Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2016

El "Plan B" no es una incgnita
Por qu Occidente est tan interesado en dividir a los rabes

Ramzy Baroud
www.ramzybaroud.net

Traduccin para Rebelin de Loles Olivn


Cuando las calles rabes estallaron de furia desde Tnez a San, el panarabismo pareca una ideario simblico. Ni la denominada revolucin de los jazmines utiliz consignas asociadas a la identidad rabe ni la juventud egipcia colg pancarta alguna que proclamara la unidad rabe en los edificios adyacentes a la plaza Tahrir.

Curiosamente, el arabismo de la 'primavera rabe' fue casi un resultado de conveniencias. Polticamente, a los gobiernos occidentales les interesaba estereotipar a las naciones rabes y presentarlas como si fueran homogneas, como si los sentimientos nacionales, las identidades, las expectativas y las revueltas populares procedieran de una misma causa anclada en el pasado y se correspondiesen con una misma realidad precisa en el presente. As, muchos en Occidente esperaban que la cada de Zine El Abidine Ben Ali de Tnez diera lugar a un efecto domin, sobre todo desde que abdic Hosni Mubarak en Egipto. Fueron muchos los pretenciosos que, desconociendo la regin y su complejidad, se preguntaban quin ser el siguiente?.

Despus de la duda inicial, Estados Unidos y sus aliados occidentales se movieron rpidamente para influir en el resultado de los procesos de algunos pases rabes. Su misin era garantizar una transicin sin problemas en los pases cuyo rumbo lo haba marcado el impulso de las revueltas, acelerar la cada de sus enemigos y apuntalar a sus aliados para que no sufrieran el mismo destino.

El resultado fue la devastacin. Los pases en los que intervino Occidente, sus aliados y, como era de esperar, sus enemigos, se convirtieron en infiernos no por el fervor revolucionario sino por el caos militante, el terrorismo y las guerras sin fin. Libia, Siria y Yemen son ejemplos obvios.

En cierto modo, Occidente, sus medios de comunicacin y sus aliados se autoproclamaron guardianes osados no solo del destino de los rabes sino de la forja de sus identidades. Ahora, cuando en algunos pases rabes colapsa toda nocin de nacin Libia, por ejemplo Estados Unidos se abroga la responsabilidad de fabricar escenarios futuros para los Estados rabes en descomposicin.

En su testimonio ante un comit del Senado de Estados Unidos para discutir el cese del fuego en Siria, el secretario de Estado, John Kerry revel que su pas est preparando un Plan B por si fracasa el alto el fuego. Aunque se abstuvo de ofrecer detalles especficos, Kerry ofreci pistas. Puede que si esperamos mucho ms sea demasiado tarde para mantener a Siria como Estado", indic.

La posibilidad de dividir Siria no es una advertencia casual sino que est presente de manera extendida en el discurso intelectual y de los medios de comunicacin estadounidenses y de otros pases occidentales. Michael O'Hanlon, del Brookings Institute, ya lo rese en un artculo de opinin publicado por Reuters en octubre pasado. En l reclamaba que Estados Unidos hallara un propsito comn con Rusia sin perder de vista el modelo de Bosnia.

[...] De manera similar, la Siria del futuro podra ser una confederacin de varios sectores: uno mayoritariamente alau, otro kurdo, un tercero principalmente druso, un cuarto compuesto en gran parte por musulmanes sunes, y finalmente una zona central de grupos mixtos en el principal cinturn poblacional del pas, desde Damasco a Alepo.

Lo peligroso de la solucin de O'Hanlon para Siria no es el total desprecio por la identidad nacional siria. Francamente, muchos intelectuales occidentales ni siquiera han llegado a aceptar la idea de que las naciones rabes lo sean segn la propia definicin occidental de nacin (lase el artculo Aaron David Miller, Tribes with Flags [Tribus con banderas]). No, el verdadero peligro radica en que el desmantelamiento de los pases rabes, por controvertido que sea, es muy verosmil; los precedentes histricos abundan.

No es ningn secreto que la formacin moderna de los pases rabes es en gran medida resultado de la divisin de la regin rabe dentro del Imperio Otomano en mini-Estados. Fue el resultado de las necesidades polticas y de los compromisos surgidos del Acuerdo Sykes-Picot de 1916. En aquel momento, Estados Unidos estaba ms volcado en su vecindad americana y el resto del mundo era en gran parte un tablero de juego dominado por Gran Bretaa y Francia.

El acuerdo franco-britnico, con el consentimiento de Rusia, lo motiv netamente el poder, los intereses econmicos, la hegemona poltica y poco ms. As se explica por qu la mayora de las fronteras de los pases rabes eran perfectas lneas rectas. De hecho, se trazaron con lpiz y cartabn sin considerar otros mltiples factores relacionados con la propia evolucin orgnica de la geografa ni su prolongada historia de conflicto o concordia.

Han pasado casi cien aos desde que las potencias coloniales fragmentaran a los rabes y nunca se han respetado las propias fronteras que esas mismas potencias crearon. Por otra parte, han invertido mucho tiempo, energa, recursos e incluso guerras para asegurarse que la arbitraria divisin no concluya jams.

Occidente no slo detesta la expresin unidad rabe, tambin aborrece a todo aquel que se atreva a infundir lo que considera terminologa hostil y radical. El segundo presidente de Egipto, Gamal Abdel Naser, argument que la verdadera liberacin y la libertad de las naciones rabes estaban intrnsecamente ligadas a la unidad rabe.

Por lo tanto, no sorprende que la lucha por Palestina ocupara una faceta central en la retrica del nacionalismo rabe a lo largo de los aos 50 y 60. Abdel Naser fue elevado por la mayora de los rabes a la categora de hroe nacional, y Occidente e Israel lo denigraron como paria.

Para asegurarse de que los rabes no se unieran jams, Occidente se emple a fondo en su mayor desunin. En 2006-2007, la ex secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, dej claro que Estados Unidos pondra fin a su apoyo a la Autoridad Palestina si prosperaba la unin de Fatah y Hamas. Anteriormente, cuando la resistencia en Iraq alcanz un punto insoportable para los ocupantes estadounidenses, se dedicaron a dividir a los iraques impulsando los criterios sectarios. Sus intelectuales an sopesan la posibilidad de dividir Iraq en tres estados autnomos: chi, sun y kurdo.

Libia fue totalmente destruida despus de que la intervencin de la OTAN convirtiera un levantamiento regional en una guerra sangrienta. Desde entonces, Francia, Gran Bretaa, Estados Unidos y otros han apoyado algunos sectores contra otros. Cualquiera que fuera el sentimiento de nacin que existiera desde el fin de la colonizacin italiana en ese pas, ha sido diezmado por el retroceso de los libios a sus identidades regionales y tribales para sobrevivir a la conmocin.

El Embajador de Libia en Roma rechaz recientemente un Plan B para dividir Libia en tres protectorados separados de Tripolitania, Cirenaica y Fezzan. No obstante, parece que los libios son en la actualidad la parte ms irrelevante para determinar el futuro de su propio pas.

El mundo rabe siempre ha sido visto por los occidentales como un lugar de conquista para explotar, controlar y domesticar. Esa forma de pensar sigue definiendo la relacin. Como se sigue temiendo la unidad rabe se prodigan nuevas divisiones denominadas Plan B cuando el status quo que llaman Plan A parece imposible de mantenerse.

Lo realmente interesante es que, a pesar de la falta de una visin pan-rabe en los pases rabes que experimentaron revueltas populares hace cinco aos, pocos acontecimientos en la historia moderna han unido a los rabes ms que los cantos de libertad en Tnez, las voces victoriosas en Egipto y los gritos de dolor en Yemen y en Siria. Es esa tcita pero sentida identidad colectiva la que impulsa a millones de rabes a aferrarse a una esperanza, por dbil que sea, de que sus naciones sobrevivirn a esta arremetida como a la previsible divisin occidental.


Fuente: http://www.ramzybaroud.net/plan-b-not-an-enigma-why-the-west-is-keen-on-dividing-the-arabs/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin como fuente de la misma.



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