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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2016

El Proyecto europeo y los partidos de nuevo tipo
Plantear las verdaderas preguntas

Catarina Prncipe y Dan Russell
Democracia Socialista


Sera difcil hacer un mejor trabajo que el de Stathis Kouvelakis en los ltimos meses, a la hora de defender el proyecto que fue Syriza tanto contra aquellos que lo condenaron desde el comienzo como contra aquellos que ahora defienden la capitulacin de la direccin.

Kouvelakis, sin embargo, no slo estaba defendiendo a Syriza o ms ampliamente a la nueva izquierda europea, sino a la estrategia misma de construir partidos obreros de masas para organizar y transformar la conciencia a travs de la lucha; una estrategia que se remonta hasta el siglo diecinueve.

La postura de Kouvelakis es muy diferente de la de aquellos que, como Tad Tietze, desechan la posibilidad de una alternativa poltica a la austeridad y nos proponen, en cambio, que desarrollemos movimientos extra-parlamentarios.

Sin embargo, una estrategia viable para que la izquierda ponga fin a la austeridad no puede contraponer lo social y lo poltico: una alternativa poltica debe ayudar a crear su propia base social. Este era, precisamente, el propsito de Syriza, con el que Unidad Popular, formada recientemente, va a continuar; ahora que la direccin de Syryza ha abandonado sus compromisos para luchar contra el memorndum.

A pesar de las derrotas y los desvos, estos proyectos permanecen como el nico camino viable hacia una eventual ruptura, no slo con la austeridad sino con el capitalismo como tal. Aquellos de entre nosotros que no tenemos que enfrentarnos con la cuestin del poder del Estado debemos, sin embargo, todava aprender las lecciones correctas, tanto de Syriza como de la historia de la cual surgi.

Reforma y revolucin

La primera experiencia en la construccin de partidos de masas de la clase trabajadora lleg a su fin con el estallido de la Primera Guerra Mundial y la decisin casi unnime, de los partidos socialdemcratas tanto alemn como francs (que eran los faros del movimiento europeo) de traicionar la causa del internacionalismo socialista y apoyar a sus respectivos gobiernos cuando marcharon a la guerra.

La tarea de unir una oposicin minoritaria cay sobre los bolcheviques. Sus esfuerzos generaron la base para una nueva internacional que coincidira brevemente con el despertar de la Revolucin Rusa.

El espacio para la Tercera Internacional y los partidos revolucionarios de masas que se definan a s mismos contra la social-democracia reformista, apareci debido a condiciones concretas, particularmente por el alto nivel de lucha de clases desencadenado por la guerra.

Con todo, slo los comunistas alemanes ya desbastados por el asesinato de sus principales lderes y expulsados del partido social-demcrata fueron capaces de presentar un desafo sostenido para el poder antes de que la ola revolucionaria retrocediera, la socialdemocracia encontrara sustentacin y el estalinismo reestructurara fatalmente a los jvenes Partidos Comunistas.

Aquellos que intentaron trazar un curso revolucionario independiente fueron purgados y aislados de los movimientos, tanto de los comunistas oficiales como de los socialdemcratas, que dominaran el movimiento obrero a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. Cierto nmero de cambios tuvieron que ocurrir antes de que los revolucionarios pudieran tener de nuevo una audiencia de masas: la revelacin de los crmenes de Stalin, la supresin sovitica de los levantamientos hngaro y checo, y el retorno de luchas de clases militantes en los 60 y 70.

Lo anterior expuso el conservadurismo de la mayora de los partidos comunistas de Europa occidental y cre espacio para nuevas formaciones a su izquierda, como el Socialist Workers Party ingls y la Ligue Comuniste Rvolutionaire francesa. Pero con el comienzo de la ofensiva neoliberal hacia fines de la dcada de 1970, estos partidos fueron debilitados.

Los tradicionales partidos socialdemcratas tambin fueron daados irrevocablemente. El ala de izquierda reformista de la social democracia experiment derrotas y retrocesos, en tanto que su ala derecha emprendi felizmente la administracin del neoliberalismo.

Mientras estos expartidos de los trabajadores comenzaron a implementar la austeridad, socialdemcratas disidentes, comunistas y otros construyeron nuevos partidos, que trabajaron con los movimientos sociales y abordaron debates acerca de la mejor manera de confrontar al neoliberalismo. A lo largo de la ltima dcada, formaciones como el Bloco de Esquerda, Die Linke y Syriza llenaron el vaco que dej la social democracia.

Desafortunadamente, algunos revolucionarios han convertido en una virtud, lo que era una necesidad entre 1930 y 1980 construir pequeos grupos revolucionarios debido a la dificultad o imposibilidad para operar independientemente dentro de partidos reformistas de masas o partidos comunistas oficiales. Estos revolucionarios han malinterpretado la experiencia de la social-democracia en general y de los bolcheviques en particular.

Los bolcheviques no estaban tratando de construir un partido revolucionario especial, sino un partido socialdemcrata en el contexto represivo de la Rusia zarista. Fueron ese contexto y la ruptura con los mencheviques y no cierta pureza terica los que convirtieron a las tendencias reformistas, que dominaban la maquinaria partidaria en Alemania, en marginales en Rusia.

La leccin ms relevante de la social-democracia de pre-guerra, para la lucha de clases de hoy, es que debemos primero construir partidos que logren volverse dominantes en el movimiento obrero a travs de la pelea por reformas. Es slo a travs de esa experiencia colectiva de obtener victorias tangibles y poner a prueba los lmites del reformismo, que una mayora podr ser ganada para las polticas revolucionarias.

A pesar de que es cierto que formaciones de ese tipo podran recrear muchas de las condiciones presentes en la social democracia de pre-guerra, esto no necesariamente las condena al mismo resultado. Y los revolucionarios que dejan a los reformistas la tarea de crear y moldear formaciones polticas que puedan interpelar y comprometer a una mayora de la clase trabajadora en la lucha, socavan no slo este proyecto, sino cualquier proyecto revolucionario separado.

Partidos de nuevo tipo

Con el ascenso del neoliberalismo y el concomitante giro de los partidos socialdemcratas, de partidos de masas de los trabajadores, hacia partidos que administran la austeridad, el centro de gravedad poltico se ha movido a la derecha. Esto significa que las luchas en Europa por un Estado de bienestar funcional y derechos laborales, han quedad hurfanas por varias dcadas.

El giro a la derecha, unido con la cada de la Unin Sovitica y los movimientos anti-guerra y de alter-globalizacin, abrieron un espacio poltico que deba ser ocupado por una nueva izquierda. Estos partidos fueron fundados sobre la base de un rechazo del estalinismo y una nueva idea sobre cmo relacionarse con los movimientos sociales, con la meta de ganar la base social de una social democracia liberalizada.

Hacer aquello significa adoptar los puntos programticos centrales de los tradicionales partidos socialdemcratas, protegiendo el Estado de bienestar y los derechos laborales, amplindolo con las demandas feministas y ambientalistas. Debido al viraje a la derecha del escenario poltico en Europa, fue una tarea de la izquierda radical organizarse en torno a estas polticas.

Estos partidos se han volcado a construir partidos de masas de trabajadores con dos cuestiones principales en mente. La primera es que el partido es un instrumento de intervencin social (interactuando con movimientos sociales, el movimiento sindical y otros esfuerzos de organizacin de base) que en simultneo debe construir un programa poltico autnomo y luchar por el poder del Estado.

La segunda cuestin es que la base social de la Nueva Izquierda es tanto la base tradicional de los partidos de masas de trabajadores como los millones de personas descontentas con el sistema poltico como un todo.

Estas nuevas corrientes se establecieron sobre el entendimiento de que no haba necesidad de contraponer el esfuerzo por ganar adhesin alrededor de un conjunto de demandas de izquierda reformistas y la necesidad de desarrollar un apoyo para ideas y corrientes polticas ms radicales. Por el contrario, este tipo de amplitud fue la nica forma de mantener a la izquierda radical siendo relevante para la gente comn.

La difusa composicin ideolgica de estos partidos permite su transformacin en direcciones progresivas, a la vez que ofrece a la izquierda radical una gran plataforma pblica. Lo que ha mantenido viva las ideas revolucionarias ha sido, precisamente, su relacin con los proyectos reformistas de izquierda.

Los partidos de Nueva Izquierda ahora proliferan, pero sigue siendo poco claro para muchos en la izquierda europea hacia dnde vamos. Ofrecemos aqu tres ideas estratgicas para contribuir a ese debate.

Los partidos amplios de izquierda no emergieron de la nada, ni tampoco por el voluntarismo de pequeos grupos radicales o revolucionarios: son el producto de cambios nacidos de amplias movilizaciones polticas, que los partidos existentes eran incapaces de capitalizar.

Uno de los objetivos centrales de estos partidos de nuevo tipo fue la de socavar los partidos socialdemcratas devenidos en neoliberales disputando su base social. Esto slo es posible si hay un proyecto poltico autnomo que rechace ser la muleta de los tradicionales partidos socialdemcratas, mientras que al mismo tiempo luche por reformas, trate de ganar mayoras sociales y dispute el poder del Estado.

Adems, cada ruptura importante con los partidos de centro-izquierda ha ocurrido por la presin por izquierda de otras formaciones, como es el caso de Oscar Lafontaine como otros miembros del ala izquierda de Partido Socialdemcrata Alemn (SPD) involucrados en la fundacin del partido socialista Die Linke (La Izquierda).

Sin embargo, esta tctica ha sido exitosa a medias. La estrategia de tratar de ganar tanto a los partidarios tradicionales de los partidos social-demcratas como a la gente que se ha cansado del sistema poltico se ha probado difcil de llevar a cabo: estos partidos de nuevo tipo tienen demasiado parecido a ms de lo mismo para los desilusionados con el sistema poltico, como parecen demasiado extraos y anti-instituciones para aquellos que no estn preparados para revisar crticamente el sistema poltico existente.

Esto parece repetir que la vulnerabilidad y el desplome de los partidos socialdemcratas han sido auto impuestos. Al aplicar y manejar la austerirdad por sobre expandir la previsin social, estos partidos originalmente de trabajadores han adoptado las mismas polticas que sus contrincantes conservadores. Es precisamente por esta PASOK-izacin que necesitamos organizaciones reformistas de izquierda fuertes; slo ellas son capaces de ganar y organizar a quienes abandonan los partidos social-demcratas.

Y la presencia de revolucionarios al interior de estas organizaciones es y ser crucial para prevenir virajes a la derecha.

Otro punto clave tiene que ver con la relacin entre la lucha social callejera y la bsqueda de cargos polticos. Tenemos que entender a los partidos como instrumentos para la lucha social, vehculos que nos ayudan a coordinar y construir relaciones entre diferentes movimientos. Mantener el carcter autnomo de esos movimientos no es necesariamente contradictorio con construir programas y campaas para alcanzar el poder estatal e implementar polticas progresivas.

A pesar de que lo que los socialistas pueden llevar a cabo usando el Estado capitalista es limitado, igualmente tiene una relativa autonoma. La capacidad del Estado de desarrollar objetivos progresivos depende de la correlacin de fuerzas entre trabajo y capital. No reconocer esta posibilidad significa perder cualquier esperanza y menospreciar toda reforma que no alcance la revolucin.

La presencia de ideas revolucionarias es esencial, no solo por la necesidad de reconocer los lmites de ganar el poder del Estado sin transformarlo, sino tambin porque la organizacin de poder popular es central para sostener, y para alcanzar, cualquier gobierno de izquierda.

Los lmites del Proyecto europeo

Desde su fundacin, un objetivo de la gran mayora de los partidos de izquierda ha sido transformar la Unin Europea desde dentro. Sin embargo, el devenir reciente demostr que la UE, y en particular la eurozona, slo puede tolerar cierta cuota de democracia, igualdad y auto-determinacin.

La extorsin al gobierno griego hizo visibles e incuestionables las grietas en el llamado Proyecto europeo, como as tambin su verdadera naturaleza: una relacin entre centro y periferia que est dispuesta a aplastar cualquier experiencia democrtica y cualquier intento de una reforma igualitaria, con el objetivo de fortalecer las economas de los pases centrales y desmantelar todas las protecciones sociales para los trabajadores, en particular de los pases del sur de Europa.

Las negociaciones desde posturas de izquierda han logrado que se ceda muy poco, y el margen de maniobra se ha reducido exponencialmente. La nica alternativa es pensar por fuera de los lmites de la eurozona. Esto no es una tarea sencilla. Lo que algunos han llamado el fetiche del euro tiene bases materiales muy concretas, es el resultado de treinta aos de destruccin de los sectores productivos de la periferia y su sustitucin por crditos y sobre-dependencia de los fondos europeos.

Entender que hay ms de una forma de salir de la zona euro es recentrar la discusin en su nivel ms poltico. Cmo construir un movimiento popular de la izquierda que pueda conectar con un proyecto mancomunado en el resto del continente, imaginar alternativas para esta prisin financiera en la que estamos atascados y luchar con la emergencia de la ultra derecha y el nacionalismo a lo largo de Europa? Esto no significa que dejemos de luchar y construir interconexiones dentro de este marco, simplemente significa que debemos empezar a pensar y construir estas luchas e interconexiones ms all de l.

Slo encontraremos la respuesta para estas difciles preguntas si reconocemos que estas son las llaves estratgicas que enfrenta toda la izquierda, si mantenemos como el principal objetivo el ganar mayoras sociales y hegemona ideolgica, y si abrazamos a estos partidos de nuevo tipo, con todos sus lmites y contradicciones, como el mejor y ms concreto instrumento para cumplir esa tarea.

Catarina Prncipe es miembro del Bloco de Esquerda (Portugal) y Die Linke (Germany). Dan Russell es miembro de International Socialist Organization (EEUU)

Traduccin de Guido Spadaveccia y Facundo Nahuel Martn para Democracia Socialista

http://www.democraciasocialista.org/?p=5413



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