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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2016

Chile
La memoria de las Mujeres

Daniela Machtig
La raza cmica


En la lucha de lo ntimo, lo pblico y lo poltico, tanto la memoria como lo femenino se han hecho un lugar de importancia en las discusiones polticas e historiogrficas desde hace unos aos. As y todo, la lucha por relevar ambos tpicos an se disputa: si la memoria hace parte de la historia o si las mujeres se leen como sujetos histricos o voces subalternas. Por ah habr algn reaccionario que sigue pensando que la historia es cosa de hombres y la memoria cosa de mujeres; cada vez ms difcil, pero apostara que s.

Puesta de tal manera, la dicotoma parece un planteamiento barbrico. El patriarcado tiene esas cosas: el arquetipo de Ulises conquistando los mares y Penlope encerrada tejiendo cuaj en lo ms hondo de una imaginacin con pretensiones universales. Son siglos de historias escritas por hombres sobre hombres, asumiendo (por omisin) la presencia de una mujer detrs, encerrada en la propiedad privada masculina. De esa estructura vinieron otras y otras a perpetuar el primigenio patriarcado.

La revolucin ser feminista o no ser, apuestan en la calle las mujeres, parafraseando al Che. Ya lo adverta el cineasta cubano Humberto Sols en 1968 en una de sus obras cumbres, Luca. El ejercicio presenta a tres protagonistas, las Lucas cubanas, involucrndose en tres momentos de la historia de Cuba desde su trinchera femenina, tan ntima como poltica. La ltima de ellas, la de la revolucin, lucha contra el machismo de su revolucionario marido Toms, quien afirma: yo soy revolucionario, pero en mi casa mando yo. Se trata de un reclamo de Sols sobre los alcances de la revolucin en lo pblico y lo privado, reclamo bastante atrevido y adelantado en una Latinoamrica que no visualizaba a la mujer en ninguna parte de su soada revolucin puertas afuera.

As como Luca debe hacer su lucha revolucionaria en su casa, hoy las mujeres de todo el mundo reivindican en la calle sus luchas cotidianas. Los machistas se equivocan al responder que la lucha femenina se agot en la conquista del sufragio, la universidad y el poder poltico. El patriarcado intent, desde tiempos histricos, ocultar el problema de la mujer en la categora de lo lo ntimo y lo privado; la politizacin de esos terrenos es una victoria femenina que lucha da a da por legitimarse a pesar de la banalizacin reaccionaria de los medios, los que intentan simplificar la historicidad de la mujer a las secciones de un matinal de televisin.

Que durante aos nos hayan intentado regalar rosas para el 8 de marzo es fruto de un olvido forzado y, por lo tanto, poco inocente. Arjona cantando: lo que nos pidan podemos, y si no podemos no existe es accidentalmente sincero al reconocer que ha sido el hombre patriarcal el que ha construido los espacios de lo femenino, pero se equivoca: lo que no existe no lo inventan ellos para nosotras. Y la fuerza insurgente de la memoria que irrumpe por estas fechas en las calles de muchas ciudades evoca una lucha antigua y vigente, siempre urgente.

El proceso de eleccin de una fecha conmemorativa siempre es interesante, tanto ms cuando es de escala internacional. Que se adopte un da especfico y no otro, que se llame de una forma u otra; todo eso nos da pista de lo que se quiere relevar y lo que se quiere silenciar. En este caso, el Da Internacional de la Mujer fue declarado por la ONU en 1975, obviando el apelativo de Trabajadora propuesto inicialmente por Clara Zetkin durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas (1910, Copenhague). Al parecer, la idea habra tenido como antecedente la iniciativa del Partido Socialista estadounidense que desde 1909 promova al ltimo domingo de febrero como el Womans Day, con la intencin de alentar el sufragio femenino.

No todo se cocinaba en los nortes, claro. Por lo menos, sabemos que en Chile desde 1906 que la Asociacin de Costureras haca presencia en las marchas del 1 de Mayo. Una de sus tribunas era el peridico La Alborada entre 1905 y 1907, uno de los hitos de la prensa obrera feminista. Otros antecedentes son los centros de guaguas creados en 1902 y la fundacin en 1887 de la Sociedad de Obreras Mutualistas (Valparaso), la primera de Chile y Latinoamrica.

La agitacin provocada por las tensiones de la sociedad industrial arroja muchos hitos de relevancia. Es por esos aos que surgi la confusin que hoy concita la atencin de algunos: hubo o no un incendio en una fbrica textil en Nueva York el 8 de marzo de 1908 donde murieron quemadas 129 huelguistas? Las dudas surgen al revisar prensa y calendarios, pues ese da fue domingo, jornada poco efectiva para realizar una huelga. De todos modos, la historia no es irreal del todo. S hubo un incendio en la fbrica textil Triangle Shirtwaist Company el 25 de marzo de 1911, donde murieron muchas de las protagonistas de la primera huelga organizada exclusivamente por mujeres, levantada el ao anterior. Vale decir que muchas de esas mujeres, adems de trabajadoras, eran inmigrantes. Ya habindose declarado el Da Internacional de la Mujer Trabajadora por la Conferencia Socialista, la tragedia conmocion al mundo.

Cmo lleg a ser el 8 de marzo?

Aqu la historia, la memoria, los discursos y los muequeos ideolgicos hicieron lo suyo. No es parte de este texto rastrear el origen exacto del da de la mujer, pues la importancia de la fecha no est en la conexin mgica y vestigiosa con el calendario, sino en concentrar esfuerzos en una jornada para productivizar reflexiones y demandas (adems, en internet hay bastante material para quien le interese). Probablemente, lo ms trascendente fue lo ocurrido en el antiguo Imperio Ruso, que desde 1914 haba adherido (junto con Alemania y Suecia) a celebrar el 8 de marzo el Da de la Mujer. Ese da (que para efectos del calendario juliano vigente en la Rusia zarista era 23 de febrero), en 1917, las mujeres se manifestaron por las calles de San Petersburgo en reaccin a la hambruna, la escasez y las condiciones de vida de la poblacin civil agravadas por la participacin de Rusia en la I Guerra Mundial. Al descontento tambin se sintieron convocados obreros y otras organizaciones que agudizaron las protestas, dando inicio a lo que hoy conocemos como Revolucin Rusa. Revolucin revelada a travs de letras y nombres masculinos. Todos se olvidaron de las mujeres, incluyendo la ONU, que en su proclama de 1975 tambin olvid mencionar que la conmemoracin ms importante se deba a sus efectos en la Revolucin de Febrero.

La despolitizacin de las fechas es algo que suele ocurrir, pero siempre vale la pena recordarlo aunque sea por un segundo. Si el 25 de noviembre te piden que no golpees a tu pareja es en conmemoracin del asesinato de las hermanas Mirabal en 1960, vctimas de la violencia poltica del rgimen de Rafael Trujillo en Repblica Dominicana. Si los hippies de tu facebook suben fotos de una cholita el 5 de septiembre celebrando a la mujer indgena, es en conmemoracin del asesinato por descuartizamiento de Bartolina Sisa en 1782 en La Paz, quien se opona a la opresin del rgimen colonial espaol. Ella luch junto a su compaero Julin Apaza, Tpac Katari, nombre ms recordado por estas latitudes. Vale decir que el activismo de estas cuatro mujeres mencionadas hizo tambalear los regmenes citados hasta llevarlos a su fin.

Las disputas en el campo de la memoria no terminan de resolverse en el tira y afloja de la banalizacin de los medios y el paso del tiempo. Cuando algo parece disolverse, emergen voces subterrneas a recuperar lo perdido. No siempre, claro, ni tan fcil. En el caso de las luchas histricas de las mujeres, puede ser que se vuelva un poco ms complejo. Me atrevera a decir que las dificultades aparecen mediadas por las relaciones de dominacin y subalternidad histricas de las mujeres, que a la vez nos desafan a buscar disputas en distintos tiempos y lugares; en el relato de Anacaona, los poemas de Sor Juana Ins de la Cruz o los de Alejandra Pizarnik. Algunos ms directos y otros ms ocultos, muchos intentando refugiarse pasivamente de la violencia machista, subvirtiendo valores femeninos, como el amor y la ternura.

Pienso en las mujeres que se quedaron bailando la cueca sola en la dictadura de Pinochet, que fueron llamadas viejas locas por el absurdo de bailar una cueca sin pareja; una cueca triste, cantada con lamentos plaideros. El verdadero absurdo fue la desaparicin forzada y la destruccin de lazos familiares y sociales; en esa locura, las mujeres fueron capaces de reconstruir tejidos de solidaridad y denunciar la barbarie de la dictadura sin invocar directamente los ideales que haban hecho desaparecer a sus hijos y esposos. As como Sor Juana fue capaz de responderle al Obispo de Puebla sin saber decir, siglos despus las mujeres del cono sur pudieron subvertir su rol de viejas locas para interpelar el silencio de la comunidad internacional ante un genocidio, como tambin lo hicieron las madres de Plaza de Mayo con pauelos en sus cabezas.

Cmo se ha intentado recordar a las mujeres que lucharon en dictadura y que murieron a manos de los servicios de inteligencia? Existi (o existe an?) un memorial para ellas en el metro Los Hroes de Santiago. Si no lo conoce, no se culpe: actualmente, podemos evaluarlo como un memorial fracasado. Fue proyectado el ao 2004 a travs de un llamado de la direccin de Arquitectura del Ministerio de Obras Pblicas (o sea, de memoria popular, nada) y erigido en lo que podramos llamar un no-lugar: un laberinto sin salida en medio del bandejn central de la Alameda (arriba de la carretera) al que se llega solamente extraviado. Recin instalado, se poda ver un muro de vidrio estampado con lo que pareca ser un cdigo de barras gigante, cuyas lneas se interrumpan con cuadros vacos. Buscaba apelar a las imgenes de las mujeres en las calles de Pinochet: portando las fotos de sus desaparecidos, poniendo luces en las velatones. S, potico, pero algo all no result, pues el memorial ha sido constantemente destruido, graffiteado, olvidado.

En esa calma tensa y soporfera de los noventa, las mujeres que an sentan en sus hombros el mpetu de la memoria se reunan los 8 de marzo all, sin hacer dao a nadie. Seguan siendo las viejas locas. Poco a poco, las grandes alamedas se fueron abriendo a mujeres de distintas edades, acompaadas por hombres que apoyaban su derecho a la pldora del da despus, al aborto, a vivir sin violencia. El punto de reunin actualmente es, como el de todos los movimientos civiles, la Plaza Italia. Y s, hoy llegan mujeres, hombres, homosexuales, nios, abuelos, trabajadores, transexuales, estudiantes, inmigrantes y mirones.

La convocatoria esperamos se abra cada da ms, pues la lucha es por la igualdad y la liberacin de los espacios para todxs. El Da de la Mujer es la conmemoracin de la lucha histrica por alcanzar la anhelada libertad de la igualdad de derechos; de vivir en paz, patrimonio ‒a estas alturas‒ universal.

Fuente: http://www.razacomica.cl/sitio/2016/03/08/la-memoria-de-las-mujeres/



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