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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-02-2016

Acerca de las derivaciones a largo plazo del 24 de marzo
Los herederos de Martnez de Hoz y de Videla

Jos Ernesto Schulman
Rebelin


Hemos dicho ms de una vez que la negativa de un sector mayoritario del Poder Judicial y de poderosos formadores de opinin a calificar de Genocidio lo ocurrido en los aos del Terrorismo de Estado, exceda largamente la dimensin jurdica del debate y constitua sin dudas el centro de la resignificacin de la historia reciente: interrupcin del orden constitucional o reorganizacin violenta y cruel del capitalismo

De la respuesta que se obtenga ser el diagnstico sobre el gobierno de Macri.

El periodista Horacio Vervitsky, en dialogo con Mara Seone, analizaba [1] la marcha por Nisman de febrero del 2015 como "la emergencia de un sector social que tiene una representacin poltica importante". Y concluy, en tono laudatorio, que se trata de una nueva derecha poltica argentina, representada en el PRO, que es, a su juicio, "una derecha moderna, sometida a las reglas de la democracia y con capacidad electoral". El anlisis de Verbitsky, expresado en declaraciones a Radio Del Plata, se enfoca en que el fenmeno de esa nueva derecha, con capacidad de movilizacin, es algo que no se vea en la Argentina desde 1916. "Es importante, porque tiende a soldar una fractura histrica de la sociedad. que se abri en 1916 y que podra cerrarse exactamente un siglo despus. por el surgimiento de una derecha moderna, sometida a las reglas de la democracia y con capacidad electoral".

Seguramente que los hechos ocurridos en estos catorce meses habrn hecho cambiar de opinin a Verbitsky pero creo que grafican, en la pluma de uno de los ms brillantes exponentes de un pensamiento que ha tenido apoyo estatal y amplia difusin en esta dcada, una mirada formal sobre el golpe del 24 de Marzo y sobre la democracia argentina.

Tenemos otra mirada.

En primer lugar, el Golpe del 24 de marzo no fue para nada un episodio nacional, era parte de una Operacin Continental de Contrainsurgencia en el marco de la Guerra Fra, en la regin que los EE.UU. consideran, desde Monroe hasta Obama, su patio trasero. En segundo lugar, en la Argentina, el Golpe tuvo un carcter anticipatorio, preventivo digamos, casi una Contra/revolucin/preventiva dado que el proceso de acumulacin de fuerzas desplegado entre el golpe gorila del 55 y el comienzo del Terrorismo de Estado, a finales del 74 (aproximadamente claro, porque desde diciembre de 1973 ya actuaba la Triple A), era suficiente para desafiar al Poder, pero todava no tena capacidades suficientes para confrontarlo en regla y derrotarlo. Se adelantaron a la construccin de la alternativa poltica capaz de lograr esas capacidades; y lo hicieron en procura de rescatar el capitalismo argentino de su crisis. La crisis que las luchas le haban puesto al modelo distributivo, de Estado Benefactor pero que haba llegado a conceder el 50% de la renta nacional a los que cobraban salarios y jubilaciones; ese modelo capitalista no funcionaba a pleno, estaba en crisis y su solucin fue la modificacin abrupta de todas las variables econmicas empezando por la reduccin drstica de los salarios (en pocos meses baj a cerca del 30% de la renta nacional), la suspensin, modificacin o derogacin lisa y llana de las leyes laborales conquistadas en lucha desde la primera de 1912 (propuesta por el socialista Alfredo Palacios), y las regulaciones de cualquier tipo que protegieran al trabajador y el pueblo. En tercer lugar, el Golpe tuvo funciones constructivas de un nuevo modo de reproduccin ampliada del capital, eliminando todas las conquistas obreras y populares que funcionaban como limites reales al dominio imperial y la voracidad empresarial. Cierto es que las necesidades polticas de la dictadura dificultaron que despliegue el modelo neoliberal a pleno pero cuando Menem realiz todas sus perversas potencialidades Roberto Alemann explic a un periodista que ellos haban eliminado la subversin, disciplinado el movimiento obrero y extirpado el marxismo de la educacin por lo que privatizar, flexibilizar y desregular era solo problema de tiempo y oportunidad.

Fue un genocidio en regla: la destruccin de un grupo nacional para reorganizar radicalmente la sociedad. Y lo lograron por su fuerza histrica como Estado Nacional nacido como Estado Represor desde la disolucin del Ejercito Libertador de San Martn y su transformacin en el Ejercito asesino de paraguayos en la llamada Guerra de la Triple Alianza o la Campaa del Desierto y los obreros de la Patagonia Rebelde o la Semana Trgica y as todo el siglo XX pasando por los golpes de 1930/1943/1955/1962/1966 hasta llegar al de 1976

Lo lograron por el apoyo estratgico de los EE.UU., que iba mucho ms all de la Escuela de las Amricas o la Operacin Cndor y por la complicidad de un amplio campo de fuerzas sociales y polticas que prefirieron entregarse a los militares a correr el riesgo del triunfo revolucionario. Si Isabel firmaba decretos de exterminio de la subversin, el jefe opositor Ricardo Balbn, del radicalismo, haca discursos contra la guerrilla fabril.

Aunque muchos no lo pudieron entender (y por eso el kirchnerismo ms progresista, ya en el siglo XXI, soaba con una burguesa nacional que construyera un capitalismo humanizado) era el final histrico e inapelable de la supuesta burguesa nacional.

Entre otras consecuencias que an perduran, el Terrorismo de Estado, fragment violentamente la clase obrera disolviendo su relativa homogeneidad dando paso a una porcin de desocupados permanente, a otra de trabajadores precarizados y temporales y solo una parte minoritaria, estable y con derechos. Pero tambin modific a la burguesa local que se hizo ms sumisa al Imperio, ms mafiosa y corrupta, ms voraz y cruel. Ms burguesa.

Pero el golpe tuvo otros efectos, ocultos al progresismo: el terror aliment una forma de pensar las reformas y los cambios que se ha clasificado como posibilista o realista dado que nunca osa desafiar la correlacin de fuerzas y el Poder Real, ese que se nombra poco pero se respeta mucho. En 1927, conmemorando los quinientos aos de El Prncipe de Maquiavelo, Antonio Gramsci, desde la mazmorra del fascismo deca: El realismo poltico excesivo (y por consiguiente superficial y mecnico) conduce frecuentemente a afirmar que el hombre de Estado debe operar slo en el mbito de la realidad efectiva, no interesarse por el deber ser sino nicamente por el ser. Lo cual significa que el hombre de Estado no debe tener perspectivas que estn ms all de su propia nariz. El realismo poltico excesivo (y por consiguiente superficial y mecnico) conduce frecuentemente a afirmar que el hombre de Estado debe operar slo en el mbito de la realidad efectiva, no interesarse por el deber ser sino nicamente por el ser. Lo cual significa que el hombre de Estado no debe tener perspectivas que estn ms all de su propia nariz.

Es que al aniquilamiento material se sum el aniquilamiento simblico que buscaba borrar de la memoria popular que por aos las clases subalternas haban mejorado las condiciones de vida por el camino la organizacin y la lucha, acciones populares que modificaban la correlacin de fuerzas y hacan posible lo que pareca imposible. Una serie de teoras y doctrinas conceptualizaban la accin educativa por medio de las armas: el anticomunismo en la base de todas ellas, la subversin apartida, la teora de los dos demonios y el olvido de los noventa.

Y si el posibilismo ms vulgar ha dominado desde 1983 en adelante el pensamiento poltico de las fuerzas de centro izquierda y de izquierda moderada, para fines de los ochenta del siglo pasado, la derrota de los procesos de transicin al socialismo modificaron la vieja Tercera Va socialdemcrata que dej de buscar un lugar intermedio entre el socialismo y el capitalismo para comenzar a imaginar un supuesto lugar intermedio entre el capitalismo neoliberal, salvaje y financiarizado y otro capitalismo nacional, humano y productivo, intentos vanos de ponerle apodos a un sistema que con su nombre define sin error posible a un modo de produccin y dominacin que funcionan de un modo inescindible y poco reformable.

Agotada la legitimidad del Kirchnerismo ante las clases dominantes, justificada en su capacidad de superar la crisis capitalista del 2001 y renovar el capitalismo de sus modos neoliberales ya gastados (alguna vez dijimos que Kirchner fue el De la Ra que no fue); y eso se visualiz en la crisis por las retenciones a la especulacin sojera con la resolucin 125 (ao 2008), todos los intentos de profundizar el proceso, de modo tal de recuperar legitimidad social y derrotar una derecha que pretenda recuperar a pleno el modelo de pas que se fund con la picana elctrica y se configur plenamente por el peronismo en su modo menemista, se frustraron una y otra vez por la hegemona ideolgica de esta combinacin de posibilismo y Tercera Va posmoderna. Posibilismo de Tercera Va que esteriliz los esfuerzos militantes y an los aciertos del gobierno en el terreno de la Memoria, la asistencia social focalizada en los ms pobres y el acercamiento a los procesos de bsqueda de cambios en Latinoamrica (afectados tambin, en diverso grado, por el mismo virus cultural del posibilismo de Tercera Va).

La otra consecuencia poltica del Genocidio fue la profundizacin del carcter delegativo del sistema democrtico argentino donde si bien ya en el articulo 22 de la Constitucin de 1853 se afirmaba que El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitucin. Toda fuerza armada o reunin de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de ste, comete delito de sedicin Nacional durante todo el siglo XX las luchas obreras, las movilizaciones estudiantiles, las rebeldas culturales, las iniciativas populares de autogestin en el terreno deportivo, cooperativo, etc. haban ido ampliando el estrecho margen liberal de una democracia minimalista para incorporar la movilizacin y la lucha social como un modo legitimo de conquistar derechos y resistir claudicaciones gubernamentales. Todo ello fue aplastado por el Golpe y estigmatizado como subversivo y culpable de las atrocidades sufridas por el pueblo.

La batalla por la memoria, la verdad y la justicia ha estado en el medio de los esfuerzos por dotar de sentido social la democracia recuperada y reconstruir/constituir un sujeto social diezmado y desarticulado culturalmente por el Terrorismo de Estado y las claudicaciones progresistas iniciadas por Alfonsn en la inolvidable Semana Santa de 1987. La vida confirm que la impunidad era sostn del neoliberalismo as como la memoria fue una parte sustancial del proceso de luchas que recorrieron ao a ao cada 24 de marzo, desde el primero en libertad hasta el ltimo del 2015 en el que pocos imaginaban el escenario en ciernes que obliga a repensar todas las tareas de la lucha por una democracia verdadera y el mismo sentido de los actos del 24 de Marzo.

El desprestigio de la poltica, provocado por una combinacin de acciones espurias de los polticos llegados a la gestin, y una inteligente predica meditica reaccionaria, llev primero al que se vayan todos del 2001 y ahora a la estigmatizacin de la militancia que encara el Pro con su modo de hacer poltica como si fuera una no poltica y la identificacin de los militantes con los oquis que pueblan el aparato estatal desde siempre y que hoy son utilizados como justificacin para una ronda de despidos casi indita en democracia que remite a algo muy molesto para liberales y progresistas: lejos de ser un avance histrico y civilizatorio, el triunfo de la derecha explcita representa el retorno al gobierno del mismo bloque social que organiz y perpetr el golpe del 76. [2]

Si bien su objetivo es muy parecido al de entonces, reorganizar radicalmente la sociedad para valorizar el capital (hacer ms rentable la ya muy rentable produccin capitalista argentina) los tiempos y las perspectivas son otras.

No solo porque los cambios de poca y el desprestigio de los militares (en parte conquistado por el exitoso proceso de Memoria, verdad y justicia) impiden el despliegue de las formas ms brutales de la represin poltica y social; sino porque tambin del lado del pueblo ha habido aprendizajes.

Cierto es que no alcanzaron para conquistar lo que no tenamos en 1976 (ni en 1955, ni en 1930, ni en 1921): una fuerza poltica alternativa popular antiimperialista verdadera y propia, pero cierto es tambin que tenemos la gran oportunidad de reflexionar sobre nuestras derrotas y frustraciones, sobre los porqu del golpe genocida y los porqu de la derrota electoral del 2015, y dotado de esos saberes, que conceptualicen nuestra propia prctica de organizacin y lucha, nuestro pueblo podr pararse al fin sobre sus propios puntos de apoyo y enfrentar con xito a los golpistas de ayer y sus herederos.

Una reflexin que para nada es similar a aquella que hacamos en los tristes das posteriores al 76. No creo que las analogas histricas sean buenas. Ni este es el regreso a ninguna etapa histrica anterior ni el pueblo argentino est en la situacin en que se encontraba tras el golpe del 55 o el 76, ni siquiera luego del triunfo de Menem.

Si como deca Foucault, el derecho genera verdad, hay una importante parte de la sociedad que aprendi a resignificar la historia de las luchas obreras y populares, supo de hroes y de villanos y de luchas americanas como pocas veces antes. Supo que la nica lucha que se pierde es la que se abandona y sabe tambin que el Poder sabe que el pueblo puede. Y podr. Hasta ese momento seguiremos portando nuestros muertos y nuestros desaparecidos con nosotros. Para que nadie ni nada sea olvidado y al momento de la victoria, podamos pararnos sobre sus hombros para alcanzar, al fin, el cielo por asalto.

Notas:

[1] http://www.clarin.com/politica/Verbitsky-Macri-18F-marcha-derecha_0_1307269495.html

[2] http://cronicasdelnuevosiglo.com/2015/11/26/el-gabinete-del-ingeniero-macri-como-reivindicacion-historica-de-carlos-marx-2/ 

Jos Ernesto Schulman. Secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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