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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2016

Cuando la corrupcin poltica es estructural

Leopoldo Lavn Mujica
Rebelion


Con la publicacin de los mails entre Longueira y Contesse ha quedado bien claro el engranaje de la corrupcin. Este parta con las negociaciones entre los polticos de la UDI o RN con los ministros, parlamentarios, operadores y lobbystas de la Nueva Mayora cuyo resultado eran informes confidenciales enviados a los computadores de las oficinas de los ejecutivos de empresas como Soquimich. De ah salan directamente los pagos a los polticos y a sus testaferros que movan los hilos para obtener los votos en el congreso nacional. Muy parecida fue la frmula aplicada por los siete grupos empresariales pesqueros para hacer aprobar su ley de pesca.

Son estos esquemas de la corrupcin de carcter estructural que revelan los escuetos mas significativos intercambios entre Longueira, el ex ministro UDI de Piera y Patricio Contesse (Pato para Longueira), brazo derecho de Ponce Lerou, el ex yerno de Pinochet, boss de Soquimich, con informes confidenciales de Lagos Jr. y del ex ministro de hacienda Arenas, sobre la reforma tributaria, por ejemplo.

Y de paso, qued claro que aquello de reformistas refundacionales para designar al primer gabinete de Bachelet con Arenas, Peailillo y los G90 del PPD era una leyenda urbana ms, que incluso redes de izquierda se tragaron.

Otro golpe a un mito mantenido por la ideologa dominante: el que sostiene que los polticos y tecncratas que nos gobiernan son idneos para la tarea. Nada ms falso; adems de ser polticos mediocres, el sistema parlamentario representativo del Estado postdictadura est penetrado por una mecnica estructural de la corrupcin por el dinero que ha sido ignorada como sujeto de estudio por la academia y obviamente por opinlogos de la clase dominante.

Cabe decirlo. El periodismo recin comienza a ajustarse a su tarea de bien informar a la ciudadana. No hace ms de un ao que devela con acierto los eslabones del sistema de sobornos, filtracin y trfico de informacin privilegiada, cohecho, fraude al fisco con boletas falsas, puertas giratorias (entre empresa y funcin pblica), nepotismo al ms alto nivel, prevaricacin y maniobras de jueces y fiscales para facilitar la impunidad y as evitar sentencias con penas de castigo ejemplares y prisin firme. Exactamente todo lo que ha sido denunciado como el trasfondo de una cultura cuasi mafiosa, caldo de cultivo de la corrupcin en otras latitudes. Cuyo sntoma ltimo acaba de producirse: cuando la casta se hace cmplice y defiende en bloque a un poltico corrupto como Longueira es porque se ha quemado otra etapa. Lo que equivale a decir: como todos somos corruptos no puede haber poltico probo.

Es evidente que, pese a las informaciones con cuentagotas, cuesta informar porque el dispositivo meditico mismo produce desinformacin o contrainformacin ya que el sistema de poder que controla los grandes medios crea murallas para protegerse de la mirada intrusa que permite confirmar y difundir las prcticas corruptas adems de reflexionar sobre las definiciones que la ciudadana debera adoptar.

Las ltimas revelaciones acerca de los mails entre el ex candidato presidencial de la UDI Longueira y Contesse han sido el pretexto para que articulistas y/o analistas se declaren sorprendidos del alcance transversal de la corrupcin de la casta poltica-empresarial. Y para que slo ahora se escuchen las declaraciones oportunistas de Ossandn refirindose al silencio sepulcral de Chile sobre el tema de la corrupcin. Se equivoca el presidenciable de RN y rival de Piera. En este medio se ha criticado y analizado desde hace al menos ocho aos, y apoyndonos en los escndalos bajo el gobierno de Lagos, Piera y Bachelet, lo que hemos llamado la corrupcin estructural que corroe al Estado chileno, sus instituciones, as como a la clase empresarial que se mueve y colude en los mercados y compra las consciencias de los polticos .

Porque la criminalidad de cuello y corbata de tipo empresarial (Matte-papel, Caval-Banco Chile, Penta, farmacias, pollos, supermercados y tambin los desfalcos en FFAA, etc) y la corrupcin de la casta poltica son fenmenos inseparables y tampoco pueden ser analizados sin tomar en cuenta el carcter de la transicin pactada (monitoreada por Boeninger, Correa, Solari, Tironi, Escalona, Bitar, Novoa, Longueira, Lavn, etc) que permiti que derechistas pinochetistas ideolgicamente neoliberales, junto con los renovados y trnsfugas del PS, PPD ms los DC capturaran los reducidos nichos de democracia representativa y los poderes del Estado y que junto con un discurso acerca de la transicin a la democracia y los frutos del modelo les permita a ambos hacer creer a los ciudadanos que estaban eligiendo a polticos aptos para gobernar.

Es as como algunos prefieren hablar de gobierno de la plutocracia en las sombras. Si bien esto es fenomenolgicamente cierto, es poco riguroso en trminos conceptuales. Basta una mirada retrospectiva para revelarnos cmo, paradjicamente, las prcticas corruptas eran completamente soslayadas en el anlisis poltico hace algunos aos y pese a los escndalos cuyas puntas aparecan de manera recurrente. Incluso, a muchos analistas les toma tiempo nombrar los hechos por lo que son: corrupcin poltica estructural, alianza frrea entre la poltica parlamentaria representativa con el poder econmico del capital y captura de aquella por ste; por lo tanto Estado oligrquico de la clase dominante al servicio del modelo capitalista neoliberal (y no subsidiario). Lo que demuestra que los marcos tericos no existan para hacerlo.

El caso paradigmtico sigue siendo la primera candidatura de Piera. Tal como lo habamos analizado en una columna del 18 de enero del 2007 (1). Debemos recordar que sus antecedentes fueron soslayados y poco analizados en su momento. Que se minimiz, al punto de ignorarla, la nefasta alianza entre el dinero y la poltica y sus efectos corrosivos para la democracia. Recordemos que Piera haba cometido delito de iniciado para ganar dinero con su venta de acciones de Lan, y fue multado por ello por la autoridad jurisdiccional. Sin embargo, el candidato y presidente electo de Chile fue apoyado por profesionales en rasgar vestiduras como Carlos Pea.

LA FALTA DE UN MARCO TERICO PARA ANALIZAR LA CORRUPCIN ESTRUCTURAL

Todos los signos precursores estaban ah de manera empricamente evidente desde hace varios aos (2). Todo permita ya decir acertadamente que era una casta de trnsfugas al servicio del empresariado la que se haba enquistado en el sistema parlamentario. Que el Estado de derecho funcionaba con una burocracia progresista, pero como Estado de la clase dominante. Precisamente, variados estudios de tericos marxistas demuestran aqu su capacidad heurstica, es decir explicativa. Alejarse de estas categoras que ponen nfasis en las relaciones de poder de tipo econmico con las clases sociales y los sistemas polticos es impedirse comprender de manera cabal los problemas que viven las democracias representativas. Otra cosa es la estrategia poltica para transformar tanto el Estado como el estado de cosas. No se trata de iniciar polmicas estriles. Pero se trata de bien nombrar y definir el problema para atacarlo de raz. Es lo que no harn la casta poltica en el parlamento, ni tampoco las comisiones Engel de probidad.

Lo repetimos: la sorpresa de algunos, las exclamaciones de otros, la incapacidad de construir una problemtica de estudio para elaborar hiptesis de trabajo, puesto que todo era predecible y estaba en la estructura misma del sistema, muestra que no exista el marco terico para entender la realidad marcada por la corrupcin.

Es que no se trata slo de un gobierno en las sombras como quieren sealar algunos; frase que ilustra un fenmeno, pero no lo diseca. Se trata de un Estado que con sus aparatos o divisin de poderes articula la estructura del poder y maniobra como un instrumento de la clase dominante en un contexto de neoliberalizacin de la economa y de la globalizacin capitalista con su gobernanza de supra poderes. A falta de conceptos se dice cualquier cosa. Porque gobernar para los empresarios y las corporaciones multinacionales significa no hacerlo en beneficio de las mayoras asalariadas e implica excluir al pueblo de la participacin poltica real mediante una constitucin hecha con ese objetivo.

Jos Ignacio Torreblanca escriba en El Pas del 30 de enero de este ao que los estudios demuestran que los votantes son conscientes de que la gestin de la economa es una cuestin compleja y, por lo tanto, de que el xito o fracaso de la creacin de empleo no depende exclusivamente de los polticos sino que de mltiples factores que estn ms all de su control, pero los votantes s que atribuyen a los polticos la responsabilidad de la corrupcin (tambin, por cierto, sobre la desigualdad) y saben que socava la democracia. Y aada algo que ya habamos sealado en varias oportunidades: que la corrupcin requiere la complicidad o la negligencia de los polticos, de ah que sea inevitable responsabilizarles por ella.

Y Torreblanca refirindose al caso espaol en trminos que pueden aplicarse mot par mot al chileno sealaba que la corrupcin, adems de ser endgena (interna y generada de manera casi natural por un sistema), es estructural al sistema y, an peor, est siendo amparada desde la poltica. Al crear redes de clientelismo, redistribuir recursos econmicos y promocionar unos polticos a costa de otros, ha permitido ganar elecciones y seguir reproducindose hasta capturar reas cada vez ms amplias de la contratacin pblica, ntegramente bajo sospecha hoy. Si la corrupcin existe es porque la poltica se ha beneficiado de ella. Y el columnista espaol remataba su texto diciendo algo que vale la pena sopesar por su coherencia con lo anterior: La corrupcin es la primera amenaza de nuestro sistema democrtico, por tanto, slo cuando la corrupcin implique la prdida del poder podremos comenzar a acabar con ella.

Ahora bien, comenzar a acabar con la corrupcin es la tarea que deben asumir los movimientos sociales y los autnticos demcratas junto con las organizaciones de la clase trabajadora.

En un contexto de debate constitucional en Chile cabe agregar que las fuerzas democrticas y populares deben luchar por inscribir en la nueva constitucin un fundamento o principio que en su espritu permita, junto con blindar en ella los derechos sociales, impedir efectivamente y sin mayores trmites la eleccin, as como garantizar la destitucin ipso facto, de todo poltico que haya infringido las apariencias de probidad y que permita adems anular toda ley injusta aprobada mediante el engao junto con aquellas que hayan sido el fruto de los engranajes de la corrupcin y de componendas con el poder empresarial y con lobbystas a su servicio.

(1) http://g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=880

(2) http://g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=20210

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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