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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2016

El dirigente quich Pedro Tzic denuncia una ofensiva de los macroproyectos mineros en Guatemala
Con la minera llega la represin y la violacin de los derechos humanos

Enric Llopis
Rebelin


Fue a partir de la firma de los acuerdos de paz de Guatemala, en 1996, que pusieron fin a 36 aos de guerra civil, cuando Pedro Tzic empez a movilizarse. Hoy es uno de los dirigentes del Consejo de Comunidades de Cunn, municipio de 40.000 habitantes ubicado a 1.200 metros de altura en el departamento del Quich. Vive actualmente en la aldea donde naci hace 51 aos, Chiul, aunque hace unos das vol rumbo al estado espaol para impartir varias conferencias. Nada ms aterrizar al aeropuerto de Madrid, fue conducido por la polica a una sala donde permaneci, con otros inmigrantes latinoamericanos, tres horas retenido. En Valencia ha participado en un acto organizado por Perifries, Cedsala, Brigadas Internacionales de Paz, Intersindical Valenciana, Acoec, Entrepobles, Cedsala y el Centre Social Terra.

Pedro Tzic form parte en su da del colectivo de poblaciones y comunidades de desarraigados en el municipio de Nebaj (Quich). Su familia tena tierras, relata, y tuvieron que organizarse al iniciarse la dcada de los 80 frente a la represin y las masacres que sufran las comunidades en la zona de Ixcn, fronteriza con Mxico. Eran los tiempos del general Lucas Garca, presidente entre 1978 y 1982, cuando los gobiernos militares pretendan hacerse con el petrleo. Hubo quien se traspas la frontera, otros formaron comunidades en resistencia y otros, como Pedro Tzic, se convirtieron en desplazados, sin otra opcin ms que esconderse de la represin y abandonar las tierras. El gobierno de Ros Montt entreg nuestras parcelas a las patrullas civiles o paramilitares. Nos fuimos de Ixcn, recuerda. Cuando a mediados de los 90 se rubricaron los acuerdos de paz, se incluy un punto sobre reasentamiento de poblacin desarraigada. Era la oportunidad para recuperar las tierras, pero los procesos de reclamacin se eternizaron. Hasta el ao 2002 no se cumpli el objetivo.

El activista indgena ha vuelto Chiul, a su lugar de origen. Recuerda la guerra como morir o vivir, no haba ms. Hoy contina siendo campesino, cuenta con algunos terrenos donde cultiva milpa (maz) y frijol para el autoconsumo. Chiul es una aldea de unos cinco mil habitantes, donde tradicionalmente la poblacin se dedicaba al campo, pero a la que se han sumado en la actualidad muchos profesionales. Aunque muchos de ellos no tienen empleo, matiza Pedro Tzic. Adems de campesino, Tzic es miembro del Consejo de Comunidades de Cunn, constituido por 22 miembros de ocho pequeas regiones, la gran mayora de etnia quich. Las razones para la fundacin del consejo en 2008 dan buena cuenta de las amenazas que sufre el municipio. Por informaciones gubernamentales se supo de nueve macroproyectos, que podan terminar con el 80% de las tierras de Cunn. Las comunidades constataron sobre los planos el efecto de estas macroactuaciones, se organizaron y pidieron al gobierno que se convocara una consulta. As naci el Consejo de Comunidades de Cunn, recuerda el activista.

En la consulta comunitaria organizada por el municipio y celebrada en octubre de 2009, unas 19.000 personas de 80 comunidades se pronunciaron en contra. Todo el mundo particip y vot en sentido negativo, esto se elev a acuerdo municipal pero el Estado no reconoci el resultado de la consulta al no considerarla vinculante, explica el dirigente indgena. Se trataba de parar nueve macroproyectos en materia de minera, transporte y energa elctrica, promovidas por transnacionales y sus filiales guatemaltecas. Pedro Tzic cita, entre otras, a una empresa de Guatemala, Cementos Progreso, a la canadiense Nichromet, a Fersa, Trecsa o Deocsa, adquirida por IC Power. La alarma lleg con las declaraciones del nuevo ministro de Energa y Minas, Juan Pelayo Castan, quien a primeros de febrero de 2016 reconoci que durante las presidencias de lvaro Colom y Otto Prez Molina no se concedieron nuevas licencias mineras por la oposicin popular. Con la excusa de reducir la pobreza, anunci el fin de las moratorias y la agilizacin de las concesiones. se es el peligro que viene: ah nos vendr la represin y la violacin de los derechos humanos, se trata de una provocacin a la conflictividad.

Las empresas reclaman seguridad al gobierno para poder desarrollar los megaproyectos. Pedro Quitz relaciona las palabras del ministro de Energa y Minas con la reciente visita de funcionarios del Ministerio de Defensa y Gobernacin al municipio de Chicamn (Quich), en la que se comunic a la poblacin, en una reunin pblica, que se requeran medidas de seguridad y un destacamento militar. La gente dijo que no, porque no estamos en tiempo de guerra, recuerda el miembro del Consejo de Comunidades de Cunn. Somos guatemaltecos y conocemos perfectamente las maas de los gobiernos, sabemos los proyectos que en la zona tienen la elctrica italiana Enel, la colombiana Trecsa, dedicada al transporte de electricidad, y la elctrica Fersa, adems de las mineras en los territorios contiguos.

La amenaza de que se aceleren las concesiones mineras, expresada por varios ministros del presidente Jimmy Morales, llev a que el 24 de febrero el Consejo de Comunidades de Cunn, de manera coordinada con el Gobierno Municipal, organizara una asamblea abierta a la participacin popular de las 80 comunidades quichs. La asamblea decidi, con el apoyo del Gobierno Municipal de Cunn, que haba que fortalecer el consejo y movilizarse para defender los derechos bsicos. Pedro Tzic alerta del gran riesgo que actualmente representan las compaas elctricas. Estn solicitando derecho de servidumbre de paso, de aproximadamente 24 metros de longitud lineales por cada parcela, con el fin de instalar el cableado de alta tensin; de ese modo las empresas mineras, debidamente conectadas, podrn operar. Estn presionando a la gente para que firme, agrega. El argumento de presin que utilizan las compaas es que sin los proyectos, el municipio y los vecinos se quedarn sin electricidad, o sta vera menguada su potencia.

Tambin se les ha dicho que si los cables no pasan por las parcelas, se echarn a perder otros proyectos comunitarios. Los alcaldes aunque no el actual, matiza Pedro Tzic- han sido cmplices en la estrategia de presin. Sin embargo, los cables atravesarn tierras de cultivo, aldeas, comunidades, caseros, calles y reas urbanas donde viven familias. Hasta el momento, las infraestructuras no se han podido ejecutar por la oposicin de las comunidades, aunque por reclamar nuestros derechos el gobierno nos llama rebeldes. La situacin de Cunn tampoco resulta excepcional en Guatemala. En el Ministerio de Energa y Minas hay actualmente 611 peticiones de licencia relacionadas con minerales (tanto metlicos como no metlicos) y materiales de construccin. Adems, el ministerio cifra en 343 las licencias vigentes.

Pedro Tzic trabaja asimismo en la Iniciativa de Recuperacin de la Memoria Histrica (IMH) de los municipios del Quich, el departamento de Guatemala donde se perpetr el mayor nmero de masacres durante una guerra civil que, entre 1960 y 1996, se sald segn la Comisin para el Esclarecimiento Histrico con 200.000 muertos, 45.000 desaparecidos y unos 100.000 desplazados. El motivo de la iniciativa, que ech a andar hace aproximadamente una dcada, se sintetiza de este modo: Para entender el presente hay que reconstruir el pasado. Promueven talleres, reuniones de intercambio, platican con compaeros que vivieron la guerra para recomponer los hechos y han editado un libro (El camino de las palabras de los pueblos) sobre la memoria histrica del pueblo quich -el mayor de los pueblos mayas- escrito a muchas manos, a partir de asambleas, del trabajo en grupo y las historias personales. Qu parte de la memoria habra que priorizar? Histricamente fue fundamental la resistencia, explica Pedro Tzic, que empez con la invasin espaola y contina hasta hoy. Aade que la conquista impuso su religin, su lenguas y costumbres. Tal vez por ello, reconoce el activista de la aldea de Chiul, me quede muy poco de la cosmovisin maya.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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