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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2016

Cuando el Plan B es el Plan A

Josep Maria Antentas
Pblico.es


Los encuentros por un Plan B en Madrid del pasado fin de semana han sido la iniciativa poltica internacional ms relevante en la Europa de la austeridad, tras otras menos exitosas y de perfil menor, con el fin de articular alternativas polticas y sociales y europeizar la discusin estratgica. Tan necesaria como difcil, la arena internacional ha sido un espacio de lucha, intercambio y reflexin presente de forma claroscura en el periodo posterior al 2011, el ao en el que soamos peligrosamente como lo bautiz Zizek.

Los movimientos que estallaron en 2011 constituyeron una ola de protesta global, formada por movimientos nacionales con caractersticas propias especficas, aunque fuertemente interinfluenciados y simblica y cognitivamente conectados. El marco de referencia de la contestacin de estos ltimos cinco aos ha sido el estatal y/o nacional (en los casos en que ambos no coinciden), si bien sta ha sido enmarcada tanto como oposicin a los gobiernos estatales y regionales como a la Troika (ms desplazado hacia los primeros en el caso espaol, y ms hacia la segunda en los casos griegos y portugus).

Absorbidos por la magnitud de sus respectivas crisis nacionales-estatales, los movimientos, organizaciones y campaas de los pases de la periferia europea no han generado una dinmica de colaboracin internacional demasiado intensa y pocas han sido las iniciativas de articulacin transfronteriza importantes que se han llevado a cabo. Ha habido encuentros y proyectos, pero todos an de perfil relativamente bajo y con escasas consecuencias prcticas. Algunos fueron impulsados por los nuevos movimientos ligados al empuje post 15M, como los encuentros Agora 99 en Madrid (noviembre 2012) o Roma (noviembre 2013), mientras otros fueron colaboraciones entre las nuevas redes indignadas y los remanentes del movimiento antiglobalizacin, como Firenze 10+10 (noviembre 2012), o el Altersummit en Atenas (junio de 2013). Hasta la fecha la principal movilizacin conjunta coordinada contra los efectos de la crisis sigue siendo la jornada United for a Global Change del 15 de Octubre de 2011, bajo el impulso del 15M del Estado espaol, pero que careci de continuidad real.

Ello ha ido paralelo a la incapacidad de largo aliento de la Confederacin Europea de Sindicatos (CES) en propiciar ninguna respuesta a la austeridad impuesta por un proyecto de integracin europea con el que la CES ha tenido tradicionalmente fuertes dependencias ideolgicas, organizativas y econmicas. Europesmo abstracto y unilateral, por un lado, y cooptacin por arriba a travs de un vacuo dilogo social europeo, por el otro, impiden a la CES articular una alternativa a la Europa del capital. La institucionalizacin de la accin sindical nacional-estatal tiene as su correlato europeo en forma de integracin subalterna en la lgica del proyecto de la Unin Europea, lo que resulta en una impotencia y parlisis de la accin sindical reivindicativa a escala continental.

La debilidad de la accin coordinada internacional contempornea contrasta con los aos antiglobalizacin, tras la eclosin de dicho movimiento en 1999 despus de la cumbre de la OMC en Seattle hasta 2003-04, en los que el altermundialismo se convirti brevemente en un actor definido y visible capaz de actuar articuladamente a escala internacional y de ser una referencia simblica compartida. La ola antiglobalizadora fue mucho ms epidrmica que la indignacin anti-austeridad abierta en 2011 y rasp slo la superficie de la estructura social, pero estuvo proyectada por definicin hacia la arena internacional, mostrando un inaudito, aunque fugaz, dinamismo en ella. En la segunda mitad de la primera dcada de este siglo dej de ser ya un referente y un catalizador de las resistencias sociales. Las campaas y movilizaciones internacionales perdieron centralidad y capacidad de agregacin, y el eje de las protestas se desplaz al mbito nacional/estatal y local. Las principales estructuras del altermundialismo, como los Foros Sociales, extraviaron el vnculo con las realidades nacionales, autonomizndose de los procesos reales. El legado de los aos antiglobalizacin continu, sin embargo, en forma de mltiples iniciativas internacionales temticas y sectoriales (campaas, das de accin global.) pero de impacto moderado y base militante limitada. La excepcin fue la eclosin del movimiento por la justicia climtica a raz del COP15 en Copenhague en 2009, de gran visibilidad y proyeccin (y que despus en ha tenido continuacin desigual en las cumbres posteriores), si bien con el problema latente de su desconexin con las resistencias nacionales/estatales y locales a la austeridad neoliberal, en las que las urgencias sociales han dejado en un segundo plano la reformulacin en clave verde del actual modelo econmico.

En el periodo actual las escalas nacionales/estatales y la internacional han quedado dislocadas, con movimientos y organizaciones de base social reducida proyectadas hacia la accin internacional y desconectadas de las movilizaciones concretas nacionales/estatales y locales, por un lado, y movimientos de lucha volcados en las urgencias nacionales y locales ante el bulldozer de los recortes. Ello plantea un doble desafo: arraigar territorialmente el activismo internacional y propulsar ms all de las fronteras las luchas nacionales. En otras palabras, articular lo nacional/local con lo internacional y europeo y al revs.

Todo ello no quita la importancia de algunas experiencias de protesta internacional en el corazn de la Europa austericida como las jornadas de Blockupy desde 2012; de las coordinaciones, poco visibles pero tiles para el intercambio de experiencias, de las organizaciones impulsoras de las auditoras ciudadanas de la deuda en el marco de la Red internacional de auditora ciudadana (ICAN en sus siglas en ingls); y, sobretodo, de la creciente y persistente campaa internacional contra el Acuerdo Transatlntico para el Comercio y la Inversin (TTIP), la mayor y ms global iniciativa hoy en marcha y que en cierto modo engarza el legado del altermundialismo con el de la fase abierta tras la crisis del 2008 y la explosin popular de 2011.

La geopoltica de las resistencias poltico-sociales tampoco ha ayudado a su articulacin internacional, al tener su epicentro en pases perifricos, con Grecia, Estado espaol y Portugal a la cabeza, con un grado de internacionalizacin de sus movimientos y organizaciones sociales relativamente bajo, y una capacidad real y simblica limitada para liderar una dinmica de europeizacin de la lucha. Ello contrasta con el periodo antiglobalizacin en el que fueron Francia (desde las huelgas de noviembre-diciembre de 1995 contra la reforma de la seguridad social hasta la explosin popular contra el precarizador contrat premire embauche (CPE) en 2006) y Italia (desde la contra-cumbre de Gnova en julio de 2001 hasta el movimiento antiguerra del 2003, pasando por la manifestacin de la CGIL de marzo de 2002 contra la modificacin del Artculo 18 del Estatuto de los trabajadores). Ambos pases se encuentran ahora sumidos en una situacin de bajos niveles de resistencia social, descomposicin de la izquierda poltica, y auge de la extrema derecha en el primero, y de alternativas demaggicas sin contenido en la segunda. El hexgono y la bota no slo ocupan un lugar importante en la geopoltica europea, sino tambin en la de la propia izquierda. Sin duda, europeizar la lucha desde la periferia mediterrnea helnica e ibrica es ms difcil que desde el eje Francia-Italia.

Pensar la ruptura tras Syriza

El Plan B nace bajo el impacto traumtico de la capitulacin de Tsipras ante la Troika, un verdadero jarro de agua fra a las esperanzas de cambio pero tambin una fuente valiosa de lecciones estratgicas a sacarpara no tropezar dos veces con la misma piedra, aunque sta est en otro camino u otro pas.

En el periodo antiglobalizacin la resistencia social no se plante la necesaria cuestin poltica. No estuvo orientada a la formacin de nuevas herramientas polticas, permaneciendo en una lgica de autosuficiencia del movimentismo social. Las corrientes altermundialista se situaban o bien en una perspectiva de influenciar las instituciones (ya fuera por la va moderada del lobby, ya fuera por la va de la movilizacin callejera) o en una lgica de cambiar el mundo sin tomar el poder (retomando el ttulo de la conocida obra de John Holloway), orientada al xodo o al contrapoder permanente. A pesar de ello, la radicalizacin altermundialista movi tambin el espacio poltico-electoral y cre unas mejores condiciones para la izquierda opuesta al neoliberalismo, favoreciendo la emergencia de partidos e iniciativas polticas que, bajo distintas cristalizaciones programticas y organizativas, expresaban electoralmente el descontento de una parte, minoritaria, de la sociedad. Pero los intentos de articularlas a escala europea no pasaron de ser o meramente formales o simples marcos de discusin.

En el campo de las fuerzas que giraban entorno a los Partidos Comunistas (o postcomunistas), con la excepcin de los ortodoxos KKE y PCP en Grecia y Portugal, se constituy el Partido de la Izquierda Europea (PIE), bajo la autoridad poltica y moral primero de Rifondazione Comunista (referente de este campo poltico desde la contra-cumbre de Gnova en Julio de 2001 hasta su auto-inmolacin con la entrada en el gobierno Prodi en 2006), y despus de Die Linke en 2007. Pero el PIE no ha pasado de ser una espacio de encuentro por arriba entre fuerzas polticas de mbito nacional/estatal, con poca visibilidad europea, escasa capacidad de actuacin en comn, enormes contradicciones y limitaciones estratgicas, y bastante dependencia de las necesidades y giros tcticos de su partido-faro de cada momento.

En el campo anticapitalista, a inicios de los aos 2000 surgieron las Conferencias de la Izquierda Anticapitalista europea. Con un peso importante de la LCR francesa (presente en el parlamento europeo desde 1999 y cuyo candidato presidencial Olivier Besancenot obtuvo un 425% en 2002), y la participacin del Scottish Socialist Party escocs, el Bloco de Esquerda Portugus, la Alianza Rojo-Verde danesa (estos dos ltimos miembros a su vez del PIE), la propia Rifondazione en sus primeros compases, y diversas fuerzas menores de otros pases, la Conferencia celebr encuentros regulares de pequeo formato durante varios aos, pero tampoco consigui llegar a ms. En 2008, en ocasin del cuarenta aniversario del Mayo del 68 y en pleno proceso de lanzamiento del Nouveau Parti Anticapitaliste (NPA) en Francia por parte de la LCR, nuevos encuentros de fuerzas radicales fueron convocadas. Pero la posterior crisis y declive del NPA, as como la prdida de centralidad de Francia en las luchas sociales tras el estallido del crack financiero, apagaron este segundo intento.

Las presiones de las situaciones de cada pas, las urgencias inmediatas y no siempre concordantes entre s de cada fuerza poltica, la lgica nacional/estatal de la competicin electoral (con la excepcin an parcial de las elecciones europeas), la desconexin entre lo poltico y lo social del periodo anterior, y las crisis y altibajos recurrentes, propias de un momento histrico de transicin, que muchos de los partidos referentes para los diversos espacios de la izquierda (Rifondazione, Die Linke, NPA, y ya en tiempos actuales Syriza) fueron padeciendo, explican los balances muy limitados de las coordinaciones transfronterizas europeas en el terreno partidario desde los albores del presente milenio.

El Plan B emerge ahora como una iniciativa sociopoltica, en el que fuerzas polticas y organizaciones sociales conviven y en el que la discusin poltica-estratgica est presente, con un formato que mezcla reflexin partidaria y activismo social y en el que se mezclan los ecos de los foros sociales y de las goras de las acampadas. Enfrenta, sin embargo, un escenario en el que las fuerzas de ruptura con la austeridad presentan un desarrollo muy desigual a escala europea, toman forma bajo experiencias muy dispares y se mueven en un contexto global donde en la mayora de pases del continente, excepto en aquellos donde ha habido proceso de lucha decisivos, el malestar social est siendo canalizado por la extrema derecha. Hay pocas fuerzas polticas que puedan hoy empujar en direccin a una europeizacin de la reflexin estratgica sobre la ruptura. y ms cuando las principales experiencias se encuentran en la periferia geopoltica no slo de la UE sino tambin de la propia izquierda europea. La esperanza Syriza se desvaneci en un tiempo rcord, y la Unidad Popular fracas en Grecia en su intento de articular una alternativa defensiva a Tsipras. El Bloco Portugus carece de proyeccin europea suficiente y Podemos no ha tenido desde su fundacin, ms all de sus relaciones con Syriza y con algunas figuras pblicas de la izquierda internacional, una poltica activa en el terreno europeo. Y el laborismo de Corbyn o la izquierda independentista escocesa representada por RISE se encuentran en los permetros de las dinmicas continentales, demasiado alejados para tirar del carro.

Desafos

Tras las jornadas de Madrid, el Plan B tiene dos grandes desafos, en un marco de ausencia de fuerzas polticas y de movimientos sociales que hasta la fecha hayan podido actuar de palanca y motor internacional de las resistencias y las alternativas. El primero, desarrollar una crtica consistente a las polticas de austeridad y a la UE, y no quedarse en aproximaciones demasiado superficiales. Hay que saber gestionar una amplsima pluralidad de enfoques en temas clave (euro, anlisis de la UE, concepcin del cambio poltico y social) cuyo acuerdo fundamental es el rechazo a la va Tsipras de capitulacin ante el poder financiero. Pero esto es el comienzo, el punto de partida. El de llegada debe ser la formulacin de horizontes estratgicos plurales compartidos que dibujen una senda alternativa de ruptura. Una ruptura que es la pre-condicin para un cambio en positivo.

El segundo, formular tareas prcticas que vayan ms all de la mera organizacin de nuevos encuentros. Necesitamos apuntalar campaas internacionales o jornadas de movilizacin global que den una perspectiva concreta a un nuevo internacionalismo desde abajo. Ah es donde el proceso de los Foros Sociales Europeos acab estancndose, siendo incapaz, ms all del lanzamiento de la jornada del 15F de 2003 contra la guerra de Irak, de pasar de los encuentros y de su propia preparacin a una fase de lanzadera de campaas y acciones comunes. Por ello, la convocatoria de una jornada de movilizacin internacional el 28 de Mayo es una excelente iniciativa que sintetiza a la vez el significado de las luchas sociales de los ltimos cinco aos y los intentos de construir nuevas herramientas polticas. Tiene por delante un reto tan simple como ambicioso: sincronizar esperanzas y esfuerzos ms all de las fronteras.

Josep Maria Antentas. Profesor de Sociologa de la Universitat Autnoma de Barcelona (UAB).

Fuente: http://blogs.publico.es/tiempo-roto/2016/02/22/cuando-el-plan-b-es-el-plan-a/



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