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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2016

Muri la Crtica cinematogrfica?
tica y semitica en pantalla

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/Universidad de la Filosofa/FILM


Para que la crtica cinematogrfica no se trafique como anecdotario de gustos y caprichos, exhibidos con tono erudito y desparpajo de sabiondos y para que no sea catarsis impdica de petulantes se requiere mtodo y auto-crtica. Cuanto ms cerca de la ciencia1 mejor. No es exagerado decir que una de las herramientas ms poderosas que el Cine gener al lado de su despliegue semntico, esttico, tecnolgico e industrial es el campo frtil del filosofar crtico basado en pelculas. Herramienta poderosa no siempre usada para emancipar cabezas porque no todos los sedicentes crticos estn a la altura de la crtica que se necesita. Veamos.

Si crticos se hacen llamar los que -para cobrar un salario- rinden pleitesa a la lgica del mercado flmico; si para llamarse crtico ha de reducirse el trabajo a slo hablar de los logros en taquilla las productoras y las distribuidoras monoplicas2; si para exhibirse como conocedor hay que recitar el santoral bibliogrfico de las academias de moda o si para llamarse crtico se ha de pontificar con esnobismo festivalero y pedantera de ignorantes lo que realmente queda a la vista es la pobreza enorme -y realmente existente- de la ceguera funcional que reina. Tambin la crtica cinematogrfica fabric sus mercados y sus mercaditos. Una regla no escrita parece indicar que cuanto ms masivo es el medio ms simplona es la crtica y ha proliferado la, por definicin, monstruosa mana de calificar pelculas con estrellitas en lugar de ideas. Y hay quien gana dinero por hacer eso.

Mientras tanto en la realidad los pueblos necesitan de un movimiento numeroso y vigoroso de crticos cinematogrficos dispuestos a poner en su lugar el basurero flmico con que se ha sobresaturado el imaginario colectivo. Es que ese imaginario es uno de los campos de batalla ms codiciados por la burguesa. Ah se disputa (entre mil cosas) la forma del conocimiento del mundo y sus procesos de nominacin, incluidas las formas de la nominacin al lado de las herramientas de produccin de enunciados flmicos. Ah se diputan los imaginarios y las conductas que de ellos se derivan. Se disputan los modelos del goce esttico, de los placeres y de la subjetividad expuesta a todo gnero de estmulos. Se disputan para someterlos y para convertirlos en negocio. Impunemente.

Bajo el disfraz de entretenimiento, legitimado y legalizado, el aparato ideolgico de la industria cinematogrfica ha desplegado su batalla alienante casi ni oposicin y casi sin regulaciones gubernamentales. Eso no descarta el fardo burocrtico parasitario. Con el territorio liberado, la diversin flmica se adue de latifundios audiovisuales enormes (salas cinematogrficas, centimetraje impreso, comentaristas de radio y T.V.) decorados con los anzuelos del negocio del espectculo y santificados por una esttica del nihilismo ms a-critico dispuesta a tragarse cualquier pelcula chatarra mientras sirva para complacer ilusiones y alucinaciones propias del individualismo burgus, su esttica y su lgica consumista. El objetivo ideolgico oligarca es que agradezcas que te exploten, que aplaudas cuando te humillan y que aceptes que ellos tienen la razn.

Visto con perspectiva el tsunami audiovisual de cada semana, desatado desde la industria cinematogrfica y sus monopolios, pone en evidencia una guerra asimtrica en la que no alcanzan las pocas buenas plumas (ni las buenas intenciones) que son capaces de poner orden, (es decir hacer crtica seria) suficientemente rica como para neutralizar los dispositivos alienantes administrados en cada film. (Violencia espuria, belicismo mercantil, padrotismo de soldaditos, policas, detectives y autoritarios adlteres, en una lgica autoritaria, racista sexista y clasista con banderas imperiales desplegadas).

No tenemos ni el 10% de los crticos cinematogrficos que necesitamos. No tenemos a los crticos que luchen desde las bases. No tenemos los talleres, las escuelas ni los movimientos sociales suficientes empeados en fundar ncleos de accin crtica en cada barrio. No tenemos la infraestructura ni tenemos la metodologa social de base que se requiere para aspirar, en el plazo medio y largo, a dar una batalla semitica emancipadora contra ese cine que nos aplasta el imaginario mientras nos roba millones dlares entre palomitas y refrescos.

Tampoco tenemos acceso al otro cine, al que se produce como se puede con lo que se tiene. Al cine que interpela la situacin social, las condiciones inhumanas a que nos somete el capitalismo y el arsenal de municiones ideolgicas con que nos humillan y acomplejan sistemticamente. Slvense todas las excepciones honrosas. No tenemos a la mano ni los medios ni los modos para ver ese cine que nos espeja con honestidad y que nos impulsa a mirar ms all de las apariencias flmicas. No sabemos quines son, dnde estn, cmo trabaja ni cmo viven los trabajadores del cine que no estn contentos con el mundo que nos impone la burguesa. Y no lo sabemos, entre otras muchas razones, porque no contamos con ese movimiento internacionalista de crticos cinematogrficos que podran salvar a los imaginarios colectivos con ayuda de las herramientas cientficas de una semitica revolucionaria. Que tampoco est a la vista todava.

Aqu podramos decir que slo cundo el capitalismo haya sido superado podremos transformar las superestructuras. Pero eso es relativamente incompleto sin un programa de lucha semitico capaz de romper las falsas dicotomas entre la forma y el contenido, entre la tica y la esttica, entre el trabajo manual y el intelectual. El debate capital-trabajo est vivo en los campos de batalla flmicos -hacia adentro y hacia afuera- y no podremos hacerlo visible si nos sentamos a esperar a que pase ante nuestra puerta el cadver de la industria cinematogrfica dominante. Hay que darle una ayudada. Esa es, apenas, una parte de la tarea que la crtica cinematogrfica emancipadora habr de librar otra es animarse a producir ndices que marquen rumbos de lucha nuevos hacia un cine liberado del arsenal ideolgico predominante, gracias a un mtodo dialctico afinado en la refriega metodolgica diaria de mirar pelculas, sin concesiones, y de aportar herramientas de anlisis en los que, de una vez por todas, la crtica cinematogrfica deje de ser tarea de iluminados y sea accin social encarnada en el placer de hacer la revolucin cinematogrfica que la historia nos exige, tambin. Lo veremos?


Notas

1 El de Gortari defini la ciencia como la explicacin objetiva y racional del universo. El de Gortari, El mtodo de las ciencias. Nociones elementales, 12a. ed., Mxico, Editorial Grijalbo, 1996, p. 11. (Tratados y Manuales Grijalbo)

2 How to make a hit Hollywood film: http://www.economist.com/blogs/graphicdetail/2016/02/daily-chart-19?fsrc=scn/tw/te/bl/ed/howtomakeahithollywoodfilm


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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