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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2016

Intervencin del economista en la reunin del Plan B en Paris
Sobre el Plan B

Frdric Lordn


Escuchad. No voy a decir cosas muy tcnicas ni cosas muy nuevas. Tampoco voy a presentaros un plan de arquitectura monetaria alternativa. Me gustara simplemente insistir en lo que a mi modo de ver son los aspectos fundamentales que estn en juego bajo el nombre de plan B.

Y sin embargo me gustara empezar destacando que hay carencias en la racionalidad elemental del aprendizaje que no solo son errores intelectuales, sino que casi son crmenes polticos, atentados a la esperanza en todo caso. Por ejemplo, aquellas que el grillete del euro anula radicalmente y que solo podrn restaurarse rompiendo este grillete.

Precisamente ahora que podra hacerse, despus de mucho tiempo, un anlisis del callejn sin salida liberal, de una forma de tirana burocrtica que anula toda posibilidad de compromiso, resulta que el espectculo de un gobierno de izquierdas griego, en este caso molido a palos en las trastiendas de la eurozona no basta para dejarlo claro, y que ellos mismos, algo sonados, continan buscando lo inencontrable y queriendo lo imposible: el euro progresista y democrtico, el equivalente monetario del elefante rosa o de la gran serpiente emplumada.

Y es como si esta izquierda fuera a incorporarse lo quiera o no, se d cuenta de ello o no al gran partido unificado del euroliberalismo, al menos en lo que constituye en realidad su ltimo argumento, lo que yo llamo el fetichismo del euro: el euro intransitivo, el euro por el euro sean cuales sean las consecuencias.

Pues finalmente, a la pregunta Por qu el euro?, el europesta intransitivo y sus partidarios solo saben responder porque s, o cuando tratan de decir otra cosa seamos escrupulosos, a veces tratan de hacerlo lo nico que puede sacarse en claro de sus palabras es una profesin de fe propia de Miss Francia quiero decir, por supuesto, de Miss Europa en la que el ncleo argumental consiste en la idea de la paz y la amistad entre los pueblos.

Y como pasa con todos los sonmbulos si no queremos hacerlos caer del podio, es sin duda peligroso despertarlos de su sueo alucinado para hacerles ver que, de acuerdo con sus propios criterios, la construccin europea es un terrible fracaso. Jams se haban visto tantas tensiones polticas de todo tipo, y tan cerca del punto crtico: la extrema derecha nacionalista a las puertas del poder, separatismo endmico, pueblos que se levantan unos contra otros, etctera, etctera.

Si la construccin europea fracasa hasta ese punto, y segn sus propios criterios, es sin duda que algo ha sido mal pensado por el camino, pero qu? La respuesta a esta pregunta es la siguiente: lo que ha sido mal pensado en realidad, lo que no ha sido pensado en absoluto son las condiciones de posibilidad de la constitucin de una comunidad poltica. La eurozona dice morir en deseos de ser una comunidad poltica. Pero la verdad es que nunca ha querido serlo, en todo caso no en el sentido de una comunidad poltica democrtica. Puede llegar a serlo? Esta es la cuestin.

Yo pienso, desgraciadamente, que la respuesta es no, y que despus de tantos aos perdidos, ya va siendo hora de admitirlo. De entrada, la respuesta es no, porque, contrariamente a lo que dice una leyenda urbana mediticamente muy difundida, liberalismo y democracia distan mucho de ser sinnimos perfectos.

Digamos, ms bien, que debido a su carcter de doctrina para uso de los ms fuertes, el liberalismo tolera muy bien ser de geometra variable. Por ejemplo, el neoliberalismo europeo no ve ningn problema en el hecho de ser un iliberalismo poltico profundamente antidemocrtico. Ahora bien, hasta hace poco, el neoliberalismo era la tendencia general de todos los Estados miembros. Y luego vino Syriza! Y Podemos, y la coalicin portuguesa, alternativas un tanto balbuceantes, incluso timoratas respecto a esta cuestin decisiva del euro, pero finalmente las cosas parecen poder cambiar y la esperanza parece renacer.

Y digo, sin embargo, que las cosas cambiarn todava ms, tarde o temprano llegar el momento en que toparn con un obstculo singular, y singularmente resistente. Estoy pensando en Alemania.

Es todava posible hablar de Alemania en Francia? Tendra que serlo, sobre todo teniendo en cuenta que nada impide en principio caminar entre los escollos de la negacin y la eructacin germanfoba, pero la catstrofe es que el riesgo de topar con el segundo escollo conduce sistemticamente al primero, y que a fuerza de tener miedo de los malos pensamientos, uno acaba prohibindose pensar en nada, y en particular en la idiosincrasia monetaria alemana.

La izquierda sufre un ataque de pnico intelectual de tal magnitud que se ha vuelto casi imposible pensar cualquier cosa de este tipo. Tiene que haberse producido, efectivamente, una terrible regresin terica para que un anlisis como este sea groseramente reducido o equiparado a una evidentemente y tambin aberrante psicologa del espritu de los pueblos, o liquidado, de manera an ms clara, etiquetndolo de esencialismo, que es en este caso el asilo de la ignorancia voluntaria y del rechazo a analizar.

Acaso hay que renunciar, por ejemplo, a reflexionar sobre la relacin particular que tiene la sociedad norteamericana con las armas de fuego, o a la que tiene la sociedad francesa con el laicismo o con el Estado, por temor a caer en el esencialismo americanfobo o francfobo?

Acaso las ciencias sociales, y especialmente las histricas, no tienen, entre otros, el objetivo de poner en evidencia los imaginarios comunes y de analizar las creencias colectivas de larga duracin, que solamente las ciencias llamadas humanas y especialmente las que tienen que ver con la economa, sumidas como estn en un individualismo metodolgico, han perdido totalmente de vista?

El drama de la poca es que sea preciso hacer tantos prembulos para tener alguna posibilidad de establecer una discusin analtica un poco seria sobre la cuestin alemana, discusin analtica seria cuyo criterio mismo es que sea posible tenerla en presencia de nuestros camaradas alemanes, una discusin que evidentemente no puedo desarrollar aqu in extenso, pero que resumir en unos cuantos puntos que me parecen esenciales:

1/ Es indiscutible que todos los Estados miembros, arrastrados desde hace dcadas por la ola neoliberal, han validado con entusiasmo los principios ideolgicos de la eurozona y se han hecho corresponsables de ellos. Todos!

2/ Esta unanimidad no debe impedirnos ver que, entre todos estos estados, Alemania juega a algo que solo le pertenece a ella, porque lo ha heredado de su historia, que es una historia singular.

3/ A medio camino entre la obsesin y la conjuracin de los traumas del pasado, y la reinversin simblica en una identidad de sustitucin, la sociedad alemana ha establecido con la moneda una relacin que no tiene equivalente en Europa y de la que puede afirmarse que es una relacin metapoltica en la medida en que difiere por su naturaleza y tambin por su temporalidad de las ideologas polticas ordinarias.

4/ Se ha seguido de ello que la adopcin de su modelo institucional y concretamente la beatificacin de los principios de poltica monetaria y presupuestaria en unos textos intocables los de los tratados han sido las contrapartidas sine qua non de la entrada de Alemania en la eurozona. Desde ese mismo instante, el carcter antidemocrtico del euro estaba sellado, pues se sale de la democracia en el momento en que las orientaciones fundamentales de la poltica econmica se sustraen a la deliberacin de cualquier instancia parlamentaria ordinaria.

5/ Es verdad, sin embargo, que, como toda formacin poltica, por mucho que haya durado, la creencia monetaria alemana producida por la Historia, pasar con la Historia.

6/ Y como toda creencia, por lo dems, tampoco esta es unnimemente aprobada en la sociedad alemana. El hecho de que tenga sus disidentes, a semejanza precisamente de los camaradas aqu presentes, no impide que de momento sus races sean profundas. Quiero destacar un dato elemental de una interpretacin tosca de las prcticas monetarias: que en Alemania el 80% de los pagos se hacen en efectivo, mientras que en Francia son el 56% y en Estados Unidos el 46%. Un dato significativo, sin duda!

Y que la utilizacin de las tarjetas de crdito es realmente objeto de una reprobacin social. Digo esto pensando en quienes creen que la fijacin monetaria es algo exclusivo de las lites alemanas o del capital alemn, y que el resto de la sociedad est exenta de ello. No es as en absoluto, y podra sealar otros muchos indicios

7/ Sabiendo dnde se encuentra ahora el centro de gravedad de la sociedad alemana por lo que respecta a esta cuestin monetaria, habra que preguntarse cules son las probabilidades de que llegue a desplazarse, con qu amplitud y sobre todo a qu velocidad. Si, como yo creo, es una cuestin que puede alargarse en el tiempo, el problema es que hay poblaciones en Europa que ya no tienen tiempo de esperar.

Es posible retomar sintticamente todos estos elementos diciendo lo siguiente:

Tenemos en Europa el problema general del neoliberalismo, pero ese problema general conoce una complicacin particular, que es la complicacin ordoliberal alemana.

Por qu doy tanta importancia a la idiosincrasia monetaria alemana? Porque es el grillete del grillete, y porque para m es el ncleo de una anticipacin razonada que podra hacernos ganar tiempo hacindonos recorrer, mediante el pensamiento, el proceso del plan A para llegar inmediatamente a su trmino.

Y al final del trayecto, e incluso habiendo superado todas las dems dificultades, la complicacin alemana ser, me temo, el ltimo obstculo con el que toparan las tentativas de reconstruccin de un euro democrtico. Pues si por algn motivo extraordinario dicho proyecto llegase a tomar consistencia, sera Alemania podemos estar convencidos de ello la que tomara el portante, posiblemente acompaada, por lo dems! Y he ah la hiptesis sistemticamente olvidada, la tarea ciega por excelencia, el Grexit! Y la paradoja del otro euro, del euro democratizado, es que fracasara en el momento mismo en que se dispone a triunfar, por el hecho mismo de que se dispone a triunfar.

Es este trmino el que condena del modo ms concluyente el proceso, la simple probabilidad de su nacimiento es de las ms dbiles. Y es que el inicio de una prueba de fuerza en el seno de la eurozona supone prcticamente algo ms que un simptico partido progresista europeo.

Hace falta tambin el acontecimiento efectivo y simultneo de un nmero suficiente de gobiernos verdaderamente de izquierdas. Pero cunto tiempo ha tenido que pasar para que se produjera en Grecia la primera verdadera alternancia poltica en la Unin Europea? Y cul sera la probabilidad conjunta de esta alineacin de planetas que estoy evocando? Es casi nula, y todo el mundo aqu lo sabe.

Entre los numerosos errores intelectuales del internacionalismo, del internacionalismo imaginario, est el que consiste en esperar, con el arma en posicin de descanso, la sincronizacin del levantamiento continental. Pues bien, en ese caso, y al igual que los alabarderos de la pera que cantan Marchons, marchons! marcando el paso, con opositores como nosotros el euro tiene todava muchos das por delante. De todo esto se puede extraer una conclusin y solo una. La conclusin del internacionalismo real.

El internacionalismo real no es el permanente ojo avizor ante el desierto de los trtaros, sino la coordinacin de las izquierdas europeas para trabajar en todas partes para el advenimiento de la ruptura y la salida, y luego empujar al primero que est en situacin de efectuarla, sin que tenga que esperar a los dems!

El internacionalismo real es tambin el abandono de esta aberracin que solo sabe medir los lazos entre los pueblos con el rasero de la integracin monetaria, la circulacin de las mercancas o la de los capitales. Y es, a contrario, el tejido de todos los dems lazos posibles e imaginables: cientficos, artsticos, culturales, estudiantiles, tecnolgicos e industriales, etctera, etctera.

El internacionalismo real es, en fin, salir de la intimidacin, de la intimidacin de la extrema derecha nacionalista, o ms exactamente, de la intimidacin por parte del eurobloque liberal que solo tiene este argumento en reserva. Sin duda la extrema derecha es abominable, pero tambin es providencial porque permite tratar de nacionalistas xenfobos a todos aquellos que proyectan irse de la jaula de hierro. Es muy simple: si en Francia no existiese el FN, habra que inventarlo!

Y lo peor de todo es que es una izquierda lo bastante burra como para dejarse asustar, incluso, a veces, para hacer su propia aportacin a ese argumento tan infame como engaosamente seductor. Pues por razones que tienen que ver a la vez con los temores de su electorado de ms edad, con su ideologa econmica invertebrada, y con las colusiones que ya ha establecido con el capital, un FN llegado al poder no tomara la decisin de salir del euro. Y es aqu donde los errores intelectuales se convierten en desastres polticos.

La izquierda amedrentada se habr dejado arrebatar sin combatir una alternativa que el que se la habr arrebatado ni siquiera llegar a explotar. Esplndido resultado! Y de qu alternativa estamos hablando? De la nica que representa en realidad una diferencia radical, una de estas diferencias que el cuerpo social teme no ver jams propuesta en el mbito de los partidos llamados de gobierno, desde ahora reducidos al grillete continuo de la derecha general. Es por ello que, muerto de hambre poltica, el pueblo se lanza con avidez sobre la ms pequea diferencia que pasa por su campo de visin, aunque sea la peor, la ms falaz, la que esgrimen los ms inmundos demagogos, porque es al menos una diferencia y porque crea la sensacin de que es posible respirar de nuevo.

Si no tuviese miedo de su sombra, sera la izquierda la que podra introducir una diferencia polticamente digna: la diferencia de la salida del euro, la diferencia de la soberana democrtica restaurada, la diferencia del bloqueo a toda poltica progresista finalmente levantado, la diferencia del internacionalismo real.

Si consigue liberarse de todas las prohibiciones imaginarias y de todas las inconsecuencias que hasta ahora han pesado terriblemente sobre la cuestin del euro, el plan B no tiene otro sentido que ser el portador histrico de esta diferencia. Y en el punto en que nos encontramos, digmoslo con nfasis: es el nico restaurador posible de la democracia.

Pero todava es necesario que tenga las ideas un poco ms claras, y un poco menos de esa pusilanimidad que ha condenado a Tsipras a tantas renuncias, a tantas derrotas y, desgraciadamente, a fin de cuentas, a tantas humillaciones.

Tener las ideas claras es saber por qu se pone uno en movimiento y por qu se lucha. Si no quiere ser la B de Baratija o de Bagatela, el plan B tendr que apuntar como mnimo al objetivo mximo, que es de hecho el mnimo admisible: el objetivo de la plena democracia.

La plena democracia es la desconstitucionalizacin integral de todas las disposiciones relativas a la poltica econmica y su repatriacin al permetro de la deliberacin poltica ordinaria. Pero es esto mismo lo que es radicalmente imposible en la medida en que el euro democrtico es una realidad que tiene casi tan poco de realidad como un crculo cuadrado.

La experiencia decisiva para convencerse de ello consistira en preguntar simplemente a los electores alemanes si aceptaran que el estatus del Banco central, la naturaleza de sus cometidos, la posibilidad de la financiacin monetaria de los dficits, el nivel de las deudas, la posibilidad de anularlas, en fin, si aceptara que todas estas cosas se sometiesen a la deliberacin ordinaria de un Parlamento europeo. Y, por supuesto, tambin cuando las posiciones alemanas en estos asuntos quedasen en minora.

Pues, en una primera aproximacin la democracia es eso! No creo que la respuesta a esta cuestin vaya a tardar mucho Y no ser ciertamente la que dan por descontada los amigos del euro democrtico o los del Parlamento del euro. Pues bien, y lo digo de pasada, esta es ciertamente una de las aberraciones paradjicas y caractersticas del poder de intimidacin del euro: que sea posible ver a los representantes de la izquierda radical y a los de la socialdemocracia ms inofensiva haciendo causa comn en torno a las mismas ilusiones, y topando con el mismo miedo a cuestionar lo que tiene que ser cuestionado.

El plan B como bagatela, como fruslera, sera flaquear ante el nico compromiso importante la democracia total, y montar una mquina de guerra de cartn-piedra para recuperar algunas anulaciones de deudas, o la autorizacin de un punto suplementario de dficit presupuestario, dejando por supuesto intacto el resto de la estructura antidemocrtica.

Lamentablemente, es muy posible, si se quiere, como ha hecho Tsipras y como han hecho otros despus de l, posponer el mximo tiempo posible el momento en que las contradicciones se quedan totalmente al desnudo: rechazar la austeridad y quedarse en el euro, tener el euro y la democracia. Estas promesas son insostenibles porque son contradictorias, y peor que contradictorias, sin solucin de compromiso posible. Si quiere dejar atrs la inanidad, la izquierda tendr que sanar de este mal de la poca que es la inconsecuencia, es decir, tendr que aprender a querer las consecuencias de lo que quiere.

Quiere realmente la democracia? Entonces no puede querer quedarse en el euro.

No es posible salvar nada haciendo concesiones respecto a los principios ms fundamentales de la poltica, pues nunca se ha salvado nada a costa de la democracia.

En general, antes de ir a la guerra, conviene tener muy claros cules son los objetivos. Excepto para los amantes de las tisanas, no tiene ningn sentido guardar el rabo de las cerezas. Corresponde, pues, a la izquierda del plan B decidir si quiere tomarse una infusin y buenas noches, o si quiere finalmente recuperar el sabor de la verdadera poltica.

Muchas gracias.



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