EL FIN de semana pasado estuve participando en un gran coloquio sobre el tema
Ética y comunicación. Derechos e informaciones en el sistema global
. El encuentro, organizado por la provincia de Venecia, tuvo lugar
cerca de esta ciudad, en una pequeña isla llamada San Servolo, situada
en la misma laguna, y en unos locales restaurados con supremo gusto que
durante decenios sirvieron de asilo psiquiátrico para hombres...
Intervenían algunos de los mejores especialistas italianos, como
Roberto Savio, Giulietto Chiesa, Giovanni Cesareo, Fausto Colombo, en
torno a unas cuantas preocupaciones principales: el derecho de acceder
a una informacion fiable; la necesidad de noticias auténticas, seguras
y verificables; la expansión exponencial de los medios de comunicación
de masas; el exceso de datos que circulan por la
web ; la fractura digital; y la búsqueda de nuevas formas de regulación y de gobierno de las redes mediáticas.
Se discutió mucho sobre la crisis del periodismo, sobre cómo
los ciudadanos, organizados en lo que he llamado el quinto poder,
podrían controlar mejor los medios, y se habló también bastante de las
tecnologías abiertas y de la conveniencia de tranformar los programas
digitales en bienes comunes de la humanidad.
Pero los debates más intensos y apasionados giraron en torno
a los temas que se van a debatir en la segunda Cumbre Mundial de la
Sociedad de la Información, que se celebrará en noviembre próximo en
Túnez, bajo los auspicios de la ONU. Y más en particular sobre la
cuestión del control de Internet. Este problema se ha convertido en una
polémica de alcance geopolítico, pues existe un desacuerdo importante
entre Estados Unidos, por una parte, y la Unión Europea y los países
emergentes, por la otra, para saber cómo se modifica la gestión de
Internet.
Es evidente que, en un mundo cada vez más globalizado y en el
que las redes de comunicación (siendo Internet la principal de ellas)
tienen una importancia estratégica, el control de esas redes otorga a
la potencia que lo ejerce una supremacía estratégica decisiva. Igual
que en el siglo XIX el control de las vías de navegación mundiales
confería a Inglaterra una dominación planetaria.
Hoy Internet está controlado por la empresa californiana
ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers) que
administra la Red y atribuye, por ejemplo, los nombres de dominios (el
.es
de España). Desde noviembre de 1998, esa empresa se encuentra bajo la
tutela del Departamento estadounidense de Comercio, según un acuerdo
firmado entre el ICANN y el Gobierno de Estados Unidos válido hasta
septiembre del 2006.
En el coloquio de San Servolo se recordó que el viernes de la
semana pasada, 30 de septiembre, en Ginebra, se terminaron dos semanas
de negociaciones infructuosas entre Estados Unidos y la Unión Europea
en las que se ha tratado de poner término a las profundas divergencias
sobre el control y la regulación de Internet.
Los Estados europeos, varios países emergentes, como Brasil y
China, y otros de África, Asia y América Latina, consideran que las
cosas no pueden continuar así. Internet no puede seguir controlado por
una empresa supeditada al Gobierno de Estados Unidos. Éste será el
debate central en noviembre próximo en Túnez. Está en juego la libertad
de expresión en la Red.
Cada día, un número mayor de países reclaman la creación de
una nueva autoridad internacional, en el seno de la ONU, encargada de
garantizar una gestión independiente y ecuánime de Internet. Y cada vez
son más los ciudadanos que en todo el mundo apoyan esta nueva exigencia
democrática.