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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2016

Chavismo es el nombre de una inspiracin Latinoamericana

Mariano Pacheco
Rebelin


Chavismo es el nombre de una inspiracin Latinoamericana. El chavismo, como nombre propio de una experiencia colectiva (el movimiento bolivariano) que no es tanto un modelo (nacional) sino una incitacin para todos los movimientos populares del continente (y del mundo?).

La irrupcin del chavismo logr poner sobre el escenario poltico Latinoamericano una serie de cuestiones que colocaron a la Revolucin Bolivariana a la vanguardia de las experiencias de lucha y organizacin popular del continente, y del mundo.

Si bien los orgenes de esta experiencia pueden rastrearse en los inicios de la dcada del 80 del siglo pasado (en 1983, para el bicentenario del nacimiento de Simn Bolvar, se conforma el Movimiento Bolivariano Revolucionario, el MBR-200), tal vez el hecho de que su visibilidad primera se deba a un frustrado intento de golpe de Estado, casi una dcada despus (con la sublevacin del 4 de febrero de 1992), pueda ayudarnos a entender por qu este movimiento no tuvo eco en el mbito de las izquierdas latinoamericanas hasta 2002, o incluso despus, ms all de que la revuelta popular de 1989, conocida como el Caracazo, suela ser contada entre las batallas (de hecho, una de las pioneras) libradas en el continente contra el Nuevo Orden Mundial. Seguramente la sombra del Plan Cndor y las huellas de los procesos de Terrorismo de Estado todava estaban muy frescas en el Cono Sur, como para mirar con buenos ojos el accionar de algn grupo de militares nacionalistas. El hecho es que la bibliografa al respecto es abundante el caso venezolano fue un poco a contramarcha de ese proceso de dictaduras que parti en dos la historia reciente de nuestros pases, dejando a sus espaldas una verdadera fosa de sangre, huesos maltrechos y cadveres aun sin enterrar.

Con una composicin social proveniente mayoritariamente de los sectores populares, muchos de ellos empobrecidos (en la dcada del 90 los hogares pobres del pas llegaron a abarcar el 40% de la poblacin), sin intervenir como en otros sitios de la represin interna y con una formacin de los miembros de sus Fuerzas Armadas atravesada por el profesionalismo y el trnsito por los claustros universitarios (donde los cuadros militares se familiarizaron con los estudios econmicos y polticos, pero tambin sociolgicos y culturales), lejos muy lejos de la de sus pares latinoamericanos (cuya formacin estuvo centrada en la doctrina promovida por la Escuela de las Amricas), la oficialidad joven venezolana creci con un ideal ligado al orgullo nacional de sus ancestros patriotas, en clara contradiccin con su realidad ms inmediata, signada por un contexto de profundas asimetras econmicas y sociales y una intensa degradacin poltica.

Esta rareza puede explicar entonces, en algn punto, por qu recin con el golpe de Estado de abril de 2002 contra el presidente constitucional Hugo Chvez Fras, la experiencia bolivariana aparece como interesante ante la mirada de las izquierdas sobre todo las nuevas, hasta entonces referenciadas casi exclusivamente con el desarrollo alcanzado en Brasil por el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierras (MST) y los indgenas alzados en armas el 1 de enero de 1994 en las montaas del sures mexicano, cuyos pasamontaas, junto con nombre Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional (EZLN) , se transformaron en un emblema, en una marca identitaria de las rebeldas y ansias de transformacin poltica y social de las nuevas camadas de jvenes militantes de todo el continente.

Por supuesto, con la declaracin de diciembre de 2004 junto a Fidel Castro, donde se lanza la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica (ALBA), el rol del chavismo en las batallas contra el rea de Libre Comercio de las Amricas (ALCA) y la posterior asuncin de la Revolucin Bolivariana como socialista (adems de nacionalista-anti-imperialista), este proceso se acenta, al punto de colocarse Venezuela a la cabeza de las referencias continentales (incluso por encima del proceso de cambio boliviano, que ms all de contar con un mayor dinamismo y radicalizacin de los movimientos sociales, adopt en sus primeros pasos la triste definicin, de boca del vicepresidente lvaro Garca Linera, de un capitalismo andino-amaznico para desarrollar por etapas al pas).

En este marco, los posicionamientos geopolticos tomados por los denominados gobiernos progresistas de la regin tuvieron a la figura de Chvez como uno de sus promotores centrales. La Unin de Naciones Sudamericanas (UNASUR), que a siete aos de su primera cumbre hoy est integrada por 13 pases (Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Paraguay, Per, Chile, Ecuador, Guyana, Surim); la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos (CELAC), esa comunidad poltica de 33 pases en el continente americano que, sin la intervencin de EE.UU ni la presencia de Canad, en enero pasado realiz en Costa Rica su tercera cumbre, a la que asistieron casi todos los pases de la regin, menos Paraguay, Mxico y Per, socios de Washington.

Del ALBA a la CELAC. De la UNASUR al ALBA de los movimientos sociales, entonces, como contracara de la Alianza para el Pacfico y la subordinacin continental a los planteos del imperialismo norteamericano, tuvieron en Chvez no solo un promotor sino una figura central de ejecucin de esas polticas.

As y todo, algunos sectores de las izquierdas nuestramericanas, sobre todo la que hemos calificado como tradicional (por sus apegos a las tendencias e ismos del siglo XX) suelen criticarle al chavismo el hecho de que no haya logrado avanzar en la prctica en aquello que sostiene retricamente. Y el hecho de que la Revolucin Bolivariana no haya sido un parte-aguas de la historia reciente como s lo fueron las revoluciones del siglo XX, tal vez debera ser asumido como parcialmente cierto. La cuestin democrtica es un elemento central en su desarrollo, instalando de este modo una amplia gama de complejidades para pensar el proceso, entre ellas, precisamente, que la revolucin no es un acto nico centrado en la toma del poder del Estado sino ms bien un proceso, en el cual la transicin o una serie de transiciones se presentan como uno de los elementos a tener en cuenta para pensar la ruptura revolucionaria.

La cuestin democrtica no es un elemento solo presente en el proceso venezolano sino tambin en el boliviano (La Revolucin Democrtica y Cultural encabezada por Evo Morales), y una bandera que parece estar ah, para ser problematizada por gran parte de las organizaciones ms contestatarias de la regin, desde el zapatismo mexicano (a su manera, con los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno encontraron otra salida, por fuera del Estado), hasta los Sin Tierra de Brasil (que combinaron durante aos autogobierno es sus asentamientos, con un apoyo a veces ms crtico, a veces ms entusiasta al gobierno del Partido de los Trabajadores), pasando por casi todos los movimientos sociales que, con mayor o menor desarrollo segn los pases, no dejan de interrogarse en cuanto a los nuevos modos de pensar-imaginar-intervenir para concretar cambios sustanciales en las desiguales sociedades que seguimos habitando en este nuevo siglo. De all que el socialismo del siglo XXI no sea una simple retrica sino, de nuevo, una inspiracin para pensar en la emancipacin del trabajo frente al capital en estas circunstancias histricas. Emancipacin que, de todos modos, no puede dejar de contemplar la necesidad a su vez de emancipar al ser humano del propio trabajo, en tanto apuesta por redefinir no solo el vnculo entre las personas, sino entre stas y la naturaleza.

Pero vayamos por punto, y antes de meternos con la cuestin democrtica y el socialismo del siglo XXI repasemos algunas conquistas fundamentales del proceso bolivariano en esta dcada y media.


Avances en el proceso. Perspectivas

En estos 15 aos la Revolucin Bolivariana ha logrado incrementar un 15% el acceso de los venezolanos al agua potable, siendo en la actualidad ms del 95% de la poblacin la que puede acceder a este servicio fundamental. En una dcada entre 1999 y 2010 la pobreza, la miseria, la desocupacin y la desigualdad econmica se redujeron notablemente. En este perodo la pobreza pas del 50 al 23%; la miseria, del 20 al 7%; la desocupacin, del 16,6 al 7,9%. La desigualdad econmica se redujo en un 18%.

Por otra parte, las denominadas Misiones, no solo fueron significativas en el plano social y educativo, sino tambin en el pedaggico-poltico, en tanto que se constituyeron en verdaderos espacios de auto-organizacin popular. Siete importantes misiones implementadas entre 2003 y 2008 dan cuenta de este proceso. La misin Sucre (para llevar las universidades a las comunidades); la Robinson (para implementar la alfabetizacin y la terminalidad educativa); la Operacin Milagro y Barrio Adentro (para salud ocular la primera, y consolidacin de atencin mdica general en la segunda, con una autntica tropa de ms de 10.000 mdicos cubanos que se hicieron presentes en 23 de los 26 estados del pas), adems de la Jos Gregorio Hernndez (para atencin primaria de la salud a personas con discapacidad); la Mercal (para vender a bajo costo alimentos en las barriadas) y la Negra Hiplita (priorizando los derechos de las personas en situacin de calle). Tambin algunas de las grandes misiones desarrolladas durante 2011: Saber y trabajo para promover el empleo; Hijas e hijos de Venezuela, En amor mayor y Vivienda Venezuela para combatir la pobreza extrema, la pobreza de adultos mayores y la crisis habitacional, junto con la misin Agro Venezuela (que busc aportar a los pequeos productores del agro, desde el Estado, financiamiento necesario para fortalecer la produccin de alimentos), dan cuenta del camino de conquistas sociales recorrido.

La muerte del Comandante Chvez llega en un momento emblemtico del proceso, cuando lder y movimientos populares se planteaban precisamente atravesar algunos tramos realmente problemticos, pero centrales para el desarrollo estratgico de la revolucin. Tanto el Segundo Plan Socialista de la Nacin como las Cinco propuestas de los Movimientos Populares de cara al perodo 2013-2019 dieron cuenta de un estado del debate muy interesante, tanto en el seno de los movimientos populares como en las caras ms lcidas del Estado. La propuesta de Chvez buscaba hacer irreversible el socialismo en Venezuela y contaba a la participacin popular en las decisiones del pas como un eje transversal, sea para defender, expandir y consolidar la soberana nacional como para superar el estado rentista-petrolero (de all que el objetivo de garantizar la soberana alimentaria se tornara fundamental). El aporte desde abajo a la propuesta de Chvez no fue menor. Recordemos los cinco puntos: superacin de la estructura del Estado burgus (con miras a avanzar en formas de autogobierno que garantizaran el Estado comunal); un marcado antiburocratismo (graficado en la propuesta de avanzar en el combate contra el reformismo y la corrupcin); el desafo de trastocar el modelo productivo dominante (diversificar la economa y hacer hegemnica la propiedad social de los medios de produccin); fortalecer la direccin colectiva del proceso (democratizando y ampliando los liderazgos, planteo realizado aun con Chvez en vida) y, por ltimo, el siempre mentado problema de cmo garantizar, en ltima instancia, la sobrevivencia del proceso ante ataques externos o golpes internos: la conformacin de una autodefensa revolucionaria.

Tras el fallecimiento de Chvez la derecha interna, con el apoyo externo del imperialismo, busc tumbar el proceso, sea con las guarismas como con las incesantes desestabilizaciones. Dos aos despus, la Revolucin Bolivariana sigue en pie, con un liderazgo que supo sortear los peores momentos y un pueblo que se encuentra ante el desafo de suplantar la figura de Chvez con el chavismo, es decir, con un proceso colectivo cuyo vrtice no es una jefatura emprica sino una figura ideolgica, sentimental y poltica que incita a tomar el cielo por asalto, y dejar de delegar en otros el destino comn.


Genealogas (I)

El chavismo (el propio Chvez) fue un verdadero hacedor en el trazado de genealogas. Basta recordar la historia, relatada por el propio Chvez, en la que cuenta cmo su bisabuelo pasa de ser un bandido que hua de la autoridad, a prcticamente un hroe de la independencia, todo mediante una investigacin que l mismo realiza para desmentir las versiones que circulaban en su familia. El chavismo como movimiento, desde el vamos, busc tender puentes entre la experiencia que comenzaban a transitar, con figuras de la talla de Simn Bolvar, Simn Rodrguez y Ezequiel Zamora.

Que los pueblos se gobernasen por s mismos (Bolvar), que aprendan a gobernarse por s mismos (Rodrguez) y Tierras y hombres libres; eleccin popular; horror a la oligarqua (Zamora), son lemas que el chavismo supo encontrar en la historia nacional, y ponerlos a jugar en nuevas coyunturas, en esa operacin tpicamente benjaminiana, tan frecuentemente repetida, que sostiene que un secreto compromiso de encuentro se teje entre las generaciones del pasado y las actuales. Acaso no nos roza, a nosotros tambin, una rfaga del aire que envolva a los de antes? Acaso en las voces a las que prestamos odo no resuena el eco de otras voces que dejaron de sonar?, se preguntaba Walter Benjamin en sus Tesis sobre el concepto de historia (Tesis II). Siguiendo al autor de La obra de arte en la era de la reproductibilidad tcnica, podemos decir entonces que la valenta y el humor, la confianza en s mismo estn presentes en la lucha de clases de modo tal que ponen en cuestin los triunfos que alguna vez favorecieron a los dominadores (Tesis IV), porque quienes dominan en cada caso son los herederos de todos los que vencieron alguna vez (Tesis VII)1. Valenta, humor y confianza en s mismo que Chvez supo cultivar en vida, y que hoy se presenta como legado en el chavismo, es decir, en el pueblo venezolano encolumnado para sostener, defender y profundizar la Revolucin Bolivariana.

Por supuesto, no es por afn historicista que Chvez apel, y hoy el chavismo sigue apelando, a esas figuras y momentos clave del pasado nacional. Se sabe: rescatar una historia tiene sentido si sirve para poder interrumpir el andar y mirar hacia atrs, para tomar aliento y continuar con la marcha, como alguna vez escribi Federico Nietzsche en sus Intempestivas sobre la historia. Entonces, si sirve, tomar del autor de Genealoga de la moral su consideracin monumental de la historia para poner el foco en que lo grande que alguna vez ha existido puede existir otra vez, sea los momentos de la independencia o los mejores tramos del chavismo, con Chvez an con vida. La nostalgia chavista, la idolatra chavista, puede asimismo ser el peor enemigo del chavismo, en tanto apuesta por una revolucionar de manera permanente el proceso bolivariano. Entonces, junto con una consideracin monumental de la historia, una consideracin crtica de la historia, esa que de tanto en tanto toma el martillo para despedazar el pasado, porque todo lo que fue, tambin, en algn punto, merece ser sentenciado: disolucin del ayer por la fuerza, dejando espacio para la invencin en el presente. Porque tal como seal Miguel Mazzeo en su texto titulado La izquierda iterativa. Breves reflexiones sobre la estrategia expresiva de la vieja izquierda debemos tener siempre presente la orientacin fanoniana (ofrendada en Los condenados de la tierra): esa que establece que el verdadero salto dialctico consiste en introducir la invencin en la existencia2.

 

Comunidades

Comunas o nada. Con este mandato chavista podramos introducirnos en el debate sobre la cuestin democrtica y el socialismo del siglo XXI. Respecto del socialismo del siglo XXI, solo dos o tres cuestiones breves. En primer lugar, destacar la importancia de este aditivo de siglo XXI, no tanto por una exacerbacin de cronologas, sino porque logra dar cuenta de una caracterstica de la poca: las apuestas de transformacin revolucionaria de las sociedades capitalistas actuales transitan por un suelo de enormes incertidumbres, sin garantas, y se distancian tanto del utopismo como del cientificismo (del siglo XIX y XX). Por eso, en el contexto de derrota mundial de las polticas emancipatorias, tanto el abajo y a la izquierda zapatista como el socialismo del siglo XXI propugnado por Chvez colocan a las experiencias populares gestadas en los ltimos aos ante un doble desafo: asumir el ideario libertario, la bsqueda por construir una sociedad no-capitalista, a la vez que seguir entendiendo a la poltica como un proceso creativo, de invencin de los pueblos y no como resultado de una doctrina cientfica o un ideal a implantar.

En ese marco, la experiencia del chavismo logr combinar aquello que el marxista peruano Jos Carlos Maritegui denomin como elementos de socialismo prctico con avances en un Estado que, a su vez, busca dejar de ser Estado (en trminos clsicos) para convertirse en otra cosa (que an no se ha evidenciado qu puede llegar a ser). Elementos de socialismo prctico, entonces, desplegados en la cotidianidad por un sin-nmero de organizaciones de base, del campo y la ciudad, pero que aspiran a no quedarse en una pequea escala, sino que buscan extenderse. Y para ello ha sido y resulta an fundamental, encontrar formas propicias de intervencin en las coyunturas, abonar a los cambios en las relaciones de fuerzas (no solo a nivel nacional sino tambin continental e internacional, que es algo que a veces olvidan quienes criticaron histricamente el intento de construir el socialismo en un solo pas, pero ahora le exigen al chavismo en un contexto internacional completamente adverso que demuestre como es que ha avanzado en la construccin socialista en Venezuela).

Un poco en la lnea de aquello que Mabel Thwaites Rey seal en su libro La autonoma como bsqueda, el Estado como contradiccin, siguiendo los rastros de lectura del marxista italiano Antonio Gramsci, podemos afirmar que las formas no-capitalistas nunca podrn ser completas ni suficientes hasta que no se alcance un horizonte general de superacin del capitalismo como sistema econmico y social global3. El problema es cuando se cree que el socialismo es una cuestin que atae a especialistas y no se comprende que no se llega al socialismo de un plumazo, y por lo tanto, que no se trata tanto de convencer como de predicar con el ejemplo. Contagiar con el ejemplo. Algo que Ernesto Guevara nunca dej de tener en cuenta. Siempre quedan rezagados, y nuestra funcin no es la de liquidar a los rezagados, no es la de aplastarlos y obligarlos a que acaten a una vanguardia armada, sino la de educarlos, la de llevarlos adelante, la de hacer que nos sigan por nuestro ejemplo el ejemplo de sus mejores compaeros, que lo estn haciendo con entusiasmo, con fervor, con alegra da a da. El ejemplo, el buen ejemplo, como el mal ejemplo, es muy contagioso, y nosotros tenemos que contagiar con buenos ejemplos demostrar de lo que somos capaces; demostrar de lo que es capaz una revolucin cuando est en el poder, y cuando tiene fe4, deca el Che. Ejemplo que har falta no solo extender en mayores franjas de la poblacin venezolana, sino en los pueblos de Nuestra Amrica, condicin indispensable para que, en este siglo XXI, podamos seguir hablando de socialismo, y no solo del eterno retorno del capitalismo, no importa bajo que rtulos.


Un proceso difcil y raro

La rareza del proceso venezolano mostr tambin dos grandes certezas, que pueden parecer antagnicas pero no lo son. Una: que en este momento histrico es posible avanzar en procesos de cambio transitando conflictivamente la institucionalidad democrtica y perdurar en el tiempo (conflictivamente en tanto que, sin generar una ruptura revolucionaria, s se busca trastocar la democracia representativa). Dos: que, en ltima instancia, sigue siendo la fuerza siempre la que define y pone el ltimo acento en una oracin. El caso bolivariano as lo atestigua. Es decir, se pudo ganar elecciones, reformar la constitucin y emprender cambios sin romper la lgica democrtica. Eso llev necesariamente a intentos de desestabilizacin e incluso de desalojo (temporario) del gobierno por la fuerza. Y si bien la movilizacin popular fue clave a la hora de restituir a Chvez a la presidencia y retomar las sendas de la Revolucin Bolivariana tras el golpe de abril de 2002, no menos cierto es que esa conquista pudo obtenerse en ltima instancia porque el chavismo contaba con fieles entre sus Fuerzas Armadas.

Aunque, como hemos dicho ya, si bien esa situacin de los militares venezolanos es una excepcin difcil de verse replicada en otros puntos del continente, el hecho de que un proceso cuente con la fuerza capaz de defenderlo no es un dato menor. All estn los zapatistas con su poesa, y sus armas. Y all est instalado el debate en numerosas organizaciones populares del continente que, sin aventurerismos pero sin ingenuidad tampoco, no dejan de preguntarse una y otra vez por este desafo.

Desde que Chvez gan las elecciones presidenciales con el 57% de los votos, en diciembre de 1998, a hoy febrero de 2015 la Revolucin Bolivariana se ha legitimado y relegitimado en innumerables procesos eleccionarios (ms de 20). Esta fue una de sus caractersticas centrales. Por eso no se entiende ms que por la mala fe de sus detractores cmo puede hablarse de un antidemocratismo chavista. La democracia, en un sentido que excede al postulado representativo del sistema de partidos, es una marca distintiva de la Revolucin Bolivariana, que deja una profunda leccin al resto de los pases latinoamericanos. En primer lugar, que los cambios se dieron de la mano de un protagonismo popular, con nuevas fuerzas polticas y no a partir de un reacomodo dentro de los partidos existentes. En segundo lugar, que se han revalidado electoralmente las propuestas y se han realizado cambios en la institucionalidad vigente hasta entonces (incluso cambiando la Constitucin). En el caso venezolano, esos primeros aos en el gobierno fueron por dems intensos, y en algn punto esa aceleracin del proceso poltico explica la violencia del 2002, donde el chavismo logr sortear un golpe de Estado (abril) y un golpe petrolero (diciembre) que, por instantes, pusieron en jaque al proceso de cambio. Y aun cuando el resultado electoral fuera adverso para el chavismo, cabe destacar que el proyecto se fortaleci, porque demostr que era capaz de mandar obedeciendo y porque, como el mismo Chvez remarc con astucia al aceptar la derrota, era un triunfo en tanto que toda la oposicin festejaba legitimando la Constitucin que hasta entonces haba desconocido.

Podramos decir que es con la sancin de la Ley de Consejos Comunales, en 2006, cuando comienzan a gestarse las condiciones jurdico-polticas para que el pueblo venezolano se empodere y apueste por un autntico proceso de desmonte del Estado representativo. En ese camino, la conformacin en 2012 de la Alianza Popular Revolucionaria es fundamental, ya que coloca en el horizonte poltico las posibilidades organizativas de movilizar al movimiento popular tras un programa unificado, que priorice una orientacin socialista y una bsqueda por cambiar el Estado (fortalecer la perspectiva comunal) y no reformarlo. En ese mismo ao, en el marco del 10 aniversario de ANMCLA, dicho organismo emite un documento en el que remarca que para cambiar la comunicacin hay que cambiar el sistema. Son sntomas de un estado de nimo que comienza a tomar mayor relevancia. Son 10 aos en donde el Estado registra 280 medios comunitarios (244 radios y 36 seales de televisin, en 19 de los 26 estados venezolanos). La dcada en la que la Ley Orgnica de Telecomunicaciones (2010/2011) viene a coronar un marco legal regulatorio para garantizar que la comunicacin no sea una simple mercanca sino un derecho humano que es necesario garantizar para toda la poblacin, en un pas en donde antes del chavismo 5 redes privadas manejaban el 90% del mercado y en donde 9 de 10 peridicos eran opositores al incipiente proceso de cambio. En trminos continentales (e incluso de lo que alguna vez se llam el Tercer mundo), el rol de Telesur fue en esta disputa de sentidos tambin fue fundamental.

Destacar la importancia de la democratizacin de la comunicacin dentro del proceso de la Revolucin Bolivariana, en el marco de una ampliacin de derechos democrticos ms generales, no tiene que ver con que este cronista desempee el oficio de periodista, sino con una comprensin del lugar que la comunicacin viene ocupando en el mundo en las ltimas dcadas. El entramado empresarial del periodismo, que lo excede, convierte a los denominados medios de comunicacin no solo en formadores de opinin, sino en empresas con un poder econmico que excede el rubro, ya que suelen formar parte de conglomerados econmicos mucho mayor. Adems, en el caso venezolano, la importancia de la democratizacin de la comunicacin no puede soslayar el rol que jugaron las empresas periodsticas en el golpe de abril de 2002. Respecto de ese componente dentro de un proceso cultural mayor, hay que destacar que a diferencia de cierta pulsin a la censura y un marcado dogmatismo en las polticas culturales de los estados socialistas realmente existente durante el siglo XX, la Revolucin Bolivariana tiene una profunda generosidad, de la que tal vez an no se haya tomado dimensiones en otras parte del continente. Sin el prestigio de una Casa de las Amricas, la labor cultural venezolana ha generado sin embargo importantes avances para hacer de la cultura un tema de todos (y todas) y no solo de especialistas (aunque se digan de izquierda). El carcter polimorfo del chavismo hace, adems, que se coloque lejos de los comisariados ideolgicos que, en nombre de la revolucin, recortan el horizonte cultural, en vez de ampliarlo.


Lo que un cuerpo puede

Retomando de Claude Lefort el concepto de democracia salvaje como continua irrupcin de derechos, podramos pensar el actual momento Latinoamericano en esa clave: la que pone el acento en el protagonismo que las experiencias colectivas realizan en post de avanzar en una serie de conquistas que, a la vez que mejoran las condiciones de vida, promueven otro vnculo entre las personas. Una poltica que, teniendo en cuenta las necesidades, se nutre del deseo de quienes participan; que no parte de una divisin tajante entre bases y militantes (la vieja distancia entre vanguardias y masas), sino que busca romper la lgica poltica que toma la forma de un hacer que coloca a los otros en el lugar de objetos. Cerca de la concepcin dialgica propuesta hace dcadas por la educacin popular de Paulo Freire, o ms recientemente por la idea de justicia del pensador francs Alain Badiou (pasar del estado de vctima al estado de alguien que est de pie, eso es la justicia5), una poltica democrtica no ser tanto la que siga las normas de la democracia burguesa (representativa) sino aquella que promueva que los sujetos se construyan sobre la base de una composicin. En la filosofa de Spinoza no se trata de vctimas, sino de seres humanos capaces, cualquiera sea la condicin en la que se encuentren, subraya Diego Tatin, haciendo suya la mxima del filsofo que sostiene que no sabemos nunca lo que puede y de lo que es capaz un cuerpo6. Y mucho menos un cuerpo colectivo. De all que en este ensayo intentemos pensar la experiencia chavista un poco en esa clave que Tatin sugiere en dos de sus libros sobre este pensador irreverente. Es decir, pensar el chavismo no tanto por lo que no es, sino por lo que fue, lo que es, y lo que puede llegar a ser. Esa alegra integral de la que es capaz un cuerpo que, pensado en clave colectiva como sugiere Tatin se encuentre en plena posesin de su potencia de afectar y de ser afectado, en el ejercicio pleno y extenso de los derechos, que no es otra cosa que la capacidad imprevista de conquistar derechos siempre nuevos7. Un deseo de comunidad presente en una concepcin que no entienda a la poltica como un hacer por otros (el cuero vctima que sufre), sino hacer con otros. Porque una poltica autnticamente democrtica ser aquella que nos proponga salirnos de la despolitizadora compasin, para adentrarnos en un trnsito comn con otros. O no ser nada.

Porque en ltima instancia lo sabemos as como la soberana popular legitima las formas del poder parlamentario, tambin puede derribarlo. Es decir, toda soberana popular se encuentra en los fundamentos del Estado democrtico, pero hay algo de ella que accede, desborda a cualquier forma instituida. Es la energa anarquista o el principio de revolucin permanente en el interior de cualquier orden democrtico del que hablaba Judith Butler, en el que sostiene que las condiciones de un Estado democrtico dependen finalmente de un ejercicio de la soberana popular que ningn orden democrtico logra contener del todo8.

Y tal vez haya llegado la hora de pensar el chavismo en su capacidad de desborde. Y la potencia de los movimientos populares como una fuerza creadora que, a la vez que apuesta por gestar instancias de democracia protagnica real, combate tenazmente a quienes tambin en nombre del chavismo no hacen ms que conducir a la experiencia a un callejn sin salida. La propia constitucin venezolana legtima que el gobierno sea democrtico, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables. Una democracia participativa y protagnica cuyo eje vertebrador ya no sea el liderazgo unipersonal (aunque en este contexto Nicols Maduro sea mucho ms que un presidente) sino la construccin del Estado Comunal, es el desafo del hora.



Genealogas (II)

Qu es la comuna, esa esfinge que tanto exaspera a las mentes burguesas?. Con esa pregunta, Karl Marx abre en La guerra civil en Francia una serie de preguntas en torno a la importancia histrica de la Comuna de Pars (marzo-junio de 1871). Una de las conclusiones a la que arriba es que la clase obrera no puede limitarse a hacerse cargo de la maquinaria del Estado ya existente y utilizarla para sus propios fines. En ese sentido, destaca la importancia que tuvo el hecho de que los consejeros municipales fueran elegidos por sufragio universal en los distintos barrios y que sus mandatos fueran revocables. Tambin que percibieran un salario igual al de un obrero.

Muchas veces se critica este tipo de idearios en nombre de lo imposible que resulta organizar as un pas y no un pequeo poblado. Sin embargo, Marx pone de relieve que en manos de la Comuna se pusieron no solamente la administracin municipal, sino toda la iniciativa ejercida hasta entonces por el Estado. Por otra parte, al autor de El Capital seala que en el esbozo preliminar de organizacin nacional, que la Comuna no tuvo tiempo de desarrollar, se establece claramente que la Comuna habra de ser la forma poltica que revistiese hasta el ms pequeo casero del pas.

La leccin no es menor, por ms que como se sabe la Comuna de Pars fue aplastada a sangre y fuego por el poder de los capitalistas. La Comuna dot a la Repblica de una base de instituciones realmente democrticas, comenta Marx. E insiste: la Comuna fue la forma poltica al fin descubierta bajo la cual ensayar la emancipacin econmica del trabajo. Es decir, la Comuna estableci un horizonte en el que era posible pensar abolir la propiedad privada (expropiacin de los expropiadores) y establecer una dinmica de trabajo libre y asociado. Ms all de las distancias geogrficas y temporales, hay una leccin del Pars insurrecto de 1871 que sigue instando a reinstalar la hiptesis comunista. Y es la siguiente: la Comuna tom en sus propias manos la direccin de la revolucin; cuando por primera vez, simples trabajadores se atrevieron a transgredir el privilegio gubernamental de sus superiores naturales9.

El atrevimiento de simples trabajadores para ensayar la emancipacin sigue siendo una dinmica que, por aqu o por all, parece inquietar las almas bellas que administran los intereses del capital. Por eso la experiencia de democracia participativa y protagnica que vienen ensayando el pueblo venezolano en estos aos a travs de las Comunas, los Consejos Comunales, los Crculos Bolivarianos, las Salas de Batalla Social, las Milicias Bolivarianas es tan importante, no solo para quienes habitan ese suelo, sino para otros pueblos. Es ese rasgo el que transforma a la Revolucin Bolivariana en una autntica vanguardia de Nuestra Amrica y el mundo.

La grandeza de la Comuna sostiene Abensour es haber alcanzado la existencia contra todas las formas de Estado que le negaban el derecho a existir10. La grandeza del legado de Chvez, podramos agregar, es haber sostenido, en ltima instancia, un enunciado tan subversivo como Comuna o nada. Y aferrarse, contra todo burocratismo, al ideal libertario que parte del presupuesto de que la Comuna es el Alma del Proyecto Bolivariano. Como reconoce un militante chavista en un artculo publicado recientemente por el Portal de Pensamiento Crtico Contrahegemona, la territorializacin comunal ha generado una interesante oleada organizativa que ha permitido la actualizacin de las voceras de los consejos comunales y la activacin de los movimientos sociales con el franco anhelo de ir avanzando hacia la Comuna11. La chispa ya est encendida. Depender del protagonismo del pueblo venezolano expandirla por todo el territorio nacional. Y de todos nosotros, acompaar ese proceso, sin pretender erigirlo en modelo a implantar en otras latitudes.



Modelo (s) para (des) armar

Resulta difcil, pero quizs sea hora de que asumamos que tendremos que acostumbrarnos tanto a transitar la incertidumbre como a evitar buscar modelos que sustituyan los que ya no estn, los que definitivamente quedaron en el pasado. No necesito modelos para hacer lo que yo quiero hacer, cantaba Ricky Espinoza, lder de Flema, la emblemtica banda de punk-rock argentino. Algo similar plantea el dramaturgo (tambin argentino) Jorge Villegas, y el grupo que dirige, Zppelin Teatro, cuando en su obra KyS (iniciales de Kosteki y Santilln, los apellidos de Maximiliano y Daro, los jvenes militantes asesinados el 26 de junio de 2002 en la denominada Masacre de Avellaneda), abordaron al modelo como inscripto en las lgicas del poder, como modelo econmico, modelo de vida burguesa, modelo que debe ser derribado sin modelos. Modelo. La palabra modelo me distrae. La palabra modelo me atrae. La palabra modelo me contrae. Modelo. Contractura. Modelo es igual a contractura. Soltura no. Contractura. Yo no soy un modelo. Quin es un modelo? Modelo publicitario. Modelo econmico. Modelo es raro. Modelo es feo. Yo no soy un modelo La bloquera es un lugar. Un lugar donde se hacen bloques. Bloques para la construccin. All trabaja este modelo. Un modelo explotado. Un modelo desclazado. Tengo frio. Tengo ganas de ser un modelo. Distinto. Distinto No. Diferente. Un modelo social. Eso me gusta. Hablar. Pensar. Vivir. Modelar. Modelemos. Todos a modelar otro modelo. Voy a devolver este modelo. Vaco. Sentido. Llenar de sentido. Un modelo. En mi voy a crear uno nuevo. Uno mejor. Uno personal. Uno distinto. Distinto No. Diferente. Eso. Diferente. Un buen modelo. Modelo sin modelos12.

Retorno al principio (del texto, aunque no de la historia).

El chavismo como experiencia venezolana y como inspiracin Latinoamericana. Sin modelos entonces. Porque si, tal como sostuvo Badiou (en su conferencia titulada La figura del soldado), necesitamos encontrar un nuevo sol, un nuevo paisaje mental que nos ayude a crear nuevas formas simblicas para nuestra accin colectiva13, no podemos ms que partir de las referencias gestadas en este nuevo tramo de las luchas de los pueblos por su emancipacin. La experiencia colectiva de la Revolucin Bolivariana cuyo lder emblemtico fue sin lugar Hugo Chvez Fras, corre el riesgo de reducirse leda desde afuera de Venezuela en caricatura de revolucin. La reduccin de bolivarianismo a chavismo y de ste a la figura personal de Chvez no hace ms que encajonar a las nuevas experiencias en los parmetros conceptuales que han quedado ya a nuestras espaldas. Y lo que es peor, coloca a la Revolucin Bolivariana un paso ms atrs de lo que la propia experiencia pudo empricamente ya realizar: continuar como proceso colectivo ms all de la vida de su lder. El actual liderazgo del presidente-compaero Nicols Maduro ratifica una doble enseanza que ha brindado en estos meses el pueblo venezolano. En primer lugar, que en trminos afectivos y simblicos, el carisma de la figura de un lder no es sustituible, pero que esa experiencia nica e irrepetible puede ser tramitada en trminos polticos como construccin de un mito que incite a la accin colectiva. Por otro lado, que la vocacin de persistencia de un proceso de cambio necesita ir gestando transiciones. En ese marco, los Consejos Comunales no son solo una experiencia formidable de auto-organizacin popular (parcial) en el aqu y ahora, sino que adems prefiguran las batallas en el Estado contra ese mismo Estado. Y la jefatura de Maduro podra ser pensada, en esa lnea argumental, como la transicin de una poltica colectiva con fuertes liderazgos unipersonales, a una poltica sin nombres propios. Ya que la poltica de nombres propios parece ser ms un lastre del siglo XX que una invencin poltica del nuevo siglo. El socialismo del siglo XXI se las ingeniar seguramente para ir gestando una camada de liderazgos colectivos que manden obedeciendo. Como en Bolivia, Venezuela deber asumir en los prximos aos tamaa tarea. Ese parece ser el desafo que la hora reclama no solo para Venezuela, sino para Amrica Latina y el mundo entero.



Bibliografa consultada

Badiou, Alain, La idea de justicia (conferencia pronunciada el 2 de junio de 2004 en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario), revista Acontecimiento N 28, Buenos Aires, 2004.

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Villegas, Jorge, Incompleto. Obra teatral (2007-2013), Crdoba, Ediciones Recovecos, 2013.


1 Benjamin, Walter, Tesis sobre filosofa de la historia, Piedras de papel, Buenos Aires, 2007.

2 Mazzeo, Miguel, La izquierda iterativa. Breves reflexiones sobre la estrategia expresiva de la vieja izquierda, en: http://contrahegemoniaweb.com.ar/la-izquierda-iterativa/


3 Thwaites Rey, Mabel, La autonoma como bsqueda. El Estado como contradiccin, Buenos Aires, Prometeo Libros, 2004.

4 Guevara, Ernesto, Sobre la construccin del partido, en Obras completas, Buenos Aires, Macla, 1997.


5 Badiou, Alain, La idea de justicia (conferencia pronunciada el 2 de junio de 2004 en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario), revista Acontecimiento N 28, Buenos Aires, 2004.

6 Tatin, Diego, Spinoza, el don de la filosofa, Buenos Aires, Colihue, 2012.

7 Tatin, Diego, Spinoza. Filosofa terrena, Buenos Aires, Colihue, 2014.

8 Butler, Judith, Nosotros el pueblo. Apuntes sobre la libertad de reunin, en AA.VV, Qu es un pueblo?, Buenos Aires, Eterna cadencia, 2014.


9 Marx, Karl, La guerra civil en Francia, Buenos Aires, Libros de Anarres, 2009.

10 Abensour, Miguel, La democracia contra el Estado, Buenos Aires, Coliuhe, 1998.

11 Claros, Richard, Venezuela: construyendo socialismo desde abajo, en http://contrahegemoniaweb.com.ar/venezuela-construyendo-socialismo-desde-abajo/

12 Villegas, Jorge, Incompleto. Obra teatral (2007-2013) , Crdoba, Ediciones Recovecos, 2013.

13 Badiou, Alain, Filosofa y poltica: una relacin enigmtica, Buenos Aires, Amorrortu, 2014.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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