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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2016

Mart y nuestro tiempo

Atilio A. Boron
Rebelin


Lleg a su trmino la II Conferencia Internacional Con todos y para el bien de todos organizada en La Habana por la Oficina del Programa Martiano. Este aforismo ha sido a menudo mal interpretado, como si Mart fuese tributario de una concepcin negacionista de las clases sociales y su conflicto. En realidad era un fino observador y analista de las sociedades de su tiempo, y sus fragmentaciones y asimetras no pasaron desapercibidas a su aguda mirada.

Conoca como muy pocos pensadores independentistas la sociedad norteamericana, estaba familiarizado con Espaa, donde pas unos aos, y conoca Cuba como la palma de su mano. Tambin estuvo en varios pases del Caribe, Centroamrica y Mxico y su conocimiento de la regin era, para las limitaciones de su poca, realmente impresionante. Con aquella consigna Con todos y para el bien de todos- Mart quera sealar la necesidad de dar cuenta de la complejidad de la formacin nacional cubana, integrada por espaoles, criollos, afrocubanos y gentes de otras etnias nativas, y que la repblica independiente por la cual l luchaba y por la cual ofrend su vida tena que incluir a todas esas comunidades no por igual a los campesinos y los terratenientes, va de suyo- teniendo a la vista el bien comn. En suma, propona para la Cuba de su tiempo lo que en el lenguaje actual denominaramos un estado plurinacional tal como, respondiendo a la inspiracin martiana, existe hoy da en Bolivia.

Mart fue cnsul honorario de la Argentina en Nueva York y, por largos aos, corresponsal de La Nacin de Buenos Aires en Estados Unidos, desde donde envi penetrantes ensayos muchos de los cuales fueron luego recogidos, compilados y publicados bajo el ttulo de Nuestra Amrica. Creo, sin dudarlo, que este notable libro conforma junto con la Carta de Jamaica de Simn Bolvar, y La Historia me Absolver, de Fidel, la triloga fundacional, imprescindible, del pensamiento emancipatorio latinoamericano. Ajeno a sus enseanzas, una variante del marxismo de estas latitudes se precipit en la cinaga de un estril dogmatismo, incapaz de comprender el crucial problema de la dominacin imperialista para, a partir de su adecuada inteleccin, desarrollar una estrategia poltica adecuada para combatirlo. No slo eso: sin el auxilio de Bolvar, Mart y Fidel ese marxismo doctrinarista y pedante -como Gramsci calificaba a una distorsin semejante en los aos de la primera posguerra en Europa- se degrad hasta convertirse en un tosco determinismo economicista hurfano de cualquier proyecto tico o, ms recientemente, en una metafsica de la lucha de clases: sin historia, sin estructuras, sin sujetos, puro reino del discurso, la contingencia y el azar desenvolvindose en un vaco internacional en donde el colonialismo y el imperialismo brillaban por su ausencia. Producto de esas alucinaciones Fidel, Chvez, Evo, Correa asoman en esos relatos como los villanos que frustran las ansias revolucionarias de las masas y que, con sus vacilaciones y remilgos pequeo burgueses, impiden el ascenso siempre lineal e ininterrumpido, segn esta peculiar visin- de nuestras sociedades desde el infierno del capitalismo hacia los cielos difanos del socialismo.

La Conferencia ha sido un xito notable en la empresa impostergable de recuperar el legado terico y poltico de Mart. Una concurrencia multitudinaria, mayoritariamente joven, de los pases latinoamericanos y caribeos y numerosos contingentes llegados de frica y Asia, amn de los pases europeos, Estados Unidos y Canad, sigui con atencin las intervenciones de las distintas mesas redondas y conferencias. Los contactos de intelectuales y artistas, y de representantes de partidos y movimientos sociales se potenciaron; las discusiones de las distintas experiencias nacionales enriquecieron las perspectivas de anlisis y, en consecuencia, las posibilidades de coordinar internacionalmente las luchas emancipatorias en Nuestra Amrica salieron fortalecidas. Hubo excelentes intervenciones de Armando Hart, Frei Betto, Pepe Mujica, Ignacio Ramonet, Franois Houtart, Federico Mayor Zaragoza, Abel Prieto, Katiuska Blanco, Pablo Gonzlez Casanova, Guillermo Castro Herrera, Fernando Martnez Heredia, Omar Gonzlez Jimnez, entre otros. La sesin matutina del mircoles, dedicada a la solidaridad internacional, alcanz el registro ms emotivo de toda la conferencia al contar con la presencia de Los 5 luchadores antiterroristas y sus familiares. Era la primera vez que estos se reunan con quienes en diferentes pases haban participado en las campaas que culminaron con su liberacin. Fueron cinco discursos breves, concretos y profundos, demostrando que son cuadros dueos de una impresionante formacin, y que sus diecisis aos de cruel confinamiento carcelario lejos de mellar su voluntad revolucionaria les sirvieron para afinar las armas de sus crticas. La sesin culmin con los panelistas y el pblico entonando con fervor las estrofas de La Internacional.

Parece innecesario insistir en la asombrosa actualidad del pensamiento martiano. En una de mis presentaciones citaba algunos pasajes de Nuestra Amrica cuando para desentraar las races de la rapia de la Roma Americana su autor deca que los norteamericanos creen en la necesidad, en el derecho brbaro como nico derecho: esto es nuestro porque lo necesitamos. Necesitamos petrleo y si este se encuentra en Irak o Venezuela all iremos para apoderarnos de ese vital recurso, por las buenas o por las malas. Toda la doctrina estratgica estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, y sobre todo despus del 11 de Septiembre del 2001, se asienta sobre esa premisa, el derecho brbaro. Mart lo dijo hace ms de un siglo. Y en relacin a los cantos de sirena de proyectos tales como el ALCA y sus expresiones actuales: la Alianza del Pacfico o el Tratado Trans Pacfico Mart deca, refirindose a la Unin Monetaria Panamericana -una iniciativa predecesora de aquellas, propuesta por Washington en 1888-1889- que quien dice unin econmica, dice unin poltica El influjo de un pas en el comercio de otro se convierte en influjo poltico. El corolario de esta poltica imperial, de anexar de facto a las naciones de la periferia por la va del comercio exterior, es la poltica de combate a los procesos de integracin que la Casa Blanca ha sostenido sin solucin de continuidad desde el Congreso Anfictinico -convocado por Simn Bolvar en Panam en 1826- hasta nuestros das. El ataque estadounidense a la UNASUR y la CELAC movilizando para tales efectos sus lugartenientes regionales es inocultable, para ni hablar del ALBA. Ya Mart adverta sobre esta tctica imperial en las postrimeras del siglo diecinueve al decir que lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro es separarlo de los dems pueblos. La tentativa de debilitar a la UNASUR y la CELAC, por lo tanto, es el captulo contemporneo de la poltica de divide e impera que Washington ha venido aplicando desde 1826. La decisin de algunos gobiernos latinoamericanos en el sentido de adherir a la Alianza del Pacfico en desmedro del robustecimiento de la UNASUR o el MERCOSUR ampliado demuestra la eficacia de la estrategia de Washington para reafirmar su hegemona en el hemisferio dispersando las fuerzas de sus dscolos vecinos del sur. En la coyuntura actual, cuando Estados Unidos lanza una fuerte ofensiva para recuperar su influencia en la regin pocas advertencias pueden ser ms apropiadas y actuales que las que Mart plasmara en su clebre carta inconclusa a su amigo mexicano Manuel Mercado, comenzada a redactar poco antes de su muerte en combate en Dos Ros el 19 de Mayo de 1895. En ella Mart deca, profticamente, que ya estoy todos los das en peligro de dar mi vida por mi pas, y por mi deber puesto que lo entiendo y tengo nimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza ms, sobre nuestras tierras de Amrica. Cuanto hice hasta hoy, y har, es para eso. Ayer como hoy las ambiciones de Washington en lo esencial son las mismas: controlar la cuenca del Gran Caribe, incluyendo el Norte de Sudamrica y, luego, culminar la campaa cayendo con fuerza sobre el resto de Amrica Latina. El imperio no improvisa, y la continuidad de su poltica exterior en relacin a nuestros pases es impresionante.

Sera imposible resumir aqu los momentos ms significativos de estos cuatro das de intensas actividades. Me quedo con unas pocas perlas que comparto con mis lectores. Gonzlez Casanova recordando a Marc Bloch e invitndonos a cultivar la pasin por la esperanza, sin la cual reinan el conformismo y la resignacin. Martnez Heredia diciendo que ninguna revolucin triunf o fue derrotada slo por cuenta de los factores econmicos, tal como lo demuestra la sobrevivencia de Cuba en el perodo especial. Fiel al aforismo martiano que reza que los locos son cuerdos, Houtart dijo que ante el retorno de la derecha (Macri en Argentina) o la neoliberalizacin de gobiernos progresistas (Rousseff, en Brasil) la nica opcin cuerda y razonable es la radicalizacin de las propuestas transformadoras con vistas a iniciar un trnsito hacia un poscapitalismo, entendiendo por esto, segn mi parecer, la desmercantilizacin de la naturaleza y los servicios sociales bsicos como la salud, la educacin y la seguridad social. Frei Betto cerr su intervencin en la sesin dedicada a Mart y Fidel (en la que tuve el honor de participar) dicindole a los chicos de la Unin de Jvenes Comunistas y de la Federacin de Estudiantes Universitarios all presentes: Emborrchense de utopa, organicen la esperanza! Sin utopa no hay futuro posible sino la eterna reiteracin de un presente que es una afrenta a la especie humana y una amenaza mortal a la Madre Tierra.

Los bienpensantes de nuestro tiempo desprecian la utopa como un ejercicio intil, como un pretexto para el escapismo y la incapacidad de hacer, supuesta confesin de una patolgica ineptitud para encarar las exigencias de la vida prctica. Pero tal como lo escribiera Eduardo Galeano, La utopa est en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos ms all. Entonces para qu sirve la utopa? Para eso, sirve para caminar. De eso se trata: de caminar, de seguir marchando sin dejarnos arredrar por las dificultades de la poca en que nos toca vivir y por la ferocidad de la contraofensiva del imperialismo y la derecha en todo el mundo, y muy especialmente en Latinoamrica y Europa. El viejo topo de la lucha de clases parece haber sido tragado por la tierra. Pero sigue all, cavando incansablemente los tneles que debilitan las estructuras del capitalismo y en el momento menos pensado habr de reaparecer para relanzar una nueva fase de ascenso de los movimientos populares. La dialctica de la historia nunca se detiene.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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