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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2005

Sexo, mercado e ideologa

Carlo Frabetti
Rebelin


El ttulo del ltimo artculo de Ignacio Ramonet, Sexo y mercado (Rebelin, 30 9 05) me ha parecido muy interesante; aunque, desgraciadamente, no puedo decir lo mismo del resto del texto. Sexo y mercado es casi un trasunto del ttulo de la obra fundamental del injustamente olvidado Herbert Marcuse: Eros y civilizacin. O, ms que un trasunto, una reduccin brutal; pero brutal como la vida misma, y por tanto pertinente: vivimos en una sociedad en la que el erotismo se confunde con la mera sexualidad y el intercambio civilizador con el mercadeo, por lo que el ttulo es especialmente adecuado para abordar el tema de la prostitucin (aunque tambin podra servir para hablar de la pornografa, la publicidad, el matrimonio y algunas cosas ms). Pero Ramonet se olvida inmediatamente de su propio ttulo y, lejos de emprender el anlisis objetivo, materialista, que parece anunciarnos, repite una vez ms el consabido discurso oficial sobre el tema (una confusa mezcla de criminalizacin y victimizacin, paternalismo ilustrado y misoginia), ese discurso que suscriben desde los Gallardones y las Botellas hasta la seudoizquierda, pasando por algunas feministas de saln.

Para una izquierda realmente materialista y dialctica, no puede haber ms tica que la solidaridad y el respeto a la libertad (es decir, al derecho de autodeterminacin de las personas y de los pueblos); lo dems es ideologa, en el peor sentido de la palabra. No hay crimen sin vctima, y lo que uno (o una) haga con su cuerpo (incluidas las partes que los Gallardones, las Botellas, la seudoizquierda y algunas feministas de saln consideran vergonzantes), siempre que no perjudique a otros, es una cuestin estrictamente privada.

Yo, personalmente, preferira vivir en un mundo sin prostitucin. Y sin religin, y sin alcoholismo, entre otras muchas cosas. Ojal consigamos crear una sociedad laica, sobria (en ambos sentidos del trmino) y en la que el sexo no sea una mercanca; pero no a base de perseguir a los creyentes, los bebedores y las trabajadoras sexuales (lo cual, adems de injusto, es intil, como han demostrado sobradamente todas las persecuciones y leyes secas de la historia).

Algunos se niegan a ver la diferencia entre la venta de la fuerza de trabajo en una sociedad capitalista y la venta del cuerpo como receptculo de la personalidad y de la identidad, dice Ramonet. Y aunque no nos explica en qu consiste la venta del cuerpo como receptculo de la personalidad y de la identidad, por el contexto se deduce que se refiere a la prestacin remunerada de servicios sexuales. Sorprendentemente, un artculo cuyo ttulo remite a Marcuse se convierte en una glosa de san Pablo: el cuerpo como templo viviente del Espritu Santo. Pero hasta san Pablo admitira que las trabajadoras sexuales no venden su cuerpo: en todo caso, lo alquilan (el trmino venta se adecua mucho ms al matrimonio). Y en cuanto al receptculo de la personalidad y de la identidad, aunque puede que algunos lo tengan en el bajo vientre, parece ms adecuado situarlo en la cabeza, si hemos de atribuirle una sede corporal.

En su afn condenatorio, Ramonet prescinde, no ya de los matices, sino de todo tipo de diferencias, y mete en el mismo saco la prostitucin voluntaria, el trfico de mujeres y la explotacin sexual de nias; se parece al diccionario de la Real Academia, que en su ltima edicin sigue llamando pederasta al homosexual, lo que equivale a homologarlo con el corruptor de menores. Es cierto que hay homosexuales (y heterosexuales) menoreros y que hay nias (y mujeres) explotadas sexualmente: persigamos a los primeros y defendamos a las segundas, por supuesto; pero antes de redimir a una trabajadora del sexo adulta y en pleno uso de sus facultades mentales, preguntmosle si quiere ser redimida, o si le interesa el tipo de redencin que le ofrecemos.

Lo dems es ideologa y demagogia. La clase de demagogia capaz de acuar frases como esta: Si los hombres no considerasen como un derecho evidente la compra y explotacin sexual de mujeres y menores, la prostitucin y el trfico no existiran. Tres cpulas perversas (como corresponde al tema tratado, pensarn algunos) en apenas un par de lneas: compra y explotacin, mujeres y menores, prostitucin y trfico. Tres copulativas tendenciosas al servicio de una falsa proposicin condicional: la prostitucin (voluntaria) puede existir y existe sin necesidad de que nadie considere un derecho evidente la explotacin sexual de mujeres y menores (de lo contrario, no habra prostitucin masculina, puesto que las mujeres nunca han considerado un derecho evidente la explotacin sexual de hombres y nios).

Acaba Ramonet su artculo citando a la nefasta puritana Gunilla Ekberg, cuyo grito de guerra es No se puede comprar a una persona, frase que, referida a la prostitucin, es, una vez ms, pura demagogia (a no ser que esa persona tenga el receptculo de la identidad entre las piernas, claro). Ekberg asegura que, gracias a su programa abolicionista (que consiste, bsicamente, en sancionar a los hombres compradores), la prostitucin se ha reducido en Suecia a la mitad. Lo que no nos dice es qu ha sido de la otra mitad, o sea, de los miles de mujeres que se han quedado sin trabajo.

Pero el abolicionismo criminalizador no solo perjudica a las trabajadoras del sexo, sino que supone un gravsimo atentado contra las libertades en general, puesto que el mero hecho de determinar los casos concretos de prostitucin implica una intolerable injerencia en la vida privada de los ciudadanos (y, sobre todo, de las ciudadanas). Supongamos que me cruzo por la calle con una mujer que me sonre, me acerco a ella, charlamos unos minutos y nos vamos juntos. Quin puede saber si estoy contratando los servicios de una trabajadora del sexo o, sencillamente, ligando? Puede y suele haber ciertos indicios, por supuesto: ella viste provocativamente y lleva un buen rato apostada en la misma esquina, y yo soy demasiado mayor para despertar a simple vista el inters de una viandante; pero solo habra pruebas concluyentes en el momento en que se consumara la transaccin, y ese momento no suele ser pblico.

La vida del campesino es muy dura, hay muchos nios trabajando en el campo en lugar de ir a la escuela, y muchos inmigrantes son explotados como autnticos esclavos por los terratenientes; pero a nadie se le ha ocurrido proponer la abolicin de la agricultura. Si los abolicionistas tienen tanta necesidad de redimir a esclavas sexuales y abolir explotaciones, por qu no intentan salvar a las amas de casa (el colectivo en el que se producen ms suicidios y casos de depresin) luchando por la abolicin de la familia nuclear?

Como en los dems animales, en el hombre hay tres pulsiones bsicas, que constituyen los tres grandes vectores de la conducta: el hambre, el miedo y la libido. Por eso lo que mejor define a una persona o a una cultura son sus hbitos dietticos, defensivos y sexuales; y por eso es tan difcil modificar esos hbitos, o tan siquiera analizarlos desde dentro, pues estn tan arraigados que tendemos a considerarlos naturales. No es casual, por tanto, que los tres grandes problemas ticos (y por ende polticos) que la izquierda no es capaz, no ya de resolver, sino siquiera de plantear, estn directamente relacionados con la comida, el miedo y el sexo. Me refiero al carnivorismo, el terrorismo y la represin sexual, tres temas fundamentales en los que casi nadie se atreve a profundizar. Dirase que el abdomen es el receptculo, si no de la identidad toda, s al menos de los prejuicios, pues cuando nos tocan el estmago, el hgado (sede del valor y el miedo segn los antiguos) o las gnadas nos cuesta admitir hasta lo ms obvio: que el carnivorismo supone un brutal despilfarro de los recursos naturales y es, por tanto, profundamente reaccionario; que el nico terrorismo digno de ese nombre es el terrorismo de Estado; que no puede haber democracia sin plena libertad sexual, y que esa libertad incluye, nos guste o no, el derecho a comerciar con el propio cuerpo.



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