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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2016

La izquierda marxista espaola en el siglo XXI

Alberto Garzn
Mundo Obrero


Los resultados electorales del 20-D pueden entenderse como la cristalizacin de las importantes y recientes transformaciones en nuestro pas. Al fin y al cabo en los ltimos aos ha cambiado la concepcin del mundo de grandes sectores sociales, y con ello tambin sus referentes poltico-electorales.

Esto era algo previsible y ciertamente anunciado, fundamentalmente porque la crisis econmica se profundiz de tal forma que acab derivando en crisis orgnica o de rgimen (1). Es decir, lo que al principio pareca una simple crisis de carcter tcnico termin por convertirse en una grave crisis poltica y democrtica, con un cuestionamiento radical de las instituciones poltico-econmicas. La gente empez a cuestionar no slo a los gestores de lo pblico sino tambin a los partidos, a los sindicatos, a la propia constitucin De ah que sea lgico que la frustracin de mucha gente se haya canalizado a travs de nuevos vehculos polticos, como son los llamados partidos emergentes.

No obstante, esos cambios en la concepcin del mundo slo pueden entenderse como consecuencia de las transformaciones econmicas por las que ha atravesado nuestro pas en las ltimas dcadas. Cuando millones de personas, de extraccin social heterognea, modifican su comportamiento electoral no es por casualidad. Ante un fenmeno de tal magnitud no nos valen las explicaciones subjetivistas, ni tampoco el recurso siempre fcil y manido- a teoras de la conspiracin.

Para entender estas transformaciones tan radicales tenemos que partir del hecho de que el rgimen de acumulacin neoliberal ha entrado en crisis, y que al mismo tiempo el modelo de crecimiento de la economa espaola se ha agotado. Basta recordar que el rgimen de acumulacin neoliberal se ha caracterizado por un proceso continuo de precarizacin de las relaciones laborales y de privatizacin y desregulacin de los sectores pblicos. En suma, la retirada progresiva de las conquistas sociales y el dinamitado del Derecho del Trabajo. Todo ello agudiz las contradicciones econmicas, con un incremento de la desigualdad y con una dependencia cada vez mayor del endeudamiento para mantener la maquinaria capitalista en funcionamiento. Sin embargo, el estallido de la crisis financiera internacional hizo saltar esa frgil estructura por los aires. Y con ello, naturalmente, tambin la posicin material de mucha gente que, adems, haba interiorizado culturalmente que vivamos el fin de la historia.

Es ms, lo que el 15-M manifest con toda claridad no fue la autoconciencia revolucionaria de la ciudadana, como slo podran creer los ms ingenuos, sino la existencia de un caldo de cultivo de enorme frustracin ante la realidad socioeconmica y, muy especialmente, ante las expectativas vitales. Entre otros, all poda encontrarse a los jvenes sin futuro, a las facciones de clase ms precarizadas y a una autopercibida clase media que era expulsada, bruscamente en la mayora de los casos, de la burbuja econmico-vital en la que haban vivido. El salto no fue cuantitativo, habida cuenta de que das despus gan las elecciones el PP, sino ms bien cualitativo: para cada vez ms gente algo estaba cambiando en su forma de ver el mundo.

La izquierda poltica organizada, desgraciadamente, no quiso estar a la altura del momento. Se hicieron buenas diagnosis de lo que suceda pero no se acompa de una gestin coherente. Por lo general podra decirse que la izquierda marxista de este pas no obr como tal, y limit sus habilidades a un buen diagnstico que no fue acompaado de la consecuente praxis. Y es que aunque la mayora de la frustracin ciudadana se expresaba con la intencin de voto de la abstencin, tambin una parte que alimentaba ligeramente los porcentajes estimados de IU. Y eso bast para neutralizar los discursos marxistas que analizaban y proponan alternativas rupturistas, hacia dentro y hacia fuera. Triunf una suerte de nuevo eurocomunismo o neocarrillismo que abogaba por recoger los beneficios electorales de la crisis sin apostar por articular una respuesta poltica anticapitalista.

No obstante, pasado este largo ciclo electoral toca hacer balance. La economa espaola se encuentra narcotizada, debido a las inyecciones de liquidez de los bancos centrales de todo el mundo; el modelo de crecimiento econmico se est reorientando hacia un modelo dirigido por las exportaciones de bajo valor aadido, lo que implica an mayor precariedad laboral; la estructura de clases ha cambiado, con un fuerte componente generacional; y la presencia de nuevos partidos ha modificado sustancialmente el panorama e imaginario poltico. Al mismo tiempo, el escenario econmico de futuro es ciertamente oscuro, con un horizonte de nueva crisis financiera que podra desestabilizar todo el sistema poltico otra vez. Al fin y al cabo, las contradicciones del sistema econmico no se han resuelto de ningn modo y eso es crucial en el devenir poltico de nuestro pas.

En estas circunstancias, parece obligado iniciar una reflexin activa sobre el futuro de la izquierda en Espaa y Europa. Porque, como hemos dicho en otras ocasiones, nos jugamos un orden social y no slo unos cuantos escaos en el Congreso de los Diputados. La clave, como siempre, est en hacerse las preguntas adecuadas. Qu tipo de pas-sociedad queremos para las generaciones futuras? A travs de qu mecanismos podemos incidir en la realidad, quizs electoralmente, quizs en el conflicto social o quizs en ambos? Y, finalmente, qu instrumento poltico es el ms adecuado para conseguirlo? Pienso, adems, que el orden de las preguntas ha de ser este y no otro.

En unos tiempos en el que la izquierda est tan despistada conviene ser claros tambin en las propuestas. Y desconfiar de aquellas que no lo son. Por eso tratar de explicitar con nitidez mi apuesta concreta. Pienso que debemos evitar dos tentaciones y apostar por una va que, siendo ms compleja, es la ms til para nuestros objetivos ideolgicos.

La primera tentacin a evitar es la que podemos llamar el deslumbramiento. Consiste en una suerte de idealizacin de los fenmenos ms recientes, como es el de Podemos, y que suele acabar proponiendo una entrada ntegra en otra formacin poltica. Esta opcin supone desestructurar las redes de militantes y simpatizantes que, articulados en torno al significante PCE/IU, inciden en el conflicto social y poltico. El fenmeno de Podemos merece ser estudiado y en gran medida reconocido, pero no tiene las caractersticas que puedan hacer de l un instrumento de transformacin social en el sentido que nosotros hemos venido plantendolo en los ltimos aos. Al fin y al cabo, las transformaciones slo pueden llevarse a cabo cuando existen redes capilares de activistas organizados que comparten una misma o similar concepcin del mundo, una estrategia y una cultura poltica comn, y que adems tienen capacidad de incidir en la vida concreta de las clases populares a travs de la presencia en los conflictos sociales. Como maquinaria electoral Podemos carece de esas caractersticas, mientras que las redes de PCE/IU est ms cerca de tenerlas; si bien, como observamos, lejos de que funcionen correctamente entre otras cosas por la falta de una direccin poltica coherente y cohesionada.

La segunda tentacin a evitar, siempre latente, es la que llamaramos irracional-impulsiva. Consiste en cierta melancola freudiana de quien no acepta la nueva situacin econmico-poltica y espera, con fe ciega, que aquellos tiempos de cierta comodidad la comodidad del 10% electoral- puedan volver por arte de magia. Habitualmente propugna el refugio a un marxismo fosilizado y fetichista, sin incidencia social e insignificante en apoyo social. Convierte a la izquierda marxista en una pieza de museo. Y es, paradjicamente, la opcin con menos autonoma de todas porque siempre se referencia en otras fuerzas polticas, del mismo modo que el bueno de la peli requiere de su antagonista para ser quien es. Es tambin la opcin ms emocional, porque se acompaa de la simbologa ms obrerista para encubrir, curiosamente, la opcin poltica ms dogmtica. Y, por supuesto, est desconectada de los problemas reales de la gente y de los anlisis marxistas sobre la situacin econmica ya que, en esencia, es una opcin de pura fe. De la fe de quien cree que cerrando los ojos la realidad ser distinta. Y ya se sabe que la fe no necesita ni ciencia ni hechos.

La opcin ms coherente es la racional-crtica. Parte de asumir que el 15-M y Podemos, entre otros, es un fenmeno social que manifiesta parte de los deseos e inquietudes de las clases populares. Y que, sin embargo, eso no es suficiente para transformar la realidad ni para aspirar a construir un horizonte socialista. Propugna la construccin de un instrumento de radicalidad democrtica, recogiendo las demandas republicanas de los movimientos sociales, y con un proyecto poltico anticapitalista, herencia del movimiento obrero, porque hunde sus races en un riguroso anlisis marxista de la realidad socioeconmica. Propugna autonoma poltica, sin referenciarse en otras fuerzas polticas, pero manifiesta intencin de colaboracin con otros sujetos, polticos y sociales, y sobre todo pone encima de la mesa la necesidad de reforzar las redes de activistas sociales y la incidencia concreta en la vida de la gente. Es decir, presencia en conflictos sociales. Y la pedagoga como elemento central para el establecimiento de una cultura poltica compartida.

Estoy convencido de que esta la tercera opcin es la que necesitamos, para el bien de nuestro pas y para que la izquierda marxista pueda trabajar para la emancipacin de las clases populares. En definitiva, para pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad. Pues esa siempre fue la tarea comunista.

Nota:


[1] Sirva de ejemplo el prlogo que escrib en marzo de 2013 al libro Conversaciones sobre la III Repblica de Julio Anguita y Carmen Reina, y que fue notablemente criticado por parte de la entonces direccin de IU.

Fuente: http://agarzon.net/la-izquierda-marxista-espanola-en-el-siglo-xxi/


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