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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-02-2016

Carta abierta a mis compatriotas israeles
Podemos parar esta barbarie

Jonathan Ofir
Global Research


Esta carta es probablemente la culminacin de casi una dcada de estudio revisando nuestro pasado. En determinado momento, ms all de las historias, casos y razonamientos particulares, sent la necesidad inequvoca y absoluta de expresar mis sentimientos sobre nuestro milagro israel, la manifestacin del sueo sionista.

No escribir esta carta en hebreo (aunque probablemente esa sera la herramienta lingstica ms adecuada para llegar a vuestras mentes) porque ya ha habido bastante reciclado de ropa sucia entre nosotros, los que nos consideramos israeles. A lo largo de los aos, mis esperanzas de que se produjera un cambio a partir de nosotros mismos han ido desafortunadamente menguando. Por tanto, esta carta tambin (o principalmente) est dirigida a la comunidad internacional, cuya ayuda necesitamos desesperadamente, no en forma de ms dinero, armas o comprensin tolerante, sino para que intervengan y arreglen lo que nosotros, segn parece, no somos capaces de arreglar, ms que nada por falta de voluntad. Por eso, la postura que mantengo aqu es extremadamente impopular en Israel y en la cultura juda. Formara parte de lo que en hebreo llamamos moser: alguien que denuncia ante los gentiles a la nacin juda.

Bueno, vamos a ello. El asunto que me mueve a escribir es importante.

En primer lugar, tengo que contaros que nuestra valoracin de la historia israel omite un gran nmero de atrocidades cometidas por nosotros. Una gran parte siguen siendo asuntos clasificados como secretos de Estado, aunque se siten tan lejos como en 1948.

Es posible que hayis odo hablar de la matanza de Deir Yassin; suele aparecer en los libros escolares, aunque se la describe como una aberracin, perpetrada por extremistas, facciones sin escrpulos anteriores a la Declaracin de Independencia (aunque los lderes de esos grupos extremistas se convirtieron luego en primeros ministros). Pero qu hay de todas las otras masacres perpetradas por las Fuerzas de Defensa Israeles en 1948? Habis odo hablar de Al Dawayima, que aparentemente fue mucho peor que Deir Yassin? Yair Auron acaba de escribir sobre ella en Haaretz. Echad un vistazo. Lo que cuenta es la primera vez que se publica, pero no supone ningn secreto (se conocen fragmentos desde hace dcadas), como muchos otros testimonios y documentos que estn ah para quien quiera buscarlos y leerlos.

Si unimos las ejecuciones en masa sistemticas, los mltiples casos de violaciones en grupo (que se han ido revelando poco a poco por la vergenza que suponen para ambas partes), el aplastamiento de crneos de nios con estacas, los fetos arrancados del vientre de sus madres todo ello y mucho ms perpetrado por nosotros, los chicos buenos, la lite educada, a menudo en situaciones que no presentaban ningn peligro, solo por puro sadismo gratuito y por odio hacia los rabes- empiezas a darte cuenta de que Israel no est en una guerra de supervivencia, en una guerra de un grupo escogido y de cultura avanzada que vive en un barrio conflictivo de subcultura rabe atrasada.

Permitidme que lo exprese clara y directamente:

Hemos actuado como animales, con un grado de barbarie que podra compararse (como as se ha hecho) con la de aquellos a quien nos encanta odiar, los nazis, cuya crueldad supuestamente sirve para absolver la nuestra. Como Golda Meir dijo a Shulamit Aloni 1 en cierta ocasin: Despus del Holocausto, los judos tenemos derecho a hacer cualquier cosa.

Pero no es as. Est claro que no. Hemos utilizado la misma excusa desde el principio, con esas palabras o con otras y acompaada de un encubrimiento sistemtico de nuestras atrocidades.

Y como hemos sucumbido en gran medida a nuestra propia propaganda, somos incapaces de percibir el vestigio histrico que vamos dejando, y que nos muestra, si somos honestos, que seguimos haciendo bsicamente lo mismo que siempre: subyugando, torturando, masacrando.

No se trata de una serie de actuaciones que nos vemos obligamos a hacer para intentar sobrevivir. Se trata ms bien de la consecuencia inherente y predecible de nuestra religin estatal, que no es el judasmo, como muchos piensan equivocadamente, sino el sionismo.

Se nos ha lavado el cerebro para que pensemos que el sionismo es nuestro salvador. Que, lo mismo que Jess muri en la cruz por los cristianos, nuestros soldados mueren por nuestro pas. No es verdad: mueren por el sionismo. Nuestro pas, tal y como lo percibimos en general, no es realmente nuestro pas. Es el pas de muchos otros, a quienes no solo hemos expulsado con inmensa brutalidad, sino que seguimos manteniendo encerrados en jaulas de diversas formas y estilos y bajo un terrible rgimen de apartheid de intensidad variable, con el fin de mantener nuestro sagrado equilibrio demogrfico, mientras continuamos nuestra incesante expansin por la tierra prometida.

Nuestra ocupacin no comenz en 19672, como tampoco nuestros crmenes o nuestra crueldad. Hemos fundado un Estado sobre fosas comunes de otros. No nos vimos obligados a hacerlo. Tal y como dijo Begin3 en 1982, en relacin con la guerra de 1967: Tenemos que ser sinceros con nosotros mismos Nosotros decidimos atacar. As que seamos sinceros con nosotros mismos sobre todas las dems historias de defensa propia. En realidad, toda la empresa sionista se suele describir como una lucha por la supervivencia, una lucha por la autodefensa.

Si no hubiramos ocultado nuestros crmenes tan bien, tan profundamente y con tanta retrica de propaganda de disuasin, tal vez sera ms fcil creer en nuestra sinceridad. Por otra parte, cuando esos crmenes son descubiertos, resulta imposible justificar nuestra rectitud moral. Lo cierto es que, a medida que los medios de comunicacin del mundo han adquirido mayor transparencia inmediata, la realidad de nuestros crmenes resulta imposible de ocultar (y nuestra respuesta ante eso ha sido acentuar aun ms la propaganda, para darlos la vuelta y centrar toda la justificacin en nuestro derecho a defendernos). Bombardeamos las casas y arrasamos barrios enteros en Gaza para defendernos. Torturamos nios para defendernos.

Seamos francos: torturamos y aterrorizamos hasta la muerte a los palestinos con el fin de disuadirlos y conseguir que sus vidas sean tan horribles que solo deseen marcharse (o vengarse, lo que justificara nuestro siguiente ataque).

Hemos creado un monstruo. Quin diablos quiere sobrevivir si es a ese precio? No resulta despreciable esa supervivencia que se sostiene sobre la muerte y la destruccin de los otros? Porque, en realidad, quines son esos otros? No somos nosotros, ms bien, los otros, los que llegamos con nuestra cultura superior para hacer florecer el desierto? Y mientras ese desierto florece con un nuevo asentamiento, otra zona militar ficticia, otra expansin, las personas que viven all, los otros son poco a poco expulsadas, rodeadas o asesinadas.

Nosotros, los judos, hemos creado un legado de violencia que perdurar durante siglos, incluso si se detuviera ahora. Si todas las historias fueran reveladas y todos los archivos desclasificados (los de 1948, 1967 y todos los dems), no cabe duda de que esta aventura sionista constituira otro captulo estremecedor y sustancial de barbarie y crueldad en los anales de la historia mundial.

Pero, por desgracia o por suerte, an no se ha terminado. Tenemos la capacidad de detener toda esa barbarie ahora mismo. Eso no significara nuestra aniquilacin, como aseguran los histricos propagandistas sionistas. Es una opcin que tenemos a nuestra disposicin: renunciar al reino de la exclusividad, separar el judasmo del Estado y vivir en paz con todos los desafos a los que debe enfrentarse cualquier ser humano y cualquier Estado.

Pero nosotros no somos un Estado. Un Estado no son personas. Un Estado es un rgimen, un paradigma de gobierno. Puede que un Estado pertenezca a sus ciudadanos, pero entonces nosotros no constituimos un verdadero Estado, ni Israel tampoco. Porque el Estado de Israel es el Estado de quienes tienen nacionalidad juda, lo que adquiere ms validez que su ciudadana de origen. Y yo me niego a formar parte de ese nosotros si ello significa algn tipo de superioridad ligada a un cctel tnico-religioso-nacional. Supone ello necesariamente apartarse del judasmo? No, claro que no. Supone simplemente apartarse del aparentemente inextricable vnculo que el sionismo ha creado con el judasmo, de monopolizar el judasmo, de utilizar coacciones mafiosas hacia todos aquellos que hablan en su contra, aplicando en ltimo trmino la retrica de antisemitismo.

Se trata de una tctica del miedo contra la que hay que luchar. Si no nos levantamos contra el atavismo intelectual al que nos somete esta ideologa, continuaremos cometiendo graves crmenes y perdonndolos en nombre de esta religin, tal y como hacemos ahora.

Tenemos futuro. Pero el sionismo es un callejn sin salida. Soy consciente de que estas ideas, hoy en da, no representan ni mucho menos una postura mayoritaria y son una va directa para la exclusin social. Soy consciente y ya lo he asumido. Pero no es que tenga vocacin de mrtir. En realidad es el nico camino correcto que contemplo. Si deseis mantener la esperanza de que el sionismo tenga un futuro, al menos esforzaos un mnimo para comprender realmente lo que ha supuesto para los palestinos. Por raro que parezca, eso es lo ms fcil. Lo ms difcil es contemplar directamente los horrores y luego miraros en el espejo y ver lo que el sionismo ha hecho con vosotros.

1- Shulamit Aloni (1928-2014), poltica de izquierdas, parlamentaria, pacifista y activista de derechos humanos.

2- Guerra de los Seis Das

3- Menajem Begun (1913-1992), primer ministro israel en los setenta, fundador del partido Herut, que sera dominante en la coalicin Likud.




Jonathan Ofir es violinista y director de orquesta israel. Mantiene un blog y reside en Dinamarca.

Fuente: http://www.globalresearch.ca/to-my-fellow-israelis-we-can-stop-this/5506572

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y a Rebelin como fuente de la misma.


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