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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-02-2016

El proceso electoral en Estados Unidos

Alberto Rabilotta
ALAI


Los bombardeos de artillera de Turqua en Siria y la amenaza de una invasin terrestre con tropas sauditas muestran la desesperacin de dos socios claves de Estados Unidos frente a una avizorable derrota de los fanticos islamistas, apoyados por Estambul y Riad, por las fuerzas del gobierno sirio apoyadas por Rusia.

Esta aventurada accin puede desatar una guerra en la ms voltil regin del mundo, en la cual difcilmente se puede pensar que Estados Unidos combatir al lado de Rusia contra dos de sus aliados. Washington seala que no dio el aval a Turqua y que pidi el cese de esa agresin, pero bien sabemos que una doble personalidad caracteriza la poltica exterior de Washington, y que slo una de ellas la que busca imponerse por la fuerza- es la verdadera.

Esta grave y muy peligrosa accin de Turqua y Arabia Saudita tiene lugar en momentos en que se entra las etapas decisivas de las elecciones primarias en las cuales los partidos Republicano y Demcrata elegirn sus candidatos para los comicios presidenciales de este ao, lo que implica que la poltica exterior de EEUU frente a sus aliados en el Oriente Medio y una posibilidad de guerra que puede escalar, entrarn en la discusin poltica de estas primarias.

Y si esto puede favorecer a algunos candidatos, en particular a los que representan las elites dominantes, al establishment como se dice en ingls, no ser bien recibido por la mayor parte de las bases que en ambos partidos estn apoyando a los candidatos que discuten sobre los problemas internos y atacan a las elites, al actual sistema poltico e institucional.

Hay que aadir que la actual y profunda crisis en las finanzas y las economas reales, que pueden conducir a una implosin de los mercados burstiles, a una contraccin crediticia y a una recesin econmica, es ms que suficiente para seguir inflamando la repulsa popular que est manifestndose en las primarias.

De lo local y del pork barrel

Lo primero que aprendamos quienes cubramos la poltica estadounidense era que toda poltica es local, porque todo se resume a cmo repartir el barril con carne de puerco (Pork barrel), segn lo definido por el legendario Representante Demcrata Tip ONeill, vocero de la Cmara de Representantes y reconocido maestro en el arte de la poltica interna de EEUU.

Los asuntos internacionales siempre fueron vistos como algo extranjero al proceso electoral de EEUU, algo falso porque el consenso fundamental en la poltica exterior e interior desde el fin de la segunda Guerra Mundial fue el anticomunismo y la lucha en todos los planos contra la Unin Sovitica, hasta el derrumbe de la URSS, y contra Cuba hasta el da de hoy, a pesar del reciente deshielo.

Ese fue el consenso dominante, lo que explica que no haba ms que discutir, y que se poda atacar a saciedad a la URSS y a Cuba sin provocar mayores disidencias, para regresar rpido a la cuestin fundamental del barril de carne de puerco.

Empero, dos cabildeos relacionados con la poltica exterior de EEUU, el de los anticastristas y el de los sionistas con el AIPAC (American Israeli Public Affairs Committee), han actuado en las ltimas dcadas dentro de los procesos electorales porque movilizaban fuerzas electorales localizadas, votos que podan hacer elegir a candidatos de uno u otro partido.

De esos cabildeos el ms importante ha sido indudablemente el de AIPAC, una muy efectiva organizacin que cuenta con un impresionante abanico de apoyos, desde las iglesias evangelistas que quieren avanzar el regreso del Mesas hasta oligarcas financieros como Paul Singer, el de los fondos buitres, pasando por los magnates de casinos, como Sheldon Aldeson, o de los medios de difusin como Rupert Murdoch.

O sea que si hay constantes porque estn incrustadas en la ideologa y el consenso que comparten Republicanos y Demcratas-, estas son dos: el anticomunismo (que en gran parte ha devenido rusofobia) y el apoyo al sionismo. La poltica contra la Cuba revolucionaria ha ido perdiendo peso, pero no desapareci. Fuera de eso los asuntos internacionales, salvo la guerra en Vietnam por la conscripcin y el nmero de soldados muertos, o sea un asunto local, han tenido poca influencia en los procesos electorales, confirmando lo que deca el padrino ONeill, de que toda poltica es local y que lo importante es cmo distribuir, o alcanzar a meter la cuchara, en el barril con carne porcina que simboliza la produccin de la riqueza y el presupuesto del Estado.

Y aun si sigue siendo una constante, el cabildeo sionista ha perdido recientemente algunas plumas por las impertinentes intromisiones del primer ministro Benjamn Netanyahu en la poltica interior de EEUU, como cuando busc impedir que la Casa Blanca completara las negociaciones en el captulo nuclear con Irn para poner fin a la poltica de tensar las confrontaciones entre Washington y Tehern.

Y en eso llegaron Trump y Sanders

Y si algo hay de sorprendente en estas primarias es la importancia que adquirieron los candidatos Donald Trump (Republicano) y Bernie Sanders (Demcrata), en realidad dos outsiders que critican las elites que dominan sus propios partidos y el sistema de gobierno, y luego la preeminencia que adquiri la cuestin de cmo distribuir el barril de carne de puerco, porque en ambos casos la crtica principal de ambos candidatos est dirigida fundamentalmente a la inequidad que en EEUU reina en la distribucin de la riqueza socialmente producida.

El foco en lo local no ha cambiado, sino que se ampli a escala nacional y sistmica porque los antiguos problemas locales de desempleo, pobreza, falta de presupuesto para programas u obras sociales y la exclusin social, entre otros aspectos, han aumentado. Con el endeudamiento de los estudiantes y las familias, por ejemplo, la inseguridad sobre las perspectivas del bienestar se ha expandido a toda la sociedad, en una metstasis que explica el rechazo al estatus quo, al poder de las elites.

La actual serie de crisis en las finanzas, el estancamiento de la economa real, y la probabilidad de una recesin que golpee duramente a la ya fragilizada clase trabajadora, es algo que marcar no solamente lo que resta de las primarias sino la campaa electoral presidencial.

Si hay una forma de explicar esto, la ms fcil sera decir que el imperialismo neoliberal basado en la libertad de explotar a todo el mundo es aptrida por naturaleza al no reconocer fronteras ni pertenencia a un pas, y que est haciendo en EEUU lo mismo que hace en el exterior, subordinando la sociedad a una economa que funciona exclusivamente para las elites, y por lo tanto destruyendo la sociedad.

Introducir en esta caldeada primaria de ambos partidos el tema de la guerra regional en el Oriente Medio, y de una potencial guerra total porque Rusia est presente en Siria, es algo extremadamente peligroso para las elites, porque aumentar la clera que se manifiesta en las bases, que quieren soluciones a los problemas internos y no ms guerras, algo entendible si uno lee lo que el libertario y conservador politlogo estadounidense Charles Murray escribi en el Wall Street Journal (WSJ).

Murray seala (1) que si alguien se desmaya por el trumpismo, no debe engaarse pensando que se esfumar si Donald Trump no gana la nominacin Republicana. El trumpismo es una legtima expresin de la clera que muchos estadounidenses sienten por el rumbo que el pas ha tomado, y su aparicin era predecible. Es la parte final de un proceso que viene actuando desde hace medio siglo. El despojo de la identidad nacional histrica estadounidense. Y el politlogo agrega que la verdad central del fenmeno trumpista es que la totalidad de la clase trabajadora estadounidense tiene legtimas razones para estar muy enojada con la clase gobernante.

El politlogo enumera el despojo a que han sido sometidas las familias de la clase trabajadora y cmo, en el caso de la mitad de la poblacin, sus ingresos reales no han aumentado desde finales de los aos 60, mientras que las empresas estadounidenses exportaban millones de empleos, en especial los mejor pagados. Y este libertario conservador apunta, en las pginas del WSJ, que en tanto que asunto poltico tampoco es un problema que el seor Sanders no comparta el significado tradicional estadounidense de libertad e individualismo. Tampoco lo comparte el seor Trump. Ni, desde hace algn tiempo, muchos de la clase trabajadora blanca (que) se han unido a otros desertores del credo estadounidense.

Lo que es claro es que los opositores a Trump en el Partido Republicano (la dinasta de los Bush, y dems candidatos), y de Sanders en el Demcrata (Hillary Clinton), no comparten esta percepcin y por ello han concentrado sus propuestas en cambios para que todo siga igual en lo interior, enfatizando los asuntos de poltica exterior, algo que en el pasado nunca funcion en la poltica estadounidense.

Y es cada vez ms probable que si Trump y Sanders no pueden ser impedidos de alcanzar la nominacin, las elites en ambos partidos con la ayuda de los concentrados medios de difusin- sacarn de la manga las candidaturas salvadoras: los Republicanos con la de Michael Bloomberg, el magnate que cre la agencia Bloomberg, y los Demcratas la del vicepresidente Joe Biden, por ejemplo.

Es claro, para quien haya observado desde hace muchos aos el proceso poltico estadounidense a escala federal, desde las primarias hasta la campaa electoral, que nunca en el pasado hubo outsiders con tanto arrastre electoral. Los que existieron representaban franjas a veces extremistas del establishment, como el ultra-anticomunista Republicano Barry Goldwaters en las elecciones de 1960 y 1964, y el segregacionista y anticomunista Demcrata George Wallace en las primarias de 1964 a 1976, pero en ningn caso llegaron a constituir fenmenos polticos de una amplitud que pudieran amenazar los intereses de las elites dominantes de ambos partidos.

La reproduccin del sistema bipartidista estadounidense ha tenido altibajos pero nunca en la historia contempornea se top con una situacin en la cual las elites de ambos partidos, lo que ahora muchos llaman el deep State, que comparten el control del poder poltico, institucional y la economa de EEUU, se encuentran como centro de una repulsa tanto en las primarias de los Republicanos con la candidatura de Trump, como en la de los Demcratas con la de Sanders.

Lo que est sucediendo en estas primarias, como afirma Murray, ya tiene y seguir teniendo un impacto poltico y social, no importa las nominaciones y el resultado de las elecciones presidenciales, porque en lo tocante al barril de carne de puerco ya qued en claro que a menos de una revolucin poltica, como dice Sanders, seguir estando destinado a alimentar las voraces bajas de impuestos para los ricos de las finanzas y de los monopolios, y que gran parte del resto se lo seguirn comiendo el Pentgono y las empresas beneficiadas por el sistema.

Es por eso que la cuestin de la distribucin del barril se ha convertido en un cuestionamiento del sistema, lo que aclara la creciente aceptacin de la palabra tab, socialismo, como la que mejor describe lo que cerca de la mitad de los estadounidenses prefieren en materia de distribucin de la riqueza, en lugar del capitalismo a la Ayn Rand, de que lo justo es que los poderosos se coman el 90 por ciento de la riqueza, como sucede ahora.

La poltica exterior y el electorado

En materia de poltica exterior, Trump ha criticado la militarizacin de las relaciones internacionales y la poltica de lucha contra el terrorismo de George W. Bush y Obama, en particular la invasin de Irak y la destruccin de Libia, y tambin la poltica de cambio de rgimen en Siria, pronuncindose a favor de buscar soluciones polticas a los problemas internacionales en dilogo con Rusia.

Cuando uno escucha a los dems candidatos Republicanos, a pesar de todo lo que disgusta profundamente en Trump, no caben dudas de que l es el nico que tiene una dosis de realismo y que al menos promete oponerse a la destructiva poltica de Washington.

Por su parte Sanders dista de ser una paloma, pero tampoco es un halcn que asimil la tradicin neoconservadora, como su rival Hillary Clinton. No es ni de lejos un socialista en la lnea de un Jeremy Corbyn en Inglaterra, pero puede con justicia ser comparado a un Liberal canadiense, por ejemplo el (ex) primer ministro Leaster B. Pearson, autor de reformas sociales importantes y respetuoso de la ley internacional, lo que lo hizo pasar a la historia como constructor de la paz mediante la diplomacia y la negociacin.

Y sin lugar a duda, Sanders piensa as porque viene de Vermont, un estado lindante con Canad, y conoce los programas sociales en ese pas. Sus propuestas indican que quisiera terminar con el histrico atraso estadounidense en materia de polticas sociales, como en la salud y la educacin pblica, y solucionar de alguna manera el desempleo y la precariedad laboral, el endeudamiento de los estudiantes, entre otras cosas ms que constituyen las verdaderas preocupaciones de la mayora del pueblo estadounidense.

O sea que Trump y Bernie tienen en comn, y comparten con una gran parte del electorado potencial de ambos partidos, el inters de resolver problemas sociales y polticos internos, y no en seguir siendo el gendarme del mundo para completar la hegemona neoliberal, porque de eso se trata.

Claro, es muy temprano para saber si llegarn a ser nominados como candidatos a la eleccin presidencial, pero es tiempo de entender que ya dejaron una huella en la forma de hacer poltica dentro del contexto actual en EEUU, y que si Hillary es la ganadora de la nominacin, tendr que metamorfosearse bastante para lograr que los seguidores de Sanders voten por ella. Y lo mismo para el candidato Republicano que reemplace a Trump.

El establishment puede terminar imponindose por las buenas o por las malas, tiene los medios para eso, incluyendo los medios de prensa, pero como seala Murray, la consciencia de la realidad y lo que se dijo en esta campaa contra las elites dominantes no ser olvidado fcilmente por los millones de Republicanos y Demcratas que en esta ocasin se interesaron en la poltica precisamente porque estaban Trump y Sanders.


(1) Charles Murray, http://www.wsj.com/articles/donald-trumps-america-1455290458

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/175429


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