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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2016

En Camboya, el futuro siempre llega con retraso

Higinio Polo
Rebelin


No lejos del palacio real de Phnom Penh, en la calle 13 y entre las calles 144 y 148, a unos metros del Mekong, se encuentra un bullicioso mercado al aire libre, Phsar Kandal o Kandal Market, donde las campesinas disponen sus frutos en el suelo, la carne est sobre plsticos y maderas, y el pescado en cestas; las vendedoras, mientras arreglan verduras y limpian peces, dejan estrechos senderos por donde transita la gente. Dentro de esa ordenada confusin, se encuentra una zona de chamizos de hojalata que ocultan peluqueras, pequeas tiendas de manicura, comercios de postizos, depilaciones y limpiezas de cutis, masajistas que se afanan con el cliente estirado sobre un colchn. Hay tambin echadores de cartas, figones, chamarileros, conductores de tuk-tuk. Por los alrededores, hasta el templo budista (Wat Ounalom) y el palacio real, merodean los turistas y chicas jvenes acompaadas de hombres maduros.

En esa parte de la ciudad, las calles que mueren en la confluencia del ro Tonl Sap con el Mekong son un conjunto de locales y restaurantes frecuentados por turistas; en algunas, se concentra la prostitucin: chicas jovencsimas se ofrecen a tipos, jvenes y viejos, que se alimentan con exceso, que permanecen sentados en las terrazas con el comportamiento de quienes se creen los amos del mundo, y que ren satisfechos como si estuvieran conquistando a las chicas. Todo parece normal: es la banalidad de la venta de seres humanos a la que el capitalismo les ha acostumbrado, la satisfecha seguridad de los turistas ricos que buscan carne joven; pero el aire desprende un sudor de pobreza, de cuerpos arrastrados a la pestilencia de noches de alcohol y billetes sucios, y, pese a las risas, ofrece un espectculo repugnante: la vida mutilada de quienes se ven obligadas a sobrevivir en los mrgenes de un pas acostumbrado a la desdicha. Algunas jovencitas se contonean dentro de sus diminutas faldas, mientras los viejos lascivos ren con sus bebidas. Todo se mezcla. Un canadiense, quebequs, ajeno a ese comercio, toma la cena en una terraza; muestra la cinta de San Jorge en el pecho, y observa los tratos, hasta que se despide con un deseo: El fascismo no pasar. No pasarn.

Tres nios meten la mano en el plato de una turista, que pide al camarero que se lo cambie. La mujer indica despus que les ponga a los nios el contenido del plato en una bolsa, gesto que lleva a los pequeos a abrazarse de alegra. Delante, el paso melanclico de las gabarras por el ro Tonl Sap, hacia la confluencia con el Mekong ante el palacio real, parece desmentir, como si nunca hubieran ocurrido, la tensin y los enfrentamientos que se sucedieron en la ciudad, por estas calles; como si se hubiera olvidado la llegada de los jemer rojos, el delirio de Pol Pot, la alegra ante la entrada de los soldados vietnamitas que puso fin al rgimen criminal, y, no hace tanto, los combates entre los partidarios de Norodom Ranariddh y de Hun Sen, que gobernaban en coalicin.

No hace ms de tres lustros que Camboya se mantiene en paz. Phnom Penh cambia, empieza a ver los nuevos rascacielos de la modernidad, y se acostumbra a la llegada de extranjeros. El contraste entre la ostentosa embajada norteamericana y, muy cercana, la pobre Biblioteca Nacional, que tiene los vidrios de la puerta rotos, tapados con cartones, y, dentro, unas dependencias destartaladas, es el reflejo de la pobreza del pas. En el mercado ruso, llamado as por la afluencia de turistas de ese pas, se ven paradas de baratijas, recuerdos, pero tambin alimentos, pasillos repletos de pequeos restaurantes populares donde reina un calor sofocante, puestos de pescado, peluqueras. Las miradas poco atentas perciben la vida cotidiana, el exotismo de la vieja perla de Asia, los guios de la modernidad en los nuevos locales, y el misterio deslumbrante que les prometen los templos de Angkor, pero apenas reparan en que la existencia de los camboyanos no es fcil.

La vida es dura, y tanto quienes no tienen trabajo como quienes acuden cada da a las fbricas, sobreviven con muy poco. En Compress Holding, una multinacional norteamericana que elabora ropa en Phnom Penh para Inditex, C&A, H&M, y otras empresas, los salarios son muy bajos: en 2014, eran de unos ochenta euros mensuales, que, tras huelgas y una campaa internacional, subieron a unos cien euros, cuando, slo para alimentarse los trabajadores necesitan unos ciento cincuenta, y unos trescientos para hacer frente a todas sus necesidades. Lo mismo ocurre en otras factoras, como Levi Strauss o GAP: todas se aprovechan de la necesidad de los camboyanos, igual que hacen tambin en la India o Bangla Desh.

En un pas de poco ms de trece millones de habitantes, hay ms de medio milln de mujeres camboyanas que trabajan en fbricas textiles, con jornadas de doce horas diarias. La gran mayora son mujeres jvenes, que no sobrepasan los treinta y cinco aos. La debilidad del pas, de los sindicatos y del gobierno, no puede hacer frente al abuso de las empresas extranjeras, que, adems, se aprovechan de que el gobierno reprime las protestas para salvaguardar la estabilidad del pas. La hipocresa occidental es vergonzosa: mientras Inditex declara beneficios millonarios, se niega a pagar a las obreras camboyanas salarios de 160 euros mensuales como reclaman los sindicatos. Tas las huelgas y manifestaciones de 2014, grandes multinacionales como Inditex y H&M, aceptaron aumentos salariales en 2015 sin llegar a los 160 euros que reclaman las trabajadoras. En octubre de 2015, el gobierno situ el salario mnimo en 129 euros, aunque la barrera en muchas empresas, que utilizan argucias para incumplir la ley, ha quedado situada en los 100 o 110 euros mensuales. Adems, la patronal presiona al gobierno para que se adopten restricciones al derecho de huelga, y duras limitaciones a la actividad sindical y a la presencia de los sindicatos en las empresas. Al mismo tiempo, ante las denuncias internacionales y la oleada de huelgas en el pas, y en un acto de consumada hipocresa, las grandes multinacionales textiles que se han beneficiado durante aos de los salarios de miseria en Camboya, crearon la plataforma ACT (accin, colaboracin, transformacin) para, segn sus portavoces presionar al gobierno para elevar el salario mnimo y asegurar una vida digna a los obreros camboyanos.

Segn el gobierno, el ingreso per cpita en el pas pas de 229 dlares en 1993, a 1.228 dlares en 2015; con la previsin de que alcance los 1.325 dlares en 2016. La tasa de pobreza pas del 53,2 % en 2004 al 13,5 % en 2015.

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El polpotismo y la monstruosa matanza que caus en los cuatro aos que dur su rgimen siguen estando presentes, aunque las nuevas generaciones (han transcurrido casi cuarenta aos desde su cada) viven otra realidad. Los jemeres rojos fueron una delirante derivacin del sector ms izquierdista del maosmo anudado con el nacionalismo camboyano y con la desconfianza hacia los comunistas vietnamitas, que explica su evolucin posterior, y la alegra popular ante la liberacin vietnamita. La cada del criminal rgimen de Pol Pot se produce en 1979, aunque el pas continu en guerra: el FUNCINPEC (Frente Unido Nacional dirigido por el hijo de Norodom Sihanuk, que haba sido fundado en Pyongyang, Corea del Norte, en 1981, en el marco de las discrepancias entre China, la URSS y Vietnam) mantuvo las operaciones militares y las guerrillas contra el gobierno de Hun Sen, aliado de las fuerzas vietnamitas que expulsaron a los seguidores de Pol Pot. En ese momento, Pekn apostaba por la confluencia entre los restos del jemer rojo y el movimiento de Sihanuk, para oponerse al gobierno provietnamita de Hun Sen.

En 1991, se firm el acuerdo de paz entre los sectores monrquicos del Frente Unido Nacional y el gobierno de Hun Sen, el primer ministro del Partido Popular de Camboya (nuevo nombre del Partido Revolucionario del Pueblo de Kampuchea, heredero en Camboya del Partido Comunista de Indochina de los aos coloniales) que administr el pas desde la entrada de las tropas vietnamitas en 1979. La cada del rgimen de Pol Pot no signific el final de su demencial aventura: a partir de entonces, sus seguidores se refugiaron en el norte del pas y en las zonas fronterizas tailandesas, recibiendo el apoyo de Estados Unidos, Tailandia y China (por su oposicin a Vietnam y la URSS, que apoyaban al nuevo gobierno camboyano!). El gobierno de coalicin entre los jemeres, los monrquicos y las fuerzas anticomunistas, creado para oponerse al de Hun Sen en Phnom Penh, mantuvo decenas de miles de hombres armados, que ocupaban importantes zonas del pas: todava a mediados de los aos noventa, controlaban ms del veinte por ciento del territorio camboyano, y retenan adems la representacin de Camboya en las Naciones Unidas. Muchos pases, entre ellos Estados Unidos, siguieron reconociendo, hasta 1991, al gobierno de los jemeres rojos como el gobierno legtimo de Camboya. Mientras proseguan la guerra, los dirigentes jemeres hacan negocios con los militares tailandeses: las supuestas ideas comunistas de los jemer rojos quedaron rpidamente en evidencia: en 1981, dos aos despus de perder el poder, Pol Pot, Khieu Samphan y el resto de los dirigentes jemer, renegaban del comunismo, proclamaban su respeto a la religin y su apoyo al capitalismo, y disolvan el partido comunista de Kampuchea.

Los acuerdos de Pars, en 1991, entre las distintas facciones para acabar con la guerra (donde Hun Sen desempe un papel decisivo), culminaron con las elecciones de 1993 donde se alz con la victoria el monrquico Frente Unido Nacional (gracias, sobre todo, al prestigio de Norodom Sihanuk, que haba sido el padre de la independencia de Camboya que acab con la colonia francesa, y que se mantuvo despus contra el imperialismo norteamericano durante la guerra de Vietnam). La constitucin de 1993 consagr despus la monarqua como sistema poltico y la economa de mercado, aunque los enfrentamientos polticos continuaron hasta la crisis de 1997, y desembocaron en las elecciones de 1998 tras las que el Partido Popular de Hun Sen y el monrquico Frente Unido firmaron un acuerdo para constituir un gobierno de coalicin que se ha mantenido hasta hoy. Quedaban destacamentos del ejrcito polpotiano, pero la disolucin de los ltimos restos de los jemeres rojos, en 1999, permiti abrir una nueva etapa en el pas.

En 2003, Norodom Sihanuk abdic y fue sustituido por su hijo, Norodom Sihamon. El viejo Sihanuk muri en Pekn, en 2012. Mientras tanto, han aparecido otros actores polticos, a veces de la mano de la intervencin exterior. La popularidad conseguida por Sam Rainsy, un liberal que permaneci cuatro aos exiliado voluntariamente para evitar la prisin, ha cambiado el escenario poltico camboyano. Su partido, el CNRP, es miembro de la Internacional Liberal. Desde 2012, el CNRP, que naci de la confluencia entre el Cambodia National Rescue Party, de Sam Rainsy, y el Partido de los Derechos Humanos, se ha convertido en el otro gran partido camboyano: en las ltimas elecciones, en 2013, el Partido Popular de Hun Sen obtuvo 68 escaos, mientras que el CNRP consigui 55, aunque los resultados no fueron aceptados por Rainsy y se abri una grave crisis, con la oposicin convocando protestas en Phnom Penh y otras ciudades. La crisis se cerr con un nuevo acuerdo entre Hun Sen y Sam Rainsy. Pese a todo, el inflamado discurso antivietnamita de Sam Rainsy, que alcanza a Hun Sen, a quien acusa de ser un agente de Vietnam, llena de sombras el futuro. El viejo Frente Unido Nacional de los monrquicos ha pasado a ocupar un espacio marginal, sin representacin parlamentaria.

Los juicios a los jemer rojos han continuado. En 2014, se impuso cadena perpetua a Nuon Chea y Khieu Samphan, los dos ltimos dirigentes vivos del rgimen de Pol Pot. La accin del gobierno bascula entre el objetivo central del desarrollo econmico, la obsesin por asegurar la estabilidad, el temor a la protestas de la oposicin y los desrdenes callejeros y huelgas, y los esfuerzos legislativos para proteger a las mujeres, impulsar la igualdad entre sexos, y combatir la discriminacin contra homosexuales y lesbianas. El gobierno ha aprobado un ambicioso plan nacional para eliminar la violencia contra las mujeres, pero proliferan las expropiaciones de tierras a los campesinos, la corrupcin, las actividades empresariales de militares, y la connivencia de grupos mercantiles con algunos sectores gubernamentales, adems de la arbitrariedad de una parte de los funcionarios, que despachan asuntos a cambio de pagos, y que llega incluso a la enseanza, rasgos que han hecho aumentar la insatisfaccin popular.

La economa del pas sigue siendo extremadamente dbil: no debe olvidarse que hasta 1999 no lleg la paz. El PIB ha crecido de manera relevante desde el ao 2000, a una media de ms del 7% anual, a excepcin del bache causado por la crisis internacional en 2008 que le hizo retrocede durante dos aos. Sin embargo, su economa sigue siendo deficitaria, y ha de importar la mayora de los productos que consume. El gobierno puede mantener ese desequilibrio gracias a la ayuda internacional. Hoy, Camboya recibe inversiones y ayuda sobre todo de China, aunque tambin recibe contribuciones norteamericanas y de la Unin Europea. China, Vietnam y Tailandia abastecen con productos al pas, y sus exportaciones van destinadas, sobre todo, a Estados Unidos, Canad, Alemania y Gran Bretaa. No existe el desempleo, aunque las condiciones de trabajo son muy duras. Obreros camboyanos (y birmanos) que emigran a Tailandia son vctimas de trabajos casi forzados, como puso de manifiesto una reciente investigacin sobre la industria pesquera y sobre los operarios que trabajan para Nestl y otras multinacionales.

Los sectores ms importantes de la economa del pas son la agricultura y la industria textil. La ropa constituye casi las tres cuartas partes de sus exportaciones. No dispone de materias primas textiles, por lo que debe importarlas, y eso es una carga. Muchas marcas occidentales han establecido fbricas en Camboya, y se estn trasladando desde otros pases, como China, debido al significativo aumento de los salarios chinos. Camboya tampoco dispone de energa ni tecnologa avanzada. China y los pases del sudeste asitico estn aumentando sus intercambios comerciales con Camboya, mientras se reduce su volumen con occidente. China se ha convertido en el principal inversor en el pas, seguido del Vietnam, Taiwn y Corea del Sur. Vietnam es el pas ms poblado de Indochina, y eso le confiere una responsabilidad especial, puesto que tanto Camboya como Laos aceptan su determinante influencia en la zona, adems de que la poblacin camboyana es consciente de que fue la intervencin vietnamita quien acab con Pol Pot.

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, visit a finales de enero de 2016 Laos y Camboya, en la preparacin de la cumbre de la ASEAN, entrevistndose con el primer ministro, Hun Sen, y con el responsable de asuntos exteriores, Hor Namhong, y aprovech para aleccionar al gobierno camboyano sobre el respeto a los derechos humanos. Kerry no perdi la ocasin de reunirse con Kem Sokha, un monrquico liberal y uno de los principales dirigentes del CNRP de Sam Rainsy, quien se ha autoexiliado a Francia para no comparecer en los tribunales por un asunto de difamacin. Sokha, que lleg a estar refugiado en la embajada norteamericana en Phnom Penh, es un viejo conocido de Estados Unidos, que ha financiado sus actividades bajo el manto de los derechos humanos. Tras las elecciones de 2013, el CNRP boicote el parlamento, aunque las negociaciones con Hun Sen culminaron con la firma de un acuerdo con el gobierno en 2014 (la llamada cultura del dilogo), y con el retorno de sus diputados al parlamento en diciembre de 2015, aunque Rainsy contina en el exilio francs.

Estados Unidos es otro factor determinante. Por el pas pueden verse pancartas de la USAID norteamericana (una tapadera del departamento de Estado y de la CIA) con supuestos programas de ayuda que esconden objetivos polticos: Camboya es un pequeo pas, pero Washington quiere atraerlo hacia su lado en el nuevo gran juego que se libra en Asia, y utiliza las diferencias entre Pekn y Hanoi sobre los archipilagos del Mar de la China meridional para impulsar su plan de contencin de China. Por eso, el gobierno norteamericano, en una estrategia de palo y zanahoria, ha acusado a Camboya de apoyar la posicin de Pekn. Estados Unidos no quiere que las diferencias sobre el Mar de la China del sur sean abordadas bilateralmente entre los pases afectados, mientras que Pekn, en lo que denomina el mecanismo de doble va, defiende negociaciones entre los interesados acompaadas del compromiso de China y la ASEAN de mantener la paz en la regin. Por el contrario, Estados Unidos quiere la internacionalizacin de las disputas y que sea la ASEAN quien intervenga directamente en las negociaciones, configurando as un mecanismo global que le permitira estar presente y asegurar su influencia en la zona. En todo ese complejo tablero, Camboya es una pequea pieza, pero todas sirven para la partida. Tras su entrevista con Kerry, Hor Namhong, viceprimer ministro y responsable de asuntos exteriores camboyano, anunci su coincidencia con China en este asunto, posicin que fue agradecida por Pekn y mal recibida en Washington.

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El actual rey, Norodom Sihamon, cumple una funcin simblica, porque el poder real est en manos del primer ministro, en un pas joven donde las tres cuartas partes de la poblacin tienen menos de veinticinco aos. Treinta aos de guerra y las secuelas de los bombardeos norteamericanos en Indochina dejaron una profunda huella y una economa destruida, y todava hoy continan muriendo personas por las miles de minas estadounidenses enterradas: se calcula que, en los ltimos treinta aos, han muerto ms de veinte mil personas que tropezaron con las bombas, y unos cincuenta mil han sufrido heridas y amputaciones. A veces, se ven en los lugares concurridos por turistas orquestinas de msicos mancos y tullidos, que se ganan as la vida.

El significativo aumento del turismo en los ltimos aos (casi cinco millones de extranjeros llegan cada ao), ha trado a centenares de hombres occidentales en busca de jvenes prostitutas; en muchas ocasiones, menores de edad. No es extrao ver occidentales con jvenes camboyanas de la mano, aunque la prostitucin no llega a los extremos de Tailandia, Filipinas (heredera, en ambos pases, de los gigantescos burdeles que organizaron los militares norteamericanos en los aos de la guerra de Vietnam para relajo de sus marines) o de la India, donde miles de jvenes, a veces, nias, son forzadas a la prostitucin durante aos y despus abandonadas, sin ms, en las calles de las grandes ciudades. Pero, aunque no llegue a la obscenidad tailandesa, donde pueden comprarse nias como esclavas para dedicarlas a trabajar o a la prostitucin, ni a la trata de blancas, es una sucia mancha sobre el futuro del pas. Y la pobreza es una dura condena que siempre encuentra sus aprovechados: la supuesta solidaridad occidental ha creado orfanatos que muchas veces son un negocio para captar recursos de los turistas, y, en los casos ms srdidos, centros de explotacin y de abusos sexuales. Existen varios centenares de orfanatos, sobre todo en las rutas tursticas, y occidentales e intermediarios del pas buscan nios en las zonas rurales ms pobres para convencer a las familias de que les confen a sus hijos, con el seuelo de una vida mejor en el orfanato: los nios son imprescindibles para tocar el corazn de los turistas y mantener el negocio.

En Camboya pueden verse a hombres que transportan cerdos, vivos, en sus motos, acostados los animales tras el conductor; y a enfermos trasladados con su gotero en una moto donde circulan tres personas, y, en el ro Siem Reap, no lejos de los viejos templos de Angkor, precarias casas de madera levantadas sobre palos de ocho metros de altura, para preservarlas de las crecidas apocalpticas del Mekong; hay muchas, y, de vez en cuando, se ven algunas ms modernas, entre arrozales encharcados y oficios pesqueros, donde la vida es difcil. El barro y la tierra en las carreteras caticas, y los vehculos desvencijados, tuk-tuks y motos circulando por cualquier parte en Phnom Penh, Siem Riep o Battambang, muchas veces en direccin contraria; destellos aislados de modernidad, y ejrcitos de trabajadores mal pagados, componen el rostro de un pas que apenas lleva quince aos en paz, donde el miedo y el recuerdo del apocalptico, delirante y sanguinario rgimen de Pol Pot est empezando a dejar paso a las exigencias de las nuevas generaciones, aunque, en Camboya, el futuro siempre llega con retraso.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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