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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2016

Crisis de los refugiados: crnica desde las islas griegas
Dos meses en una lancha de rescate

Riccardo Gatti
Diagonal

Durante dos meses, el autor particip de las tareas de rescate de refugiados en dos islas griegas como parte de su trabajo para una ONG. Cuenta lo que vio para Diagonal


Hace una semana la noticia de los 43 muertos, entre ellos 17 nios, cerca de las costas griegas de las islas de Farmakonisi y Kalolimnos, me hizo retorcer de dolor por la ensima tragedia en el mar griego. Ms teniendo en cuenta que cuatro das antes estaba trabajando exactamente en el lugar donde ocurri el desastre, embarcado en una lancha de rescate, en un intento por aliviar y ayudar a los migrantes, trabajando para una ONG.

No se trata de la isla de Lesbos, tan tristemente famosa, sino una zona menos conocida, como muchas otras de Grecia. Quizs por ello donde menos apoyo encuentran quienes intentan cruzar las pocas millas que separan Grecia de Turqua. Cuando llegu a la zona, hace ya dos meses, la primera imagen fue la de un chaleco salvavidas flotando al lado de un muelle. A los pocos das empezamos a salir con las lanchas y enseguida me di cuenta de la magnitud del desastre humano que se est viviendo en la regin.

En un intento por entender, observ que en esas zonas patrullaba un gran barco del Frontex, movindose despacio de un lado al otro, as como los barcos ms humildes de los guardacostas helenos que salen a patrullar todas las noches sobre la una de la madrugada. Despus estbamos nosotros, navegando en la misma direccin, con lanchas neumticas. Eran los mismos guardacostas a los que vi bajar bolsas con cadveres mientras me tomaba un caf en el bar del puerto. Los esfuerzos de los guardacostas son grandes, tan grandes como su frustracin por haber sido testigos de demasiados naufragios, por haber recogido demasiados cadveres.

Rabia, empata, impotencia

Llegar a una isla diminuta, en un entorno desconocido de islas deshabitadas o muy poco pobladas conlleva una problemtica intrnseca a la hora de poner en marcha cualquier proyecto. Lograr la aceptacin por parte de la poblacin y de las autoridades locales requiere esfuerzo y tacto. El fenmeno de la llegada de embarcaciones, con su carga de personas y desesperacin, produce empata, pena y sentimientos de impotencia, pero tambin rabia mezclada con rechazo.

Para entender la rabia basta conocer los nmeros: en Leros, isla en la que me encontraba, la poblacin local ronda los 8.500 habitantes y de media llegan por mar unos 2.000 migrantes por semana: rescatados, por medios propios o trasladados desde la isla de Farmakonisi. El idioma crea otra barrera natural, y aunque el ingls pueda ser utilizado con bastante facilidad, para desarrollar las operaciones fue necesario buscar lugareos que se quisieran sumar al proyecto, que quisieran subir a los barcos. Esto trajo consigo una rpida aceptacin por parte de los lugareos y facilit mucho los contactos necesarios para moverse en zonas militares y restringidas, aunque de manera "no formal"; facilit adems el hecho de tener intrpretes a bordo para poder interactuar con los migrantes. Pero hay que tener en cuenta que, en esta zona, los simpatizantes y miembros de Amanecer Dorado hacen notar su presencia.

En estas zonas est presente ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, que se ocupa de las instalaciones del campo refugiados de Leros y de los traslados. De los cuidados y el apoyo humano se ocupan una ONG internacional y otra griega, alguna que otra asociacin local, cofradas de pescadores y particulares que prestan su apoyo desinteresadamente.

Hace unos meses, un grupo de anarquistas okup una mansin en desuso en la isla y puso en marcha un centro de acogida autogestionado, limitado en nmero de plazas y recursos, pero igualmente eficaz y necesario.

Mi primer da de operaciones en la isla de Farmakonisi concluy con casi 200 personas ayudadas, entre las que fueron acompaadas en sus botes neumticos hasta el pequeo puerto militar de la isla, y las que fueron rescatadas ya en tierra, empapadas y con mucho fro, despus de haber llegado con vida, a pesar de que sus embarcaciones se hubieran encallado en las rocas y se hubieran hundido. De ese da recuerdo un beb de dos semanas de edad, y la expresin dura y aterrorizada de su padre que lo tena en brazos, expresin que no se relaj ni siquiera en el momento del haber sido puesto a salvo.

Nuestras salidas, que empezaban sobre la una de la madrugada, terminaban con el sol bien alto, a veces sin que ni siquiera hubiramos tenido tiempo de orinar debido a la ingente cantidad de "trabajo". Da tras da se sucedan las operaciones, los rescates en tierra, los acompaamientos de embarcaciones, remolcando a quien se haba quedado sin motor o simplemente dando instrucciones, adems de los rescates en pleno mar a personas a punto de ahogarse, muchos gritos, muchos llantos, pero tambin sonrisas, deseos de buena suerte, abrazos y besos dados, mensajes de bienvenida, y desgraciadamente muertos: adultos, nios e incluso bebs.

Es espantoso que los medios de los guardacostas griegos sean insuficientes y que no estn adaptados a las circunstancias. Los barcos son demasiados grandes, demasiado altos, y en situacin de rescate la tarea se convierte en imposible, como imposible les es llegar a las rocas para socorrer a personas que se encuentran, la mayora de las veces, en elevado riesgo de hipotermia.

Durante los dos meses de mi estancia, al Frontex lo vi actuar slo una vez, encendiendo sus potentes focos, que iluminan la zona como si fuera de da. En otras ocasiones, los vi bajar a tierra en el puerto con la nica tarea de realizar el reconocimiento de personas, de ejercer el control fronterizo.

Quise intentar encontrar un nexo lgico, donde no lo hay, un porqu a que persista este escenario de vaco de medios y de actuaciones infructuosas ante de una emergencia humanitaria terrible. Poco antes de mi llegada a la isla, Europa haba pagado a Turqua 3.000 millones de euros para que se quedara con los migrantes, para que no los dejara salir. Al recordarlo dej de asombrarme y me di cuenta de que estaba tocando con la mano la postura europea. Se entiende as la falta de medios griegos y la fra distancia del Frontex.

Los migrantes siguen saliendo de Turqua, pero en peores condiciones y de noche. Hablando con ellos supe que, dependiendo de cunto paguen por el viaje desde 700 euros hasta 6.000 estn sujetos a un trato u otro. De eso depende que lleguen con vida o les dejen tirados a medio camino y se lleven al patrn de la embarcacin. Este ltimo caso es el ms trgico y peligroso: si nadie sabe manejar la embarcacin ni adnde ir, pues todo queda en manos de la suerte.

El mismo "trabajo" al que me he dedicado estos ltimos meses, intentar ayudar a personas migrantes, ha sido realizado en aos anteriores por annimos pescadores locales, lugareos que silenciosamente tuvieron que asumir la responsabilidad por las nefastas consecuencias de las decisiones criminales de los polticos europeos. Son trabajadores de la mar que, a da de hoy, cada vez que llega un cuerpo sin vida a las costas o los guardias bajan de sus barcos bolsas de plstico con cadveres dentro miran el mar con una expresin seria y dura.

La misma expresin con la cual miran a Europa.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/global/29296-dos-meses-lancha-rescate.html



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