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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2016

El inmenso poder de la religin

Armando B. Gins
Rebelin


Pareca que la razn y la ciencia reduciran los espacios de la religin a territorios testimoniales. Sin embargo, en pleno siglo XXI, las fes religiosas, principalmente las monotestas, siguen siendo poderes morales y financieros donde las masas hallan motivos de consuelo, socializacin e identificacin para salvar sus cuitas ntimas y de convivencia cotidiana. La contraparte de esta evidencia universal es que la religin en sus diferentes advocaciones histricas y geogrficas es un resorte ideolgico imprescindible para mantener el capitalismo como sistema mundial irrebatible y a las elites poseedoras como dirigentes naturales del rgimen sociopoltico a escala global.

Es tanto el poder de la religin que suscita un respeto inmediato o temor reverencial a criticar su preponderancia social. Cualquier leve admonicin a su cuerpo doctrinal puede ser saldada como ofensa incluso dolosa por la instancia judicial. No se salvan ni los Estados presuntamente laicos y aconfesionales. Da lo mismo que se opongan argumentos racionales o que se use la irona para marcar distancias con sus creencias que no tienen ningn apoyo material en pruebas irrefutables. Los ateos o agnsticos deben callarse ante el influjo metafsico de sus tesis descabelladas o contra toda lgica basada en la escrupulosa razn y en la exposicin ponderada de crticas cientficas o filosficas que buscan la coherencia y el contraste de pareceres racional y exigente con hechos trados a colacin fuera de las emociones a flor de piel o de los sentimientos privados.

Da igual que hablemos de cristianismo, islamismo o judasmo y sus distintas escuelas, sectas o interpretaciones particulares. Todas esas fes monotestas se resisten a irse de la plaza pblica que ocupan por derecho divino, utilizando la ignorancia o la tradicin o la cultura ancestral como vehculos para continuar sometiendo a la gente llana y a sus feligreses ms militantes a los intereses ocultos de las clases poseedoras. Criticar la religin es tab; la irracionalidad de las emociones religiosas liga a los creyentes ms desaforados a sus doctrinas y a sus representantes ms seeros de una forma obscena y antihumana. El calor que ofrecen las religiones resulta directo y deslumbrante, como una especie de hogar donde todo est prescrito, cada cosa en su sitio y no reclama el esfuerzo de pensar por s mismo.

La repeticin constante de letanas sin significado racional y la exuberancia de las liturgias que despliegan por doquier de manera espectacular provocan adhesiones piadosas ante la inmensidad de tales decorados fastuosos. La puesta en escena engulle la capacidad de pensar la realidad en toda su complejidad. Las religiones ofrecen respuestas emocionales que apabullan las mentes ms lcidas y las mentes atrapadas en la miseria diaria. Esa relacin con la desmesura de palabras huecas y acontecimiento colosal permite a los fieles encomendarse a los dioses como sustitutos o placebos de las realidades que conforman sus vidas. En la grey que llora junta sus lamentos vitales, sociales y polticos encuentran la fuerza para seguir adelante.

Aunque lo dijera Nietzsche en un arrebato de ira intelectual, no resulta tan claro que ningn dios haya muerto definitivamente. Estn escondidos en sutilezas y refinamientos varios, incluso en las sociedades occidentales que presumen de ser culturas avanzadas. A pesar de las verdades cientficas que se abren paso cada da, el pensamiento general sigue dominado por ideas religiosas que alimentan una moral difusa favorable a ver la realidad como una complejidad imposible de atrapar o cercar por la razn. La religin mantiene un estatus sentimental e intocable que supera los hechos probados y contrastados por la argumentacin serena y ponderada.

Mucha gente manifiesta distancias retricas con el hecho religioso, pero cuando la ocasin lo requiere huye de enfrentarse a la irracionalidad de sus prcticas terrenales y preceptos morales, lo que da un oxgeno imprescindible para que permanezca viva su esencia tradicional. Esencia, por otra parte, con ramificaciones en la educacin y en instancias de poder seculares. Son fundamentos que permean el sistema social de abajo arriba y viceversa, a la chita callando, como el agua, adoptando la forma de los espacios concretos, filtrndose en la vida real de modo subrepticio y falaz pero de manera contundente y eficaz. Sus mecanismos y dispositivos estn presentes en toda las esferas: ideolgica, econmica, social, cultural y poltica. Es difcil sortear o escapar de su sombra totalizadora. Toparse con la religin resulta fcil aunque no siempre advirtamos su presencia.

Esa arrogancia de las religiones para instituirse en poseedoras sin ttulo suficiente de la verdad moral es un dique invisible que sigue preconizando la resignacin ante la realidad social en conflicto. De ah que sus dos campos de batalla predilectos sean la educacin y la pobreza. Hacer personas sumisas y temerosas es lo mejor para el poder establecido. Y lanzar mensajes de dulzura y compasin a los pobres y marginados (hacindolos suyos en espritu sin ofrecer alternativas a sus miserables vidas aqu y ahora) es el mantra para convertir el dolor causado por el capitalismo en germen inocuo en el escenario poltico, desactivando la crtica constructiva y la oposicin irreconciliable entre explotadores y explotados.

La figura populista, en el peor sentido de la palabra, del papa Bergoglio viene a llenar este mundo injusto y crudamente real mediante discursos en los que pone de manifiesto las consecuencias del capitalismo en el que vivimos inmersos sin sealar a los entes culpables de la situacin. Nada nuevo en la via del seor. Los conceptos intelectuales son los mismos de siempre: el mal, el pecado, lo diablico Esa lucha eterna entre el bien y el mal en el que los agentes materiales y las causas reales se desvanecen a travs de palabras engaosas y mentiras instrumentales. Todos somos responsables de lo que somos, no hay culpables que buscar. En el mal reside todo lo que padecemos. Reza y resgnate a tu suerte. No te subleves. No pienses. El cristianismo (u otro monotesmo) es la solucin. No pretendas indagar demasiado en la compleja realidad: huye de los efectos como puedas y no caigas en la tentacin satnica de hurgar en las causas de los fenmenos sociales y polticos.

Vivimos en una suerte de falacia universal en el que la impotencia para luchar por un mundo ms justo y equilibrado nos echa irremisiblemente en las manos vidas de la irracionalidad absoluta. Unas veces por desgana intelectual y otras porque el adversario es tan poderoso que rendimos armas con el fin de salvar los muebles del devenir cotidiano.

Las religiones siguen ah, fuertes y arteras, poniendo freno a la Humanidad para llegar a ser lo que ella mismo decida qu quiere ser: racionalmente, en dilogo crtico con la realidad, avanzando sin doctrinas ni fes basadas en el milagro y en morales maniquestas antediluvianas. El consuelo que ofrecen a las masas oprimidas por el capitalismo es mantenerlas sujetas a la ignorancia de la mansedumbre.

La maldad desnuda y etrea, sin nombre ni apellidos, es el sustento primordial de las religiones contemporneas. La complejidad dialctica de la razn es su mayor enemigo. Qu sera de las religiones sin la maldad y su secuela de legiones de pobres, marginados, refugiados, parados y damnificados por la explotacin laboral? La moral religiosa es, en definitiva, un refugio en forma de crcel intelectual para que la gente no piense por s misma y alcance sus propias conclusiones y certezas desde la duda racional y las argumentaciones lgicas y coherentes. Antes y ahora, en pleno siglo XXI.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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