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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2016

Vagos, violentos y desadaptados: la calle como espacio de aprendizaje poltico

Carlos Pazmio
CEPY/Rebelin


Entre los das 15 y 16 de febrero estudiantes del Colegio Montfar confrontaron a la Polica Nacional, luego de agotar un dudoso proceso de dilogo con las autoridades de la institucin y del Ministerio de Educacin, al ser notificados sobre el traslado de algunos profesores del plantel hacia otras unidades educativas. Duramente reprimidos (un saldo de 21 detenidos entre ellos 16 menores de edad), el peso de la maquinaria comunicacional del Estado levant una extensa campaa de descalificacin y repudio contra los estudiantes, rescatando el papel de la Polica Nacional, el Ministerio de Educacin y las autoridades del colegio como mediadores del conflicto.
A continuacin realizar un corto anlisis sin detenerme en los detalles de los hechos, para quien est interesado en los testimonios de los estudiantes, padres de familia y autoridades, puede acudir a las diferentes fuentes que circulan en redes sociales y medios de comunicacin, centrar el debate en el discurso hegemnico del Estado frente a la violencia y movilizacin popular, el fantasma del ex MPD, la adolescencia y la calle como espacio de aprendizaje poltico.

No hay razones para la violencia. Cundo olvidamos que nada vino gratis?

La violencia popular, que bien puede ser entendida como un acto de respuesta organizado o espontneo ante un hecho particular de importancia para la sociedad o un sector de ella, ha sido un fenmeno constante a lo largo de la historia, al punto de desencadenar procesos de profunda transformacin de la sociedad. En nuestro pas no fueron pocos, sino innumerables los hechos legtimos de violencia popular contra gobiernos neoliberales, los resultados fueron tres presidentes destituidos, inclinando la correlacin de fuerzas a favor de una tendencia anti neoliberal que abri las puertas a la Revolucin Ciudadana, adems, funcion como espacio de articulacin multiclasista.
Pero, a dnde quiero llegar con esta adulacin a la violencia popular durante el neoliberalismo duro? Las transformaciones, el reparto de la renta, la creacin de infraestructura y el mejoramiento de servicios y necesidades bsicas que no estaban siendo garantizadas por el Estado, como la educacin, se consiguieron en gran parte porque el pueblo en la calle las defendi y conquist mediante el ejercicio de la violencia, la movilizacin y la organizacin. Es decir, no ha existido nada gratis durante la Revolucin Ciudadana, el pueblo ha empeado vidas, pagado con crcel y heridos los avances actuales, cre si se quiere, el espacio idneo para que el Estado intervenga en la sociedad como lo hace ahora.

La condena de la violencia popular por parte del gobierno, supone que todas las contradicciones propias del neoliberalismo ha sido superadas en la Revolucin Ciudadana, y que el Estado, haciendo uso legtimo del monopolio de la fuerza, el carcter normativo y ejecutor de polticas pblicas, es el nico con potestad para tomar decisiones, sin contar con la sociedad, o condicionando su participacin mediante mecanismos burocrticos.

Humanismo policaco. Justificando y legitimando la violencia hacia los otros.

Est claro que pueden existir individuos que marquen la diferencia entre las fuerzas represivas del Estado, pero no son los individuos aislados quienes representan por si mismos distintas formas de actuar en una estructura donde ocupan una funcin especfica, en este caso, mantener el orden interno. Ahora, sin querer entrar en un debate sobre seguridad y Estado, me parece pertinente recordar este punto para evitar en lo posible comentarios tales como los policas tambin son seres humanos, slo cumplen sus funciones, es un trabajo como cualquier otro.
En las filas de la Polica Nacional y las Fuerzas Armadas existen muchos efectivos de origen popular, pero no es la procedencia de clase la que determina su carcter en el cuerpo policial, basta recordar la constitucin vertical y autoritaria de los aparatos represivos del Estado para entender que las decisiones vienen desde los mandos y deben ser obedecidas; aguantar o reprimir. Tampoco cumplen con sus funciones simplemente, existe toda una construccin mental del enemigo interno, heredera de la Doctrina de Seguridad Nacional, an vigente, pese a estar maquillada en escudos con mensajes engaosos. Tampoco es cierto que se trate de un trabajo ms, las fuerzas represivas no generan ningn tipo de excedente, salvo golpes y moretones.

El reportaje televisivo de la mujer polica herida durante la manifestacin del 15 de febrero justifica el uso de la violencia contra cualquier tipo de protesta, muestra el carcter racional, funcional y rol social de los cuerpos represivos en la sociedad capitalista, argumenta a su favor en el derecho exclusivo del Estado para disuadir a un sector de la sociedad mediante el uso de la fuerza, legitimada y respaldada jurdicamente, adems de montar todo un espectculo de emociones encontradas por la agresin a una polica, primero por ser mujer, segundo por venir de un hogar popular, y tercero por cumplir su trabajo. Finalmente, se trata de un teatro macabro que promueve la identificacin sentimental de la sociedad con la polica.

Carta principal o as bajo la manga?

El ex Movimiento Popular Democrtico (MPD), ahora Unidad Popular (UP), tuvo la hegemona en los principales gremios y centros educativos del pas desde fines de los aos 60, cumplieron un importante papel en la defensa de los derechos de estudiantes y maestros (en honor a la verdad), pese a tratarse de una estructura poltica e ideolgicamente reaccionaria.

Aliado en un inicio de la Revolucin Ciudadana, el ex MPD ha sido el as bajo la manga preferido del gobierno para anular y deslegitimar cualquier tipo de organizacin popular que no simpatice con su programa, o fundamentando su criterio cuando esta estructura, an fuerte y disciplinada, ha sabido aprovechar la coyuntura para trepar en lugares ajenos a su influencia, como es el caso de la defensa legal de los estudiantes del Montfar por figuras del ex MPD.

Pese a existir manifestaciones populares de descontento que poco o nada tienen que ver con el ex MPD, el aura meditica de identificacin de lo popular con este partido, imposibilita a la sociedad ecuatoriana pensar en la organizacin y movilizacin sin este fantasma constante. Existe as una relacin causa efecto que se ha enquistado en la opinin pblica y en los analistas polticos de la ms variada ndole, reduciendo los anlisis a juicios apresurados e ideolgicos.

Manipulacin y mito. Los adolescentes estn imposibilitados fisiolgicamente para hacer poltica?

Equivocados, manipulados, vagos, vayan a estudiar, no saben por qu protestan, longos, entre otros, han sido las palabras preferidas por el sentido comn avivado durante el asedio meditico contra los estudiantes del Montfar, basta mirar muros de Facebook y mensajes Twitter, para recordar nuestra triste historia de herencia colonial de la que an no podemos escapar.

Al ecuatoriano adulto, no le cabe duda que los adolescentes son sujetos de manipulacin e irracionalidad (alguien seguramente buscar pruebas en la efervescencia hormonal), no pueden ni podrn, tener criterio propio. No obstante, estos estudiantes han demostrado como las fases de negociacin son veladas por el carcter adulto cntrico de nuestra sociedad (caso omiso de las nuevas autoridades de la institucin y de los funcionarios del Ministerio de Educacin). Entonces, qu otra salida tenan?, la violencia?

Para comprender el fenmeno violento, mediado por un pasado intacto de largas y extensas jornadas de combate callejero en este colegio, hay que fijarse en el sistema de identificacin de los estudiantes con el plantel educativo. No se trata de cualquier colegio, es el Colegio Montfar, por lo tanto habr que preguntarse, qu significa ser del MH?, qu es ser un seor Montfar?, quines son estos profesores clsicos y respetados ahora reubicados, educadores de generaciones enteras? Existe un espacio sagrado en esa relacin profesor-alumno que no puede ser arrebatado de un da al otro. Cuando los estudiantes se refieren a estos profesores como los mejores, van ms all del respeto y la estima (sin duda podrn estar atravesadas relaciones de dominacin entre profesor-alumno), lo hacen desde un apego sensible hacia ese sistema identificacin que ha hecho del colegio un solo organismo, indisociable e intransferible. Al no medir las consecuencias de promover el traslado de profesores con una carga simblica tenaz entre los estudiantes, resulta casi obvio que se produzcan hechos como los ocurridos el 15 y 16 de febrero, mucho ms si son negadas las etapas de discusin del proceso.

La violencia volver y ser legitimada nuevamente.

Pese a todas las crticas, acusaciones morales, argumentos liberales de igualdad ante la ley, la violencia volver y ser legitimada por la sociedad cuando la emergencia de crisis y conflictos provoquen la respuesta violenta del pueblo.

Durante los aos 90 los jvenes de colegios como el Montfar, Meja o Montalvo, salan a pelear en la calle por cosas que ahora pueden parecer un chiste de mal gusto, aumento del valor de un litro de leche o un pan. Ahora, la protesta callejera, la organizacin y movilizacin popular, han sido deslegitimadas (o tomado un tono tibio hasta donde no causen problemas), asentndose en la psiquis de la sociedad ecuatoriana la idea de que no hay razones para protestar u organizarse.

La calle volver a figurar como espacio de aprendizaje poltico, organizador, cohesionador y catalizador de poder, de poder popular. Quienes la disputen, manifestantes y fuerzas represivas, sabrn a qu atenerse y cules son las reglas del combate callejero, an cuando la represin no las respete. Este regreso se reencontrar con el mal sabor de la crisis y la desesperacin social, sentimientos de odio, rencor, dolor, impotencia, que ms all de crticas moralistas, toman cuerpo en la calle, aglutinando a diferentes sujetos bajo similares posiciones.

Finalmente, estos estudiantes han visibilizado una vez ms el carcter racista y clasista de la sociedad ecuatoriana, el oportunismo de la poltica adulta que pretenden capitalizar su descontento con fines electorales, el espritu represivo del Estado, pero tambin nos dicen a gritos y entre dientes, que es necesario repensar la organizacin y movilizacin popular, lo dicen cuando rechazan las viejas formas de hacer poltica (lase ex MPD), o las pretensiones hegemnicas de un proyecto en crisis.

Carlos Pazmio: Investigador CEPY, licenciado en Comunicacin para el Desarrollo, candidato a magster en Sociologa FLACSO-Ecuador, ex estudiante del Colegio Juan Po Montfar.
Facebook: Centro de estudios Patricio Ycaza Blog:cepyecuador.wordpress.com


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