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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2016

De cmo una flor rosada ha derrotado a la nica superpotencia mundial
La guerra del opio de EEUU en Afganistn

Alfred W. McCoy
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Despus de pelear la guerra ms larga de toda su historia, EEUU est al borde de la derrota en Afganistn. Cmo puede haber ocurrido? Cmo es posible que la nica superpotencia mundial haya estado continuamente batallando durante quince aos, desplegando 100.000 de sus efectivos ms especializados, sacrificando las vidas de 2.200 de esos soldados, gastando ms de un billn de dlares en sus operaciones militares, dilapidando 100.000 millones ms en la supuesta construccin y reconstruccin de la nacin, ayudando a crear, financiar, equipar y entrenar a un ejrcito de 350.000 aliados afganos, y no sea capaz an de pacificar una de las naciones ms empobrecidas de la tierra? Tan deprimente es la perspectiva de estabilidad en Afganistn para 2016 que la Casa Blanca de Obama ha cancelado no hace mucho una planeada retirada de otro contingente de soldados, dejando alrededor de 10.000 efectivos de forma indefinida en el pas.

Si fueran a cortar el nudo gordiano de complejidad que es la guerra afgana, encontraran que en el fracaso estadounidense all radica la mayor paradoja poltica del siglo: el gigantesco ejrcito de Washington ha sido parado en seco en su ruta de acero por una flor rosada, la amapola del opio.

A lo largo de ms de tres dcadas en Afganistn, las operaciones militares de Washington slo han tenido xito cuando se han adaptado de forma razonable y cmoda al trfico ilcito del opio en Asia Central, y han fracasado cuando no lo han complementado. La primera intervencin estadounidense en el pas se inici en 1979. Tuvo parcialmente xito porque la guerra indirecta que la CIA lanz para expulsar a los soviticos de all coincidi con la forma en que sus aliados afganos utilizaban el abultado trfico de drogas del pas para sostener su larga lucha de una dcada de duracin.

Por otra parte, en los casi quince aos de continuos combates desde la invasin de EEUU en 2001, los esfuerzos de pacificacin han fracasado en gran medida a la hora de frenar la insurgencia talibn porque EEUU no ha podido controlar el enorme excedente del comercio de herona del pas. Como la produccin de opio se increment desde un mnimo de 180 toneladas a unas monumentales 8.200 en los primeros cinco aos de ocupacin estaodunidense, el suelo de Afganistn pareca haberse sembrado con los dientes de dragn del antiguo mito griego. Cada cosecha de amapola produca un nuevo plantel de combatientes adolescentes para el creciente ejrcito de guerrillas de los talibn.

En cada una de las etapas de la trgica y tumultuosa historia de Afganistn de los ltimos 40 aos la guerra encubierta de la dcada de 1980, la guerra civil de la dcada de 1990 y la ocupacin de EEUU desde 2001-, el opio jug un papel sorprendentemente importante en la conformacin de los azares del pas. En uno de los giros del destino ms amargos de la historia, la forma en que la ecologa singular de Afganistn convergi con la tecnologa militar estadounidense transform esta nacin remota y sin salida al mar en el primer narcoestado del mundo, un pas donde las drogas ilcitas dominan la economa, definen las opciones polticas y determinan la fortuna de las intervenciones extranjeras.

Guerra encubierta (1979-1992)

La guerra secreta de la CIA contra la ocupacin sovitica de Afganistn durante la dcada de 1980 ayud a transformar las anrquicas zonas fronterizas afgano-pakistanes en el semillero de una expansin sostenida del trfico mundial de la herona. En las reas tribales, el Departamento de Estado informara en 1986, no hay fuerzas policiales. No hay tribunales. No hay impuestos. Ningn arma es ilegal El hachs y el opio estn con frecuencia a la vista. En aquel entonces, ese proceso llevaba mucho tiempo en marcha. En vez de formar su propia coalicin de lderes de la resistencia, la Agencia confi en el crucial Interservicio de Inteligencia pakistan (ISI, por sus siglas en ingls) y en sus clientes afganos, que pronto se convirtiran en los gestores del pujante trfico tranfronterizo del opio.

Como caba esperar, la Agencia mir hacia otro lado mientras la produccin de opio de Afganistn creca de forma incontrolada desde unas 100 toneladas anuales en la dcada de 1970, a 2.000 toneladas en 1991. En 1979 y 1980, justo cuando los esfuerzos de la CIA empezaban a redoblarse, se abri una red de laboratorios de herona a lo largo de la frontera afgano-pakistan. Esa regin se convirti pronto en la mayor productora de herona del mundo. En 1984, suministraba un sorprendente 60% del mercado estadounidense y el 80% del europeo. Dentro de Pakistn, el nmero de adictos a la herona fue desde prcticamente cero (s, cero) en 1979, a 5.000 en 1980 y a 1.300.000 en 1985, una tasa de adiccin tan alta que fue tildada por la ONU de especialmente impactante.

Segn el informe del Departamento de Estado de 1986, el opio es la cosecha ideal en un pas asolado por la guerra, ya que requiere de muy escasa inversin de capital, crece rpidamente y es de fcil transporte y comercializacin. Adems, el clima de Afganistn es muy adecuado para esta cosecha templada, con un rendimiento promedio dos o tres veces superior al de la regin del Tringulo de Oro del Sureste Asitico, la anterior capital del comercio del opio. A medida que la incesante guerra entre la CIA y los subrogados de los soviticos generaban al menos tres millones de refugiados e interrumpan la produccin alimentaria, los campesinos afganos se volvan desesperadamente hacia el opio, ya que produca fcilmente altos beneficios con los que poder cubrir los precios cada vez ms altos de los alimentos. Al mismo tiempo, segn el Departamento de Estado, los elementos de la resistencia se implicaron en la produccin y trfico del opio para proporcionar alimentos bsicos a la poblacin que estaba bajo su control y financiar las compras de armamento.

Cuando la resistencia de los muyahaidines se fortaleci y empez a crear zonas liberadas en el interior de Afganistn en los primeros aos de la dcada de 1980, acudieron a financiar sus operaciones recaudando impuestos de los campesinos que producan la lucrativa adormidera, especialmente en el frtil valle de Helmand, en otro tiempo considerado el granero del sur de Afganistn. Las caravanas que transportaban armas de la CIA para la resistencia en esa regin volvan a menudo cargadas de opio, informaba el New York Times, con el consentimiento de los responsables estadounidenses o pakistanes de la inteligencia que apoyaban a tal resistencia.

Una vez que los combatientes muyahaidines sacaban el opio a travs de la frontera, lo vendan a los refinadores pakistanes de herona que operaban en la Provincia Fronteriza del Noroeste del pas, una zona de guerra encubierta controlada por el estrecho aliado de la CIA, el general Fazle Haq. En 1988, haba entre 100 y 200 refineras de herona slo en el distrito de Khyber de esa provincia. Ms hacia el sur, en el distrito Kohi-Soltan de la provincia de Baluchistn, Gulbuddin Hekmatyar, el favorecido activo afgano de la CIA, controlaba seis refineras que convertan en herona una gran parte del opio del valle de Helmand. Camiones de la Clula de Logstica Nacional del ejrcito pakistan llegaban cargados de armamento de la CIA hasta esas zonas fronterizas desde el puerto de Karachi, y volvan abarrotados de herona hacia puertos y aeropuertos, desde donde era exportada a los mercados mundiales.

En mayo de 1990, cuando estaba ponindose fin a esta operacin encubierta, el Washington Post informaba de que el principal activo de la CIA, Hetmakyar, era tambin el principal traficante de herona de los rebeldes. Las autoridades estadounidenses, afirmaba el Post, llevaban tiempo negndose a investigar las acusaciones de trfico de herona contra Hekmatyar, as como contra el ISI de Pakistn, en gran medida porque la poltica de narcticos estadounidense en Afganistn estaba subordinada a la guerra contra la influencia sovitica en ese pas.

En efecto, Charles Cogan, exdirector de la operacin afgana de la CIA, habl despus francamente acerca de las opciones de su Agencia. Nuestra misin principal era hacer tanto dao a los soviticos como fuera posible, dijo en 1995 en la televisin australiana. En realidad, no tenamos ni los recursos ni el tiempo necesarios para dedicarnos a investigar el comercio de la droga. No creo que tengamos que pedir perdn por eso Se fracas en el tema de las drogas, s, es verdad. Pero se consigui el objetivo principal. Los soviticos se marcharon de Afganistn.

La guerra civil afgana y el ascenso de los talibn (1989-2001)

A largo plazo, esa intervencin clandestina (de la que tan abiertamente se escribi o alarde) produjo un agujero negro de inestabilidad geopoltica nunca cerrado ni cicatrizado.

Situado en las remotas zonas norteas del monzn estacional, donde las nubes de la lluvia llegan ya muy exprimidas, el Afganistn rido no se recuper nunca de la devastacin sin precedentes sufrida en los aos de la primera intervencin estadounidense. Aparte de zonas irrigadas como el valle de Helmand, las tierras altas semiridas del pas eran ya un frgil ecosistema llevado al lmite para mantener a poblaciones grandes cuando estall la guerra en 1979. Cuando esa guerra se fue apagando entre 1989 y 1992, la alianza dirigida por Washington abandon el pas sin patrocinar un acuerdo de paz ni financiar reconstruccin alguna.

Washington se limit a mirar hacia otro lado cuando en el pas estall una despiadada guerra civil que produjo 1,5 millones de muertos, tres millones de refugiados, una economa arrasada y un grupo de seores de la guerra bien armados dispuestos a luchar por el poder. Durante los aos de la terrible contienda civil que sigui, los campesinos afganos cultivaron la nica cosecha que aseguraba beneficios instantneos, la adormidera. La cosecha del opio, que se haba multiplicado veinte veces hasta las 2.000 toneladas durante la era de la guerra encubierta de la dcada de 1980, se duplicara durante la guerra civil de la dcada de 1990.

En este agitado perodo, el auge del opio debera considerarse una consecuencia de los graves daos que dos dcadas de guerra haban causado. Con el retorno de esos tres millones de refugiados a una tierra asolada por la guerra, los campos de opio fueron un regalo del cielo respecto al empleo, ya que requeran de nueve veces ms trabajadores que cultiva el trigo, alimento bsico del pas. Adems, slo los narcotraficantes eran capaces de acumular rpidamente el capital suficiente para poder proporcionar los tan necesitados adelantos de dinero a los campesinos pobres del trigo, adelantos que equivalan a ms de la mitad de sus ingresos anuales. Ese crdito resultaba vital para la supervivencia de muchos aldeanos pobres.

En la primera fase de la guerra civil, de 1992 a 1994, los implacables seores de la guerra locales combinaban las armas con el opio en una lucha por el poder a nivel nacional. Determinados a instalar a sus aliados pastunes en Kabul, la capital afgana, Pakistn se sirvi del ISI para entregar armas y fondos a sus principal cliente, Hekmatyar. En aquel momento era el primer ministro nominal de una dscola coalicin cuyas tropas se pasaran dos aos ametrallando y bombardeando Kabul en unos combates que dejaron la ciudad en ruinas y alrededor de 50.000 afganos muertos ms. Sin embargo, cuando no logr tomar la capital, Pakistn pas a apoyar a una nueva fuerza pastn, los talibn, un movimiento fundamentalista que haba surgido de las escuelas militantes islmicas.

Despus de apoderarse de Kabul en 1996 y controlar gran parte del pas, el rgimen talibn foment el cultivo local del opio, ofreciendo proteccin gubernamental al comercio de exportacin y recaudando los muy necesitados impuestos tanto del opio producido como de la herona fabricada a partir de l. Las investigaciones sobre el opio llevadas a cabo por la ONU mostraron que los talibn, durante sus primeros tres aos en el poder, haban aumentado la cosecha del opio del pas hasta las 4.600 toneladas, es decir, el 75% de la produccin mundial en ese momento.

Sin embargo, en julio de 2000, cuando una devastadora sequa entr en su segundo ao y una hambruna masiva se propag por Afganistn, el gobierno talibn orden de repente que se prohibieran todos los cultivos de opio como aparente recurso para conseguir el reconocimiento y ayuda internacionales. Una posterior investigacin de la ONU sobre las cosechas en 10.030 pueblos, encontr que esta prohibicin haba reducido la cosecha en un 94%, hasta producir slo 185 toneladas.

Tres meses despus, los talibn enviaron una delegacin presidida por su viceministro de asuntos exteriores, Abdur Rahman Zahid, a la sede de la ONU en Nueva York para intercambiar la continuacin de la prohibicin de las drogas por el reconocimiento diplomtico. Sin embargo, esa Organizacin impuso nuevas sanciones al rgimen por proteger a Osama bin Laden. EEUU, por otra parte, recompens en realidad a los talibn con 43 millones de dlares en ayuda humanitaria, aunque secund las crticas de la ONU sobre bin Laden. Al anunciar esta ayuda en mayo de 2001, el secretario de estado Colin Powell, alab la prohibicin sobre la adormidera, una decisin de los talibn a la que damos la bienvenida e inst al rgimen a actuar en una serie de cuestiones fundamentales que nos separan: el apoyo al terrorismo y la violacin de los estndares de los derechos humanos internacionalmente reconocidos, especialmente el trato dado a las mujeres y nias.

La guerra contra el terror (2001-2016)

Tras una dcada ignorando a Afganistn, Washington volvi a descubri ese lugar en la venganza emprendida tras los ataques del 11-S. Pocas semanas despus, en octubre de 2001, EEUU empez a bombardear el pas y a continuacin lanz una invasin encabezada por los seores de la guerra locales. El rgimen de los talibn se vino abajo, en palabras del veterano periodista del New York Times, R.W. Apple, a una velocidad tan repentina y tan inesperada que los funcionarios del gobierno y los expertos en estrategia encuentran difcil explicar. Aunque los ataques areos estadounidenses causaron considerables daos psicolgicos y fsicos, muchas otras sociedades han resistido bombardeos mucho ms masivos sin hundirse de esa manera. En retrospectiva, parece probable que la prohibicin del opio hubiera aniquilado econmicamente a los talibanes, dejando su teocracia convertida en una cscara hueca que salt hecha aicos con las primeras bombas estadounidenses.

Hasta un alcance por lo general no valorado, Afganistn, durante las dos dcadas anteriores, haba dedicado una parte cada vez mayor de sus recursos capital, tierra, agua y trabajo- a la produccin de opio y herona. En el momento en que los talibn prohibieron su cultivo, el pas se haba convertido, a nivel agrcola, en poco ms que un monocultivo del opio. El narcotrfico representaba la mayor parte de sus ingresos fiscales, casi todos los ingresos de sus exportaciones y empleaba a una gran parte de su mano de obra. En este contexto, la erradicacin del opio demostr ser un acto de suicidio econmico que llev a una sociedad ya debilitada al borde del colapso. En efecto, una encuesta de la ONU realizada en 2011 hall que la prohibicin haba provocado una grave prdida de ingresos para alrededor de 3,3 millones de personas, el 15% de la poblacin, que inclua a 80.000 campesinos, 480.000 trabajadores itinerantes y los millones de personas que dependan de ellos.

Aunque la campaa de bombardeos estadounidenses se estuvo ensaando con el pas a lo largo de octubre de 2001, la CIA gast 70 millones de dlares en desembolsos directos en efectivo sobre el terreno para movilizar a su vieja coalicin de seores de la guerra tribales y acabar con los talibanes, un gasto que el presidente George W. Bush llamara ms tarde una de las mayores gangas de la historia. Para capturar Kabul y otras ciudades claves, la CIA puso su dinero tras los dirigentes de la Alianza del Norte, a los que los talibn no haban nunca derrotado del todo. Ellos, a su vez, dominaban desde haca mucho tiempo el narcotrfico en la zona del noroeste de Afganistn, que estaba bajo su control durante los aos de los talibn. Mientras tanto, la CIA se volvi tambin hacia un grupo de seores de la guerra pastunes que se haban mantenido activos como traficantes de droga en la parte sureste del pas. Como consecuencia de todo ello, cuando los talibn fueron a menos, ya se haban establecido las bases para la reanudacin del cultivo del opio y el narcotrfico a gran escala.

Una vez tomadas Kabul y las capitales provinciales, la CIA cedi rpidamente el control de las operaciones a las fuerzas aliadas uniformadas y a las autoridades civiles cuyos ineptos programas de supresin de la droga en aos venideros dejaran en un primer momento los crecientes beneficios del trfico de herona en manos de esos seores de la guerra y, en aos posteriores, en manos de las guerrillas talibn. En los primeros aos de la ocupacin estadounidense, antes de que el movimiento consiguiera reconstituirse, la cosecha de opio se increment hasta las 3.400 toneladas. Las drogas ilcitas, en un desarrollo sin precedentes histricos, seran responsables de un extraordinario 62% del producto interior bruto (PIB) del pas en 2003. Durante los primeros aos de la ocupacin estadounidense, el secretario de defensa Donald Rumsfeld desestim las crecientes seales de que el dinero de la droga se estaba canalizando hacia los talibn, mientras que la CIA y el ejrcito de EEUU hacan la vista gorda ante las actividades relacionadas con la droga de destacados seores de la guerra.

A finales de 2004, la Casa Blanca, despus de casi dos aos sin mostrar prcticamente inters alguno por la cuestin, de externalizar el control del opio en sus aliados britnicos y el entrenamiento de la polica en los alemanes, se tuvo que enfrentar de repente con la inquietante informacin de inteligencia de la CIA sugiriendo que la escalada del narcotrfico estaba alimentando el resurgimiento de los talibn. Con el apoyo del presidente Bush, el secretario de estado Powell inst entonces a poner en marcha una agresiva estrategia contra el narcotrfico que inclua una defoliacin area, al estilo Vietnam, de las zonas rurales de Afganistn. Pero el embajador de EEUU, Zalmay Khalilzad, se resisti a este enfoque secundado por su aliado local Ashraf Ghani, entonces ministro de finanzas del pas (y ahora su presidente), quien advirti que tal programa de erradicacin provocara un empobrecimiento generalizado en el pas al no contar con los 20.000 millones de dlares de ayuda exterior para que pudieran crear una verdadera alternativa de subsistencia.

Como solucin de compromiso, Washington pas a depender de contratistas privados como DynCorp para entrenar a los equipos afganos en la erradicacin manual. Sin embargo, en 2005, segn la corresponsal del New York Times Carlotta Gall, ese enfoque se haba convertido ya en algo parecido a una broma. Dos aos despus, cuando se extendan tanto la insurgencia talibn como el cultivo del opio en lo que pareca ser una moda sinrgica, la embajada de EEUU volvi a presionar a Kabul para que aceptara el tipo de defoliacin area que EEUU haba patrocinado en Colombia. El presidente Hamid Karzai se neg, dejando este crucial problema sin resolver.

El informe de la ONU de 2007 sobre la Situacin del Opio en Afganistn hall que la cosecha anual se haba incrementado en un 24% hasta un record de 8.200 toneladas, lo que se traduca en el 53% del PIB del pas y el 93% del suministro ilcito de la herona mundial. Hay que destacar que la ONU afirm que las guerrillas talibn haban empezado a extraer recursos econmicos de las drogas para armas, logstica y pagos a las milicias. Un informe del Instituto por la Paz de EEUU concluy que, en 2008, el movimiento tena 50 laboratorios de herona en su territorio y controlaba el 98% de los campos de adormidera del pas. Ese ao, recaudaron al parecer 425 millones de dlares en impuestos de gravar el trfico del opio, y con cada cosecha obtenan los fondos necesarios para reclutar un nuevo plantel de jvenes combatientes de los pueblos. Cada uno de esos potenciales guerrilleros poda contar con pagos mensuales de 300 dlares, cantidad muy por encima de los salarios que habran conseguido como trabajadores del campo.

A mediados de 2008, para contener la expansin de la insurgencia, Washington decidi enviar al pas 40.000 soldados de combate estadounidenses ms, aumentando las fuerzas aliadas a 70.000. Reconociendo el papel crucial de los ingresos procedentes del opio en las prcticas de reclutamiento talibn, el Tesoro estadounidense cre tambin la Afghan Threat Finance Cell y empotr a 50 de sus analistas en las unidades de combate con el encargo de poner en marcha acciones estratgicas contra el narcotrfico.

Segn un veterano analista, al utilizar mtodos cuantitativos de anlisis de redes sociales y modelaje de redes de influencia, esos expertos civiles instantneos sealaran a los intermediarios hawala [acreedores rurales] como nodos fundamentales dentro de la red de un grupo insurgente, lo que provoc que los soldados de combate estadounidenses tomaran cursos de accin cintica, es decir, de forma literal, echar abajo la puerta de la oficina hawala y liquidar sus operaciones. Unos actos tan controvertidos pudieron degradar temporalmente la red de financiacin de un grupo insurgente, pero esos progresos se producan a costa de alterar a un pueblo entero que dependa del prestamista para conseguir crditos legtimos y que constituan la inmensa mayora del negocio del hawalador. De esta forma, una vez ms, el apoyo a los talibn creci.

En 2009, las guerrillas se estaban extendiendo tan velozmente que la nueva administracin Obama opt por un incremento de los efectivos estadounidenses hasta llegar a los 102.000, en un intento de contener a los talibn. Tras meses ampliando los despliegues de tropas, se lanz oficialmente la nueva estrategia blica del presidente Obama el 13 de febrero de 2010 en Marja, una remota ciudad-mercado en la provincia de Helmand. A medida que las oleadas de helicpteros descendan en sus alrededores escupiendo nubes de polvo, cientos de marines corran a travs de los campos de brotes de adormidera hacia el recinto con muros de adobe de la ciudad. Aunque su objetivo eran las guerrillas talibn locales, los marines estaban de hecho ocupando la capital del comercio global de la herona. El suministro del 40% del ilcito opio mundial creca en los distritos de los alrededores y gran parte de esa cosecha se comerciaba en Marja.

Una semana despus, el comandante general estadounidense vol en helicptero a la ciudad con Karim Khalili, vicepresidente afgano, para dar a conocer ante los medios la imagen de una nueva estrategia de contrainsurgencia que, dijo a los perodistas, era slida como una roca para pacificar pueblos como Marja. Slo que nunca ocurrira as porque el narcotrfico ech a perder la fiesta. Cuando vengan con los tractores, anunci una viuda afgana ante un coro de gritos de apoyo de sus compaeros campesinos, tendrn que pasar por encima de m y matarme antes de acabar con mis adormideras. Hablando a travs de un telfono por satlite desde los campos de opio de la regin, un funcionario de la embajada estadounidense me dijo: No podemos ganar esta guerra sin hacer frente a la produccin de drogas en la provincia de Helmand.

Viendo el desarrollo de estos acontecimientos hace casi seis aos, escrib un ensayo para TomDispatch advirtiendo de una derrota anunciada. Por tanto, la opcin est bastante clara, expuse en aquel momento, podemos continuar abonando este suelo letal con an ms sangre en una guerra brutal de resultados inciertos o podemos ayudar a renovar esta antigua y rida tierra volviendo a plantar los huertos, reponiendo los rebaos y reconstruyendo las granjas destruidas en dcadas de guerra hasta que las cultivos alimentarios se conviertan en una alternativa viable al opio. Expresndolo de forma sencilla, tan sencilla que hasta Washington pueda entenderlo, slo podemos pacificar un narcoestado si ya no es un narcoestado.

Al atacar a las guerrillas pasando por alto las cosechas de opio que financiaban cada primavera a nuevos insurgentes, el incremento de Obama sufri pronto esa derrota anunciada. Segn el New York Times, cuando finalizaba 2012, los guerrilleros talibn haban debilitado ya la mayor ofensiva que la coalicin liderada por EEUU iba a emprender contra ellos. En medio de la rpida reduccin de fuerzas aliadas para cumplir el plazo fijado por el presidente Obama de diciembre de 2014 para poner fin a las operaciones de combate estadounidenses, las operaciones areas reducidas permitieron a los talibn lanzar ataques en masa en el norte, noreste y sur, matando efectivos del ejercito y la polica afganos en cifras de record.

En aquel tiempo, John Sopko, el inspector especial de EEUU para Afganistn, ofreci una reveladora explicacin de la supervivencia de los talibn. A pesar de gastar la asombrosa cifra de 7.600 millones de dlares durante la dcada anterior en los programas para la erradicacin de la droga, concluy: Hemos fracasado en todas las mtricas concebibles. La produccin y el cultivo han aumentado, la interdiccin y erradicacin han descendido, el apoyo financiero a la insurgencia ha subido y las adicciones y el abuso alcanzan niveles sin precedentes en Afganistn.

En efecto, la cosecha de opio de 2013 ocup una extensin record de 209.000 hectareas, aumentando la cosecha en un 50% hasta alcanzar las 5.500 toneladas. Esa enorme cosecha gener alrededor de 3.000 millones de dlares de ingresos ilcitos, de los cuales la parte recaudada por los talibanes rondaba los 320 millones, ms de la mitad de sus ingresos. La embajada estadounidense corrobor esta sombra evaluacin, tildando los ilcitos ingresos de golpe de suerte para la insurgencia, que se beneficia del narcotrfico a casi todos los niveles.

Cuando se recogi la cosecha de opio de 2014, cifras recientes de la ONU sugeran que la tendencia sombra no hizo sino continuar, con las zonas en cultivo aumentando hasta un record de 224.000 hectareas y una produccin de 6.400 toneladas que alcanzaba casi mximos histricos. En mayo de 2015, al observar cmo todo este flujo de drogas entraba en el mercado mundial mientras el gasto estadounidense en contra del narcotrfico se elevaba hasta los 8.400 millones de dlares, Sopko intent traducir lo que estaba sucediendo en una nica imagen muy estadounidense: Afganistn, dijo, tiene aproximadamente 500.000 acres [2.023.428 metros cuadrados] dedicados al cultivo de la adormidera. Esto equivale a ms de 400.000 campos de futbol de EEUU, incluidas las zonas de anotacin.

En la temporada de lucha de 2015, los talibn tomaron con decisin la iniciativa de combate y el opio pareca estar cada vez ms arraigado en sus operaciones. El New York Times informaba que el nuevo lder del movimiento, el Mul Akhtar Mansour, figuraba entre los primeros dirigentes talibanes en vincularse con el narcotrfico y ms tarde se convirti en el principal recaudador del narcotrfico de los talibn, consiguiendo enormes beneficios. Tras meses de incesantes presiones sobre las fuerzas del gobierno en tres provincias norteas, la primera operacin importante del grupo bajo su mando fue la toma, durante dos semanas, de la estratgica ciudad de Kunduz, situada en las rutas ms lucrativas de la droga del pas que mueven el opio de las prolficas provincias de adormidera en el sur hasta Tayikistn y desde ah hacia Rusia y Europa. Washington se sinti forzado a dejar de golpe los planes de nuevas retiradas de sus tropas de combate.

La ONU, en medio de la apresurada evacuacin de sus oficinas regionales en las amenazadas provincias del norte, public en octubre un mapa que mostraba que los talibn tenan un control alto o extremo en ms de la mitad de los distritos rurales del pas, incluyendo otros muchos donde antes no tenan una presencia significativa. Un mes despus, los talibanes desataban una serie de ofensivas por todo lo ancho del pas con el objetivo de tomar y mantener el territorio, amenazando las bases militares situadas en el norte de la provincia de Faryab y cercando distritos enteros en el oeste de Herat.

No resulta sorprendente que los ataques ms fuertes procedieran del corazn de la adormidera en la provincia de Helmand, donde la cosecha de opio del pas iba ya crecida y, segn el New York Times, el lucrativo comercio del opio la converta en vital para los diseos econmicos de los insurgentes. A mediados de diciembre, despus de superar los puntos de control, recuperar gran parte de la provincia y obligar a las fuerzas de seguridad del gobierno a volver sobre sus talones, las guerrillas estuvieron a punto de capturar ese corazn del comercio de la herona, Marja, el mismo lugar elegido por el presidente Obama para desplegar ante los medios el incremento de 2010. Si las fuerzas de operaciones especiales y las areas de EEUU no hubieran intervenido para tranquilizar a las desmoralizadas fuerzas afganas, la ciudad y la provincia habran cado sin duda. A principios de 2016, catorce aos despus de que Afganistn fuera liberado por una invasin estadounidense, y en un significativo revs de las polticas de repliegue de tropas de la administracin Obama, EEUU estaba, segn consta, enviando a cientos de nuevos soldados estadounidenses hacia la provincia de Helmand en un mini-incremento que apuntalara a las fuerzas del gobierno y negara a los insurgentes el premio econmico de los campos de adormidera ms productivos del mundo.

Tras una desastrosa temporada de combates en 2015 que caus lo que las autoridades estadounidenses calificaron como bajas insostenibles en el ejrcito afgano y lo que la ONU llam el verdadero horror del record de vctimas civiles, el largo y crudo invierno que se ha instalado por todo el pas no est ofreciendo un respiro. Como el fro y la nieve han reducido los combates en el pas, los talibn han trasladado sus operaciones a las ciudades, con cinco atentados masivos en Kabul y otras importantes zonas urbanas durante la primera semana de enero, seguidos de un ataque-suicida contra un complejo de la polica en la capital que mat a 20 agentes.

Mientras tanto, al terminar de recogerse la cosecha de 2015, tras seis aos de crecimiento sostenido, el cultivo de opio del pas se redujo en un 18% hasta las 183.000 hectareas y el rendimiento de los cultivos cay abruptamente a 3.300 toneladas. Aunque los funcionarios de la ONU atribuyeron gran parte del descenso a la sequa y a la propagacin de un hongo de la adormidera, son unas condiciones que podran no mantenerse en 2016, ya que las tendencias a largo plazo siguen siendo una mezcla poco clara de noticias positivas y negativas. Enterrado en la masa de datos publicados en los informes sobre las drogas de la ONU hay una estadstica significativa: aunque la economa de Afganistn creci durante los aos que cont con ayuda internacional, la porcin del opio en el PIB disminuy de forma constante desde un desalentador 63% en 2003, a un mucho ms manejable 13% en 2014. Incluso as, la ONU dice que en muchas comunidades rurales, la dependencia de los agricultores de la economa de los opiceos sigue siendo alta.

En la provincia de Helmand, los funcionarios del gobierno afgano tambin estn directamente implicados en el trfico del opio a nivel local, informaba recientemente el New York Times. De este modo extendan su competencia con los talibn a la lucha por el control del narcotrfico, a la vez que imponan un impuesto a los agricultores prcticamente idntico al extrado por los talibn, dedicando una porcin de sus ilcitos beneficios a seguir la cadena hasta llegar a los funcionarios en Kabul para asegurar que las autoridades locales siguieran contando con el apoyo de los mandamases y que estos protejieran el cultivo del opio.

De forma simultnea, una investigacin reciente del Consejo de Seguridad de la ONU hall que los talibn se haban aprovechado sistemticamente de la cadena de suministro en cada fase del narcotrfico, recaudando una tasa del 10% sobre el cultivo del opio en Helmand, luchando por el control de los laboratorios de herona y actuando como los principales garantes del trfico de opio y herona puros enviados fuera de Afganistn. Los talibn no slo se dedican a gravar el trfico, estn ya tan profunda y directamente implicados que, aade el Times, es ahora difcil distinguir al grupo de un cartel dedicado a la droga. Cualesquiera que puedan ser las tendencias a largo plazo, en un futuro previsible, el opio seguir profundamente enredado con la economa rural, la insurgencia talibn y la corrupcin del gobierno, y la suma de todo ello constituye el dilema afgano.

Con los amplios ingresos procedentes de las excelentes cosechas del pasado, los talibn estarn sin duda preparados para la nueva temporada de combates que llegar con el inicio de la primavera. A medida que la nieve se derrita en las laderas de las montaas y los brotes de la adormidera surjan de la tierra, aparecer, como en los ltimos cuarenta aos, una nueva cosecha de reclutas adolescentes dispuestos a combatir por las fuerzas rebeldes.

Cortando el nudo gordiano de Afganistn

Para la mayor parte de las personas del planeta, la actividad econmica, la produccin e intercambio de bienes, es el principal punto de contacto con el gobierno, que se pone de manifiesto en las monedas y billetes sellados por el Estado que todo el mundo lleva en sus bolsillos. Pero cuando el producto bsico ms importante de un pas es ilegal, entonces las lealtades polticas se desplazan naturalmente a las redes clandestinas que trasladan de forma segura ese producto desde los campos de produccin hasta los mercados extranjeros, proporcionando financiacin, prstamos y empleo a cada paso del camino. El narcotrfico emponzoa el sector financiero afgano y promueve una creciente economa ilcita, explica John Sopko. Esta, a su vez, socava la legitimidad del Estado afgano al atizar la corrupcin, alimentar las redes criminales y proporcionar importante apoyo financiero a los talibn y otros grupos insurgentes.

Despus de quince aos de guerra continua en Afganistn, Washington se enfrenta con la misma opcin de hace cinco aos cuando los generales de Obama trasladaron a los marines en helicptero hasta Marja para que iniciaran su escalada. Despus de dcada y media, EEUU puede permanecer atrapado en el mismo ciclo sin fin, combatiendo a las nuevas cosechas de guerreros armados hasta los dientes que parecen brotar anualmente de los campos de adormidera de ese pas. A estas alturas, la historia nos dice algo: en esta tierra, quien siembra vientos recoge tempestades, y este ao, el prximo y el siguiente habr nuevas generaciones de guerrilleros.

Sin embargo, a pesar de todo lo conflictivo que pueda resular Afganistn, hay alternativas cuya suma podra potencialmente cortar este nudo gordiano de problemas polticos. Como paso primero y principal, quiz fuera hora ya de dejar de hablar de los prximos conjuntos de botas sobre el terreno y que el presidente Obama complete su planeada retirada de tropas.

Y, a continuacin, invertir en el Afganistn rural aunque slo sea una pequea porcin de toda esa financiacin militar malgastada, porque as los millones de campesinos que dependen de las cosechas del opio para conseguir un trabajo podran vislumbrar otras alternativas econmicas. Ese dinero podra ayudar a reconstruir los huertos arrasados de esta tierra, los rebaos diezmados, las reservas de semillas desperdiciadas y los sistemas de riego desaprovechados de la nieve derretida que, antes de estas dcadas de guerra, sostenan una agricultura diversificada. Si la comunidad internacional se esfuerza en rebajar la dependencia del opio ilcito del pas desde el actual 13% del PIB mediante ese desarrollo rural sostenido, quiz entonces Afganistn deje de ser el principal narcoestado del planeta y que ese ciclo anual consiga a la larga romperse.

 Alfred W. McCoy, colaborador habitual de  TomDispatch, es profesor de Historia de la Universidad de Wisconsin-Madison. Es autor de un libro ya convertido en un clsico: The Politics of Heroin: CIA Complicity in the Global Drug Trade, en el que sondeaba la relacin entre las drogas ilcitas y las operaciones encubiertas durante cincuenta aos. Entre sus libros ms recientes figuran Torture and Impunity: The U.S. Doctrine of Coercive Interrogation  y Policing Americas Empire: The United States, the Philippines, and the Rise of the Surveillance State.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/176106/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin como fuente de la misma.



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