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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2016

Editorial de Punto Final
La revolucin necesaria

Manuel Cabieses D.
Punto Final


Chile necesita una revolucin para que el poder cambie de manos: de las de la oligarqua a las del pueblo. Las reformas por bien intencionadas que sean, resultan insuficientes. Ms an cuando solo persiguen afinar el sistema sin afectar los privilegios de la elite y cindose a una Constitucin de matriz autoritaria y oligrquica. As lo han demostrado los regmenes neoliberales del ltimo cuarto de siglo. La institucionalidad -que fund el terrorismo de Estado- bloquea el camino de la democratizacin y del saneamiento moral del pas. Esos objetivos son tarea de una revolucin. De un proceso social, poltico y cultural que supere al tmido reformismo socialdemcrata o liberal.

La historia de lucha del pueblo chileno -plagada de masacres y represiones- sufri en 1973 un golpe demoledor. El presidente Salvador Allende haba iniciado un proceso social de horizontes revolucionarios. Algunos, equivocadamente, no valoramos lo suficiente esa perspectiva. Pusimos ms nfasis en alertar sobre el golpismo y en polemizar con los sectores vacilantes de la UP que en alentar la eclosin revolucionaria que poda desencadenar el proceso. La oportunidad pas y el gobierno popular se vio atrapado en el cepo institucional que lo desgast y entreg inerme a sus enemigos.

La leccin de ese breve periodo histrico -al que sigui la heroica lucha de resistencia al terrorismo de Estado- establece que hay una diferencia enorme entre las reformas que sirven al sistema capitalista para ayudarlo a salir de sus crisis -como las que impulsa el actual gobierno- y las que pueden generar enormes fuerzas antisistmicas. Tal diferencia la tuvieron clara la oligarqua y el capital norteamericano, aun antes que Allende asumiera la Presidencia. Los enemigos del pueblo no tienen escrpulos a la hora de defender sus privilegios. As ha sido y ser siempre. La conspiracin -aceitada con fondos cuantiosos- puso en pie de guerra a las instituciones. Es una falacia sostener que los responsables de las violaciones de los derechos humanos fueron individuos y no instituciones. Por cierto hubo forajidos de uniforme que cumplieron el rol de verdugos. Pero los esbirros obedecan a mandos institucionales y cobraban sueldos del Estado. Lo mismo sucedi con los tribunales, partidos, medios de difusin, corporaciones empresariales y gremiales, etc. Continan siendo una amenaza y han conseguido paralizar la llamada transicin a la democracia.

El siniestro pasado de estas instituciones y los actos de corrupcin que han estallado en sus narices, revelando el srdido maridaje de poltica y negocios, son factores determinantes de la crisis del Estado. Esa crisis slo puede superarla una refundacin mediante una nueva Constitucin Poltica. Su legitimidad la dar por primera vez en nuestra historia una Asamblea Constituyente elegida por el pueblo y cuya propuesta ser aprobada en un plebiscito.

Lo anterior significa intentar una revolucin democrtica que necesitar acumular mucha fuerza para disuadir al golpismo y la intervencin imperialista, o enfrentarlos si es necesario.

Este proceso ser largo y complejo pero es posible. La mayor dificultad consiste en remover la indiferencia que en forma estril rechaza al sistema capitalista y a su institucionalidad. El concubinato de los negocios y la poltica ha terminado por desplomar el respaldo social de instituciones, partidos y empresas. Ha dejado en evidencia que el mercado libre no existe, que las empresas se coluden para estafar al consumidor, que los ahorros de los trabajadores son utilizados para la especulacin financiera, que la corrupcin es un modo de vida de polticos, funcionarios y empresarios.

La institucionalidad nunca haba estado tan debilitada como ahora. Sin embargo la dispersin de las fuerzas anti neoliberales impide construir un proyecto de democracia participativa, de justicia social, de plena soberana sobre nuestras riquezas naturales y que abra paso a las nuevas generaciones para que se hagan cargo del gobierno del pas.

No obstante, la crisis poltico-institucional est ayudando a despertar las conciencias. La resistencia actualizar las experiencias solidarias y de unidad de trabajadores, estudiantes, pobladores, pueblo mapuche, pensionados, pescadores, mujeres, jvenes, etc. Es tiempo de terminar con la dispersin. Esto puede lograrlo un programa mnimo para convocar -en un proceso ascendente- a un potente movimiento social y poltico que imponga la Asamblea Constituyente por la razn o la fuerza. Ese programa podra plantear, por ejemplo, que la Constitucin garantice el derecho universal a salud y educacin gratuitas y de calidad; un sistema de seguridad social administrado por el Estado para terminar con el robo de las AFPs y las isapres; atencin preferente de nios y ancianos por el Estado; la identidad y autonoma de los pueblos originarios; la nacionalizacin del cobre y el litio; el referndum revocatorio de los mandatos populares; Asamblea Nacional como nica cmara legislativa; lmites razonables a las ganancias de las inversiones nacionales y extranjeras; sancionar con crcel la colusin de empresas; fijar un salario mximo para acortar la diferencia de ingresos; derecho al aborto para la mujer; reconocer el matrimonio gay; democratizar las FF.AA. y Carabineros; asegurar la proteccin del medioambiente; y una poltica exterior de unidad e integracin latinoamericana.

Se trata de reformas, desde luego, pero de reformas revolucionarias destinadas a cambiar el alma de un pas indignado por la codicia de la oligarqua y de la casta poltica.

www.puntofinal.cl


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