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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2016

Los grandes desconocidos de la sociedad espaola
Los militares de carrera que fueron fieles a la Repblica y que por ella combatieron en la guerra civil

Vicente A. Menndez Gonzlez
Rebelin


En los libros de historia que estudian los jvenes de este Pas, llamado Espaa, tanto en Educacin Primaria, Secundaria y Bachillerato, cuando se habla de los militares de carrera, que fueron fieles a la Repblica, slo se suele mencionar a dos, a saber: El General Rojo y a mi paisano, el General Miaja, de los dems nada se habla o apenas se mencionan.

Es mi intencin empezar a publicar un artculo -en nuestro espacio informativo Rebelin en los cuarteles que amablemente nos cede el medio Rebelion.org- por cada Militar de Carrera que fue fiel a la Repblica y que combatieron con lealtad y valor, sacrificando la propia vida en tal empeo.

Hoy empezar por hablar del COMANDANTE GLLEGO

D. Jos Gllego Arags: El Comandante republicano que hizo frente a los sublevados en la ciudad asturiana de Gijn.

Jos Gllego Arags naci en Arags del Puerto (Huesca), en 1893. Recibi formacin castrense en la Academia de Infantera de Toledo, pasando a incorporarse en el Regimiento de Infantera Galicia nm. 19. En 1914 fue destinado a Larache, en el Protectorado Espaol de Marruecos, donde se uni al Regimiento de Infantera Extremadura nm. 15. Un ao despus, ya como teniente, se le asign el mando de la Polica Indgena de Larache, integrada en el Grupo de Regulares nm. 4. Fue all donde obtuvo la Cruz de Primera Clase del Mrito Militar con distintivo rojo. Tras pasar cuatro aos de servicio en territorio peninsular, regresar a frica en 1921, tras el desastre de Annual, con el rango de capitn. Su regreso definitivo a Espaa tuvo lugar en 1922, permaneciendo en la guarnicin de Gijn hasta que, en 1930, se le destina al Regimiento de Infantera Saboya nm. 6 de Madrid (llamado Regimiento de Len tras el advenimiento de la II Repblica)

LA GUERRA CIVIL

18 de julio de 1936. Ese da, Gallego se encontraba de permiso en Gijn, ciudad de la que era oriunda su mujer. Tras la sublevacin se puso a las rdenes del Comit de Guerra, asignndosele la comandancia militar de Gijn. Logr la rendicin de los guardias civiles del cuartel de Los Campos, y procedi a la toma de los cuarteles de Zapadores y Simancas, poniendo fin a la resistencia el da 21 de agosto. Para el da siguiente, Gallego ya se haba integrado en la Comandancia del Frente Occidental, para detener el avance de las columnas gallegas en la zona del alto de la espina

El comunista Juan Ambou, al frente del Departamento de Guerra del Consejo Provincial del Frente Popular desde su formacin el 6 de septiembre, dedica unas lneas al comandante en su obra "Los comunistas en la resistencia nacional republicana. La guerra en Asturias, Pas Vasco y Santander" donde destaca su lealtad a la legalidad republicana as como sus dotes de mando:

"Conoc al comandante Gllego en Gijn, dirigiendo el ataque contra las fuerzas del coronel Pinilla que ocupaban el cuartel de Simancas. [...] Despus nos vimos en la zona occidental, en Salas. [...] tena gran preocupacin por cmo haba de conducirse la guerra. Me hablaba de aprovechar las "Ordenanzas" de Carlos III. Y a m no me pareci mal. Recuerdo siempre que me impresion cmo en ellas se describe la funcin del cabo en relacin con los soldados de su escuadra. Es una funcin humana, poltica, muy inteligente, que aplicada a la situacin concreta del momento podra dar resultados. Conversamos largamente sobre cmo organizar a los grupos y a las columnas, mientras no se llegara a la militarizacin regular. Y el comandante Gllego escribi una serie de instrucciones tcticas para el combate, sobre todo para uso de los jefes de grupo y columna: tratar por todos los medios de ocupar el objetivo sealado con la debida proteccin y apoyo; mantener el enlace con los grupos o columnas que se encuentren en los costados o en la retaguardia; impedir a toda costa que las retiradas no ordenadas se convirtieran en desbandadas -sin duda, a veces as ocurra-; condenar toda clase de rumores y mentiras acerca de la supuesta inferioridad del enemigo, de imaginarios peligros de "copo" y todo aquello que pueda ir en detrimento de la moral del combatiente republicano. As y todo hubo alguien en la direccin de nuestro partido que desconfiaba del comandante Gllego. La mayora estuvimos siempre en contra." [1]

En febrero de 1937, las fuerzas republicanas lanzan una ofensiva para cerrar el pasillo Grado-Oviedo y tomar la capital asturiana. Ascendido a teniente coronel, Gllego se incorpora a la ofensiva al mando de la brigada de Santander.[2] Al poco tiempo fue destinado a Santander, donde habra de convertir a las milicias en tropas regulares. En julio de 1937 sera nombrado jefe del Estado Mayor del Ejrcito de Euzkadi: "Desempe diversos mandos en Santander y en Vizcaya: jefe de la Columna nm. 1, luego 1 Divisin y coronel jefe del Estado Mayor del Cuerpo de Ejrcito de Santander. Acab al frente del XVI Cuerpo de Ejrcito -Asturias- cuando cay la provincia santanderina." [3]

Captura y muerte

Tal y como relata Marcelino Laruelo Roa, ante el avance de las tropas rebeldes y el fin inevitable del Frente Norte, parece ser que Gllego tuvo oportunidad de abandonar Santander en los buques de guerra del puerto, pero no lo hizo. Al contrario, trat de retirarse a Asturias con sus hombres, cayendo prisionero de las Brigadas Navarras en Caburniga. Tras pasar por la Prisin Provincial de Santander, se le traslad a la de Bilbao. Su cautiverio dur ocho meses. Condenado a muerte por dos consejos de guerra, fue fusilado el 28 de mayo de 1938, en el cementerio bilbano de Vistalegre. Como deca Juan Ambou:

"Durante su cautiverio conserv alta su moral, y lo que es ms importante: mantuvo hasta los ltimos momentos una lealtad intachable al rgimen republicano y a la nacin" Tambin se refiere a l Julin Zugazagoitia1 , tal y como recogen Gutirrez y Gudn:

"Apasionado por su oficio, le atribua un sentido profundo que no era frecuente descubrir en los cuarteles espaoles. Su concepcin de la guerra chocaba con la de sus superiores y la de sus subalternos. Con orgullo espaol, se afirmaba en una lealtad profunda, que se senta interpretada en los discursos de Azaa. Su personalidad estaba como desterrada por las carreras improvisadas, sin querella de su parte, que no gustaba de ser confundido con los que, de una a otra exigencia, hicieron mercanca del oficio y papel de renta de la lealtad. Quienes trabajaron a su lado, compartiendo los riesgos de los combates y las pausas de los intermedios, no olvidan su recuerdo ni sus lecciones de moral." [4]

El texto que un hijo de Gllego comparta en el ao 2002 con La Nueva Espaa, da buena fe de las afirmaciones de Ambou. Fue escrito por el propio Jos Gllego para su defensa ante el tribunal dirigido por Fidel Dvila.

Declaracin ante el consejo de guerra de Jos Gllego Arags, publicada en la Nueva Espaa, 1 de diciembre de 2002:

Jos Gllego Arags, teniente coronel de Infantera al servicio del Gobierno legtimo de Espaa, ante el consejo de guerra dice: En la lucha armada, y ms cuando tiene el carcter de guerra civil, los adversarios usan entre los medios de agresin el del lenguaje. Nacen voces o frases, generalmente con el carcter de adjetivos, que cobran fcil y rpida circulacin entre la multitud y los usa lanzndolos en intencin al contrario cargados con un acento de maldicin. As, en los vuestros la palabra rojos evoca un cuadro tenebroso en el que van revueltas escenas de asesinatos, saqueos, violaciones e incendios. No est en ello mi sorpresa sino que nace y se detiene al ver estampada o impresa la palabra en los folios del sumario. Y me he preguntado: entrar cargada con este lastre de maldad en el severo campo de la justicia? Es decir, cuando el seor juez, el seor fiscal usan la palabra rojo emplean una abreviatura que expresa el concepto un comunista, un sindicalista, un socialista que, en tanto no demuestre lo contrario, debe estimrsele complicado en este grupo de crmenes.

Es el caso que yo no he pertenecido jams a ninguna agrupacin sindical ni poltica; no he sido partcipe de agrupacin alguna encaminada a dicho fin, y mis relaciones con la poltica datan exactamente del 19 de julio de 1936. Claro es que en la medida de mis alcances he puesto freno a cualquier brutalidad estpida de las que en la guerra se producen. Pero he estado al servicio de los titulados rojos, y la justicia para serlo habr de tomarse en la porcin de color ajena a esos significados y que tiene unos lmites reducidos y muy concretos.

DE PERMISO EN GIJN

Como consta en el sumario llevaba yo dos o tres das en Gijn, disfrutando el permiso del verano cuando se produjeron los sucesos de julio; con motivo de ellos, qued a las rdenes de la autoridad que estimaba legtima en aquellos momentos, el alcalde de la localidad, y por el cordn umbilical del deber ligado a una situacin, la de adversario vuestro. No ignoro ahora, no ignoraba entonces, que con esa postura quedaba atado a ms que a la faena de oposicin a vuestros designios. Tena la conviccin de que con vuestro acto se entraba de lleno en una pgina indita de la historia de Espaa. Habais abierto de par en par las puertas a un nuevo sistema econmico-poltico-social para esas masas proletarias que tenais enfrente, y me promet fidelidad para servir esa redencin en la parte justa de sus afanes

LEALTAD, NO TRAICIN

Volviendo al lenguaje de guerra en sentido diametralmente opuesto al anterior, los beligerantes emplean para su empeo adjetivos que integran el mayor nmero posible de voluntades. Denominis el vuestro la causa nacional y tambin ha entrado la frase en los dominios de la justicia. En el sumario se me interrog para que manifestara cules ayudas haba prestado a la misma; y al pedir aclaraciones al seor juez sobre el significado de la frase e implicar servicios o auxilios al adversario encaminados a favorecer xitos suyos manifest ninguno. Ninguno, porque en estimativa para mi conducta, la lealtad es de rango muy superior a la traicin e indagando de traiciones llegaba la pregunta.

ESPAA, ANTE TODO

Pero si la frase la abultamos hasta que tome su recto sentido e inquirimos con ella en cual medida tuvimos en el pensamiento Espaa, la Nacin, las preocupaciones que pusimos en su patrimonio, los afanes que nos merecieron las personas por fuera de sus ideologas, responder muy distinto. Digo que Espaa no se ha apartado un momento de mi juicio, y en los menesteres de cuidar bienes y personas he gastado todo la ma hasta verla arrinconada como sospechosa de traicin; todo ello seguro de servir con mejor eficacia la propia causa y nunca con la intencin de prestaros un servicio. Otra pregunta del sumario inquiere se concrete la calidad de los servicios rendidos; si de armas, oficinas, etctera..., al parecer concediendo primas de ventaja a quien los haya prestado ms precarios. Me permito hacer notar que por esta ruta es fcil confundir la incapacidad o pobreza personal con la ponderacin autntica de las responsabilidades que en el fondo decs perseguir. La calidad de traidor o la impotencia para hacer son previas y ms profundas que las ideologas. Son cualidades encapsuladas en la idiosincrasia del individuo y con ellas aflorar en el oficio, en la amistad o en la poltica.

Hay que preguntar a cada uno: la faena que te toc cmo la realizaste? De m s deciros, cuando a lo precario le aguarda un criterio ms generoso, que he pasado mucho dolor en soledad, porque al verme tal cual soy, haba de confesarme me faltan luces, me faltan fuerzas para enfilar a puerto seguro y llevar la carga que las circunstancias han puesto sobre mis hombros. Ojala en ambos beligerantes hubiera unas docenas de hombres ms que capaces de promover y encauzar las generosidades que el alma nacional puede manar, enjaulando a la vez cuanto manifiesta de brutal y sanguinaria

COMUNISTA O FASCISTA?

Os he detenido acaso demasiado en estas reflexiones, para m muy entraables, pues por este entender he sido zarandeado por el destino de los dems, con exceso a cuanto imaginis. Fiel a esta conducta, para muchos de los que militan en vuestro campo yo tengo rasgos comunistoides y para algunos del propio soy un fascista disfrazado con gorro frigio. Todo depende del signo de los sucesos que haya en la escena.

Por suerte o por desgracia, como profesional he opinado y actuado en mando de tropas en casi todos los sucesos que se han producido en estos ltimos aos: caso de Galn, instauracin de la Repblica, sucesos de agosto, octubre y los actuales. Los revolucionarios de cada hora me entendan como parcial en su contra. Los eventualmente afines, sospechoso, pues careca de aptitudes para seguirlos en el camino que estimaba de pasiones y resentimientos. Expresin del significado de esta conducta a travs de los aos es no haber logrado an lo que tantsimos otros; algunos de los que os acompaan desde el comienzo de los sucesos, ms de los que os han prestado aquellos servicios o auxilios a que hace referencia la requisitoria del sumario; ver reconocida en el diario oficial la lealtad de mis servicios a la Repblica. Y conste que se los he prestado con toda generosidad y devocin, sin ninguna clase de reservas. No quiero que podis imaginar en la expresin anterior un propsito de envolver mi conducta en nebulosidades, atisbando atenuantes en estos momentos. He sido ntegramente leal a su significado.

REBELIN?

Renuncio a entrar en si el seor juez y el seor fiscal han estado acertados al imputarme el delito de rebelin. No podemos imaginar al hombre disputando sobre sus derechos de ciudadana solitario en el desierto; los ventila en relaciones de comunidad con sus semejantes.

El campo donde se ventila la categora de Estado es el internacional, y en l, el 19 de julio de 1936 el espaol no tena sino una representacin: la de los poderes de la Repblica a los que he tributado toda fidelidad. Rebelin contra cul compromiso adquirido voluntariamente o por imperio de la ley? Rebelin cul enlace imprescindible podis hablar en mi conducta que una el 18 de julio y el 19? De cul brizna de conspiracin para llegar a ese acto podis acusarme? Es un delito que creis por la fuerza y sobre toda razn. Termino. En la extensin del spero y lurdo caamazo que forma la existencia cotidiana del hombre corriente (la ma es de ese estilo) se entrecruzan hebras de oro, smbolo o expresin de esperanzas ardientes, y alegras ms o menos maduras de carcter particular y personal. Sobre l, figuras ms delicadas, ms valiosas, hay las que bord el deber profesional en horas macizas vividas a pleno pulmn, imantadas todas las energas hacia fines ajenos a uno mismo, la Patria, el Ejrcito, la sociedad, y salidas de ese cliz que en las entraas de cada ser guarda lo mejor de los sentimientos y lo ms elevado de las ideas.

LA LEY DE BRENO

En los momentos actuales, en este instante tajante que amenaza cortar el hilo de mi existencia, en lo ntimo no falta ese juicio insobornable que me dice cualesquiera que sean los sucesos adversarios o favorables que te tomen, recbelos en la seguridad de que tus actos y tus palabras a lo largo de esta terrible tragedia espaola no desmerecen de los ms acendrados que en horas pretritas pusiste al servicio de tu Patria. Y es este sentimiento, seores del consejo, el que me autoriza para rogaros, aunque en este caso particular hagis excepcin, que os apartis para juzgar de esa bronca ley de Breno, por la que el vencedor no tiene por qu reconocer una brizna de derecho en el vencido, y ms altos, pensando en la Espaa de maana, que o no ser o los vencedores habrn de llamar a comunin a los vencidos; y en la de hoy, exange en s misma, pen que adelantan diferentes naciones de Europa en la partida internacional y a favor de sus propios intereses y circulando en el mundo como el smbolo de los instintos brutales del hombre en rienda suelta, hagis de la justicia hacienda aparte cuyas bordas no puedan alcanzar esos mastines de autntica sangre espaola: el resentimiento, la venganza y la envidia.

VERDUGOS O VCTIMAS

Esta vida, tan en el aire, dirala gustoso sin reserva alguna, por aventar del cielo espaol esa a manera de sentencia bblica que parece pesar sobre el signo de sus hombres; condenados a vivir a lo largo de la historia como cainitas y abelianos: hoy de verdugos, maana de vctimas.

Obligado a comparecer ante este tribunal de un delito y unas agravantes culpable, mi ser ntegro responde: En la conciencia no cruza la ms leve sombra de esa responsabilidad; yo no soy se. Me siento como un combatiente que, rezumando devocin a Espaa, ha sido vencido y, por azares de la lucha, es prisionero de guerra en vuestras manos. De entrambos hombres tomad el autntico y, desde el fondo moral insobornable vuestro, dictad sentencia.

Santander, 17 de noviembre de 1937.

EPLOGO.- Al comandante Jos Gllego Arages lo fusilaron a las seis de la maana del da 28 de mayo de 1938 en las tapias del cementerio de Vistalegre, en Bilbao. El gobierno republicano le haba ascendido a coronel y le haba dado el mando de una divisin, pero l segua sintindose comandante por antigedad y porque, como haba dicho: en la lucha entre espaoles no cabe hablar de victorias...

NOTAS.- El comandante Gllego redact un escrito de nueve folios dirigido al general jefe del Ejrcito del Norte, que lo era Fidel Dvila...

Es posible que se hiciera alguna gestin encaminada al canje. Tngase en cuenta que el comandante Gllego contaba con el aprecio de varios dirigentes asturianos de la CNT...

Su primer destino al mando de esas fuerzas fue en la aldea de Sidi Asmar el Gaitn, desempeando a lo largo de ese ao igual cargo en Yumaa el Tolba y Muley Buselhan...

Al iniciarse el ao de 1935, el capitn Gllego estaba desempeando de nuevo el mando accidental del batalln por ausencia de su comandante. A finales de Abril, march para La Maraosa a realizar un curso de guerra qumica...

Particip en las negociaciones entabladas con los guardias civiles del cuartel de Los Campos para que...

[1] AMBOU, J.: Los comunistas en la resistencia nacional republicana. La guerra en Asturias, Pas Vasco y Santander. Silente, 2011, p.15.

[2] dem, p.61.

[3] GUTIRREZ, Jess y GUDN, Enrique: "Cuatro derroteros militares de la Guerra Civil en Cantabria", en Monte Buciero, n11, 2005, p.57.

[4] dem,  p.58.

Fuentes:

MUERTES PARALELAS

  El destino trgico de los prohombres de la Repblica.

http://historiadesterrada.blogspot.com.es/2014/04/jose-gallego-aragues-comandante-gallego.html

AMBOU, J.: Los comunistas en la resistencia nacional republicana. La guerra en Asturias, Pas Vasco y Santander. Silente, 2011.

GUTIRREZ, Jess y GUDN, Enrique: "Cuatro derroteros militares de la Guerra Civil en Cantabria", en Monte Buciero, n11, 2005, pp. 18-298.

LARUELO ROA, M.: Muertes paralelas. El destino trgico de los prohombres de la Repblica. Gijn, 2004.

http://www.lne.es/asturias/2011/08/28/el-fracaso-de-la-sublevacion-en-gijon/1121637.html

Vicente A. Menndez Gonzlez es Brg. Ing. ET, Retirado y miembro del Colectivo Anemoi

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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