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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-03-2016

La investigadora y activista Marta Malo destaca que la vida humana requiere cuidados que hoy no se garantizan
El capitalismo invisibiliza y niega el valor de los cuidados

Enric Llopis
Rebelin


Tenan entre 20 y 30 aos cuando reflexionaban sobre algo que hoy, en medio de la recesin global, pudiera parecer una obviedad. La precariedad no slo apunta a los contratos de trabajo, entendieron, sino que caba ampliarla a toda la existencia. La investigadora militante, activista social y miembro del Observatorio Metropolitano de Madrid, Marta Malo, formaba parte entonces del colectivo Precarias a la deriva. All, a travs de una investigacin y diferentes conversaciones las de mayor inters, con empleadas del hogar latinoamericanas- empez a aflorar de qu modo se construa la educacin femenina, la de los varones y sobre todo la funcin de los cuidados. A los 30 aos, la investigadora se haca cargo de su hijo, experiencia que en otros lugares del mundo tiene lugar a edades mucho ms tempranas. La conclusin es que, aunque de manera muchas veces invisible, los cuidados son el suelo sobre el que se organizan las sociedades de carcter neoliberal.

Qu significa, de manera precisa, la organizacin social de los cuidados? La imagen socialmente ms naturalizada es la de una mujer cuidando de los hijos en el hogar, pero tambin puede referirse a la vida sana (cuidado del cuerpo) o la atencin que se le presta a un enfermo en el hospital. Es decir, no hay slo una manera de entender los cuidados, ni tienen por qu identificarse con el trabajo (domstico) femenino. Pero s que puede constatarse un elemento invariable a lo largo de la geografa y la historia: La especie humana atraviesa etapas de vulnerabilidad en las que necesita, para subsistir, de otros seres humanos. As lo afirma Marta Malo en el Foro Luis Vives organizado por el Ayuntamiento de Valencia, dedicado en su 24 edicin al Trabajo, precariedad y juventud. Otra de las simplificaciones consiste en reducir el cuidado la provisin de sustento, pues el cuidado implica tambin un vnculo afectivo con otra persona.

A pesar de la polisemia y los matices, desde los siglos XVII y XVIII las sociedades occidentales asocian los cuidados al tipo de hogar que nace con la Revolucin Industrial. Es entonces cuando se inaugura la distincin entre los mundos productivo y reproductivo, que en las sociedades agrcolas se presentaban mucho ms entremezclados que hoy. Se produce entonces un gran cambio, ya que la actividad productiva se remunera y desarrolla en el espacio pblico, mientras que la reproductiva no se realiza a cambio de dinero, queda relegada al mbito privado, aparece socialmente devaluada y es desempeada mayoritariamente por mujeres. Todas las destrezas y saberes asociados al cuidado y el trabajo reproductivo, en el campo de la educacin, la higiene o la medicina, se comienzan a vincular a los expertos y al conocimiento que estos transmiten en sus manuales. Se supone que las mujeres no saben de todo ello, y por tanto hay que ensearles, explica Marta Malo, coordinadora y una de las autoras del libro Nociones comunes. Experiencias y ensayos de investigacin militante, publicado por Traficantes de Sueos.

Con la Revolucin industrial aparece la nocin contempornea de hogar, pero tambin los lugares de encierro como las residencias de personas mayores y discapacitadas, donde se dispensan los cuidados con el mismo tipo de organizacin que el de una fbrica. En definitiva, el cuidado se convierte en ago invisible, subalterno, encerrado y algo humillante, porque se necesita a otra persona: ya no eres una persona autnoma y con capacidad de decidir, es ms, se te infantiliza. En ese contexto, Marta Malo destaca que nace el concepto de ama de casa, que realiza tareas devaluadas, depende del salario de su marido y permanece recluida en su pequeo feudo, el hogar. Pero ya en el siglo XVIII surgen las primeras crticas a este modelo, que llegan hasta hoy.

Podran sealarse mltiples ejemplos. La investigadora y activista selecciona un cartel del 8 de marzo de 1973, diseado por el colectivo autnomo Lotta Feninista. Defendan que, ciertamente, el trabajo domstico y los cuidados sostienen el mundo pero tambin limitan, sofocan, a la mujer, por lo que hay que socializarlos. Mam ha salido y no va a volver, fue otra de las consignas del feminismo autnomo italiano. Asimismo se reivindicaba no pasar de la tutela del padre a la del marido. Marta Malo recuerda las manifestaciones en el estado espaol por el derecho al divorcio o que el adulterio femenino estuvo castigado con pena de prisin durante la dictadura franquista. Tambin se protestaba contra las instituciones de encierro destinadas a las personas que requeran cuidados. Irrumpen, as, en la dcada de los 70, los movimientos de renovacin pedaggica, por la democratizacin de la psiquiatra, contra el enclaustramiento de los locos en manicomios (considerados crceles para pobres) o en defensa de la salud comunitaria (se reivindican los centros de proximidad frente al encierro en hospitales).

Lo que vino despus se lo resumi a la investigadora, de manera lacnica, una compaera boliviana: Ganamos pero perdimos. Se conquist el acceso a los anticonceptivos, el derecho al divorcio y al aborto o los cuidados de proximidad, por ejemplo en los Centros de Da. Pero tambin cerr sus puertas la gran fbrica fordista, que permita organizar las luchas obreras a partir del criterio de igualdad salarial. Despus de esa reestructuracin capitalista, trabajamos en pequeas empresas con una nmina integrada por una pequea base y casi todo lo dems, incentivos, destaca Marta Malo en la conferencia titulada Neoliberalismo, cuidados y formas de vida. Muchas de las prcticas que las mujeres aprendan tradicionalmente para ser amas de casa, adquirieron valor en el mercado de trabajo, principalmente en el sector de los servicios. El cuidado y la escucha valores considerados femeninos- empezaron a cotizar al alza, lo que supuso un aumento de las contrataciones laborales a mujeres. Al final, se fractur el modelo del hombre que labora y mantiene a la familia con su salario, mientras la mujer permaneca en el hogar.

El proceso dio lugar a una crisis de los cuidados, del hogar y, ms an, a una crisis de toda la existencia, segn la cual todo depende de cmo uno se busca la vida. Durante mucho tiempo en el movimiento feminista se habl del autocuidado desde una perspectiva emancipadora, explica Marta Malo, sin embargo hoy se ha generado una ola de autocuidado que pasa por el consumo de terapias, el yoga, la meditacin o la autoayuda. Mirarme yo, tomar mis decisiones y adoptar una autoconciencia extrema para continuar estando bien. Algo as como mirarse permanentemente el ombligo. En las antpodas de este enfoque, la autora sostiene que todo ser humano atraviesa por fases de vulnerabilidad en su vida y requiere cuidados que hoy no estn garantizados. Es el caso, aunque extremo, de los ancianos que fallecen en su casa sin apenas recursos, cuando antiguamente se hacan cargo de ellos las familias. Adems se generan nuevos nichos de negocio en relacin con los cuidados, apunta la investigadora y colaboradora del colectivo Yo s, sanidad universal. Las plazas en las guarderas de 24 horas, en las residencias para discapacitados o los servicios para el cuidado de ancianos se compran y venden en el mercado.

En muchas ocasiones estas labores vinculadas a los cuidados se reservan a mujeres de los pases del Sur, adems, se trata de servicios cada vez ms precarizados (se les paga poco a las trabajadoras, que adems tienen generalmente pocas probabilidades de promocin laboral) y externalizados a empresas. Si es uno o una quien se encarga de las personas dependientes de su familia, ha de hacerlo multiplicndose despus de la jornada laboral. En este estado de cosas aparece la perspectiva de la conciliacin, en la que la mujer se lanza a la emprendedura, el empleo de media jornada o el teletrabajo, con el fin de disponer de tiempo para la crianza. Tambin se defiende el reparto de las tareas de cuidado entre mujeres y hombres, en la que ellos acceden a los permisos de paternidad. Circunstancia distinta es la de las mujeres que se plantean volver al hogar, disfrutar de la crianza y una vez despojadas de las obligaciones laborales, recuperar los vnculos familiares. Son mujeres que ya no asumen la carrera profesional como una prioridad absoluta. Un problema distinto es el de las personas que han vivido el encierro en instituciones de cuidado y deciden romper con stas, con el fin de llevar una existencia independiente.

Marta Malo observa un problema en muchas de estas propuestas parciales: No van al nudo de la cuestin, el capitalismo. La clave de su exposicin es la siguiente: La vida humana atraviesa necesariamente fases de vulnerabilidad y requiere de otros, de hecho, nuestro primer vnculo como seres an muy frgiles se establece con otra persona; esta vulnerabilidad y dependencia se trata de ocultar mediante el dinero, de manera que se le paga a alguien o a una empresa para que te preste un servicio. Pero el cuidado es algo irrenunciable, no una carga, lo que obliga necesariamente a una organizacin distinta de la sociedad. Tambin a un giro radical en el lenguaje, como ocurri en una manifestacin que tuvo lugar en Sevilla, cuando de manera espontnea y fruto de una errata a la Plaza de la ciudadana se la rebautiz como de la cuidadana. Es un concepto nuevo, la cuidadana, de importante potencial: Si ponemos el cuidado en el centro de nuestras vidas, se modifica toda nuestra aproximacin a los saberes, de manera que ya no es el PIB el valor que todo lo contabiliza, explica Marta Malo.

Tambin cambiara el acercamiento a campos como la Biologa, pues la vida se abre paso cooperando, de hecho, puede constatarse que el paso de una clula simple a una compleja tiene lugar mediante el vnculo y el acoplamiento. Adems de una nueva perspectiva, apunta Marta Malo, hacen falta instituciones no entendidas como el aparato del estado- sino como organizaciones y normas que apoyen la tarea de los cuidados. La investigadora asegura que no prescindira de pequeas reformas como establecer un salario para el trabajo domstico, medidas que no son transformadoras pero que pueden ser palancas de cambio. Se tratara de apuntar, como hacen las redes de economa solidaria, ms all de los patrones establecidos para otorgar ms tiempo al vnculo personal. Tambin son necesarios los cambios en la forma de percibirnos, ya que el neoliberalismo nos dice que uno slo ha de mirar por s mismo, sus inversiones y apuestas personales. En cambio, poner en el centro los cuidados nos obliga a estar en el mundo con los otros y a no desvincular nuestro cuidado personal del de los dems, remata la activista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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