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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2016

Colombia y la paz negociada
Entre la globalizacin neoliberal y el poder invisible

Len Arled Flrez
Rebelin


El proceso de paz que se adelanta en la Habana Cuba entre el gobierno colombiano y las guerrillas de las FARC-EP [2], tiene asustada a la extrema derecha colombiana, asi como esperanzada a la izquierda y a las fuerzas democrticas del pas hastiadas de vivir en un pas en guerra. Para los unos el proceso de paz es una revolucin castro-chavista, para los otros, se asimila a un cambio en las costumbres polticas del pas. Es un proceso que se adelanta en un contexto de globalizacin neoliberal, impulsada por el Estado, y de persistencia del paramilitarismo [3], auspiciado por las fuerzas oscurasde la extrema derecha colombiana. Dicha situacin no deja de generar contradicciones y suspicacias en torno a las verdaderas intensiones de las partes en la negociacin, asi como expectativas respecto al carcter y al alcance de las conversaciones. Se limita el proceso de paz a una reinsercin de los guerrilleros a la vida civil? Implica un cambio en las costumbres polticas de la democracia colombiana? Se limita solo a una reforma poltica? Implica una revolucin social? Implica una nueva traicin del Estado a la insurgencia?

Apartndonos de entrada de la estigmatizacin del proceso de paz como una revolucin castro-chavista, creemos, no obstante, que el proceso de paz tiene implicaciones democrtico-, si se quiere revolucionarias, que desbordan la nocin de reforma politica. La paz entendida como un proceso de reconciliacin conducente al cambio de las costumbres polticas del pas, no implicara solo la dejacin de las armas por parte de la guerrilla, ni unicamente el cese de la guerra contrainsurgente por parte del Estado; sino tambin, la transformacin de las formas de produccin y reproduccin tradicionales del poder poltico en Colombia.

Desde ese punto de vista, frente al reto de cambiar las costumbres polticas de un pas que se ha constituido como nacin, a travs del conflicto contrainsurgente [4], las negociaciones de paz entre el gobierno y las FARC-EP, parecen limitadas. En ese sentido, el escollo fundamental para la reinsercin de la insurgencia a la vida civil, en este caso de las FARC-EP, no depende tanto de la agenda pactada en la Habana, del problema de la dejacin de las armas por parte de la insurgencia, ni de que hayan faltado actores en la mesa de negociaciones (ej: ELN [5], movimientos sociales, etc.), sino del carcter poltico del Estado colombiano. Nos refermos primero a su carcter neoliberal, asunto que el gobierno rechaz discutir en la mesa de negociaciones de la Habana, y segundo, al carcter dual (legal e ilegal) en que se sustenta su poder poltico; lo que hace del gobierno una contraparte no confiable en el proceso de negociaciones. Lo primero reduce el proceso de paz a una poltica neoliberal de inclusin social; lo segundo, lo inserta en la tradicin histrica de la traicin y el incumplimiento de los acuerdos de paz por parte del Estado [6].

En este contexto, las polticas econmicas del gobierno, no parecen inscribirse en el marco de un proceso de paz, sino, por el contrario, en la implementacin del modelo neoliberal. La reciente venta de la generadora elctrica de Isagn, la segunda ms importante del pas, a un consorcio canadiense, y la aprobacin de la ley sobre las  Zonas de Inters de Desarrollo Rural, Econmico y Social (ZIDRES), no es sino una muestra de que en la medida que el proceso de paz avanza en la Habana, el modelo de globalizacin neoliberal se implementa en Colombia. La venta de la generadora elctrica se encuadra en la lgica neoliberal de privatizacin de lo pblico, para con lo pblico, al parecer, favorecer negocios privados [7], en este caso: concesiones para la construccin de carreteras y elecciones. La aprobacin de las Zidres, par su parte, contraria al desarrollo rural que se propone, responde a una lgica de acumulacin primitiva de capital: legalizar con titulaciones de tierras las viejas y futuras usurpaciones [8]. Todo esto ocurre, al tiempo que el general Marcolino Tamayo, director de la Unidad de reclutamiento del ejrcito, anuncia la incorporacin en los prximos meses de 17.217 nuevos soldados, bajo el argumento de adelantar la pedagoga del post-conflicto [9].

No obstante, el escollo inmediato del proceso de paz no es solo la persistencia del modelo neoliberal del Estado, sino tambin el carcter dual en que se basa su poder poltico. Esta dualidad emana de la simbiosis del poder visible del estado con el poder invisible de la poltica colombiana. Esto ha llevado a la invasin estructural del ltimo sobre el primero, provocando la degradacin de la democracia y de la sociedad. Norberto Bobbio, defina el poder visible como:

El carcter pblico del poder, entendido como no secreto, como abierto al pblico, en donde la publicidad es la regla y el secreto es la excepcin, siendo en todo caso una excepcin que no debe aminorar la regla ya que el secreto est justificado al igual que todas las medidas excepcionales. Bobbio considera que representar significa hacer visible [los actos, del poder]. [Lo] invisible [a la inversa] se presupone como ausente y al mismo tiempo se hace presente, ya que el poder invisible como un poder oculto est en todas partes y a la vez en ninguna [10].

En ese sentido, lo contrario del poder visible es el poder absoluto, el desptico, el autocrtico, estos estn:

[] regidos por el poder invisible donde todo se oculta al pueblo [] La relacin entre gobernantes y gobernados puede ser representada como relacin de intercambio en la que el gobernante brinda proteccin a cambio de obediencia. En el Estado autocrtico el secreto de Estado no es la excepcin sino la regla, las grandes decisiones polticas deben ser tomadas lejos de las miradas indiscretas del pblico (ibid.).

En este contexto, el proceso de paz concebido como una reforma, es decir, como un cambio no estructural tendiente a mejorar el funcionamiento del sistema poltico [11], resultara no solo limitado sino inviable y seguramente conducira al aborto del proceso de paz. Esta situacin convierte en un imperativo la transformacin del poder poltico. Es por eso que el proceso de paz debe inscribirse, antes que en una reforma poltica, en una, si se quiere, revolucin democrtica. Entendida, no necesariamente como el cambio en el poder de una clase social por otra, pero si de una recomposicin del poder que refleje, en la transformacin de las costumbres polticas, la actual composicin social del pas. Esta transformacin no es otra cosa, que el cambio de las formas tradicionales de produccin y reproduccin del poder poltico, no solo a nivel nacional, sino regional y local. En otras palabras, el carcter progresista y democrtico del proceso de paz, deriva y depende de su alcance poltico transformador.

La necesidad del esclarecimiento de la verdad de las causas y de los hechos que han provocado el conflicto colombiano, asi como el restablecimiento de la memoria histrica de este, para evitar su repeticin, no deben estar en marcados en una especie de antropologa del pecado [12]. No hay que olvidar que esta ltima esta en la base del contubernio histrico entre el poder visible e invisible del Estado, con el poder visible e invisible de la Iglesia. La Iglesia y los partidos tradicionales, a pesar de su fragmentacin actual, han sido, no solo los referentes histricos de la identidad y de la unidad nacional del pas - remplazados espordicamente por el ejrcito y ltimamente por el futbol -, sino tambin las nicas instituciones con presencia permanente en todo el territorio colombiano. La pregunta no es, dnde estaban los partidos cuando se cometi tanta barbarie? ya que estos han sido siempre causa y parte de esta, sino dnde estaba la Iglesia? Es incuestionable, la Iglesia catlica, al igual que las otras iglesias, sobre todo evanglicas, deben y van a desempear un papel importantsimo en el proceso de reconciliacin, pero tambin deben aclarar sus responsabilidades en el conflicto. Tanto pasadas como actuales. Sin demandar un inventario sobre el papel de la Iglesia en las guerras civiles desde la independencia; no hay que olvidar que el cura Camilo Torres, comprometido en la defensa de los derechos de los desposedos, antes de irse para el monte, fue perseguido y excomulgado por la Iglesia catlica colombiana. Tampoco se puede olvidar, que el principio del libre albedro, sustentado en la frmula del castigo y el premio [13], del pecado y el arrepentimiento, del pecado y el perdn, que est en la base del concepto de individuo y de libertad cristiana, ha sido parte integrante de la ideologa del conflicto poltico colombiano. La lgica inquisitorial de castigar a los pecadores y perseguir a los infieles, con la terapia del arrepentimiento, el aliciente del perdn y el premio de la tierra prometida, fue tambin la base ideolgica que nutri todas las cruzadas, incluyendo la cuarta, que fue la que inaugur Cristbal Coln en Amrica y se ensa con la poblacin indgena. La pregunta es: puede la antropologa del pecado con su lgica unidireccional -, en el contexto de un proceso poltico, como es el proceso de paz, inspirar la reconciliacin? Pero lo ms importante: Es el mecanismo eficaz para redimirnos del pasado? Sin restar importancia al papel de sanacin de los actos de reconciliacin y perdn, la paz, ms que un trueque de perdones y arrepentimientos, debe, en nuestra opinin, ser un proceso de reconocimiento de responsabilidades y un proceso de reparacin y de transformacin del pasado, para evitar su repeticin. La paz no es un proceso ciego de perdn y olvido en aras de la reconciliacin. Antes que una teologa de la reconciliacin, la paz debe ser una filosofa de la reconstruccin y la transformacin, sobre todo de las costumbres sociales y polticas del pas. No hay que pasar desapercibido, que el principio del libre albedro es tambin el paradigma sobre el cual se erige el mutualismo capitalista, solo que traducido en la frmula Smithiana de la libertad de elegir [14].

Sin referirnos al contubernio entre la Iglesia y el Estado colombiano, hay que subrayar que la simbiosis del poder visible legal con el poder invisible ilegal, muchas veces bajo la subordinacin del primero por el segundo, es la que ha reducido la democracia colombiana a una metafsica de verdugos, que es como defina la libertad Friedrich Nietzsche [15]. El proceso de paz implica entonces, crear una nocin nueva de la democracia y una idea diferente de la libertad. Kant crea que la libertad era impensable [] entendida como un conjunto de actos o de hechos que no responden a una causa [16]. Spinoza, - antes que l - ya haba descubierto que la libertad era: [] el nombre que damos a la ignorancia que tenemos de la causa de nuestros actos [17]. Para el caso que nos ocupa, la paz, la verdad y la reconciliacin seran en realidad la misma cosa: los elementos de una nueva nocin de libertad por construir. Una nocin donde el conocimiento de la historia del pas se vuelve imperativo, sobre todo para superar la Patria boba [18], de la cual nunca se ha salido.

No obstante, el atolladero histrico de Colombia no depende principalmente del contubernio entre la Iglesia y el Estado, sino del carcter dual del poder poltico de este ltimo. Por su forma, el Estado colombiano es un Estado moderno, es decir, reclama el monopolio legtimo, es decir, legal del recaudo y la redistribucin de los impuestos, de la posesin de las armas, del ejercicio de la coercin, de acuar la moneda y de definir los asuntos de la guerra y de la paz. A esto habra que agregar el monopolio mixto sobre la educacin, el reducido que ostenta sobre los medios de comunicacin y el predominantemente privado que se impuso sobre el sistema de salud. Un Estado fuerte e impuestos elevados es la misma cosa, escribi Marx; sobre todo para referirse al Estado moderno con un alto desarrollo de las fuerzas productivas [19]. Por su contenido, el Estado colombiano es un Estado dbil; no tanto por la forma deficiente, muchas veces privada, del recaudo de los impuestos y las tarifas de los servicios pblicos, sino por la forma corrupta de su distribucin y apropiacin. De esta forma, tanto el recaudo como la distribucin de los impuestos, as como el monopolio de las armas y el del ejercicio de la coercin - para no hablar del monopolio mixto de la educacin, de la privatizacin de la salud, etc. -, no corresponden del todo a formas desarrolladas de acumulacin capitalista, sino a una simbiosis donde prevalecen las formas extraeconmicas de acumulacin de capital, sobre las econmicas. Eso que David Harvey (2006) ha denominado acumulacin por desposesin [20]. Ello se manifiesta en el grado elevado de las prcticas de corrupcin a todos los niveles, en la prctica sistemtica de la violencia poltica y en la impunidad como formas de acumulacin de capital. Ni la violencia, ni la corrupcin, ni la impunidad disminuyen en Colombia sino, por el contrario, se acrecientan; porque son la forma de produccin y de reproduccin del sistema poltico colombiano. Esto no solo se manifiesta en las elecciones, sino en el funcionamiento cotidiano del Estado. Parece un desliz, pero el mismo presidente de la Repblica lo confirma: A los que no les gusta la mermelada, les va tocar aguantarse o se vacunan contra la diabetes, porque voy a duplicar la mermelada aqu, porque es la inversin social en todas las regiones [21]. Al respecto, Robert Brenner (1977) introdujo el trmino de acumulacin poltica para referirse a la tendencia del capital, en zonas sobre todo rurales, de invertir ms en el poder poltico como medio de acumulacin de capital, que en los medios de produccin, es decir, tierra, tecnologa, fuerza de trabajo [22]. De esta manera en Colombia, en vez de la reproduccin ampliada de los medios de produccin y de las fuerzas productivas, lo que se reproduce son las formas parasitarias de acumulacin de riqueza a travs de la concentracin, en pocas manos, del poder poltico; manteniendo a la sociedad y a las relaciones sociales de produccin en un estado de profundo atraso y estancamiento. Esta forma de acumulacin poltica del capital se traduce en Colombia en la prioridad que tiene la inversin en la coaccin militar o policial y en la coaccin poltica, sobre las necesidades bsicas de la poblacin en materia de salud, de servicios pblicos, agua, educacin, transporte, etc. De este modo, las zonas agrarias quedan condenadas al atraso endmico, terreno frtil para las transnacionales de la minera, de los biocombustibles, del narcotrfico, del contrabando y de la fe. Como escribi el periodista Antonio Caballero recientemente: Este pas es el paraso del mercado que soaron Thatcher y Reagan [23]. Tambin es, como llamaba Karl Polanyi a la sociedad dominada por el mercado, la fabrica del Diablo [24]. En este contexto, el trmino feudalismo resulta anacrnico para describir la barbarie que se vive en eso que llaman la otra Colombia, que no es sino una metfora de la Colombia entera.

Fue, a lo mejor, para que no se revelara todo esto, que el gobierno del presidente Santos vet en las conversaciones de paz de la Habana, la discusin sobre el modelo econmico. De pronto tema, que el secreto de la acumulacin capitalista primitiva, que est en la base del sistema poltico colombiano, fuera revelado. O tema que se supiera, como se supo en el siglo XIX, a travs de la pluma del socialista utpico ingls Robert Owen, que el verdadero problema que se ocultaba detrs de la pobreza, era que la sociedad estaba regida por leyes que no eran humanas [25].

Por esta razn, el mito de la mano invisible del mercado de Adam Smith, no parece en Colombia un paradigma econmico de libre albedro, sino un principio poltico y una conducta criminal. Esa es, en nuestra opinin, la lgica en que se enmarca la violencia poltica en el pas. Una lgica simple y lapidaria. Ella qued reflejada en un grafiti que describe muy bien los gobiernos neoliberales de las ltimas dcadas: Masacres = ms-acres. En esta lgica se ubica el escndalo del presidente de la Corte constitucional, magistrado Jorge Pretel. Tras ser acusado de recibir un millonario soborno a cambio de un fallo jurdico a favor de terceros, el magistrado fue descubierto en posesin de ttulos de tierras pertenecientes a familias de campesinos, unos masacrados y otros desplazados en la regin de Crdoba y Urab. No obstante lo ocurrido, el magistrado sigue en su cargo [26]. El desplazamiento de ms de cuatro millones de colombianos del campo a la ciudad se inscribe en esa misma lgica; el de los millones de exiliados en el extranjero tambin; igualmente el holocausto del Palacio de Justicia, as como el genocidio del movimiento poltico de izquierda Unin Patritica. Movimiento creado irnicamente en el marco del fallido proceso de paz de los aos 1980. La Unin Patritica fue una amenaza real para esa forma de reproduccin del poder poltico. Decidieron por eso exterminarla, en la mira de minar la capacidad transformadora y contestataria de las organizaciones sociales y polticas de izquierda que la conformaban. No hay que olvidar que histricamente, minar la capacidad de respuesta del trabajo frente al capital fue el objetivo que origin y mantiene vivo al fascismo y a su expresin criolla el paramilitarismo. En ese contexto, el fenmeno del paramilitarismo, no es solo un fenmeno agrario, del pasado, es tambin actual, de carcter urbano, del cual las bacrim [27], no parecen responder a su lgica, sino a la lgica de la delincuencia comn y del chivo expiatorio. Los panfletos y amenazas parapetadas en pseudnimos tenebrosos; las desapariciones, las torturas y los asesinatos sistemticos, sobre todo de dirigentes intermedios y de periodistas alternativos, no responden a una lgica de la delincuencia comn, sino a la estrategia paramilitar de infiltracin de las organizaciones sociales y politicas de izquierda. Esa es la cara, tal vez ms recurrente, con que el poder invisible suele presentarse. De esta manera, el conflicto colombiano, no parece contrainsurgente, como se dice, sino en realidad, un conflicto contra-la-gente.

En este contexto, la visibilidad, es decir, la transparencia del poder del Estado en la sociedad y su presencia legal en el pas, son condiciones sine qua non para la paz. Esa es, al mismo tiempo la va para superar el paramilitarismo; que no es otra cosa que la expresin militar organizada de la degradacin corrupta del poder poltico en Colombia. Esa degradacin se manifiesta no solo en el paramilitarismo sino de forma exuberante en los tres poderes en que se divide el Estado: el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial. Es por eso que el proceso de paz, entendido como una transformacin de las costumbres polticas colombianas, debe estar dirigido a erradicar las bases de la acumulacin poltica como forma de reproduccin tradicional del carcter dual del poder poltico. Esas bases no son otras que la prctica sistemtica de la corrupcin, de la violencia y de la impunidad como formas de hacer poltica. En otras palabras, el carcter progresista del proceso de paz consiste en la promesa de transformacin democrtica que encierra. No es para nada una revolucin socialista, ni mucho menos castro-chavista. Debe ser una transformacin tendiente a modernizar el Estado colombiano. Ms prxima a la nocin de perestroika de la poca de Gorbachov, que no significa transformacin, como se cree, sino restructuracin, y estaba basada en el glasnost, que significa transparencia [28]. De este modo, para superar el carcter invisible y neoliberal del Estado colombiano, el proceso de paz debe conducir a su restructuracin, para modernizarlo y convertirlo en un espacio civil y visible de la tramitacin pacfica de los conflictos sociales y polticos.

Sin que se trate de procesos semejantes, el socilogo Anthony Giddens (1994), idelogo de la tercera va, defina la posmodernidad como una radicalizacin de la modernidad [29]. En ese sentido hay que tener en cuenta, que a pesar de lo que se acuerde en la Habana, eso que han dado en llamar post-conflicto, que es un trmino ambiguo en clave posmoderna, puede derivar en una radicalizacin an mayor del conflicto. Ms an en el contexto de la crisis econmica y social que se avecina. Como lo vaticina el economista Pedro Sarmiento: Durante mucho tiempo el producto nacional crecer por debajo de las tendencias histricas, el desempleo y la informalidad aumentarn y el deterioro de la distribucin del ingreso persistir [30]. En otras palabras, la continuidad del modelo neoliberal, enmarcado en una estrategia de transnacionalizacin de la economa, desindustrializacin del pas y flexibilizacin laboral [31], no conduce a otra cosa que a la profundizacin de los antagonismos sociales y a la radicalizacin de la reproduccin de las formas del poder poltico tradicional. Esto imprime un carcter contradictorio, suspicaz e inquietante al proceso de paz que se pacta en la Habana.

Si bien es cierto que la paz no es una revolucin social en el sentido ortodoxo del trmino, esta no puede terminar siendo - a riesgo de abortar el proceso de paz -, una estrategia de apaciguamiento de la insurgencia, inscrita en la lgica de aplicacin del modelo de globalizacin neoliberal. Tampoco puede terminar en una guerra fra y mediatica, tendiente a estigmatizar, desaparecer o condenar al ostracismo poltico al contrario. En ese contexto, dado que los factores estructurales de carcter socio-poltico que alimentan el conflicto social persisten, hablar de post-conflicto una vez firmados los acuerdos, no resulta slo anacrnico, sino negacionista de la actualidad, de la historia y de las confrontacines sociales y polticas que se avecinan. Es confundir la confrontacin armada como va agotada de solucin del conflicto, con el conflicto mismo. Es vaciar de contenido social y politico la misma confrontacin armada.

No hay que olvidar, que al culminar la Segunda guerra mundial se firm la paz y comenz la reconstruccin de Europa. El periodo ulterior fueron aos dificiles pero en todo caso marcados por el desarrollo social y la prosperidad. No en vano, en la historiografa occidental, a los aos de la post-guerra se les denomina los Treinta gloriosos. La paz europea fue una reconstruccin. El conflicto por desgracia se mimetiz en la guerra fra, no se acab, se transform, al tiempo que la paz se consolid. En ese sentido, la importancia histrica de los acuerdos de la Habana, consiste en que las dos partes coincidieron en trasladar el conflicto, del terreno de la confrontacin autocrtica, al terreno de la confrontacin democrtica. Del terreno de los poderes invisibles, al terreno de los poderes visibles. Lo que supone el imperativo de la erradicacin del primero por ambas partes. En otras palabras, la paz no solo pasa por la reduccin de las desigualdades sociales, sino igualmente, por la transparencia de las costumbres polticas.

Dado que la insurgencia pierde el carcter de poder invisible que tena incorporndose a la vida civil; la paz no depender de hacer visible el poder invisible de la insurgencia, como del desmantelamiento del poder invisible del Estado. La paz, entonces, no depende tanto de lo negociado en la Habana, como de aquello que se vet y no se negoci: la simbiosis del poder visible con el poder invisible que caracteriza al Estado. Y eso, no solamente a escala nacional, implica tambin al poder invisible de carcter global. Es ah donde radica, a nuestro entender, la importancia y la complejidad histrica de la apuesta de lo acordado en la Habana. Desde esa perspectiva, el proceso de paz debe representar en realidad una inflexin democrtica del conflicto social y poltico que vive el pas. No solo en su expresin armada, sino tambin en sus diversas expresiones civiles duramente golpeadas. Es por eso que la paz no es el fin del conflicto, sino un espacio nuevo de confrontacin. Se trata de una alternativa, de un ensayo, del no retorno al sendero de una historia atrapada en la trgica repeticin de sus comienzos.


Notas

Len Arled Flrez, Historiador, master en desarrollo rgional y candidato a doctor en ciencias sociales aplicadas de la Universidad de Qubec en Outaouais.

[2] Sin desconocer los encuentros secretos previos, la paz como proceso comenz con la firma del Acuerdo general para la terminacin del conflicto firmado en agosto de 2012, seguido luego por la instalacin de la mesa de negociaciones en Oslo Noruega el 18 de octubre del mismo ao. Hablamos de proceso de paz porque durante ms de tres aos de conversaciones, se han ido implementando iniciativas que han contribuido considerablemente al desescalamiento del conflicto. Se prev, aunque de forma incierta, que las negociaciones concluyan el mes de marzo de 2016.

[3] En Colombia se denomina paramilitarismo a los grupos armados ilegales de extrema derecha, vinculados a la perpetracin de amenazas, torturas, desapariciones, asesinatos individuales, masacres y desplazamiento forzado, sobre todo de poblaciones inermes de la ciudad y el campo adscritas a movimientos de izquierda o de oposicin al gobierno.

[4] Es indudable que el conflicto contrainsurgente que enmascara y sintetiza en realidad las luchas sociales y polticas del pas, es un referente histrico determinante de la constitucin inconclusa del estado, la nacin y la democracia colombianas, que se remonta mucho ms all de los aos cincuenta y sesenta del siglo pasado. Al respecto, Renn Vega Cantor, sostiene la tesis de la contrainsurgencia nativa: En Colombia existe una contrainsurgencia nativa que se nutre del anticomunismo que es anterior al surgimiento de la doctrina de la contrainsurgencia, pero que se renueva y se mezcla con esta ltima a raz de los intereses geopolticos de Estados Unidos durante la Guerra Fra. Vega Cantor, Renn (2015). La dimensin internacional del conflicto social y armado en Colombia,Rebelin, revista de pensamiento alternativo en versin digital: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195382. Consultada: 2016-01-23

[5] Ejrcito de liberacin nacional (ELN).

[6] Al respecto ver: Villanueva Martnez, Orlando (2012). Guadalupe Salcedo y la insurreccin llanera, 1949-1957. Bogot: Universidad Nacional de Colombia, p. 508-509, 513. Medina, Medfilo y Snchez, Efran (2003). Tiempos de paz. Acuerdos en Colombia, 1902-1994. Bogot: Instituto de cultura y turismo.

[7] Ver : Sarmiento, Eduardo. La entrega de Isagnˮ , El espectador, enero 1 de 2016. Fuente: http://www.elespectador.com/opinion/entrega-de-isagen. Consultada: 2016-01-24. Tambin: Sarmiento, Eduardo. Privatizar es vender varato, El espectador, enero 24 de 2016. Fuente: http://www.elespectador.com/opinion/privatizar-vender-barato. Consultada: 2016-01-24.

[8] Segn el senador Jorge Enrique Robledo el proyecto de Ley Zidres-Urrutia es una Ley sastre, una Ley hecha a la medida para legalizarle a algunos personajes, principalmente extranjeros, sus ilegalidades en la altillanura. Robledo agreg que el proyecto pretende crear falsas asociaciones entre los magnates y los campesinos y pequeos productores de las zonas aledaas a las Zidres para convertirlos en siervos del siglo XXI. El proyecto tambin se propone arrebatarles a los campesinos los derechos que hoy la Constitucin les otorga sobre las tierras baldas del Estado. Para Robledo, el proyecto de Ley profundiza la ya penosa distribucin de la tierra en Colombia y no apunta a resolver los problemas del agro, mientras el gobierno continua arrasando el pas con los TLC, como el TPP que amenaza en materia grave el azcar, la panela, la palma, la leche, entre otros . Robledo, Jorge Enrique. Ley Zidres-Urrutia confirma el peor modelo agrario de la historia: Robledo, Fuente: http://jorgerobledo.com/ley-zidres-urrutia-confirma-el-peor-modelo-agrario-de-la-historia-robledo/. Consultada: 2016-01-24.

[9] Fuente: La opinin. http://www.laopinion.com.co/colombia/ejercito-incorporara-mas-de-17-mil-nuevos-soldados-105286#ATHS . Concultada: 2016-01-23.

[10] Citas tomadas de: Flrez Molina, Rodrigo. La democracia y el poder invisible. Norberto Bobbio , versin electrnica: http://fr.scribd.com/doc/152818039/La-Democracia-y-El-Poder-visible#scribd.

[11] La palabra reforma tiene la connotacin de mejora en el mbito moral o social, tambin significa restablecer algo a su forma primitiva, volver a hacer. Ver: Robert, Paul. (1997). Le Petit Robert, Paris: Socit du Nouveau Littr, p. 1639. [Traduccin del autor]

[12] Al respecto ver: Morin, Alejandro Pecado e individuo en el marco de una antropologa cristiana medieval, BUCEMA, Bulletin du centre dtudes Mdivales. Fuente:https://cem.revues.org/9552; Zuleta, Estanislao. La ideologa como forma de dominacin, en: Zuleta, Estanislao. Elogio de la dificultad y otros ensayos, p. 90-96. Fuente:see7e319eae288d81.jimcontent.com/.../Zuleta,%20Es. Consultada: 2016- 1- 18

[13] Ibid., p. 91-92.

[14] Ver: Friedman, Milton/Rose. (1992). Libertad de elegir. Hacia un nuevo liberalismo.2da., Ed., Barcelona: Grijalbo, p. 16-17.

[15] Ibid., p. 93.

[16] Ibid., p. 92

[17] Ibid. 

[18] Designa un perodo de la historia de Colombia entre 1810 y 1816, marcado por la divisin entre federalistas y centralistas durante el proceso de independencia de la Nueva Granada del imperio colonial espaol. Este periodo en realidad esconda las ambivalencias de la lite criolla frente a la ruptura con la corona espaola.

[19] Ver: Marx, K. (1999). El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. Buenos Aires: Ediciones, Bs.As. ; Marx, K. y Engels, F. (1998). El manifiesto comunista. Barcelona: Fontana,

[20] Harvey, David. (2006). Spaces of Global Capitalism. Towards a theory of uneven geographical development. London-New York : Verso, p. 44-50

[21] Mermelada es el eufemismo que se utiliza en la jerga poltica actual del pas para designar el clientelismo. Ver: Semana (autor). La frase de Santos que caus malestar.Semana, versin digital: http://www.semana.com/nacion/articulo/la-frase-de-santos-que-causo-malestar/397358-3.

[22] Brenner, R. (1977). The Origins of Capitalism Developpement: A Critique of Neo-Smithiam Marxism. New Left Review, 104, p. 21, citado por : Celis, Leila (2012). Les mouvements sociaux dans le contexte de conflits arms causs et effets de la dfense des droits humains. Une tude de cas partir dorganisations paysannes colombiennes (1980-2012). Tesis de doctorado, Ottawa: Universit dOttawa, p, 32-34.

[23] Caballero, Antonio, Neoliberalismo , Semana, domingo 17 de enero, 2016. Versin digital: http://www.semana.com/opinion/articulo/antonio-caballero-neoliberalismo/456766-3. Consultada: 2016-01-23

[24] Polanyi, Karl. (1983). La Grande transformation. Aux origines politiques et conomiques de notre temps. Trad, par Catherine Malamoud, Paris: Gallimard, p. 59 [Traduccin del autor].

[25] Ver: Polanyi, op.cit., p, 175.

[26] Ver: Orozco Tascn, Cecilia La bochornosa situacin del defensor , El Espectador, enero, 28, 2016. Versin digital: http://www.elespectador.com/opinion/bochornosa-situacion-del-defensor

[27] Bandas criminales.

[28] En la URSS, la perestroika era una restructuracin de la vida econmica y politica preconisada y puesta en marcha por M. Gorbachov que reposaba adems sobre el desarrollo de la comunicacin y la transparencia (glasnost). [Traduccin del autor] Ver:http://www.larousse.fr/dictionnaires/francais/perestro%C3%AFka/59485. Consultado: 2016-01-25.

[29] Ver: Giddens, Anthony (1994). Les consquences de la modernit, Paris: LHarmattan

[30] Sarmiento, Pedro. Balance 2015 , El espectador, 26 de diciembre, 2015. Fuente:http://www.elespectador.com/opinion/balance-2015

[31] Sotelo Valencia, Adrian. (2004). Desindustrialisacion y crisis del neoliberalismo: maquiladoras y telecomunicaciones. Mexico: Plaza y Valdes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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