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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2005

En el aniversario de la muerte de Andr Breton
Por un arte revolucionario!

Alan Woods
Rebelin

Traducido para Rebelin por Germn Leyens y revisado por el doctor Fernando Buen Abad


Hoy celebramos el aniversario de la muerte de Andr Breton, uno de los representantes literarios ms destacados del surrealismo, que trat de vincular el arte con la poltica revolucionaria y colabor un tiempo con Len Trotsky.

Hoy, cuando el sistema capitalista se encuentra en un impasse total y es afectado por una condicin de degeneracin senil extrema, la crisis del sistema afecta cada aspecto y manifestacin de la vida. Las fuerzas productivas se estancan, el desempleo y el subempleo afectan a millones, y la desigualdad aumenta a niveles hasta ahora desconocidos. Las guerras y el terrorismo ya no constituyen la excepcin, sino la norma. Elementos de barbarie han comenzado a aparecer en los pases ms prsperos y civilizados, como lo presenciamos recientemente en Nueva Orleans.

La supervivencia del sistema capitalista amenaza con socavar los fundamentos mismos de la civilizacin y la cultura. En un mundo como ste, cmo podran dejar de verse afectados el arte y la literatura? La idea de vincular el arte con la revolucin una idea promovida por Breton y Trotsky retiene por lo tanto toda su vitalidad y verdad.

El surrealismo expresa una visin contradictoria (ilgica) de la realidad. Trata de expresar el elemento de violencia y salvajismo que acecha debajo del delgado barniz de civilizacin burguesa. Los modales corteses y el buen gusto de la sociedad burguesa son en realidad slo una fachada que oculta el ms terrible sufrimiento, la explotacin y la represin. El surrealismo desgarra el velo de la hipocresa cortesana y revela la fea y repugnante realidad que encubre.

Paradjicamente, el hombre cuyo nombre es asociado ms frecuentemente con esta escuela revolucionaria, Salvador Dali, fue un servil defensor del status quo, polticamente de derecha, admirador de Hitler y Franco, monarquista y lacayo de los poderes establecidos acaudalados. Luis Buuel, al contrario, fue un autntico revolucionario. Fue despedido por hacer una pelcula atea, de la que Dali, tpicamente, se distanci, por lo que Buuel us sus puos como recompensa.

A diferencia de Dali, Buuel se opuso a los poderes establecidos, a la religin y a la Iglesia. Polticamente, estuvo cerca del anarquismo, el credo que tal vez refleja mejor la visin del mundo del surrealismo. Pero, con Breton el surrealismo tambin se aproxim al marxismo.

En este arte tambin hay otros elementos: la idea de que todo es pasajero, inestable y cambiante. Por eso la muerte y la metamorfosis juegan un papel tan central. En ello sentimos la presencia de una idea fundamentalmente dialctica: la idea del cambio constante en el que las cosas se convierten en su contrario, y en la que las contradicciones se encuentran en el centro de todo y las cosas no son lo que parecen ser.

El surrealismo no floreci por casualidad en las tierras de Espaa catlica, Francia e Italia. Es bien sabido que el catolicismo fantico produce su contrario en la forma de poderosos movimientos anticlericales. En cada gran ascenso revolucionario en estos pases siempre sobreviene una erupcin de actividad anticlerical. Un fenmeno semejante jams podra producirse en los pases protestantes del norte de Europa, donde la revolucin burguesa ajust cuentas con la Iglesia catlica hace siglos. La lgica fra de la burguesa haba desterrado hace tiempo el oscurantismo irracional de la Iglesia. Pero en los pases del sur de Europa, segua representando un dolo que haba que derrumbar.

El surrealismo, como lo sugiere su nombre, trata de ir ms all de la superficie, penetrar debajo de las apariencias y aprehender la esencia de los fenmenos. Al contrario, la mente fra, sin imaginacin del europeo del norte, moldeada por una prolongada historia de pensamiento emprico, se satisface con lo dado, con las cosas tal como son. Pero las cosas tal como son resultan ser a menudo muy diferentes de lo que parecen ser.

S, el mundo del surrealismo es un mundo extrao, en el que las cosas y las relaciones normales son paradas de cabeza. Pero en realidad es el capitalismo el que convierte cada relacin natural en su contrario. Lleva en s un carcter inherentemente irracional y contradictorio. Esas contradicciones pueden ser bien expresadas en el arte del surrealismo. Pero slo pueden ser realmente resueltas mediante la revolucin socialista.

Cul es el papel del artista en la sociedad de nuestros das? Sera ms fcil declarar lo que no es. No es el papel de un artista real quedarse entre bastidores mientras se libran las grandes batallas por el futuro de la humanidad y el alma de la humanidad. Un arte que se separa de la sociedad y es indiferente a su fe, no podr jams aspirar a la grandeza. Un arte semejante slo languidece en los llanos y las estribaciones de la historia. Jams podr aspirar a la grandeza. Nunca podr alcanzar las cimas.

Un gran arte debe preocuparse de temas grandes. Un verdadero artista no puede mostrarse indiferente ante la suerte de otros hombres y mujeres. l o ella son revolucionarios por naturaleza. Los conformistas y los que le dicen amn a todo y se dan por satisfechos cuando siguen al rebao comn nunca podrn producir arte y literatura de envergadura.

El arte tiene el deber de pronunciarse violenta y valerosamente contra la opresin, la explotacin, la mentira y la hipocresa en todas sus manifestaciones. Debe sealar la posibilidad de una vida mejor y un mundo mejor. No importa si el mensaje carece de claridad, que sea incompleto e imperfecto, y que trate slo de ste o el otro caso en particular. El arte no es poltica o ciencia. Tiene su propia identidad y habla con su propia voz. Aunque adopte una posicin apasionada sobre los grandes temas que confronta la humanidad, debe mantenerse siempre fiel a s mismo.

Es posible que el arte sea partidario y revolucionario sin degenerar en simple propaganda. El arte debe estar libre de toda coaccin. No debe reconocer a amo alguno, sea la Iglesia o la Mezquita, el Estado o el Gran Capital. El o la artista debe tener libertad para seguir sus propios sentimientos y creencias. Una tal libertad artstica es incompatible con el rgimen capitalista en el que bancos y monopolios lo deciden todo, desde la produccin de camisas a la produccin de msica, pinturas y literatura, en funcin de los beneficios.

El arte slo ser libre en una sociedad en la que todos los hombres y las mujeres sean libres y en la que las relaciones monetarias sean reemplazadas por genuinas relaciones humanas, es decir, por el socialismo. Slo en una sociedad basada en la planificacin democrtica y armoniosa de las fuerzas productivas podrn hombres y mujeres obtener un control racional sobre sus vidas y destinos. Slo en una sociedad semejante podr el arte arrojar las marcas de la esclavitud y adquirir la condicin de arte humano.

En la sociedad de clases, el arte tiene un carcter de clase. Tiende a alienarse de la sociedad y es considerado como algo extrao, ajeno y remoto de la mayora de la gente. Slo mediante la abolicin de la base material de la alienacin podremos demoler la muralla china que separa al arte de la sociedad.

Trotsky escribi Cuntos Aristteles arrean cerdos? Cuntos porqueros se sientan en tronos? Al abolir la diferencia entre el trabajo mental y manual, el socialismo abrir de una vez por todas las puertas que solan impedir el acceso de la gente al arte, la ciencia, la cultura y el gobierno. Significar un nuevo renacimiento que eclipsar todos los logros de la antigua Atenas y de la Florencia de los siglos XV y XVI.

El desarrollo del arte hasta lograr toda su dimensin es incompatible con todos los tipos de unilateralismo, incluyendo el unilateralismo nacional. El surrealismo fue una tendencia autnticamente internacional, que reflejaba la existencia de sentimientos y dilemas comunes a escala mundial. Ya anticipaba el futuro desarrollo de genuinos cultura y arte bajo el socialismo.

El gran patrimonio cultural de Europa ha llegado hace tiempo a una calle sin salida, que refleja la prolongada decadencia del capitalismo europeo, confrontado por rivales ms jvenes, ms dinmicos. El viejo mundo ya no tiene nada interesante que decir. El centro de la historia mundial, como predijera Trotsky, ha pasado del Mediterrneo al Atlntico, y ahora pasa del Atlntico al Pacfico, donde se decidir el destino futuro de todo el mundo.

Las viejas, anticuadas fronteras que dividen el cuerpo vivo de la humanidad han perdido hace tiempo su utilidad histrica. Constituyen barreras al progreso humano como solan serlo las fronteras locales bajo el feudalismo. Estn destinadas a ser arrasadas y lo sern. Es particularmente necesario para Latinoamrica, ese maravilloso continente que posee todo lo necesario para crear un paraso en este mundo, pero que ha sido balcanizado y reducido a la esclavitud y a la pobreza por 200 aos de capitalismo.

En un mundo socialista, el genio de los pueblos de Latinoamrica entrar como un ingrediente vital en una cultura comn del mundo, una vez que la humanidad supere sus divisiones y se convierta una vez ms en un todo. Las grandes tradiciones de los mayas y de los aztecas, los incas y todos los dems pueblos del continente vivirn un renacimiento a un nivel cualitativamente ms elevado.

Cul ser la naturaleza de un nuevo arte socialista? Es imposible predecirlo y no es nuestra tarea dar lecciones a las generaciones futuras. El arte siempre obedecer a sus propias leyes inherentes, que no corresponden a teoras preconcebidas, sino reflejan las necesidades y los deseos de cada generacin. Pero podemos estar seguros de una cosa. No habr una ausencia de variedad. Cien diferentes escuelas de pensamiento competirn y discutirn, en una escuela apasionada escuela de democracia que involucrar no slo a un puado de esnobs estticos, sino a millones de personas. De esto emerger una cultura nueva y superior que ir ms all de todo lo que hemos visto en el pasado.

Es el futuro por el que luchamos. Y en esta lucha los artistas de la actualidad deben tomar el lugar que les corresponde en la primera lnea de la batalla por el socialismo.

Londres, 28 de septiembre de 2005



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