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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2016

Organizaciones populares y ajuste

Washington Uranga
Pgina 12


Si bien las organizaciones y los movimientos sociales tienen una larga historia de protagonismo en Argentina para dar cabida y visibilidad de los reclamos de una parte de la ciudadana cuando no haba canales institucionales para ello, en la vida reciente del pas el ao 2001 qued marcado como un hito significativo para la emergencia de este tipo de aglutinamientos y, sobre todo, para consolidar su incidencia como actores protagnicos de la vida poltica. Durante la dictadura cvico-militar estas expresiones populares estuvieron orientadas a la reivindicacin de derechos fundamentales, de la justicia y, posteriormente, de la participacin ciudadana y el regreso a la democracia.

En 2001, sin embargo, despus de la crisis social y econmica generada primero por el menemismo y luego por el gobierno de la Alianza, la lucha y la protesta de movimientos y organizaciones se encaminaron directamente a la obtencin de mejoras en la calidad de vida, a combatir la pobreza y recuperar el empleo digno.

Organizaciones y movimientos sociales pueden englobarse en una mirada similar aunque los especialistas dirn con razn que existen diferencias entre ambos. La investigadora Elizabeth Jelin define a los movimientos sociales como acciones colectivas con alta participacin de base que utilizan canales no institucionalizados y que, al mismo tiempo que van elaborando sus demandas, van encontrando formas de accin para expresarlas y se van constituyendo en sujetos colectivos, es decir, reconocindose como grupo o categora social. (Otros silencios, otras voces: el tiempo de la democratizacin en la Argentina, en Caldern Gutirrez, F. comp., 1986. Los movimientos sociales ante la crisis, UNU/Clacso/Iisunam, Buenos Aires). Puede decirse que este tipo de movimientos suelen permanecer de manera informal, como alianzas sociales semipermanentes en torno a una reivindicacin especfica o reclamando un derecho. Tambin que los intereses coyunturales conllevan realineamientos y multiplicidad de formas, a veces imprevistas. Ha pasado con varios movimientos de mujeres o en torno a la problemtica de gnero. Mucho ms en relacin con temas o cuestiones sociales. En otros casos los grupos iniciales terminan plasmndose en algn tipo de organizacin permanente con cierto grado de institucionalidad.

El 2001, como se deca, fue un tiempo de irrupcin de los movimientos y organizaciones como nuevos actores en medio de la crisis. Estos nucleamientos fueron protagonistas, ganaron la calle, construyeron agenda y ocuparon el espacio pblico fsico y virtual. Tambin adquirieron legitimidad como genuinos representantes populares. Durante el gobierno de Nstor Kirchner hubo un gran esfuerzo de contencin de estos actores buscando dar respuesta a sus demandas, ofrecer salidas desde el Estado y atender la agitacin social. As, mientras se ofrecan respuestas econmicas y sociales (desde el otorgamiento de subsidios hasta la creacin de puestos de trabajo) desde el mismo espacio estatal se hizo un serio intento de institucionalizacin de estos actores. El objetivo se logr a medias a pesar de que el otorgamiento de subsidios solo a quienes estuvieran institucionalizados se us como herramienta de presin en este sentido.

Con altibajos y variaciones la misma poltica continu durante los dos gobiernos de Cristina Fernndez.

El peronismo, en general, y el movimiento sindical, en particular, nunca terminaron de aceptar con buenos ojos el crecimiento tampoco la institucionalizacin de las organizaciones populares a quienes, por una parte visualizaron como una competencia en los espacios de poder y, por otra, nunca pudieron encuadrar bajo su conduccin. Si algo caracteriza a este tipo de organizaciones sociales y populares es su poca organicidad poltica, la falta de referentes permanentes (salvo algunas excepciones) y la manera muchas veces incontrolable con la que expresan sus demandas.

De todos modos el Frente para la Victoria (FpV) usando para ello todo el poder que le daba el manejo del Gobierno, intent por todos los medios poner a estas organizaciones bajo su ala. Otro objetivo cumplido a medias. Pueden darse ejemplos como la Tupac Amaru de Milagro Sala hoy arbitrariamente detenida en Jujuy alineados con el entonces oficialismo, pero existen tambin otros movimientos (como Barrios de Pie, para dar otro ejemplo) que aun negociando en forma permanente con el Gobierno mantuvieron no solo su independencia sino su postura crtica y hasta opositora.

La economa social ha sido tambin un espacio de contencin y encuadramiento mientras se generan alternativas econmicas, polticas y sociales.

Por qu todas estas consideraciones frente a la coyuntura econmica y poltica actual?

Porque en la Argentina de hoy estas organizaciones constituyen una indudable manifestacin de poder popular. Estos grupos aprendieron en la lucha, incorporaron estrategias y logstica; adems, fortalecieron su capacidad de incidencia poltica y social. Fue un aprendizaje de aos y muchas batallas. Hoy son ms potentes y organizados que en 2001. Y no es extrao pensar que, a medida que empeoren las condiciones econmicas y sociales y frente a la falta de posibilidades de canalizar legtimos reclamos, tambin se incrementen las expresiones de protesta y de exigencia.

Motivos? En primer lugar los despidos. Y esto no solo por los despidos en s, sino por el empeoramiento general de la situacin que cierra posibilidades aun para aquellos que se mueven en la economa informal. Pero al mismo tiempo entra en zona de incertidumbre un nmero importante de cooperativas de trabajo y de organizaciones menores que absorban parte de la demanda del Estado en materia de obras y servicios pblicos. Hay que sumar adems el recorte que Cambiemos est haciendo en inversiones en materia social mientras aumentan las tarifas de los servicios y la inflacin galopa. Todo afecta en forma directa a los sectores populares.

En la ciudad de Buenos Aires el PRO busc y logr muy parcialmente cooptar a algunas organizaciones y movimientos. Pero ser difcil repetir la experiencia en la provincia de Buenos Aires y en el pas. En primer lugar porque estos grupos no responden ni a una lgica ni a un mandato unificado. Actan cada uno a su modo, con intereses particulares y metodologas dispares. Esto hace difcil encontrar interlocutores para cualquier negociacin. Pero adems en los nuevos funcionarios tampoco hay experiencia para contener las demandas de este sector. El kirchnerismo aprendi en la calle y tuvo victorias y derrotas.

En Cambiemos saben que ese es un frente de posibles conflictos. El PRO trat de dar un mensaje con la represin a los obreros de Cresta Roja y a los empleados municipales de La Plata. Genera escarmiento con la detencin de Milagro Sala. Es el recurso habitual de la derecha conservadora: represin en respuesta a la demanda social.

Cabe preguntarse adems cul puede ser el grado de confluencia entre estos sectores y el movimiento obrero organizado si es que al panorama actual se suma un lmite forzoso a la negociacin paritaria.

Aunque nadie lo desee desde una sana perspectiva, se abre la posibilidad de un escenario de confrontacin. En el gobierno del PRO siguen considerando esta posibilidad como un dao colateral que habr que afrontar tarde o temprano.


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-291378-2016-01-29.html



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