10

Iturriza, Reinaldo, 2015. Venezuela: Despus del 6-D no hay chavismo vencido

http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/12/08/venezuela-despues-del-6-d-no,8-12

Itzamn, Ollantay, 2015. Latinoamrica emergente: se acaba la esperanza?

http://www.alainet.org/es/articulo/172606 , 24-9

Mazzeo, Miguel, 2015, Hay que sembrarse en las experiencias del pueblo,

http://contrahegemoniaweb.com.ar/hay-que-sembrarse-en-las-experiencias-del-pueblo,5-10 .

Puga lvarez, Valeria, 2015. Amrica Latina en disputa: Contra la tesis del fin de ciclo,

http://coyuntura.sociales.uba.ar/america-latina-en-disputa-contra-la-tesis-del-fin-de-ciclo / 22-11.

Rauber Isabel, 2015. La clave del protagonismo popular Gobiernos populares de Amrica,

http://isabelrauber.blogspot.com.ar/2015/12/la-clave-del-protagonismo-popular.html,4-12

Sader Emir, 2015a. El final del ciclo (que no hubo)

http://www.alainet.org/es/articulo/172389, 14-9

Sader, Emir, 2016b La izquierda del siglo XXI,

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-289505-2016-01-04.html , 4-1

Stedile, Joo Pedro, 2015, "O imperio passou a jogar mis duro",

http://www.alainet.org/es/articulo/173811, 24-11

S zalkowicz, Gerardo, 2015. Venezuela: golpe de timn o peligro de naufragio.

http://www.marcha.org.ar/venezuela-golpe-de-timon-o-peligro-de-naufragio/.9-12

Svampa, Maristella, 2014. Cristina, el maldesarrollo y el progresismo sudamericano, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=191895 , 13-11.

Svampa Maristella, 2015. Termina la era de las promesas andinas. http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Termina-promesas-andinas_0_1417058291.html, 25-8

Teruggi Marco, 2015. Venezuela: Recalculando (para vencer

https://comoelvientoenlanoche.wordpress.com/2015/12/10 /10-12

Valderrama, Toby; Aponte, Antonio, 2015. Venezuela. El presidente Maduro y la revolucin, http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/12/08/venezuela-el-presidente-maduro-y-la-revolucion-en-su-laberinto-como-resolver-el-enigma/,8-12.

Zibechi, Raul, 2015a Ral Hacer balance del progresismo, http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/08/04/hacer-balance-del-progresismo/ 4-8

Zibechi, Raul, 2015b. Las tormentas que vienen. http://www.jornada.unam.mx/2015/11/27/opinion/024a2pol, 27-11

Zibechi Raul, 2016. Crisis de los gobiernos progresistas http://www.contrapunto.com.sv/opinion/tribuna/crisis-de-los-gobiernos-progresistas , 20-1

El autor es Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su pgina web es: www.lahaine.org/katz  

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter