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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2016

Derrotas y victorias

lvaro Garca Linera
Rebelin


Cuando uno arroja una piedra a un vaso de cristal y ste se quiebra, a veces surge la pregunta por qu se rompe el vaso? Es por culpa de la piedra que lo impact? O porque el vaso es rompible y luego entonces la piedra lo fragmenta? Es una pregunta que sola plantearla el socilogo Pierre Bourdieu para explicar que solo la segunda posibilidad era la correcta, porque te permita ver, en la configuracin interna del objeto, las condiciones de su devenir.

En el caso del referndum del 21 de febrero, no cabe duda que hubo una campaa poltica orquestada por asesores extranjeros. Las visitas clandestinas de la ONG NDI, dependiente del Departamento de Estado, sus cursos de preparacin de activistas cibernticos, los continuos viajes de los jefes de oposicin a Nueva York no precisamente a disfrutar del invierno, hablan de una planificacin externa que tuvo su influencia. Pero as como la piedra arrojada hacia el vaso, esta accin externa solo pudo tener efecto debido a las condiciones internas del proceso poltico boliviano, que es preciso analizar.

CLASES. 1. La nueva estructura de las clases sociales

Que en 10 aos el 20% de la poblacin boliviana haya pasado de la extrema pobreza a la clase media es un hecho de justicia y un rcord de ascenso social, pero tambin de desclasamiento y reenclasamiento social, que modifica toda la arquitectura de las clases sociales en Bolivia. Si a ello sumamos que en la misma dcada de oro la diferencia entre los ms ricos y los ms pobres se redujo de 128 a 39 veces; que la blanquitud social ha dejado de ser un plus, un capital de ascenso social y que hoy ms bien la indianitud se est consagrando como el nuevo capital tnico que habilita el acceso a la administracin pblica y al reconocimiento, nos referimos a que la composicin boliviana de clases sociales se ha reconfigurado y, con ello, las sensibilidades colectivas, o lo que Antonio Gramsci llama el sentido comn, el modo de organizar y recepcionar el mundo, es distinto al que prevaleca a inicios del siglo XXI.

Las clases sociales populares de hoy no son las mismas que aquellas que llevaron adelante la insurreccin de 2003. Los regantes controlan sus sistemas de agua; los mineros y fabriles han multiplicado su salario por cinco; los alteos, que pelearon por el gas, ahora tienen, en un 80%, gas a domicilio; las comunidades campesinas e indgenas tienen seis veces ms cantidad de tierra que todo el sector empresarial; y los aymaras y quechas, marginados por su identidad indgena en el pasado, son los que ahora conducen la indianizacin del Estado boliviano. Hay, por tanto, un poder econmico y poltico democratizado en la base popular, que modifica los mtodos de lucha sociales para ser atendido por el Estado. Paralelamente, la urbanizacin se ha incrementado pero, ante todo, los servicios urbanos de educacin, salud, comunicacin y transporte se han expandido en las reas rurales ampliando los procesos de individuacin de las nuevas generaciones, diversificando las fuentes de informacin y de construccin de opinin pblica regionalizada ms all del sindicato o la asamblea. Si a ello aadimos el hecho de que pasada la etapa del ascenso social insurreccional (2003-2009), inevitablemente viene un reflujo social, un repliegue corporativo que debilita a las organizaciones sociales y a su produccin de un horizonte universal, entonces es normal un periodo de despolitizacin social, que disminuye la centralidad sindical como ncleo privilegiado de construccin de la opinin pblica popular, para ampliarla a una pluralidad de fuentes como los medios de comunicacin, la gestin estatal, las redes sociales, etc.

La comunidad nacional en lucha contra las privatizaciones, la comunidad nacional despojada de sus recursos y que reclama su reconquista, o la comunidad dolorosa de las vctimas de la matanza de octubre de 2003, que fueron la base del ascenso revolucionario entre 2000 y 2006, han dado lugar a otro tipo de comunidades reivindicativas ms dispersas regionalmente, ms afincadas en la gestin de proyectos de desarrollo o de expectativas educativas de carcter individual. Se trata de comunidades de tipo virtual o mediticas que no solo modifican los mtodos de lucha sino tambin los contenidos mismos de lucha, las percepciones sobre lo deseado, lo necesario y lo comn.

En conjunto, la estructura de las clases sociales se ha modificado. La democratizacin en el acceso al capital econmico, clave del modelo de desarrollo boliviano, ha permitido un rpido ascenso social de sectores pobres y una reduccin de las distancias econmicas con los sectores ms ricos de la sociedad; la acelerada devaluacin de la blanquitud como capital tnico de consagracin social, sumada a la conversin de la filiacin sindical en un tipo de capital social y capital poltico revalorizado por el Estado para acceder a derechos, puestos y reconocimientos pblicos, han modificado la composicin material de cada clase social y la relacin entre las clases sociales. El normal y previsible reflujo social despus del largo ciclo de rebeliones (2000-2009), ha acentuado estrategias individuales de reenclasamiento social, pero tambin una especie de desencantamiento temporal de la accin colectiva, creando nuevos marcos de percepcin cultural y disponibilidad poltica atenuadas. Y si, adems, tomamos en cuenta que una parte importante de los cuadros sindicales van pasando a la administracin pblica (alcaldas, ministerios, asambleas legislativas, etc.), tenemos un escenario de debilitamiento interno y temporal de los niveles de direccin de las organizaciones sociales, que anteriormente haban concentrado la funcin poltica de la sociedad.

Estamos, por tanto, no solo ante una nueva estructura de clases, sino tambin ante nuevos marcos culturales de movilizacin y de percepcin del mundo. Por todo ello, la convocatoria del sindicato o de la comunidad convertida en capital electoral en 2005 o en 2009, que irradi a sectores de la sociedad civil individuada, hoy no son suficientes para producir el mismo efecto electoral. Sin duda, el mundo sindical obrero, campesino-indgena y vecinal pobre contina siendo el bastin ms slido y leal del proceso de cambio y esto se ha verificado nuevamente en la ltima eleccin con gestos tan extraordinarios como la donacin de una mita por parte del proletariado minero de Huanuni para la campaa, pero ya no tiene el mismo efecto irradiador de antes. Han surgido otras colectividades sociales entre las clases populares y en las diversas clases medias de origen popular, ms voltiles, por residencia, por estudio o por comunidad virtual, que se mueven por otros referentes e intereses, muchas veces de carcter individual. Como gobierno revolucionario habamos ayudado a cambiar al mundo; sin embargo, en la accin electoral, en una parte de nuestras acciones, seguamos an actuando como si el mundo no hubiera cambiado. Acudimos a medios de movilizacin y de informacin insuficientes para la nueva estructura social de clases y, en algunas ocasiones, empleamos marcos interpretativos del mundo que ya no correspondan al actual momento social.

LIDERAZGO. 2. Hegemona no es lo mismo que continuidad de liderazgo

La fortaleza de un proceso revolucionario radica en instaurar una matriz explicativa del mundo en medio de la cual las personas, las clases dominantes y las clases dominadas, organizan su vida cotidiana y su futuro.

Durkheim llamaba a esto las estructuras del conformismo moral y conformismo lgico de la vida en comn. Y el bloque social dirigente capaz de conducir activamente estas estructuras se constituye en un bloque social hegemnico. El proceso de cambio cre una matriz explicativa y organizadora del mundo: Estado plurinacional, igualdad de naciones y pueblos indgenas, economa plural con liderazgo estatal, autonomas. Hoy, izquierdas y derechas se mueven en torno a esos parmetros interpretativos que regulan el campo de lo posible y lo deseado socialmente aceptado. Hoy, la gente de a pie construye sus proyectos personales y expectativas en torno a estos componentes potenciados hacia el futuro a travs de la Agenda Patritica 2025, y no tiene al frente ningn otro proyecto de Estado y de economa que le haga sombra. En ese sentido, hablamos de un campo poltico unipolar. El que el presidente Evo tenga una popularidad y apoyo a la gestin de gobierno que bordea el 80%, segn las encuestas hechas en plena campaa por el referndum, constata este hecho hegemnico.

Sin embargo, cuando a los entrevistados se les consulta si estn de acuerdo con una nueva postulacin, solo la mitad de los que apoyan la gestin responde positivamente. El apego al proyecto de Estado, economa y sociedad no es similar al apoyo a la repostulacin o, si se quiere, hegemona no es directamente sinnimo de continuidad de liderazgo.

Es posible que haya pesado la desconfianza normal hacia una gestin muy larga; tambin es posible que algunas personas pensaran que en el referndum volvan a reelegir a Evo, creyndolo innecesario despus de ya haberlo elegido en 2014. En todo caso, sobre ese espacio de votantes que daban su apoyo a la gestin de Evo, pero no a su repostulacin, se centr toda la artillera de la campaa, tanto de la oposicin como del partido gobernante. La oposicin se mont rpidamente en una matriz de opinin larvaria, pero trabajada desde hace aos con el apoyo de agencias internacionales, referida a que los gobiernos de izquierda revolucionarios son autoritarios, abusivos, quieren eternizarse, etc. Y, entonces, la repostulacin fue rpidamente ensamblada a la lgica de una manifestacin que confirmaba el abuso, el autoritarismo etc. Algunos izquierdistas de cafetn se sumaron a este estribillo y, por consiguiente, la irradiacin fue ms extensa. En tanto que el partido de gobierno tuvo que hacer una doble labor explicativa. Primero, enfatizar que quienes no queran la repostulacin eran los de la vieja derecha privatizadora y, luego, que la repostulacin garantizaba la continuidad del proceso de cambio. En esta dualidad explicativa es donde se perdi la fuerza de la simpleza de una consigna electoral, frente a la matriz discursiva imperialmente labrada que repercuta ms fuerte justamente por su simpleza.

REDES. 3. Las redes: nuevos escenarios de lucha  

Recientemente estuve en San Pedro de Curahuara, un municipio alejado, cercano a la frontera con Chile. Los mallkus y mama tallas nos recibieron con cario y bien organizados; haban decidido en su asamblea los temas a tratar y los oradores. Pero tambin vinieron a recibirme los jvenes del colegio. Todos los estudiantes de la promocin tenan un smartphone similar al mo, y si bien no haban participado de la asamblea comunal, se haban enterado por telfono o WhatsApp que estbamos llegando al municipio. Aquello que vi en Curahuara se repite en toda Bolivia. El internet y las redes han abierto un nuevo soporte material de comunicacin, tan importante como lo fueron otros soportes materiales de comunicacin en el pasado: la imprenta en el siglo XVIII, la radio a principios del siglo XX, la televisin a mediados del siglo XX. Se trata de medios de comunicacin cada vez ms universales, que han llegado para quedarse y que no solo modifican la construccin cultural y educativa de las sociedades, sino la forma de hacer poltica y de luchar por el sentido comn.

La masificacin y novedad de este nuevo soporte material de comunicacin ha generado una sobreexcitacin comunicacional que ha sido bien aprovechada por las fuerzas polticas de derecha, que dispusieron recursos y especialistas cibernticos al servicio de una guerra sucia como nunca antes haba sucedido en nuestra democracia y que ha vertido toda la lacra social en el espacio de la opinin pblica.

Est claro que las redes no son culpables de la guerra sucia; es la derecha, que no tuvo escrpulo alguno para esa guerra sucia unilateral, la que apabull el medio. Y que, adems, logr crear una articulacin en tiempo real entre medios de comunicacin tradicionales (peridico, televisin y radio), con redes sociales, de tal manera que una informacin o denuncia por ejemplo, vertida en la radio instantneamente contaba con un pequeo ejrcito de activistas profesionales para replicarla, ampliarla y convertirla en memes, llegando as a miles de seguidores que, antes del noticiero de la noche o el peridico de la maana, ya se haban enterado de ella y estaban buscando mayor informacin. Del mismo modo, una falsedad creada a partir de las redes poda encontrar de manera planificada su correlato escrito al da siguiente, alargando as la vida social de una noticia que, de otra forma, se hubiera diluido en la existencia efmera propia de las redes sociales. Nosotros atinamos a una defensa artesanal en un escenario de gran industria comunicacional. Al final, esto tambin contribuy a la derrota. A futuro, est claro que los movimientos sociales y el partido de gobierno deben incorporar en sus repertorios de movilizacin a las redes sociales como un escenario privilegiado de la disputa por la conduccin del sentido comn. Hay que democratizar ms an el acceso popular a este soporte material de comunicacin, lo que permitir quitar el monopolio actual de la conduccin del debate de las redes a la clase media tradicional que, a lo largo de esta dcada revolucionaria, siempre ha tenido una actitud conservadora y, ahora, aparece como la constructora de la opinin pblica en las redes sociales.

OPOSICIN . 4. Oposicin unida 

A lo largo de los ltimos 15 aos, las batallas electorales han contado con un bloque conservador de derecha fragmentado. Desde las elecciones de 2002 hasta las de 2014, la derecha poltica ha presentado varias candidaturas que han dispersado el voto de esas derechas. En oposicin a ello, la izquierda poltica ha contado con una nica candidatura y, encima, respaldada por un nico bloque de izquierda social (sindicatos, comunidades, juntas de vecinos).

El 2016 este panorama se ha modificado. Aun con sus divergencias, toda la derecha pudo articularse en torno a una sola posicin, la del No; e incluso tuvo la capacidad de arrastrar a los fragmentos del izquierdismo deslactosado, que antes haba acompaado a Gonzalo Snchez de Lozada en su gestin de gobierno.

La antigua fragmentacin de la derecha claramente mejoraba la posicin electoral del MAS, que se presentaba como la nica fuerza con voluntad real de gobierno. Sin embargo, al unificarse aqulla para el referndum, se anularon temporalmente las fisuras y guerras internas que debilitaban a unas frente a otras y a todas ellas frente al MAS. As, el todos contra el MAS permiti que entraran, en una misma bolsa, desde los fascistas recalcitrantes y los derechistas moderados, hasta los trotskistas avergonzados. Y, en un memorable grotesco poltico, la noche del 21 de febrero se abrazaron quienes, pocos aos atrs, estaban agarrando bates de bisbol para romper las cabezas de campesinas cocaleras, y algunos ex izquierdistas que, alguna vez, pontificaron desde su escritorio los derechos indgenas.

Al final, la derrota del S ha removido la estructura general de las organizaciones sociales indgenas, campesinas, vecinales, juveniles, obreras y populares que sostienen el proceso de cambio. Y lo ha hecho para bien y en un momento oportuno. Momento oportuno porque quedan cuatro aos por delante para corregir errores, ya que es una derrota tctica en medio de una ofensiva y victoria estratgica del proceso de cambio. Y, para bien, porque las repetidas victorias de los ltimos diez aos han generado una peligrosa confianza y pesadez para un escenario de lucha de clases siempre cambiante, que requiere lo mximo de las fuerzas, lo mximo de la inteligencia y lo mximo de la audacia del movimiento popular. Y es que las revoluciones avanzan porque aprenden de sus derrotas o, en palabras de Carlos Marx, las revoluciones sociales se critican constantemente a s mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que pareca terminado para comenzar de nuevo desde el principio, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que solo derriban a su adversario para que ste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse ms gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situacin que no permite volverse atrs y las circunstancias mismas gritan: Aqu est Rodas, salta aqu!".

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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