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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2005

Huelga de hambre en Guantnamo

Clive Stafford Smith

Traducido para Rebelin por S. Segu


Estoy muriendo lentamente en esta celda solitaria, afirma Omar Deghayes, refugiado britnico y prisionero en el campo de Guantnamo. No tengo derechos, ni esperanza alguna. Por qu no voy a tomar mi destino en mis manos y morir por mis principios?

Cuando salga a la venta el presente nmero de The Nation, se cumplir el cuadragsimo noveno da de huelga de hambre en Guantnamo. En 1981, cerca de Belfast, Bobby Sands y otros nueve miembros del IRA ayunaron hasta la muerte. Estos prisioneros exigan ser tratados como prisioneros de guerra y no como delincuentes. Murieron antes de que el gobierno britnico aceptase que la utilizacin de tribunales ilegales y su poltica de criminalizacin no slo traicionaban principios democrticos sino que tambin eran los incentivos de reclutamiento ms persuasivos de que jams dispuso el IRA. Qu pronto se olvidan estas lecciones! Despus de tres aos y medio de internamiento sin juicio en Guantnamo, toda reivindicacin por parte de Estados Unidos de ser el portaestandarte del Estado de Derecho ha quedado vaca de contenido.

Sin embargo, hay dos importantes diferencias entre la experiencia de Bobby Sands y la de Omar Deghayes: el ejrcito de EE UU insiste en mantener en secreto todo lo que sucede en Guantnamo y los medios de comunicacin se amoldan con su apata a esta exigencia. A pesar de la tradicional hostilidad britnica a la libertad de expresin, cada instante de la agona de Bobby Sands fue transmitido en directo. En cambio, nada de lo que nosotros los abogados sabemos de Guantnamo hemos podido revelarlo antes de pasar la censura del Gobierno de Estados Unidos. As, pasaron dos semanas antes de que nadie supiera que se estaba produciendo una huelga de hambre, permitindose al ejrcito enmascarar los detalles.

Desde su comienzo, Guantnamo se ha expresado en una jerga militar repleta de medias verdades y distorsiones. En 2002, hubo una cierta conmocin al conocerse la cantidad de intentos de suicidio entre los prisioneros. Poco despus, los militares anunciaban que el nmero de aqullos se haba reducido drsticamente. Fue un periodista extranjero quien descubri la verdad: la palabra suicidio haba sido sustituida por las autoridades militares por la expresin comportamiento manipulativo autolesivo (Manipulative Self-Injurious Behavior SIB) y, efectivamente, seguan dndose muchos casos de SIB. Los militares mentan con ayuda de la semntica.

En torno a la huelga de hambre de Guantnamo, que comenz el 28 de junio de 2005, estamos asistiendo a una simulacin similar. La huelga se suspendi el 28 de julio, despus de que los militares hicieran determinadas promesas a los prisioneros, al ver con espanto la clase de publicidad que iba a reportarles el tener a seis prisioneros en el hospital a 48 horas de su muerte. La huelga comenz de nuevo el 11 de agosto cuando los detenidos consideraron que los militares haban traicionado sus promesas.

El Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, insiste en que los prisioneros de Guantnamo estn siendo tratados de manera consecuente con los Convenios de Ginebra. Por su parte, para poner fin a su huelga de hambre, los prisioneros piden simplemente que se los trate de manera consecuente con dichos Convenios. As pues, si Rumsfeld dice la verdad por qu estn dispuestos los prisioneros a ayunar hasta la muerte?

Los Convenios de Ginebra exigen que, a menos que hayan cometido un delito, los prisioneros no podrn ser encerrados ni confinados. En el Campo V de Guantnamo cada detenido ocupa una celda de aislamiento hermticamente sellada a todo contacto humano, y ste se permite nicamente durante una hora por semana. Entre los detenidos hay tres adolescentes, y tambin est Sami Al Laithi, en una silla de ruedas desde hace ms de cuatro meses, despus de haber sido declarado inocente por los propios tribunales militares de Estados Unidos.

Los Convenios de Ginebra prohiben el interrogatorio coercitivo de los prisioneros. Una de las quejas de stos, bastante razonable, denuncia que el 5 de agosto un militar interrogador, conocido como King Kong, golpe a Hisham Sliti con un pequeo refrigerador.

Los Convenios garantizan la prestacin de auxilio religioso. Por qu, entonces, se ha negado a los detenidos la asistencia de un imam desde hace tres aos? Por qu se impide la oracin en comn? Por qu se golpe a un prisionero yemen y se pisote su Corn cuando pidi que le dejasen terminar su oracin antes de responder a las exigencias de un guardin?

La conclusin es evidente: las quejas de los detenidos son vlidas y Rumsfeld es quien no dice la verdad.

Los gobiernos aprendieron algo con la muerte de Bobby Sands: se hizo famoso porque muri. Los militares estadounidenses estn decididos a no permitir que sus prisioneros realicen esta trgica declaracin poltica final. As, los militares admiten que estn alimentando por la fuerza a los prisioneros. Recientemente, los propagandistas del Pentgono cambiaron la expresin por la de alimentacin asistida, otro intento de esconder la verdad de lo que sucede. Durante la huelga de hambre de julio, los prisioneros se arrancaban de sus brazos las agujas de los goteros que los alimentaban; esta vez, los militares utilizan tubos que les introducen por la nariz. Nos estn garantizando que ninguna de las veintiuna personas ingresadas en el hospital del campo de Guantnamo ser capaz de quitarse la vida.

No obstante, una persona decidida a morir por inanicin podra retirarse fcilmente el citado tubo... si tuviera libertad de movimientos. Podemos razonablemente llegar a la conclusin de que hay una fila de veintiuna camas de hospital, a cada una de las cuales se halla atado un prisionero, sujetado por cuatro puntos y con la cabeza tambin inmovilizada, probablemente sedado. Estamos lejos de la imagen que evoca el concepto de alimentacin asistida.

Privados de sus derechos, los detenidos de Guantnamo slo pueden contar para su proteccin con la vigilancia de la opinin pblica. La misma situacin viven los detenidos en Irak, donde Estados Unidos reconoce estar comprometido con los Convenios de Ginebra, pero donde algunos soldados entrevistados recientemente por Human Rights Watch describen la prctica sistemtica de la humillacin y la tortura, incitados a ello por sus mandos. La nica solucin duradera consiste en que Estados Unidos practique lo que pregona, en lugar de esconder su hipocresa detrs de una cortina de humo hecha de secretos y de semntica. El respeto de los derechos humanos es la medida antiterrorista ms efectiva que puede tomar el gobierno de Estados Unidos, y en su fuero interno sus lderes siempre lo han sabido. Estados Unidos firm los Convenios de Ginebra hace ms de cincuenta aos. No hay duda de que Rumsfeld ha tenido tiempo ms que suficiente para pensar en cmo aplicarlos.




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