Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Golpe militar y resistencia popular en Honduras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2016

Berta Cceres, lideresa indgena
Me lo dijo el ro

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


El 3 de marzo de este 2016, en las tierras vascas nos disponamos a recordar, por que a veces decimos a celebrar y no puede ser as, no hay nada que celebrar, los 40 aos de lo que desde los primeros das de todos esos aos, se conoci como la masacre obrera de Gasteiz. En esa fecha, en esta ciudad a las puertas de la primavera, los poderes econmicos y polticos dominantes de la llamada transicin espaola decidieron dar un escarmiento a la lucha organizada de trabajadores y trabajadoras que se extenda en una huelga general ese da, y en multitud de protestas en los precedentes. Se demandaban mejores condiciones laborales, de vida, mayor justicia y verdadera democracia.

A veces, qu poco cambian los tiempos y los modos de las injusticias, aunque transcurran 40 aos o nos movamos 10.000 kilmetros en el planeta.

Por que precisamente, este mismo 3 de marzo de 2016, mientras en Gasteiz se rememoraban los asesinatos de cinco trabajadores a manos de la represin policial, se reciba la noticia desde Honduras, desde la otra parte del mundo, del asesinato de la lder indgena Berta Cceres, coordinadora de una de las organizaciones popular e indgena ms importante de ese pas. Una mujer que llevaba en la lucha ms de 20 aos, firme en la defensa de los derechos de su pueblo y del campesinado, rebelde ante las transnacionales y la oligarqua hondurea y en la defensa del medioambiente ante el brutal ataque y explotacin que estas tierras sufren, especialmente desde que se dio el ltimo golpe de estado en el ao 2009.

Precisamente, desde ese ao se ha producido en Honduras una explosin de megaproyectos hidroelctricos, mineros o agroindustriales; siempre en detrimento de las comunidades indgenas o campesinas, a las que se expulsa de sus territorios o se les destroza y contamina, siempre de la mano del capital transnacional.

La misma BBC, al dar la noticia del asesinato, calificaba a Berta como la mujer "que le torci la mano al Banco Mundial y a China". Y esto tiene que ver con esa lucha en defensa del territorio del pueblo lenca. En el 2006 se dio la concesin a una empresa hondurea para la construccin de una represa hidroelctrica en estas tierras indgenas. A dicha concesin se unira inmediatamente capital chino, alemn y del Banco Mundial. Pero, la determinacin de la lucha ha sido de tal calibre que las transnacionales tuvieron que retirarse, incluso reconociendo que esta retirada era motivada por la persistente oposicin comunitaria y las dudas sobre las continuas violaciones de los derechos humanos de la poblacin que se cometan desde las instancias gubernamentales y/o paragubernamentales hondureas. Y una vez ms, aunque estos proyectos se suelen "vender" como piezas claves para el desarrollo, hay que recordar que cuando en estos pases, por ejemplo, se construyen represas no es para llevar electricidad a las comunidades, no es para mejorar las condiciones de vida de la poblacin, es para surtir de energa a los megaproyectos mineros o agroindustriales. Es decir, se retroalimentan entre transnacionales a travs de agresivos proyectos de explotacin que aumentan sus cuentas de beneficios mientras destruyen las tierras y territorios de sus legtimos poseedores, a quienes al final se dejar nicamente destruccin y ms cercenadas an las posibilidades para una vida digna.

Pero, si bien mencionbamos antes que la noticia ha sido recogida por la BBC, desgraciadamente habr que reconocer inmediatamente que este asesinato no es noticia de los grandes medios de comunicacin. Por que en los ltimos aos ya no es noticia el asesinato de defensores y defensoras de los derechos humanos ya sean stos individuales o colectivos. La clase meditica (aquellos que definen las lneas editoriales), la poltica y la econmica dejaron aparcado hace tiempo el discurso de los derechos humanos. Sirvi durante un tiempo, sobre todo durante la llamada "guerra fra" para atacar al adversario; sirve hoy todava, aunque muy de cuando en cuando para "ilustrar" regmenes que se etiquetan rpidamente como populistas y totalitarios, pero ya no es una preocupacin que implique determinacin poltica cuando no hay inters geoestratgicos o econmicos detrs. Lo apreciamos con claridad en estos ltimos meses con la llamada crisis de refugiados en esta Europa que un da se consider cuna y defensora de esos derechos. Pero, sobre todo, se ve con absoluta nitidez esta dejacin cuando la violacin de los derechos humanos individuales y colectivos est en directa relacin con los intereses y beneficios que se facilitan a empresas extractivas, especialmente transnacionales europeas, canadienses o estadounidenses en terceros pases, ya sea en Amrica Latina o en frica. Normalmente, se puede afirmar que segn crecen stos ltimos, tambin crecen las violaciones a los derechos.

Explica esto en gran medida, que el asesinato o la represin sistemtica sobre los pueblos indgenas, principales opositores a estos ataques, no sean noticia reseable; no provocan una oleada de indignacin en los medios de comunicacin masivos, no producen declaraciones ni medidas polticas por aquellos lderes que se dicen defensores de los derechos humanos.

Hace poco ms de dos aos, con motivo de la situacin que atraviesa el pueblo mapuche en Chile y Argentina, que ve como diariamente son despojados de sus territorios a cargo de industrias madereras e hidroelctricas, escriba un texto con el ttulo "los siguen matando", en que se deca que "...los siguen maltratando, robando sus tierras y los siguen asesinando. Estos pueblos siguen poniendo, hoy como ayer, los muertos sobre la mesa en ese permanente conflicto abierto hace ms de 500 aos contra ellos. Desde el extremo sur hasta el norte del continente, siguen siendo diana de las balas, siguen siendo el centro escogido de la represin ms brutal...". En estos dos aos, por tomar un pequeo e inmediato espacio temporal, las denuncias en este mismo sentido se han seguido acumulando. E incluso, en pleno proceso de paz como el colombiano, los pueblos indgenas hoy, siguen poniendo muertos. Este mismo da 3 de marzo amaneca con la denuncia del asesinato del gobernador (autoridad tradicional) Alexander Oime Alarcn del cabildo i ndgena de Ro Blanco (Cauca), baleado en plena calle. Y se cierra el da con la noticia de Berta.

Y todos ellos y ellas hoy siguen siendo asesinados por su lucha en defensa de la tierra y el territorio, por la firmeza y claridad de que su identidad es importante, y que como hombres y mujeres libres tienen derechos que deben no solo ser respetados, sino tambin ejercidos. Pero, en el continente latinoamericano, como en frica, y de forma especial en aquellos pases con gobiernos neoliberales, los procesos de privatizacin de todo (el agua, la tierra, la vida...) siguen avanzando. Cuando las comunidades lencas, en su lucha contra el proyecto hidroelctrico se fueron a la capital, a Tegucigalpa, se enteraron que el gobierno haba entregado la prctica totalidad de los ros de sus territorios, los derechos para explotarlos, a empresas privadas por ms de 30 aos. Y en este sentido los ejemplos se multiplican en todos los pases, en todos los territorios indgenas. En Guatemala, otro ejemplo paradigmtico de entrega del pas a las transnacionales y de represin ante la protesta de las comunidades, continuamente se denuncia en los ltimos tiempos el encarcelamiento de autoridades tradicionales con cargos ideados expresamente para apartarlos de sus pueblos y castigarlos por dirigir, bajo mandatos comunitarios, la protesta contra las transnacionales y por la defensa de los territorios y de la vida. La otra opcin es el asesinato, que tambin aumenta proporcionalmente a la protesta en los ltimos aos.

Pero, como dijo Berta Cceres, en una de sus ltimas entrevistas, "cuando iniciamos la lucha contra Agua Zarca (el proyecto hidroelctrico en territorio lenca) yo saba lo duro que iba a ser, pero saba que bamos a triunfar, me lo dijo el ro".


Jesus Gonzlez Pazos, Miembro de Mugarik Gabe.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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